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SALVANDO A NOAH

SALVANDO A NOAH

CAROL LYNNE & CASH COLE

CAPITULO UNO

N

Carol Lynne & Cash Cole

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SALVANDO A NOAH

oah Stoffel equilibraba la caja del aceite para motor en su rodil a

mientras abría la puerta. —Nos vemos más adelante en la semana,

Sr. Moody.

—Claro —contestó George Moody saliendo de atrás de la

ferretería.

Noah l evó la caja a un lado de la oxidada camioneta blanca y

se dirigió al restaurante Ruby's. Cruzó la cal e sin siquiera

molestarse en ver si venían automóviles. En una ciudad del tamaño

de Schicksal, Kansas, una persona probablemente podría tomar

una siesta en el centro de la cal e principal y no ser molestado

durante horas.

Sabía que vivir en una ciudad con una población de doscientos

treinta y uno molestaría a la mayoría de la gente, pero Noah amaba

su pequeña esquina del mundo. Se detuvo delante de Ruby's y se

limpió los pies sobre la bril ante alfombra de bienvenida floral antes

de entrar.

—Buenas tardes, señorita Ruby —gritó él.

Noah se sorprendió al ver a un desconocido en una de las

cinco mesas. Se dirigió al mostrador y se sentó en uno de los rojos

y rajados taburetes de vinilo. Cuando era un niño, su padre solía

l evarlo a Ruby’s para un helado cada sábado por la noche después

de una semana completa de tareas.

Ruby salió de la cocina, el lápiz amarillo del número dos

siempre presente pegado en su peinado, con un plato del especial

de ese día en una mano y un gran vaso de té dulce en la otra.

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—Estaré contigo en un segundo, dulzura —saludó Ruby.

Noah odiaba parecer entrometido, pero no pudo evitarlo. Era

raro ver a un extraño en la ciudad, en especial uno de su propia

edad y de aspecto tan bueno como cualquiera de esos tipos en la

televisión. Estudió al hombre con el rabil o del ojo mientras fingía

mirar por la ventana del frente.

Ruby habló con el hombre durante varios segundos antes de

girarse hacia Noah. —¿Qué puedo hacer por ti hoy?

—Se me ocurrió l evarle a mamá un pastel de crema de

banana que le gustan tanto. No ha estado comiendo como debe,

así que espero tentarla —dijo con una sonrisa.

—¿Ella todavía está mal? —preguntó Ruby mientras tomaba

un pastel de la nevera con fachada de cristal al lado de la caja

registradora.

—Sí —Noah odiaba la idea de su madre haciéndose mayor.

Después de que su padre fal eció, hace casi seis años, su

mamá era la única familia que le quedaba. El a solía ayudar a Noah

con el trabajo en su pequeña granja, pero su salud dio un giro hace

cuatro años, dejándole la mayoría del trabajo a él. No es que le

importara. Noah disfrutaba trabajando en el jardín y asegurándose

de alimentar las vacas, pero a menudo se preguntaba si la vieja

granja era demasiado para el os hoy en día.

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Había abordado el tema de la venta de la finca una noche y

había recibido un silencio absoluto. Noah no lo había mencionado

de nuevo, pero eso no significaba que no debía pensar en el o.

Ruby colocó la caja con el pastel delante de él.

—¿Cuánto te debo? —preguntó Noah, sacando la cartera que

había hecho en los Boy Scouts años antes.

—No tendrás que pagar nada si me traes algunas de esas

nueces que sé que tienes por tu bosque.

Noah sabía que Ruby estaba siendo amable. La mayor parte

de la ciudad sabía que la finca Stoffel no era lo que solía ser. La

mayoría de los meses se había visto obligado a hacer algunos

trabajos para otras personas, simplemente para poder subsistir.

En el pasado, su mamá había hecho algo de dinero recogiendo

las nueces de su pequeño bosquecillo y las vendía entre la gente de

la ciudad. Ahora, con la espalda dañada de la forma en que estaba,

apenas podía levantarse de la cama.

—Tendré un poco de maíz de la cosecha dentro de un par de

días, pero estoy seguro que podría traer algunos el jueves, ¿si eso

está bien?

—El jueves está perfecto —respondió Ruby.

Noah acomodó la caja en sus brazos. Se inclinó sobre el

mostrador y le susurró a Ruby ¿Quién es el chico nuevo?

