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Salvando a Noah por Carol L. - muestra HTML

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SALVANDO A NOAH

Dexter. Él comenzó a bombear el pene de Dexter como solía hacer

con el suyo y cubrió completamente el pene con la boca.

Después de unos momentos, Dexter movió la cabeza y sacó su

pene de la boca de Noah —Voy a correrme —gruñó Dexter.

Noah no entendía por qué Dexter se había alejado. Trató de

colocar de nuevo el sedoso pene en su boca.

—Noah. No puedes. No es seguro — advirtió Dexter.

Por un momento, Noah no podía entender de qué estaba

hablando Dexter. Su confusión debía de haberse mostrado en su

rostro, ya que Dexter se agachó y le tomó la mejil a.

—Nunca tomes semen de alguien a menos que sepas a

ciencia cierta que es seguro —explicó Dexter.

¿Seguro? —Sé que no me harás daño.

Dexter se hundió de rodil as en frente de Noah y lo besó. —

Nunca has hecho esto antes, ¿verdad?

Noah negó. Nunca se había sentido más como un palurdo, que

en ese momento. —Sin embargo eso no significa que no lo he

querido.

Noah se dio cuenta de que no sólo tenía su erección flácida,

sino que el pene de Dexter, todavía en la mano, se había puesto

también flácido.

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Dexter se levantó y ayudó a Noah a levantarse. —Vamos a

terminar de recoger las nueces mientras hablamos.

Noah vio a los frutos secos derramados de los cubos. Estaban

por todas partes, algo así como sus emociones.

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C

APITULO TRES

D

e acuerdo a la especialización de Psicología. Él es La Desviación.

Dex jugaba con el encabezado en su mente de escritor. ¿No sería

un gran comienzo para su tesis? Sus profesores se reirían de él.

Había venido a Kansas a escribir, no a tener sexo. Desde luego, no

se había presentado para un curso intensivo en auto-realización.

Se suponía que debía estar escribiendo un documento sobre

salud sexual activa, lo que hacía a la gente unirse no la manera en

que lo hacia Dexter Krispin.

Noah se veía herido, y Dex ansiaba tener al joven en sus

brazos y consolarlo, para asegurarle que él no había hecho nada

malo.

—Noah —comenzó—. Has estado genial, el problema----soy

yo.

—Has dicho que no es seguro ¿Qué significa eso? —Noah

mantuvo su mirada abajo mientras seguía recogiendo las nueces

dispersas y colocándolas en los cubos.

—No es que no seas seguro —Dex tomó las manos de Noah—

Vamos a sentarnos un momento. Por favor.

Noah se levantó entonces, y la incertidumbre en sus ojos se

clavó en Dex como un cuchillo. Se podría decir que el joven no

tenía miedo de él, infiernos, probablemente podría romper el cuel o

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de Dex con sólo un par de movimientos rápidos. Se lastimó

realmente, emocionalmente, y eso fue lo último que quería Dex.

Dex le indicó a Noah que se sentara a su lado en un tronco

caído que se veía como si hubiera sido alcanzado por un rayo. —

Hay un montón de hombres y mujeres que tienen lo que se conoce

como sexo sin protección. Eso significa que el os no usan condones

o cualquier cosa para evitar los fluidos corporales de la interacción

con la otra persona. Y...— Dex se detuvo. Se dio cuenta que había

perdido ya a Noah.

—Sé lo que es un condón —dijo Noah con un toque de actitud

defensiva.

—Claro que sabes lo qué es un condón. Si estás con una

mujer, impide que la embaraces —Dex rió entre dientes—Bueno, se

supone que de todos modos. Si estás con un hombre o una mujer,

se supone que evita que los virus se propaguen.

—Pero no te ves como si tuvieras un virus. Y sé que yo no lo

tengo. Tuve un resfriado el mes pasado pero eso es todo —Noah

apretó la mandíbula—. Mira, yo no soy tan estúpido. Sé que pueden

transmitir enfermedades. Sé todo eso.

Dex respiró con mayor facilidad. —Era lo que me preocupaba.

Me hago las pruebas con regularidad, así que sé que estoy limpio.

—Pero no sabes si yo lo estoy ¿Es eso? —preguntó Noah.

—Bueno, sí —respondió Dex incómodamente. Maldita sea,

aquí estaba otra vez, sintiéndose como el más joven y menos

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experimentado de los dos. ¿Qué tenía Noah que le hacía sentirse

tan inseguro de sí mismo?

—¿Por qué la prueba cuando no se tienen relaciones sexuales

con nadie más que contigo mismo? —Preguntó en voz baja Noah.

El corazón de Dex dio un vuelco. Por eso siempre se sentía en

ascuas con el joven. La inocencia de Noah. Su maldita honestidad y

la falta de malicia. Sus sencil as palabras que salían de su corazón,

no de un rincón calculado de su mente. Noah no era como Colin o

cualquiera de los otros que hubiera conocido. Noah no era capaz de

conspirar para hacerle daño ni tenía intención de atraparlo. Noah

era Noah, el hombre más peligroso con el que Dex podría l egar a

enredarse, porque Noah tenía la habilidad de robar su corazón.

—Parece que te tragaste un insecto —dijo Noah.

Dex sacudió la cabeza. —No un gusano, solo una realidad.

—¿Así que estamos bien? —preguntó sin rodeos Noah.

—Siempre —Dex le tendió la mano—. ¿Un apretón de manos?

—Yo prefiero seguir donde lo dejamos —Noah parpadeó una

vez, sus largas pestañas rozando su cara.

En cualquier otro hombre, el movimiento habría parecido

coqueto. En Noah, era dulce, y una vez más, Dex tenía mariposas

en el estómago de sólo verlo.

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Entonces tuvo una idea. —Noah, la primera vez debe ser

increíble, inolvidable, maravilloso. Permíteme hacer esto especial

para ti.

Noah frunció el ceño. —¿Cómo?

—Dijiste que necesitabas ir al Dodge de todos modos. Mañana,

¿verdad?

—Sí, pero...

—Vamos a pasar la noche mientras estemos ahí.

Noah soltó un bufido. —No. No puedo dejar a mamá sola.

Dex se preguntó si la mujer mayor estaba lisiada o algo así. —

Sin duda el a estará bien por una noche. Apuesto a que Ruby la

revisaría si se lo pides.

—¡No!

Noah parecía agitado. Sus manos se agitaron. A continuación,

se pasó los dedos por el cabello y la mirada de sus ojos era una de

alarma, no sólo de duda.

Dex, vio el pecho del joven mientras tomaba respiraciones

cortas, casi como si tuviera miedo de algo. ¿Y si Noah cambió de

opinión? De repente no estaba seguro de estar con él, o realmente

odiaba dejar a su madre toda la noche.

