Violación Sexual: La intervención Desde el Sistema de Salud por Mujer y Salud en Uruguay - muestra HTML

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Salto 1267, Montevideo Uruguay

Tel: (598) 2410 3981, 2410 4619

www.mysu.org.uy

Con el apoyo de

Corrección, Laura Piedra Buena

Diseño, Jorge Martínez

ISBN: 978-9974-8080-9-6

c 2011 MYSU

La reproducción de la totalidad o parte del contenido de los artículos de los Cuadernos Aportes para el debate en salud, ciudadanía y derechos, sólo es posible si se cita debidamente la fuente.

Esta publicación contó con el apoyo de ONU Mujeres, Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de la Mujer. Tanto el análisis y las recomendaciones normativas de esta publicación no reflejan necesariamente las opiniones de ONU Mujeres, su Junta Directiva y los Estados miembros.

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Cuadernos

Aportes al debate en salud, ciudadanía y derechos VIOLACIÓN SEXUAL:

LA INTERVENCIÓN

DESDE EL SISTEMA DE SALUD

IMPORTANCIA

DE UN PROTOCOLO PARA LA ATENCIÓN

DE VÍCTIMAS DE VIOLACIONES

Apoya:

Auspicia:

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ÍNDICE

Prólogo IMM ................................................................................ Pág. 5

Presentación ................................................................................. Pág. 7

VIOLENCIA SEXUAL Y POLÍTICAS PÚBLICAS EN SALUD

Desafíos de la intervención .......................................................... Pág. 9

Principales objetivos de la atención ............................................. Pág. 11

El rol de los servicios de salud en un abordaje integral ................ Pág. 12

MODELOS DE INTERVENCIÓN

Introducción ................................................................................. Pág. 14

Antecedentes del modelo hospitalario. El servicio de atención a víctimas de agresiones sexuales del Hospital de Boston, Estados Unidos ............................................................................. Pág. 15

La experiencia argentina. Hospital Pirovano, ciudad de Buenos Aires, Argentina ............................................................... Pág. 18

PROTOCOLO DE ATENCIÓN:

IMPORTANCIA Y PRINCIPALES ASPECTOS

Prevención del riesgo de embarazo en casos de violaciones ....... Pág. 21

MARCO CONCEPTUAL ............................................................... Pág. 25

Dimensión cuantitativa ................................................................. Pág. 26

Violaciones. Una tipología posible .............................................. Pág. 26

Aspectos psicológicos ................................................................... Pág. 27

Síndrome de estrés postraumático de la violación........................ Pág. 29

Abordaje psicológico con perspectiva de género ......................... Pág. 32

La orientación a los familiares y allegados ................................... Pág. 33

Modalidades de la intervención psicológica ................................ Pág. 35

MARCO LEGAL ............................................................................ Pág. 37

CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES ................................. Pág. 39

PROTOCOLO DE ATENCIÓN A VÍCTIMAS DE VIOLACIONES

Propuesta de Protocolo a atención a víctimas de las violaciones . Pág. 42

Bibliografía ................................................................................... Pág. 48

ANEXO LEGAL ............................................................................. Pág. 50

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Prólogo

La población uruguaya muestra una creciente conciencia social respecto a la necesidad de una actualización permanente de los derechos sexuales y reproductivos de mujeres y varones, y de la relevancia de construir relaciones de género equitativas. Esto ha llevado a que los temas de la salud sexual y reproductiva estén colocados en la agenda pública con un espacio político propio.

El empuje de las organizaciones de la sociedad civil, particularmente de los grupos de mujeres organizadas, sindicatos, movimientos académicos, y el involucramiento progresivo de actores gubernamentales, han permitido en los últimos años avances sustantivos en el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos por parte de la ciudadanía. A la vez se perciben señales del compromiso del Estado como garante de los mismos, creando los marcos institucionales para su vigencia plena e integral.

El avance en la democratización de las relaciones sociales nos convoca a enfrentar núcleos duros que sustentan relaciones de opresión y dominación, y que deben ser erradicados con el compromiso de todos y la articulación intersectorial, particularmente de los actores del sector salud.

A medida que el colectivo social avanza en la conquista del ejercicio de derechos sexuales y reproductivos, y se van consolidando los espacios institucionales en el Sistema Nacional Integrado de Salud para asegurar la atención integral de los diferentes componentes de la salud sexual y reproductiva, se van colocando en la agenda nuevos desafíos relacionados a aspectos pendientes aún no afrontados satisfactoriamente.