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—Oh, ¿ustedes dos no se han presentado? Bueno, es hora de

que lo solucionemos, ¿no crees?

Ruby agarró la mano de Noah y lo arrastró hacia la mesa —

Dexter Krispin, me gustaría presentarte a Noah Stoffel. Dex es

sobrino de la Alcaldesa Edwards de Pittsburgh. Él está aquí de

visita por un par de semanas.

Noah dejó el pastel de nuevo en el mostrador y se acercó a

estrechar la mano de Dex. —¿Pittsburg? ¿Kansas?

—No. Pittsburgh, Pennsylvania.

—Oh. No puedo decir que haya ido tan lejos al este. Fui a San

Louis cuando estaba en la preparatoria para la feria de ciencias

regional, pero creo que eso es lo más lejos de casa que he estado.

Bueno, sin contar la universidad. Me aceptaron en la universidad

estatal de Iowa, pero sólo asistí a clases durante un par de meses

antes de que me necesitaran de nuevo aquí en casa.

Noah se dio cuenta que seguía estrechando la mano de Dex y

de mala gana se apartó. Se preguntó si Dex o Ruby se habían dado

cuenta de la forma en que la parte delantera de su pantalón había

empezado a l enarse. Ser homosexual en una ciudad del tamaño de

la suya no era realmente una opción.

Asumió que la gente del pueblo consideraría a su falta de citas

al hecho de que había pocas mujeres solteras en la zona, y la

mayoría de ellas estaban más interesadas en carreras de barriles o

salir fuera de la ciudad.

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—Fue un placer conocerte —dijo Dex, tomando asiento.

—Para mí también —agregó Noah mientras se giraba y tomaba

su pastel. Estaba seguro de que su rostro estaba enrojecido. A

pesar de estar en el sol a diario, la herencia alemana de Noah

realmente no permitía un bronceado de ningún tipo. Por lo general

se quemaba y pelaba varias veces durante el verano, sólo para

quedar con la misma piel pálida y pelo rubio con la que había

empezado el verano.

Su mirada examinó a Dex una vez más. Dex no parecía tener

problemas de bronceado. El hombre no se parecía en nada a Cora

Edwards. Con su pelo castaño oscuro, ojos grises, Dex no se

parece en nada a la piel de porcelana con cabello plateado de la

alcalde. Y Noah sabia ciertamente que Cora no tenía esos

fantásticos hoyuelos en sus mejil as. La lengua de Noah cosquil eo

al pensar en arremolinarla alrededor y dentro de esas lindas

depresiones.

—Será mejor que vaya a casa —dijo Noah.

—Muy bien, dulzura, conduce con cuidado —le dijo Ruby.

Dex regresó a su cena y Noah casi tropezó con una sil a

mientras veía al hombre guapísimo lamer la grasa de pollo frito de

los dedos. Rezó para ser capaz de sostener el pastel y l evarlo a

casa a salvo.

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Dex se apoyó en la balsa inflable. Su mano izquierda sostenía

una cerveza medio l ena a pesar de que podía fácilmente colocarlo

en el portavasos. Su brazo derecho colgaba en el agua tibia de la

piscina de su tía.

Septiembre no era un buen mes para la natación, pero al

suroeste de Kansas a menudo disfrutaban días más cálidos de lo

normal durante la mañana. Además, se dijo, si no tenía un lugar

para relajarse y refrescarse distinto a la ducha, estaría mojando el

techo de Cora.

—Entonces, ¿ya has cumplido con el os? —Preguntó Cora.

Echó un vistazo por debajo de sus gafas de sol para echar una

mirada hacia el a. —Te dije que no preguntes.

Impaciente como siempre, tomó otro sorbo de su martini, dejó

la copa sobre la mesa del bar, y cerró las dos palmas contra la

mesa de madera. —Maldita sea, Dex, no juegues conmigo.

—Los conocí —respondió tranquilamente, imitando el acento

del medio oeste—. Vi a mucha gente hoy. Fui al edificio del

Ayuntamiento, si se puede l amar esa caja de gal etas un edificio, y

conocí a tu jefe de policía, quien me dijo que le l evara sus saludos

a la Honorable Alcalde, así que considéralo hecho.

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—¿Y? —insistió el a.