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—Mira —insistió Dex—. Te prometo que nada malo va a pasar

con el a. Te vas por la mayoría de la tarde y noche, ¿no? Solo sería

un par de horas más.

—No lo sé. Le prometí a mi papá que me encargaría de el a.

Dex lo intentó una vez más. —Sólo piensa en el o. Me voy a

casa, a hacer algunas l amadas de teléfono, ver si hay un buen

lugar para que nos alojemos mientras estemos ahí. Podemos

regresar a casa temprano en la mañana siguiente si lo deseas, para

tu trabajo.

—¿Podríamos estar de vuelta antes del desayuno? —Preguntó

Noah.

—Claro que sí —Dex ahora se sentía frustrado. Lo único que

quería era darle a su amigo una noche en la ciudad, una gran cena,

un buen lugar para estar. Uno pensaría que nunca se ha alejado de

la casa antes. Estaba a punto de preguntarle a Noah cuando se

había ido por última vez de Schicksal cuando Noah levantó las

manos.

—Está bien —dijo Noah—. Lo haré. Pero tenemos que salir

temprano para poder recoger lo que necesito para el señor Morgan,

y entonces tal vez podamos ir por un poco de comida y comprar las

botas.

Dex tenía la sensación de que había un «pero» colgando en

algún lugar, por lo que rápidamente sonrió y abrazó a su nuevo

amigo. Genial —Deja el resto para mí.

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Una vez que él estaba de vuelta con su tía, Dex conectó su

computadora portátil y navegó en Internet. La velocidad era

ridículamente lenta, porque tenía que trabajar desde su teléfono

celular para acceder a la web, pero pronto encontró lo que

necesitaba. Llamó al hotel para hacer la reservación, les dio el

número de tarjeta de crédito, a continuación, imprimió un mapa.

Noah podría saber a dónde iba, pero Dex no tenía ni idea de dónde

estaban y no tenía un mapa de carreteras.

Satisfecho de sí mismo, se recostó en su cama, pensando en

los acontecimientos de la tarde. Noah era virgen, ¿y qué? Dex no

había estado con alguien sin experiencia desde Colin, pero Noah

era diferente. Él era tan sensible por una razón. Por otra parte, no

parecía tener ninguna expectativa poco realista.

Oyó la voz de su tía, que lo l amaba y decidió restar

importancia a los acontecimientos que había planeado. Pensó que

todo lo que el a iba a hacer, era ser una perra con él acerca de

tener relaciones sexuales con Noah, y si pasaban la noche, tenía

que saber que estaría haciendo más que la compra de botas.

Mierda. Odiaba mentirle, pero tal vez una omisión no le

afectaría. Se limitaría a l amarle por teléfono desde Dodge y decirle

que había decidido ver una película y pasar la noche. Eso era

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creíble. Cualquier cosa menos decirle todo, por primera vez desde

que l egó a Kansas, su corazón se sentía ligero y feliz.

No. Él no estaba listo para hacer ostentación. Él había estado

triste y miserable en Pensilvania, a causa de Colin, y ahora era su

oportunidad... y Noah...era una inocente diversión. Si tenían

relaciones sexuales, muy bien. Si no, el tiempo que pasara con

Noah no sería una pérdida, porque Dex no podía dejar de cuidar de

él.

—Hey, maldición —Cora se colocó en la puerta de su

habitación, las manos sobre sus caderas, le señaló su teléfono

inalámbrico—. ¿No has oído que te l aman?

Dex mintió. —No.

—Tu hermana está l amando.

Se inclinó hacia adelante para tomar el teléfono mientras se

acercaba. —¿Cuál?

—La que más se parece a ti. —Cora dio una mueca socarrona.

Dex echó a reír. —¿Esa sería Heather, la perra, o Jo Kel y, la

rara?

—La perra—. Cora le entregó el teléfono gritando para que

l egara al otro lado de la línea. —Sólo jódelo, ¡Heather!

Dex suspiró. —Oye, perra.

—Hey, Maricón.

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Él sonrió. Él y su hermana tenían una relación extraña, pero

era honesta y confortable. Le rompería el culo a quien la hiciera

l orar, y el a tendría castrado a cualquiera que se atreviera a

referirse a él de manera despectiva.

—¿Qué sucede? —preguntó.

—Planes para la Navidad. Necesito saber si vas a estar en

casa de mamá y papá para Navidad.

Dex se reía entre dientes. —¿Por qué no iba a hacerlo? Vivo

en Pittsburgh.

—La tía Cora me dijo que te estás viendo con alguien, así que

estaba esperando un poco... ya sabes, que estés o vayas siguiendo

tus sentidos y cortar el cordón de mamá y papá y mudarte, o que te

gustaría traer tu cita si vienes a casa.

Dex se estremeció, como si lo estuvieran vigilando. ¿Cora

sabía que Noah y él habían estado juntos? Bueno, no lo podría

l amar mucho, sólo un beso y un manoseo.

—Lo más probable es que vaya solo, pero si l evo a alguien,

serás la primera en saberlo.

—Bien, porque odio cuando alguien se presenta en la casa y

estamos todos intercambiamos regalos y el os no tienen uno.

Sonrió para sus adentros. —Heather, eres una mamá.

Deberías tener media docena de niños.

—Sí, bueno, estoy trabajando en el o.

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Hablaron acerca de su interés amoroso actual, mientras que

eludía sus preguntas acerca de él. Fue muy agradable tener una

hermana que estaba de su lado con lo que le pasaba, lo que

pensaba, o lo que hacía.

Cuando colgó, de pronto sintió pena por Noah. El pobre no

tenía a nadie, tan sólo a su madre. Dex no podía imaginarlo. Él giro

la cabeza para estirar los músculos de su cuello y crujieron.

Él debía estar relajado, sin tensión, pero algo le preocupaba

acerca de Noah, y él no podía poner el dedo en la l aga.

Le tomó varias horas a Noah quebrar y limpiar las nueces. Para

cuando las entregó y regresó a su casa su mamá ya estaba

profundamente dormida. Revisó el refrigerador esperando que por

lo menos hubiera algo de comida. Todo parecía estar tal como él lo

había dejado la noche anterior cuando había hecho pol o frito.

Sacó el plato de aluminio con las sobras y lo dejó sobre la

mesa de la cocina antes de tomar asiento. Noah sabía que tenía

que hacer algo acerca de su mamá, pero sin su cooperación, tenía

las manos atadas. Era casi como sí hubiera decidido que la vida no

valía la pena vivirla sin su marido. Noah se negó a expresar esas

inquietudes a su mamá. La única vez que se había atrevido a

enfrentarse a ella sobre su depresión, se había convertido en una

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gran discusión, la única que había tenido alguna vez realmente con

el a.