En esta perspectiva, la atención de las víctimas de violaciones sexuales es uno de los tópicos que deben ser abordados por el sistema de salud, a efectos de avanzar en equidad, integralidad y calidad de las prestaciones vinculadas a la salud sexual y reproductiva.

La Intendencia de Montevideo ha sido pionera desde 1996 en marcar rum-bos de equidad de género, integralidad y participación ciudadana en la salud reproductiva, a través de su Programa de Atención Integral de la Mujer (PAIM), cogestionado por la División Salud y la Secretaría de la Mujer.

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En el mes de la mujer de marzo de 2011 la División Salud asume, con su red de policlínicas de Primer Nivel de Atención coordinadas desde el Servicio de Atención a la Salud (SAS), la responsabilidad de transitar el camino hacia la implementación del presente protocolo de atención a víctimas de violación, elaborado por MYSU con fuerte soporte técnico y académico. Implicará procesos de sensibilización, capacitación de los equipos y difusión comunitaria de las nuevas prestaciones.

Pero comienzo tienen las cosas, y es muy motivador el sentido de estas acciones: profundizar la equidad de género, avanzar en el ejercicio de derechos, humanizar nuestras prácticas sexuales y, finalmente, contribuir a la consolidación de la democracia en sus diversas y complejas dimensiones, desde un claro compromiso del gobierno departamental.

Lic. Pablo Anzalone (Director)

Dr. Wilson Benia

DIVISION SALUD

Departamento de Desarrollo Social

INTENDENCIA DE MONTEVIDEO

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PRESENTACIÓN

La violencia sexual en tanto puede afectar distintas esferas de la vida de una persona, involucrando derechos fundamentales como la integridad personal, la libertad, la salud, la vida social, requiere de políticas y estrategias integrales y la complementariedad de los distintos sectores que tengan competencia y responsabilidad.

Incluir la violencia sexual como un tema de salud pública exige cambiar conceptos e ideas que todavía tienen mucha fuerza, como por ejemplo aquellos que insisten en percibir una división infranqueable entre lo público y lo privado, o los que, por otra parte, conciben las violaciones sexuales como un tema reservado exclusivamente al ámbito de la justicia.

Distintos factores han incidido en la gradual instalación de la violencia sexual como un tema de salud pública. El trabajo de información y concientización de organizaciones de mujeres y profesionales, los cambios en la situación de las mujeres y el mayor grado de percepción social acerca de la injusticia de la violencia han ido generando una dinámica compleja entre respuestas institucionales y demandas; demandas cada vez más claramente formuladas y ofertas cada vez más específicas o especializadas.

Hoy son justamente las demandas crecientes de la comunidad las que impo-nen a las violaciones –y no solo a ellas, sino también a otras formas de la violencia hacia las mujeres –, como un tema de las políticas de salud, por sus impactos tanto sobre la salud en general como sobre la salud sexual y reproductiva en particular.

Este documento fue elaborado a solicitud de MYSU, por la Soc. Silvia Chejter con la colaboración de las Dras. Beatriz Ruffa, Laura Díaz y Viviana Beguiristain, todas ellas argentinas y con amplia y reconocida trayectoria en el diseño e implementación de modelos de intervención integral para abordar el problema de la violencia contra las mujeres y muy especialmente la violencia sexual.

En el mismo se aportan ideas para un abordaje integral desde los servicios de salud en casos de violaciones hacia mujeres adultas; sobre las mejores estrategias de intervención así como sobre algunos nudos críticos en torno a la cuestión legal que conllevan las violaciones definidas como delitos.

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Una primera versión del documento fue sometido a discusión de un grupo de expertos de distintas instituciones nacionales: organizaciones de mujeres, profesionales de la salud, tomadores de decisión e investigadores a los efectos de recoger sus aportes sobre la propuesta. Esta reunión tuvo lugar en Montevideo el 23 de abril de 2010 y en ella participaron integrantes de: Universidad de la República (de las facultades de Psicología, Medicina, Enfermería y Derecho; Intendencia Municipal de Montevideo (Secretaría de la Mujer y División Salud); Ministerio del Interior; Ministerio de Salud Pública; Parlamento Nacional; Red de Atención Primaria de la Administración de Servicios de Salud del Estado; Centro Hospitalario Pereira Rossell; Sociedad de Ginecología de la Infancia y la Adolescencia; Sociedad de Ginecología del Uruguay; Red de Organizaciones contra la violencia hacia las mujeres; Mujeres de Negro; Mujer Ahora y agencias del sistema de las Naciones Unidas. A todos/as quienes participaron vaya nuestro agradecimiento.