Noah empujo el deprimente pensamiento al fondo de su mente

y se concentró en su tardía cena.

Con un muslo en la mano, mordió el pedazo de carne fría antes

de girarse a servirse un vaso de leche fría. Se sentía culpable de

que no había estado en casa para comer con su mamá. Estaba sola

en la casa todos los días. Noah odiaba que tuviera que ser así, pero

qué otra cosa se supone que hiciera.

Se concentró en los eventos propuestos para el día siguiente

en su mente. De ninguna manera iba a decirle a su mamá que iba a

Dodge City con Dexter, especialmente cuando había planeado

pasar la noche. Su mamá era una mujer maravillosa, pero no era

tolerante hacia las personas diferentes.

Noah siempre supo que su sexualidad tendría que permanecer

en secreto. Sólo que no contaba con que se convirtiera en un

problema en Schicksal. Había pocas personas en el pueblo que

sabían de su preferencia, como Ruby. A el a no le habría importado

si le gustaran los animales de granja. Ruby era un alma

verdaderamente buena y abierta.

Lo único que le había dicho era que mantuviera su secreto,

porque todos sabían lo que diría mamá si se enteraba. Noah juntó

las sobras de la pierna de pollo en una servil eta y sacó la pechuga.

¿Cuántas veces Ruby le dijo que necesitaba dejar Schicksal y

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volver a la universidad? Amaba a Ruby como una segunda madre,

pero no había manera de que pudiera salir de la ciudad, sobre todo

ahora, con la salud de su mamá deteriorándose. A pesar de que

Ruby le preguntaba por su mamá, Noah sabía que la mujer no

aprobaba la postura de su mamá en las cosas que pertenecen a los

homosexuales y las personas de un color diferente.

Se puso de pie y tomó el último trozo del pastel de crema de

plátano. Era el mismo que eligió para l evar a su casa. Así eran las

cosas y nada que dijera o que se preocupara iba a cambiar las

cosas.

Noah terminó lo último de su pastel y l evó el plato al fregadero.

Lavó el grueso sartén, antes de lavar los platos. Un rasguño en la

puerta le l amó la atención.

—Me preguntaba dónde estabas —dijo mientras abría la puerta

para dejar pasar a Barley. El perro de tamaño mediano se levantó

para poner sus patas en el pecho de Noah. Sacudiendo la cabeza,

Noah se echó a reír. —¿Hueles el pol o en mi aliento? Lo siento,

amigo, me niego a darte a saborear el pol o. Antes de darnos

cuenta, estarías persiguiendo a los que necesitamos para los

huevos.

Noah comprobó el tazón de comida de Barley antes de volver a

entrar, se sorprendió de encontrarlo todavía l eno. —¿Qué? ¿No

estás comiendo tampoco? —Rascó detrás de las orejas a Barley,

apagó la luz y caminó por el pasillo.

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Se detuvo junto a la habitación de su mamá y abrió la puerta en

silencio. Aunque la sala estaba demasiado oscura para ver, se

podía imaginar a su mamá dormir de costado o boca abajo. Él se

acordaba de su padre burlarse de el a sin piedad sobre sus

ronquidos. Su mamá siempre se cruzaba de brazos y con su nariz

hacia arriba diciendo algo como —Si te molesta tanto, duerme en el

sofá—. Habían encontrado al final que si el a dormía en su lado o

boca abajo, el a no roncaba.

Mientras estaba de pie en el oscuro pasil o viendo a la

habitación, no oyó nada. Sí, lo más probable sobre su estómago.

Dio un paso atrás y cerró la puerta, cuidando de no despertarla.

Para cuando Noah l egó a su habitación, estaba Barkley con su

hocico l eno de polvo de comida para perros. —Oh, vas a dormir

conmigo esta noche, ¿eh? Bueno, no me robes las mantas ahora.

Después de un viaje al baño para vaciar su vejiga y lavarse, él

se metió en la cama con sólo su ropa interior. Se instaló y cerró los

ojos, una mano en el perro, mientras que la otra encontró el camino

hacia su pene.

Noah pasó los dedos por el largo de su eje endurecido al

pensar en el pene de Dexter. Dios, cómo había amado el sabor del

semen del hombre.

Los recuerdos de Dexter provocaban que el erecto pene de

Noah se pusiera erecto y no bajara. Movió las dos manos debajo de

las mantas y se quitó la ropa interior. Agarró su pene y fantaseó que

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era la mano de Dexter tocándolo, bajó con la otra mano para

hacerse cosquillas en sus bolas y su agujero.

—Sí —susurró en la oscuridad de su tranquila habitación.

Las personas que lo conocían estarían absolutamente

sorprendidos por el desempeño en el privado dormitorio de Noah.

Le gustaba tocarse a sí mismo y lo hacía a menudo, pero ahora

tenía un rostro en su imaginación cuando escupió en su mano y

comenzó a manipular su agujero.

Sólo l egó a dos dedos antes de l egar al borde. Como de

costumbre, se cuidó de no manchar de semen la ropa de cama. A

pesar de que lavaba la ropa, no valía la pena correr el riesgo de que

su madre se enterara de lo que había estado haciendo. Se había

preguntado a menudo lo que sería tocarse y jugar abiertamente. Él

sólo lo había hecho bajo las sábanas por la noche. Aún tratar de

hacerse una paja en la ducha lo hacía sentirse incómodo. Su mamá

nunca había entrado en el cuarto de baño mientras se duchaba,

pero ¿qué pasaba con los ruidos, y qué si se perdía un poco de

semen sobre las baldosas? No, jugar en la cama una vez que su

mamá se iba a dormir era la única manera.

Tomó su ropa interior y limpió el semen de su pene y pecho.

Después de limpiar sus manos, tiró la ropa sucia hacia su cesta de

la ropa en la esquina de su habitación.

Tal vez tenga suerte y sueñe con Dexter. Mierda. Tal vez no

debería haber lanzado su trapo de limpieza tan de prisa.

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Noah se levantó temprano a la mañana siguiente. Había tenido

dificultades para dormir sólo por el hecho de saber que estaría

pasando el día con Dexter. Después de una ducha rápida y

afeitado, se vistió con uno de sus más nuevos jeans y una camisa a

cuadros de algodón ligero.

Él paso de puntil as por delante de la habitación de su mamá a

la despensa de la pequeña cocina y tomó una vieja bolsa de lona.

Noah había comenzado a meter ropa limpia en la bolsa cuando oyó

que su madre lo l amaba por su nombre. Maldición.

Bueno, él sabía que iba a tener que decirle finalmente. Añadió

otro cambio de ropa, en el caso de que Dexter tuviese previsto salir

a comer, antes de ir a revisar a su mamá.

—Buenos días —saludó mientras abría la puerta.

—¿Por qué estás tan temprano?

Noah se movía de un pie a otro. —Voy a ir a Dodge City más

tarde. Pensé en levantarme temprano para tener todas las tareas

hechas para que no tengas que preocuparte por el as. —No es que

lo hicieras de todos modos.

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Cuando su mamá no dijo nada, Noah se adelantó y se sentó en

el borde de la cama. —Estoy planeando pasar la noche en Dodge,

pero estaré de vuelta antes del desayuno por la mañana.

—¿Por qué necesitas pasar la noche? ¿Qué se supone que

debo hacer aquí sola?

Pensando rápido, Noah trató de explicar. —Bueno, tengo un

montón de cosas que traer para el señor Moody, y pensé que

también me gustaría ir a ver una película mientras estoy ahí. Han

pasado años desde que he estado en un cine. Para cuando salga

del cine será muy tarde, así que pensé en quedarme y regresar con

las primeras luces.

—Simplemente no quieres estar cerca de mí, admítelo.

Noah suspiró. —No es eso, mamá. Es que quiero tener un

poco de diversión. Estás dormida casi todos los días cuando l ego a

casa del trabajo de todos modos. Sólo estoy pidiendo por una

noche.

—Claro que sí. Una noche se convierte en dos y antes de que

te des cuenta, estarás hablando acerca de mudarte fuera de casa

otra vez.

Noah se mordió el interior de su mejilla. Lo último que quería

era una discusión acerca de su decisión, como la de cuatro años

antes, para asistir a la universidad. —Estoy aquí, mamá. Me hiciste

saber que me necesitabas en casa, y vine. Por favor. Permíteme

hacer esto.

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Su madre se apartó de él. —Haz lo que quieras, siempre lo

haces de todos modos.

Noah se frotó los ojos. Sabía que era inútil seguir adelante con

la discusión cuando l egaba a este punto. Se puso de pie y se dirigió

hacia la puerta. La foto de su papá en la parte superior de la

cómoda l amó su atención. ¿Era su imaginación, o parecía

decepcionado con él, también? Lo siento, papá.

En el camino de regreso a su dormitorio, se detuvo en el cuarto

de baño y sacó sus cosas para el afeitado y el cepillo de dientes, la

última conversación con su padre se repetía a través de su mente.

—Vas a cuidar de tu madre, hijo.

—Lo haré.

—Sé que no será fácil, pero debajo de todo, ella

es una mujer muy buena, y ella ha sido una buena

madre para ti. Recuérdalo cuando sobrepase tu

paciencia.

—Así lo haré, papá.

—Cuento contigo.

—Lo sé.

Noah cerró la mochila y se la colgó al hombro. Pasó al cuarto

de su madre con la conciencia pesada.

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Después de dejar su bolsa en el camión, volvió a entrar a la

casa para asegurarse de que había suficiente comida en el

refrigerador para su mamá durante el día. Llenó con alimentos y

agua los cuencos de Barkley y los l evó hasta el porche.

Con su fiel perro a su lado, Noah abrió el granero y comenzó

sus tareas de la mañana. Odiaba dejar fuera a Barkley durante todo

el día y la noche, pero él no podía contar con su mamá para dejarlo

salir a hacer sus necesidades.

Con un gran cubo de grano en la mano, se detuvo y estudió el

cielo. —Estarás bien, muchacho. Si comienza a l over, siempre

puedes quedarte en el porche o debajo de él. —Maldición Ahora,

dejar a Barkley por el día lo hacía sentirse culpable.

Noah sacó esos pensamientos. Se merecía esto, y por Dios,

que iba a aprovechar cada trozo de vida que podría vivir en las

próximas veinticuatro horas.

Para cuando Noah terminó sus tareas y se dirigió a la ciudad,

un caso de nervios había aterrizado de l eno en el estómago. Se

secó las manos sudorosas en el pantalón. ¿Cómo sería pasar la

noche con otro hombre? ¿Podrían dormir juntos después de hacer

el amor o Dexter esperaría que se levantase y se fuera a otra

cama? No. Dexter parecía el tipo de hombre que disfrutaba de ser

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tocado, al menos Noah lo esperaba. Tenía toda una vida que tocar

y hacer en un corto período de tiempo.

Noah no se hacía ilusiones de amor eterno con Dexter. No sólo

era un hombre educado, era más un hombre de ciudad que nadie

que Noah hubiera conocido. Incluso si los sentimientos se

desarrollaran entre el os, no podía ir más al á de los límites de la

ciudad de Dodge.

Una noche. Noah sabía que tendría sólo una noche para pasar

con Dexter. Por supuesto que podía ser capaz de involucrarse en

actividades sexuales dentro de los bosques o de vuelta a casa, pero

sabía en su corazón que nunca más podría l egar a dormir junto con

el hombre, o cualquier otro hombre para el caso.

Si bien algunas personas pueden pensar que ponía demasiada

presión en una sola noche, Noah lo tomó como una oportunidad de

renunciar a su reserva y vivir el momento. Esperaba que Dexter

sintiese lo mismo.

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CAPITULO CUATRO

¿S

eguro que no quieren tomar mi coche? —preguntó Cora a Dex,

bajando su taza de café vacía y limpiándose los labios con la

servilleta. El a vio alrededor al comedor y tomó su bolso—. Ese

trasto viejo de Noah no podrá hacerlo sin venirse abajo.

Él se espantó. —Vaya una alcalde. Estoy seguro de que Noah

hubiera dicho algo si pensara que su camión no estaba en

condiciones para el viaje. Además, es sólo un poco más de una

hora de Kismet a Dodge, y son diez kilómetros de viaje de aquí a

Kismet de todos modos.

Cora se rió entre dientes. —¿Cómo conoces tan bien desde el

suroeste de Kansas?

Dex se tocó la cabeza con un dedo. —Internet. Es lento, pero

trabaja aquí.

El a se levantó, se inclinó y besó su mejil a. —Pórtate bien. Nos

vemos en la cena o cuando sea que l egues. — Vio la bolsa de viaje

que había escondido debajo de su asiento.

Dex se sentiría culpable. Sabiendo que Cora, no lo había

descubierto o probablemente ya no estaría en casa, pero si lo

hubiera hecho, el a guardó silencio. Había escondido la ropa en el

coche, pensando que no lo había notado. Tal vez se equivocó. La

observó mientras salía del restaurante.

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Ruby l egó a su mesa. —¿Más café?