Hacia fines de 2010 se acordó con la División Salud de la Intendencia Municipal de Montevideo aunar esfuerzos para iniciar un proceso de implementación del protocolo en la red de servicios de salud municipal, con el firme compromiso de fortalecer la respuesta institucional frente a un problema que requiere de mayores esfuerzos articulados.

Desde MYSU se trata de contribuir a mejorar la calidad del abordaje que brindan los servicios de salud frente a la violencia contra las mujeres, en una de sus formas, la violencia sexual. Tal vez la más invisible y ante la cual se han generado un conjunto de estereotipos y prejuicios que ofician de barre-ra para su tratamiento oportuno, integral y respetuoso.

El proceso de elaboración técnica de una propuesta de protocolo, su proceso de discusión con distintos actores y expertos así como su publicación y divulgación -en particular hacia profesionales de la salud de las policlínicas municipales y agentes comunitarios de salud- ha sido posible gracias al apoyo brindado por ONUMUJERES a quienes agradecemos muy especialmente haber considerado esta iniciativa como una apuesta valiosa y necesaria de acompañar.

Montevideo,

MYSU 2011

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VIOLENCIA SEXUAL

Y POLÍTICAS PÚBLICAS EN SALUD

Desafíos de la intervención

¿Qué consecuencias pueden tener las violaciones?

Las consecuencias de las violaciones y de otras agresiones sexuales dependen de varios factores: la gravedad del hecho en sí mismo; la edad, características y experiencias previas de la víctima; las respuestas del entorno, la posibilidad de encontrar ayudas adecuadas, los factores de autoafirmación y resistencia que puso en juego. Por tanto no existe un único patrón para evaluar las posibles consecuencias mediatas o inmediatas de las violaciones.

Lo que se desprende del testimonio de las víctimas es que –aunque en diversos grados – la violación es siempre una experiencia de fuerte impacto en la vida de una mujer1.

Es importante tener en cuenta que las consecuencias negativas de las violaciones se producen por efecto del episodio en sí mismo; pero también, a causa de la respuesta desfavorable del entorno. Muchas mujeres o niñas que han sido víctimas de abusos sexuales o violaciones sufren prolongadamente no sólo por la agresión, sino también por la indiferencia, la culpabilización y el silenciamiento que éste les devuelve. Esto incluye la respuesta de legos y profesionales, y tal vez aún más la de estos últimos, por la fuerza simbólica depositada en la «palabra profesional».

En algunos casos se produce por parte de las instituciones una auténtica revictimización: interrogatorios abusivos, revisaciones reiteradas de los mé-

dicos forenses sin el cuidado necesario, incredulidad de la policía, interpretaciones y opiniones inoportunas, etc. Es importante, asimismo, tener en cuenta que las reacciones de las víctimas que expresan voluntad de supervivencia y de resistencia son factores decisivos en cuanto a los efectos que la 1 - En este texto se hace referencia específica a las mujeres y niñas porque son ellas mayoritariamente las víctimas, pero muchas de las afirmaciones son igualmente válidas para 9

varones, tanto adultos como niños, que sufren agresiones sexuales.

violación pueda llegar a tener, en tanto expresan aspectos de la persona que se mantuvieron activos y que se enfrentaron a la agresión. No es lo mismo el

«sometimiento sin resistencia» que la «resistencia posible» en situaciones adversas.

Es conveniente considerar que los efectos de las violaciones son importantes pero no insuperables. Dado que estas situaciones afectan distintas esferas de la vida de las víctimas, requieren respuestas interdisciplinarias e interinstitucionales. Probablemente será más fácil dar respuesta a un daño físico; algo más difícil, al impacto emocional; ciertamente complejo contribuir a paliar los efectos negativos de una mudanza obligada, la pérdida del trabajo o una ruptura matrimonial; y mucho más arduo reparar la humillación y el sentimiento de injusticia. Sin embargo, lo deseable sería que en los distintos ámbitos institucionales existiera una voluntad de escucha y una disposición a dar respuesta –cada cual desde sus posibilidades y especificidades– para cada uno de estos diferentes y singulares efectos. En síntesis, la respuesta del entorno es de fundamental importancia. Puede agra-var seriamente los efectos de la violación, si se trata de respuestas culpabilizadoras, evasivas, prejuiciosas, negligentes. Puede, en cambio, ser de gran ayuda si se trata de actitudes y comportamientos que respetan, com-prenden, contienen, disipan dudas y temores, aportan informaciones.