—Por favor —Empujó la taza más cerca para que no tuviera

que inclinarse sobre él—. Ruby. No te importaría revisar a la señora

Stoffel por Noah esta noche, ¿verdad?

Ruby lo vio como si tuviera dos cabezas. —No entiendo.

—Ya sabes. Solo, para asegurarte de que come la cena o algo

así. Noah parece estar preocupado por el a. Vamos camino a

Dodge a recoger algunas cosas para el dueño de la ferretería y

comprar unas botas. —Extendió su pie derecho escasamente

vestido.

Ruby todavía tenía una expresión de perplejidad. —Cariño,

¿estás tratando de ser gracioso?

Ahora el ceño fruncido era el de Dex. —Si es una carga, no se

moleste. Sólo estoy tratando de aliviar la mente de Noah. No parece

que la deja sola con mucha frecuencia. Pensé que tal vez vayamos

a ver una película, una vez que hagamos nuestras compras. En

caso de que regresáramos tarde...

Ruby arrojó una toal a sobre la mesa y dejó la cafetera frente a

él. —Tú realmente no la conoces, ¿verdad?

Antes de que pudiera responder, el a agarró la cafetera y la

toalla de cocina, y Dex oyó el tintineo de las campanas sujeto a la

puerta del restaurante. Cuando alzó la vista, vio a Noah entrar.

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—Hey, Noah —Ruby le dio una mirada severa a Dex y

murmuró en su oído—. No menciones a Noah nada, ¿lo oyes? Sólo

le molestaría.

Dex parpadeó y se recostó en su asiento. ¿Qué carajo? ¿Era la

madre de Noah una especie de reclusa que no le gustaba la

compañía?

Ruby recorrió a Noah, mientras caminaba hacia la mesa de

Dex. —He escuchado que van a Dodge —El a se asomó a una de

las ventanas de cristales grandes con vistas a la call—, parece buen

tiempo para un viaje —Golpeó su amplia cadera contra la huesuda

de Noah, burlándose de él—. Ustedes, muchachos, no hagan nada

que yo no haría durante su ausencia.

Luego vio de Noah a Dex y viceversa, con una amplia sonrisa.

—Y pasa un buen rato, Noah. Mereces salir de vez en cuando.

Noah se sentó frente a Dex. —Hola.

Dex se inclinó hacia delante, sacudiéndose de encima la

sensación de que de alguna manera casi había cometido un error.

—Empaqué, listo para ir. ¿Tú?

—Sí. Tengo una vieja bolsa de lona en la parte trasera del

camión —Noah sonrió—. Pensé que tal vez tomaría el camino más

largo para l egar al í, en coche a través de Garden City, después, a

Dodge. ¿Eso está bien?

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Mierda. Dex tenía un plan, y un desvío lo desbarataba. No

tenía ni idea de dónde estaba Garden City. Él respiró hondo y

asintió. —Claro que sí. ¿Qué es lo que tenemos que hacer al í?

Noah sólo arqueó una ceja. —Ya lo verás.

Dex pagó su cuenta y agarró su bolsa. La mezcla de

emociones lo puso nervioso, le gustaría tener un termo de café

para ayudar a sus constantes nervios durante el viaje, que Dios

sabía cuánto tiempo les tomaría ahora que no estaban cumpliendo

su plan original. Tal vez eso era una lección de que tenía que

aprender a dejarse l evar. Todos los días anteriores en Kansas le

habían enseñado que no se encontraba en territorio familiar, y todo

lo que veía desde el clima hasta lo que tenía en su agenda podría

cambiar en un abrir y cerrar de ojos. Había vivido de un calendario

de fechas de eventos durante tanto tiempo, que salirse de un plan lo

ponía nervioso, incluso en medio de la nada.

Noah encendió el motor del camión y metió reversa. Cuando se

echó atrás, vio a Dex. —Relájate. Vamos a l egar muy pronto.

El viaje hacia el norte era a través de territorio desconocido

para Dex, pero contaba con el tiempo que pasaba con Noah.

Después del extraño comportamiento de Ruby, decidió no sacar a

relucir todo lo que pudiera poner a Noah incómodo, así que no le

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preguntaría por su mamá, no preguntaría a dónde iban, y no

hablaría de cualquier cosa que pareciera molestar a Noah en el

pasado, como la universidad, su padre, cementerios, o que fuera

virgen.

Hablaron de todo, desde el perro de Noah a la vida en la

granja, los trabajos extras que Noah hacia en la ciudad, y la vida de

Dex en Pittsburgh. Decidió que sería mejor no hablar de relaciones

pasadas, especialmente de Colin que había sido tan espantoso.

El tiempo pasó tan rápido que la hora más o menos del viaje se

había terminado antes de que Dex se diera cuenta de que estaban

en una ciudad mucho más grande que Schicksal. Vio el paisaje, que

no era gran cosa, y se preguntó cuál era la misión de Noah.

Entonces vio un signo familiar y estaba a punto de preguntar a

Noah cuando el camión se dirigió directamente a él.

—¡Starbucks! —exclamó Dex con entusiasmo.

Noah se echó a reír. —Tu tía me dijo que habías estado

perdiéndote de tu café favorito algo Frap.

Dex se echó a reír. —Frappuccinos Mocha. Oh, hombre, te

aseguro que no has vivido hasta que hayas probado uno.

—Yo no bebo mucho café —admitió Noah—. Sólo el que tomo

con Ruby. Mamá no toma, así que no tiene sentido que me lo

compre para la casa.

—Bueno, este es mi asunto —dijo Dex—. Estaciónate, y te diré

qué ordenar.

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SALVANDO A NOAH

Noah agradeció, pero frunció el ceño cuando estudiaba el

menú del exterior. —Un poco caro.

—Lo vale —le dijo Dex y luego le dio la orden.

En poco tiempo, estaban de regreso en la carretera, se

dirigieron a Dodge City, y Dex tenía su bebida favorita en sus

manos y dos bolsas de sus granos favoritos de café entre el os

sobre el asiento.

—Te voy a enviar a casa con algo de esto cuando estemos de

vuelta en Schicksal (3).

—¿Qué clase de palabra es esa de todos modos?

—Es alemán —dijo Noah—. Eso significa Kismet, pero ese

nombre ya estaba tomado, Un vagón de tren l eno de alemanes

l egó a donde ahora es el restaurante de Ruby. La gente no quería

irse a Kismet, pero le gustaba el nombre, así que el os hicieron lo

que les gustaba, supongo.

—Ah —Dex tomó un gran trago de su Frap y suspiró—. El

sabor me hace feliz. ¿Qué te hizo pensar en esto?

—Tu tía. Le pregunté acerca de lo que te perdiste de

Pittsburgh. Pensé que tal vez podía darte una razón para que te

quedaras un poco más. —El hombre más joven se ruborizó.

3(() Destino, en alemán, igual a Kimset en ingles

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Dex puso una mano sobre el muslo de Noah. —Yo no necesito

ningún otro motivo para estar alrededor de ti, pero te lo agradezco.

No tienes ni idea de lo que he echado de menos mi café. —Se río.

Noah se limpió la garganta. Parecía nervioso. —¿Extrañas algo

más acerca de tu casa?

Dex asintió. —Extraño a mi familia. Son fuertes y ruidosos, y

me vuelven loco a veces, pero somos muy unidos —Él los nombró

en orden para Noah—. Mi hermana mayor, Margarita, es una

psicóloga, como mis padres, y comparte con el os un consultorio en

Pittsburgh. Larry es un ingeniero eléctrico con una esposa y seis

hijos propios.

—¿Seis? —Gritó Noah.

—Sí. Luego está Heather, quien enseña historia en una

pequeña universidad en Wisconsin. Soy el siguiente. Y luego está

Kelly Jo y su pareja, Sharon. Ellos viven en Tucson y están tratando

de adoptar un bebé. Me l aman casi todos los días para asegurarse

de que estaré en casa para las vacaciones.

Noah parecía estar meditando sobre toda la información. —

Entonces, ¿dónde vamos después de l egar a Dodge y recoger lo

que necesito para el señor Moody?

—A un hotel en la cal e de Boot Hil —. Dex omitió la palabra

cementerio. De acuerdo con la información que encontró en línea el

hotel estaba en la calle del cementerio de Boot Hil , y frente a un

museo. Él se maldijo en silencio. Había querido hacer turismo,

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SALVANDO A NOAH

comprar los pantalones vaqueros y botas, tal vez un sombrero de

vaquero, visitar la parte del Salvaje Oeste que había leído en los

libros cuando era niño.

Vio a Noah para ver si se inmutaba ante la mención de Boot

Hil . Aliviado al no ver una respuesta, Dex suspiró. Cualquiera que

sean los secretos de Noah, tenía cierta aversión a los cementerios,

y Dex tenía que respetar eso. Sin embargo la psicología en él

quería intentar averiguar por qué algo tan común como un

cementerio era tan repulsivo para Noah. Tal vez tenía que ver con

la muerte de su padre. Dex se preguntó con qué frecuencia Noah

incluso iba a visitar la tumba de su padre. El tipo podría haber sido

un idiota, hasta donde él sabía, y Noah y su madre tal vez no

habian sentido la necesidad de adornar la tumba o presentar sus

respetos. Para algunas personas, muerto significaba ido para

siempre y sin necesidad de traerlo de nuevo.

—¿Sabes dónde dirigirte una vez que estemos ahí? —

Preguntó con indiferencia Dex.

—Sí —Noah vio su reloj—. Primero tengo que recoger las

piezas que Moody ordenó a Josh Taylor, y luego a la parcela de

engorda para obtener el alimento orgánico especial que el Sr.

Moody envía al viejo Johnson. Después de eso, podemos ir a

cualquier centro comercial en Vil age Square o una de las tiendas

de zapatos en busca de algunas botas.

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—El centro comercial —sugirió Dex, pensando sin duda que

sería un lugar para comer, tal vez en algún lugar para mirar las

camisas y pantalones vaqueros.

Se felicitó por haber reservado una habitación para los dos, y

esperaba que Noah pudiera relajarse lo suficiente para disfrutar su

estancia. El joven podría querer volver cuando fueran a dormir o

algo remotamente íntimo, pero al menos Dex había visto que él

tendría intimidad y tal vez un poco de diversión.

Noah estacionó su maltratado camión. —Esto no debe tomar

mucho tiempo. Esperemos que tengan todas las partes listas.

Dexter vio alrededor. —¿Qué estás recogiendo?

—Sólo algunas piezas usadas para el viejo tractor. Josh podría

haber venido a Dodge y recogerlos él mismo, pero es un cliente fiel

del Sr. Moody, por lo que le dio el negocio.

—Wow. No es frecuente ver a alguien pagando más por algo

que necesitan —comentó Dexter.

Noah se encogió de hombros y abrió la puerta. —La gente en

los pueblos pequeños nos cuidamos los unos a los otros. Es la

única manera de que una comunidad aquí pueda sobrevivir.

Dexter asintió. —Voy a esperar aquí si no te importa.

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Noah hizo una mueca al ver la expresión en la cara de Dexter.

No parece que Dexter hubiese estado nunca en un deshuesadero.

Se dirigió hacia el edificio, bordeando la chatarra oxidada en su

camino. El hombre que tenía el patio había estado en el negocio

más de lo que Noah había vivido. Noah dudaba que el hombre se

acordara ni de la mitad de lo que había dentro de la alta val a de

seguridad.

De la nada, un perro saltó hacia él, sus poderosas mandíbulas

apenas l egando al brazo de Noah. Saltó fuera del camino,

preparado para una pelea, cuando vio la gruesa cadena que

mantenía al perro fuera de su alcance.

Noah se l evó una mano al pecho y vio al perro. —Maldición,

Sarge, me haces eso todo el tiempo.

El Rottweiler se sentó en cuclillas, mirándose especialmente

satisfecho de sí mismo. Noah entrecerró los ojos al perro antes de

mirar por encima del hombro. Esperaba que Dexter no lo hubiese

visto saltar como una colegiala asustada.

Noah podía ver la cara de Dexter en el espejo retrovisor. El

hombre bien parecido debía de haber encendido la radio porque

parecía que estaba cantando. La idea de Dexter encontrando algo

en las estaciones de superficie que podría cantar impactó a Noah.

Se dio la vuelta y pasó a Sarge en el camino a la oficina.

Encontró al Sr. Hal eran detrás pareciendo dormido.

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Noah cerró la puerta con más fuerza de la necesaria para evitar

avergonzar al viejo.

El Sr. Halleran dio un salto ligero y abrió los ojos. —Era hora de

que l egaras, joven.

—Lo siento, señor, he l egado aquí tan rápido como pude.

¿Tiene las piezas listas?

Con una mirada un poco confusa en su curtida piel arrugada, el

Sr. Halleran se rascó la calva cabeza y vio alrededor de la pequeña

oficina. —Creía que lo hice, pero ahora no las veo.

Noah suspiró. Él debería haber sabido que las partes no

estarían listas. El Sr. Hal eran era demasiado viejo para ir por el

patio recogiendo trozos de equipo viejo. Normalmente tenía con el

anciano conversaciones triviales mientras fingía mirar a su

alrededor antes de finalmente salir a la cal e y coger las partes él

mismo. Este no era el momento para nada de eso.