Es importante que las/ os operadoras/ es que atienden a una víctima de violación exploren estos recursos y abran la posibilidad de intervenciones que puedan fortalecer los aportes beneficiosos y problematizar aquellos que no lo son. Una responsabilidad principal de las instituciones es evitar la revictimización. Esto tiene relación no tanto con los saberes técnicos específicos, sino más bien con la revisión de preconceptos e ideas estereotipadas.

La prioridad de los profesionales de la salud no es «aclarar» la verosimilitud o no del relato, sino saber escuchar, incluso más allá de las reticencias, silencios y dudas de la víctima. Puede ocurrir que el testimonio de una adolescente o de una mujer en estas situaciones suene «confuso»; lo más probable es que éste sea un efecto de la necesidad de protegerse. En estos casos, detrás de omisiones, recortes e incluso aparentes fabulaciones, puede haber una verdad que no se puede contar tal cual es; la víctima puede sentir temor y de ahí tratar de «adaptar» su relato a ciertos esquemas que a ella le parez-can más «creíbles» o «aceptables» por parte del profesional que la está aten-diendo.

La consulta por violación puede producirse en lo inmediato o tiempo después; a veces, pasados muchos años. Como sabemos, por distintas razones –

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temor al descreimiento y a la revictimización, falta de información o de acceso a circuitos de atención, temor a represalias, creencia en que protege mejor su intimidad de esta manera, preocupación por no angustiar a los familiares o porque no encuentra una persona en quien confiar– hay mujeres que silencian y ocultan estos hechos traumáticos. Las experiencias así silenciadas –y a veces profundamente disociadas y negadas– pueden reactivarse provocando malestar psíquico, problemas en el área sexual o síntomas psicosomáticos, dando lugar a una demanda explícita de asistencia o pueden ser detectadas por algún profesional del equipo de salud. Es importante tener en cuenta, en cualquiera de estos casos, que la demanda im-plícita o explícita puede ser una oportunidad privilegiada –tal vez la única que la mujer en cuestión pueda permitirse– para abrir una instancia de confiabilidad y de intervención adecuada.

Principales objetivos de la atención

Protección

Protección: Conjunto de medidas que tienen por objetivo el resguardo de la víctima. Es obvio que la protección es un aspecto esencial en las situaciones de convivencia –por ejemplo, en la violación marital– o cuando el agresor es familiar o conocido y tiene fácil acceso a ella –exnovios o exmaridos, vecinos, amigos. Pero también es importante cuando el o los agresores son desconocidos, y además pueden conocer el domicilio o los lugares frecuen-tados por la víctima: trabajo, club, universidad, colegio, etc.

Recuperación

Recuperación: Conjunto de medidas y cuidados preventivos o terapéuticos con relación a los daños físicos y psicológicos.

Reparación: Conjunto de medidas destinadas a resarcir a la víctima por los daños a la integridad, libertad, dignidad y sentido de justicia.

Los distintos sectores institucionales y comunitarios tienen diferentes implicancias en la concreción policial y judicial, aunque también puede ser muy importante el papel del entorno familiar y las redes naturales de sostén.

La recuperación corresponde mayoritariamente a la tarea de los equipos interdisciplinarios de la salud. La reparación –desde una perspectiva institucionalizada– estará en manos de la justicia, si bien también hay alternativas de reparación fuera del ámbito judicial. Los procesos de recuperación emocional o psicológica pueden tener puntos de contacto con los procesos de reparación, pero no son asimilables. El apoyo y la contención psicológica están relacionados con la superación de las consecuencias sobre la salud psíquica. Pero este proceso no siempre alcanza para reparar el sentimiento de humillación y de injusticia.

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Por ende, en lo que respecta a la reparación suelen ser muy importantes las respuestas y señales del entorno, entre las cuales tienen un papel protagónico las jurídicas; si bien no son las únicas posibles ni necesariamente, a veces, las más efectivas. Los caminos de la reparación son variados y singulares.