—Si usted me dice dónde está la cosechadora, voy a

comprobar para ver si han sido retirados ya —ofreció Noah.

La mano del señor Hal eran se movió frotando a través de su

hirsuta mejilla. —Bueno, debe estar en la parte posterior derecha

del patio. ¿Necesitas mi ayuda?

—No, señor. ¿Me podría prestar su caja de herramientas?

El anciano señaló a la caja de color rojo oxidado al lado de la

puerta principal. —Sírvete tú mismo.

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—Gracias —Noah se acercó y cogió la caja antes de salir de la

oficina. No estaba seguro de por qué había agradeció al Sr.

Hal eran, no era como lo había planeado.

Antes de entrar al patio, dejó la caja de herramientas en el

suelo y se acercó a la camioneta. —Lo siento. Va a tardar más de lo

que pensaba. El Sr. Hal eran no tiene todas las partes listas, así que

tendré que hacerlo.

Dexter sonrió. —¿Necesitas ayuda?

—No ayuda, pero podrías acompañarme si estás interesado.

Dexter salió del asiento del pasajero con una sonrisa diabólica.

—Oh, creo que sabes que estoy interesado.

Dex no tenía idea de lo que hacía una segadora, y mucho

menos cómo funcionaba. Le fascinaba ver cómo algo tan grande y

de aspecto tan complicado era muy parecido a un juguete en las

manos capaces de Noah. Un giro aquí y otro al á, y pronto Noah

parecía haber desmontado algo que necesitaba.

—¿Dónde aprendiste a hacer eso? —Preguntó Dex.

Noah sonrió tímidamente. —No lo sé. Probablemente de mi

padre y otros agricultores. He estado haciendo esto desde que era

niño.

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—¿Es una broma?

—No. Los meses más fríos eran para ir a la escuela, los más

calientes para ayudar a ganarse la vida. No tienes opción si algo se

rompió. Arreglarlo nosotros mismos o esperar morir de hambre, si

los cultivos no se siegan.

Dex no iba a preguntar para qué diablos una segadora era

utilizada, pero guardó la palabra cosecha en su cerebro. Observó el

hermoso rostro de Noah mientras el joven se levantó y se sacudió

las manos, manchas de grasa en una pierna de los vaqueros.

—Maldición —la voz de Noah fue tranquila, pero decididamente

sombría—. Otro par probablemente en ruinas.

—Bueno —Dex se puso las manos en las caderas y miró a

Noah.

—¿Que tiene de bueno esto?

—Eso significa compras, hombre. He querido gastar dinero

desde que l egué aquí y me sentía estúpido de comprar solo para

mí.

Noah sacudió la cabeza. —No. No puedo dejar que hagas eso.

—El placer es mío —dijo Dex—. ¿Estás bromeando? ¿Cuál es

la diversión en tener dinero si no puedes gastar con los amigos de

vez en cuando?

Era evidente que el concepto de las compras era un placer

ajeno a Noah. El corazón de Dex se l enó de dolor al darse cuenta

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de que él y todo el mundo en casa eran probablemente superficiales

para Noah y sus compañeros. No es que él estuviese relacionado

con los Rockefeller, pero su familia nunca se había preocupado por

comprar lo que querían, y mucho menos lo que necesitaban.

—Noah —dijo Dex en voz baja, l egando a pararse frente a su

amigo—. ¿Me haces un favor?

—Si puedo. Claro que sí.

—Déjame consentirte hoy y esta noche. Lo digo en serio. No

tengo el placer de dar con suficiente frecuencia. No me quites esto.

Una mirada extraña en los ojos de Noah hizo a Dex

preguntarse si lo había ofendido. Noah parecía casi temeroso.

—¿Por qué quieres hacer eso? —preguntó.

—Porque en este momento sólo quiero agarrarte y - no te rías-

abrazarte e invitarte a algunas cosas que dudo que alguna vez has

tenido. Quiero verte sonreír, porque tienes uno de los rostros más

hermosos que he visto nunca, y no sonríes a menudo.

Noah parecía haberse transformado con el estallido de Dex.

Parecía confundido, pero contento. Dex esperaba pacientemente,

pero estaba angustiado, preguntándose si había dicho algo

equivocado. Pronto las esquinas de los labios de Noah temblaron

ligeramente.

Dex se inclinó hacia delante y lo besó en los labios. —¿Eso

significa que sí?

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SALVANDO A NOAH

—Yo no estoy seguro. Nunca he sido cortejado antes —dijo

Noah con una risita—. Y eso es lo que siento.

Dex se echó a reír. —Bien. Deja que el cortejo comience.

Noah nunca había estado en Disneylandia, pero había ido a un

parque de atracciones una vez, y tenía la misma sensación que

había tenido de niño cuando estaba a punto de montar en una

montaña rusa. Emocionado un segundo, con miedo al siguiente,

pero todavía esperando las caídas y vueltas, los momentos que

harían a su corazón acelerase.

Nunca había ido de compras para otra cosa que no fuera ropa

para la escuela o ropa de trabajo, por lo que los jeans que Dex le

había dado lo desconcertaron. Esos no eran los fuertes, jeans para

desgastar durante todo el año que su familia había comprado para

él, y ciertamente no eran los pantalones de trabajo sueltos que él

mismo había comprado.

—Están un poco apretados. —Acomodó su pene y bolas,

preguntándose si la costura no se reventarían.

—Se supone que es para presumir el culo apretado —bromeó

Dex. Él alisó el frente de los jeans.

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SALVANDO A NOAH

—No estás ayudando con el problema —dijo Noah

bruscamente, sintiendo que su pene se hinchaba. Vio alrededor

para ver si alguien los había visto delante del gran espejo.

Dex se rió entre dientes. —Oh, relájate. Nadie está mirando —

Tomó los dos sombreros de vaquero que había agarrado en su

camino al vestuario—. Prueba con esto. —Él colocó un sombrero en

la cabeza de Noah y se colocó el otro.

Noah no pudo evitar sonreír ante su reflejo. —Me veo como un

rooster (4).

—¿Un qué?— Dex lo miró.

—Tú sabes, un bastardo arrogante, lo que l amamos un rooster

en estos lugares. Alguien que se pavonea y piensa que todas las

chicas van a seguirlo a cualquier lugar.

Dex ladeó el sombrero con un ligero ángulo. —Ahora, eso es

de lo que estoy hablando.

Noah suspiró. —Estás loco. Este sombrero tiene que costar un

par de cientos de dólares.

—Déjame preocuparme por eso. —Dex estaba junto a él, al

parecer con la intención de ver que los dos lucían como pareja.

—Pero a ti no te preocupa, eso es lo que me asusta vas a estar

completamente endeudado antes de que te des cuenta, porque

nunca te fijas en lo que cuesta. Solo dices: voy a l evarlo.— Noah

4(( ) Clase de gal o

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giró la cabeza de lado a lado. A él le gustaba la forma en que el

sombrero le quedaba.

—Bueno, prepárate para eso, porque las chaquetas están del

otro lado. —Dex se dirigió a otra parte de la tienda antes de que

Noah pudiera abrir la boca para protestar.

—Loco tonto. —Él enganchó los pulgares en el pantalón y se

admiró a sí mismo. Se sentía como de un mil ón de dólares, pero,

¿quién lo vería aparte de Dex? ¿Tendría el valor de ponerse un par

de jeans ajustados como ese en la ciudad una vez que estuviera en

casa?

Dex corrió hacia él, sonriendo y l evando más ropa. Esta vez

también tenía cinturones y guantes. Tiró todo menos dos chaquetas

en un montón junto a Noah. —Muy bien, adiviné el tamaño de la

medida de los cinturones y guantes, pero hay que probar las

chaquetas. ¡No discutas!

Noah sabía que no tenía otra opción. Dex habría tomado todo y

se lo l evaría al empleado de la tienda y pasado la tarjeta de crédito

en la caja registradora quisiera él o no.

Maldición, Dex era un comprador tonto, pero desde luego sabía

escoger lo que se veía bien. Minutos más tarde, Noah se veía al

espejo y apenas se reconocía. Parecía alguien con el que Dex

saldría, un buen amigo, tal vez un amante.

Noah sintió aumentar el nudo en la garganta. Él estaba l eno de

emoción, no por las cosas, sino por el hombre que estaba a su lado.

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¿Y si nunca lo veía de nuevo, una vez que Dex regresara a

Pennsylvania?

Se quitó el sombrero y vio a los traviesos ojos oscuros de Dex.

Bueno, será divertido mientras dure. No importaba un carajo si

alguien los viera o no. Se inclinó hacia adelante y abrazó a Dex.

—Necesito una ducha —Noah le susurró al oído de Dex, su

voz rompiendo ligeramente.

—¿Estás cansado?

—Un poco. ¿Te importa si vamos a registrarnos ahora y

comprar algo de comida para l evar en el camino?

Dex sacudió la cabeza. —No, en absoluto.

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CAPITULO CINCO

—T

engo una idea mejor —dijo Dex cuando Noah se desnudó para

entrar en la ducha. Se quitó la ropa y la apiló en el lavabo en el

baño del hotel.

La mirada de Noah no tenía precio. Dex no podía dejar de

sonreír. —Adelante, tú primero. —Esperó hasta que Noah estaba

dentro de la ducha antes de seguirlo.

Era obvio que Noah nunca se había duchado con otro

hombre, y Dex no pudo resistirse a tomarse su tiempo con el joven.

Él empujo a Noah suavemente debajo de la ducha y le metió la

cabeza para que se mojara. Sonriendo, tomó el jabón y arqueó una

ceja en broma.

Noah era precioso, con los músculos que se habían

desarrollado muy bien en los últimos años. Gruesa columna de

cuel o, hombros y espalda anchos, brazos fuertes. Dex se tomó su

tiempo para enjabonarlo y pasar el paño sobre el cuerpo de Noah.

—Eres incleible —dijo Dex roncamente. Enjabonó los brazos de

Noah desde los bíceps al antebrazo luego hacia abajo a las

muñecas. Cuando l egó a las manos de Noah, cerró sus dedos con

los de Noah y se inclinó hacia él por un beso.

El beso fue suave y dulce, pero fuerte, decidido y delicioso.

Los labios de Noah se entreabrieron, y la lengua de Dex se deslizó

en el interior para saborear la boca de Noah. Cerró los ojos, amaba

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la sensación tirante de Noah, en contra de su cuerpo liso.

—Mmm —Dex abrió los ojos—. Sabes bien.

La manzana de Adán de Noah se movía y parecía haber

perdido su voz. Dex se rió y continuó lavándolo, sus manos se

dirigieron a la espalda de Noah.

—Date la vuelta.

Noah obedeció, y Dex enjabonó sus hombros, espalda,

glúteos, las manos continuamente moviéndose, deleitándose en la

sensación de tensión muscular que parecía expandirse por debajo

de su contacto.

—Eso se siente bien —dijo Noah finalmente.

—Yo te mostraré lo agradable —dijo Dex. Se deslizó

suavemente contra su amigo, su cuerpo ahora se fundía uno con el

otro en el rocío de la ducha. El vapor se reunió a su alrededor, y las

manos de Dex se trasladaron desde la parte posterior de Noah a su

torso, frotando los músculos de un abdomen de lavadero, y los

abdominales.

Bajando, bajando, los dedos de Dex masajearon el suave

tejido del abdomen y encontraron su camino al vello suave,

suavizado con jabón, debajo del ombligo de Noah. El cuerpo de

Noah dio un jalón, pero Dex podía decir que era una reacción

involuntaria. El pene de Noah se levantó, chocando con la mano de

Dex.

—Oh, ¡Cristo!. —Noah inclinó la cabeza hasta que sus

rostros estaban uno junto al otro.

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Dex lo besó en la mejilla y siguió su masaje jabonoso. —

Quiero sentir ese magnífico pene dentro de mí, Noah. Quiero

probarlo.

Besó el cuello de Noah varias veces y luego dio a Noah la

vuelta y cayó de rodil as, el agua en cascada a través de su

espalda, su boca encontró el eje de Noah.

Noah se agarró a la pared de la ducha. —Pensé que dijiste,

que no era seguro.

Dex levantó la vista. —No te corras todavía. Yo no te dejaré

—dijo con una carcajada.

—Puede que no tenga opción —comentó Noah, presionando

el culo y la espalda contra la pared de la ducha mientras Dex se

inclinó aún más y deslizó suavemente sobre su boca el pene de

Noah.

Noah gimió en ese momento, un grito gutural, seguido por

un gemido. La lengua de Dex acarició la costura a partir de la base

del eje de Noah a la punta, una y otra vez, mientras Noah pegó las

manos contra la pared de la ducha, haciendo acopio de fuerzas.

Las manos de Dex ahuecaron el culo de Noah, teniéndole

aún, manteniendo el deslizamiento mientras se retorcía. Entonces

sus dedos se arrastraron hacia el agujero de Noah, en movimiento,

sondeando la apertura. El pene l eno de sangre de Noah estal ó

dentro de la boca de Dex, y él se alejó cuando el chorro de semen

se disparó.

Dex trabajó dos dedos dentro del agujero de Noah y lamía