Algunas mujeres apelan a procesos de autorreparación, a través de la elaboración intrapsíquica o a través de actos y apoyo, la comprensión y la valora-ción de personas cercanas y significativas. Para otras, estos caminos pueden ser útiles pero no suficientes y necesitarán señales visibles de reparación institucionalizada y/o pública, como por ejemplo el castigo penal o la san-ción social del violador, indemnizaciones, o hasta la trascendencia mediática.

El rol de los servicios de salud en un abordaje integral Si bien las violaciones pueden afectar distintas esferas vitales, la responsabilidad de las instituciones de salud en estos casos deriva de la constatación de que algunas de las consecuencias más frecuentes de las violaciones son los daños a la integridad física y psíquica y los riesgos específicos de embarazo y de transmisión de VIH sida y otras infecciones de transmisión sexual.

Los servicios de salud pueden así responder a un objetivo prioritario, es decir la atención médica y psicosocial, y también a un objetivo complemen-tario no menos importante de carácter político y estratégico: un objetivo de legitimación social e institucional, en el sentido de que un problema, considerado de salud pública, merece el reconocimiento social y facilita el pedido de ayuda al poner al alcance de las víctimas un dispositivo conocido e incorporado a los hábitos de consulta de las personas.

Los servicios de salud juegan un papel fundamental en la atención de víctimas de violaciones en varios sentidos:

Son un ámbito adecuado para atender consecuencias de las violaciones en lo referente a la integridad y la salud psicofísica de las víctimas, tanto inmediatas como prolongadas.

Disponen de tratamientos preventivos para reducir riesgos específicos asociados a la violencia sexual, en especial el riesgo de embarazo y de VIH sida y otras infecciones de transmisión sexual.

Pueden activar la intervención de otros ámbitos institucionales para responder a las necesidades de las víctimas.

Son un ámbito privilegiado para lograr la detección temprana; en especial, la de la violencia reiterada.

La garantía de atención a las víctimas de violaciones en los servicios de 12

salud representa, sin duda, una pieza esencial de la atención integral. Sin embargo, por sí sola no resulta suficiente. El abordaje integral requiere articulaciones con distintos sectores: justicia, seguridad, educación y desarrollo social, con las áreas de género y mujer, oficinas de atención a las víctimas y organizaciones de la sociedad civil.

La intervención del sistema de salud ante esta problemática puede alcanzar mayor eficacia y calidad impulsando tanto la capacitación de sus equipos profesionales y asegurando los stocks de insumos con el fin de lograr respuestas especializadas y expeditivas (es decir, con capacidad operativa para responder a las cuestiones urgentes), como teniendo en cuenta, al mismo tiempo, la perspectiva de las víctimas, la naturaleza social del problema y una predisposición abierta a las necesarias articulaciones con otros ámbitos involucrados. La responsabilidad del sector salud es, por tanto, incuestiona-ble. También pueden realizar aportes sustantivos las organizaciones de la sociedad civil y, en un sentido más amplio, la comunidad en su conjunto.

En este documento se abordarán específicamente las respuestas asistenciales que requieren las víctimas de violaciones. Este aspecto es fundamental, pero no es el único.

En la búsqueda de un abordaje integral y transformador, el aspecto asistencial debe ser encuadrado dentro de un conjunto de estrategias más amplias: avances legislativos, políticas públicas, campañas de concientización de la ciudadanía, que apunten a construir consensos cada vez más amplios y claramente comprometidos en contra de la violencia sexista, el silenciamiento y la impunidad.

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MODELOS DE INTERVENCIÓN

Introducción

Existen diversos modelos de intervención que se han realizado o se realizan en diversos países. A continuación, se presenta una breve reseña de ellos: Centros de crisis de violación,1 de gran difusión en Estados Unidos y Canadá, y algunos países europeos, desde principios de los años setenta.

En general responden a iniciativas de organizaciones de mujeres financiadas por administraciones locales o agencias internacionales.

Tienen un enfoque centrado en las necesidades de las mujeres e intentan dar respuesta a los diferentes aspectos del problema: médico, psicológico, jurídico, social, etc. Ponen énfasis particular no solo en la superación del ‘trauma’ de la violación sino sobre todo en el empoderamiento de las mujeres afectadas y su concientización acerca de las determinaciones socioculturales del problema que se ponen en juego en estas situaciones. Estos centros fueron en muchos casos los primeros en atender mujeres agredidas sexualmente y al mismo tiempo que fueron recogiendo testimonios, documentando su propio trabajo, realizaron un trabajo para cambiar conceptos y lograr un reconocimiento y legitimación de la problemática en el sentido de que requería tanto respuestas sociales generales como intervenciones profesionales específicas.

Servicios focalizados en el ámbito jurídico. Se trata de un modelo centrado en fiscalías especializadas. Este tipo de abordaje se ha desarrollado en la ciudad de México y en diversas ciudades de España, desde principios de los años ochenta. En Argentina, las oficinas de atención a las víctimas tienen un abordaje semejante. Es un abordaje que se basa principalmente en instrumentos jurídicos y en estrategias que tienden a compensar la posición de debilidad de las víctimas ante los procedimientos judiciales. La atención gira en torno a la denuncia y al proceso judicial. Se alienta la denuncia con la convicción de que la misma contribuye no solo a la posible reparación de la víctima sino 1 - Un texto ilustrativo de este modelo es el artículo de Joanie Vance, «Los centros de crisis para casos de violación», en Atlantis, núm. 2, Canadá, 1979 y que fuera publicado en Travesías, núm 2, Cuerpos y palabras en lucha, Ediciones CECYM, Buenos Aires, 1995.

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también a la visibilidad social del problema. No obstante se contempla la posibilidad de que una mujer no quiera instar la acción penal. Las otras dimensiones del problema se encauzan a través de las correspondientes derivaciones.

Servicios dentro del ámbito hospitalario. El modelo hospitalario toma como eje los cuidados médicos de emergencia y un enfoque interdisciplinario de abordaje de crisis encauzando la atención de los distintos aspectos a través de derivaciones intra y extrahospitalarias.

Dentro de este modelo existen dos variantes:

Equipo interdisciplinario especializado.

Coordinación interna entre servicios involucrados en la problemática: entre otros, ginecología, infectología, guardia, salud mental, servicio social. Por lo general, se designa a uno o dos profesionales de alguno de estos servicios como referente/s particular/es del tema. Esta variante implica sensibilización y capacitación de los profesionales que eventualmente tienen que ocuparse de la atención de víctimas de violaciones, en el aspecto que corresponda según los respectivos servicios.

Redes intersectoriales: agrupa un conjunto de estrategias dirigidas a potenciar y articular recursos asistenciales ya existentes, distribuidos en distintas asociaciones y organismos tanto gubernamentales como no gubernamentales, de ámbitos heterogéneos: salud, justicia y fuerzas de seguridad, educación, áreas mujeres, colegios y asociaciones profesionales, ONG especializadas, etc. En la práctica alguno de estos organismos suele asumir una responsabilidad más directa en la coordinación.

La elección o predominancia de uno u otro modelo depende de un conjunto de circunstancias entre las cuales cabe mencionar: tradiciones institucionales, enfoques teórico-metodológicos, definiciones ideológicas, contextos políticos, viabilidad práctica. En general, la puesta en marcha de alguna de estas modalidades a veces termina por definirse en función de iniciativas, liderazgos, o mayor permeabilidad de alguno de los sectores involucrados.

Antecedentes del modelo hospitalario.

El servicio de atención a víctimas de agresiones sexuales del Hospital de Boston, Estados Unidos

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Este modelo tiene como antecedente histórico el servicio dirigido por Ann Wolbert Burgues y Linda Lytle Holmstrom, en el Hospital de Boston, a principios de los años setenta, que es uno de los primeros servicios de atención a víctimas de agresiones sexuales en Estados Unidos. Incluimos una breve referencia a este servicio porque influyó y fue tomado como modelo en diversos países.

Inicialmente fue un programa de asesoramiento, y luego se convirtió en un servicio, parte del Departamento de Emergencias del Hospital. Se ocupa de todos los aspectos médicos, legales y de las necesidades emocionales de las víctimas. Tiene un enfoque interdisciplinario, la coordinación está a cargo de personas con formación en psiquiatría (en otros casos la coordinación está a cargo de otros profesionales, por ejemplo en Argentina, está a cargo de profesionales de ginecología y obstetricia, como se verá mas adelante) y el resto del equipo está conformado por médicos y trabajadores sociales.

El servicio también establece articulaciones con otros programas locales, estatales o nacionales e incluye programas educativos sobre prevención de la violencia y de la violación a nivel comunitario.

¿Cómo funciona?

Cuando una persona adulta o niño/a que ha sufrido una agresión sexual llega al hospital es derivado al Servicio para Víctimas. El Servicio de Atención a las Víctimas desarrolló un proceso muy estructurado de atención. Y está organizado en distintas fases.