—Conocí a su recepcionista, el carnicero, el panadero, y el

fabricante de velas. Fui al comedor y me reuní con Ruby y Cookie,

para comer algo, y vi a un hombre joven agradable que fue a

comprar pastel para sus padres. —Vio cómo su tía levantó las

cejas inquisitivamente.

Resistiendo una sonrisa, Dex continuó. —Más tarde, caminé

por la cal e, para ver tiendas; sólo tienen cuatro o cinco, así que tal

vez debería ser más específico. Fui a la oficina de correos, y a la

tienda de abarrotes. Si deseas saber más, pregúntale a Ruby, el a

parece saber los asuntos de todos.

Cora resopló. —No tienes que ser desagradable al respecto.

Sólo estaba preguntando.

—Y yo sólo te digo: No preguntes. Me invitaste a hacer el

trabajo, y yo lo haré, pero tiene que ser a mi manera, sin

interferencias ni ¡preguntas!

—Chico listo —Apuró su copa y volvió a entrar por más alcohol,

supuso él.

Mientras el a se retiró, la sonrisa que había retenido explotó. La

hermana mayor de su padre era un personaje. Dos veces casada,

dos veces viuda, con más tiempo, tierra, y dinero en sus manos que

cualquier otra mujer tenía derecho a poseer. También era una dulce

señora con un corazón de oro y una naturaleza curiosa que podía

eclipsarlo.

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—El a está sola —le había su papá dicho antes de salir de

Pittsburgh para la pequeña comunidad próxima a la frontera de

Oklahoma y Colorado—. Pero el a tiene buenas intenciones. Ve lo

que puedes hacer por ella para calmarla —Entonces su papá se rió

entre dientes—. Míralo de esta manera, hijo, en el momento en que

l egues a esa casa, tendrás más que suficiente tiempo para tu tesis

doctoral.

Dex estaba de acuerdo. No estaba acostumbrado a la falta de

actividades culturales y de comida rápida, pero el

comedor hasta ahora ofreció café decente, y él podía admitir a

regañadientes que había estado disfrutando del regreso a la

naturaleza y del relajado ambiente de Schicksal. La aldea había

sido colonizada por alemanes a finales del siglo dieciocho y estaba

sólo a pocos kilómetros de Kismet, Kansas. Kismet, una población

de menos de quinientos, hacia que Schicksal pareciera apenas un

bache en el radar de los mapas del oeste.

Nunca hubiera imaginado que un lugar tan pequeño podía

albergar a personas tan disfuncionales. Tenían un cleptómano, un

mentiroso compulsivo o dos, una lesbiana en la oficina de correos, y

un fontanero acosador. El oponente para el puesto de alcalde de

Cora era el menos deseable de todos, un jugador que pasaba más

tiempo en las mesas de dados en el noroeste de Oklahoma, que

trabajando en su rancho. Dex había prometido trabajar en su tesis

doctoral, pero sería un maldito si tuviera que rendir cuentas antes

de que el trabajo estuviera hecho.

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Cora volvió a aparecer, con una bebida fresca ya en sus

labios. Tosió no muy suavemente cuando Dex no levantó la vista. —

Lo siento.

—Disculpa aceptada —Sabía, sin embargo, que más preguntas

se acercaban.

—Sólo estoy preocupada, ¿me entiendes? —Su voz tenía un

tono de súplica.

—Lo sé, y tienes derecho a estar preocupada, pero al mismo

tiempo...

—¡Ya lo sé! —El a levantó las manos, salpicando su bebida.

Dex reflexionó un momento, tomó un último trago de cerveza, y

se deslizó de la balsa en la piscina. Se zambulló y luego

reapareció. —Tía Cora, Te quiero. No hay nada malo en querer

ayudar a alguien. No, no eres mala por interferir, y no, no te

equivocaste al invitarme, necesitaba un descanso, necesitaba salir

de la ciudad, necesitaba estar en algún lugar en que no pudiese ser

encontrado. Me alegra estar aquí.

Parecía satisfecha, pero el a apretó los labios

momentáneamente. —Sólo deseo hacer más para ayudar.

Dex se encogió de hombros. —Cora, estas cosas l evan su

tiempo. La gente estará bien cuando estén listos.

—No, si ni siquiera saben que tienen un problema.

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—Por supuesto —admitió él—. Pero nosotros no somos

médicos y no somos mirones. La pequeña mierda que ha estado

acechándote con el tiempo se cansará y pasará a otra persona.

¿Confías en mí para esto? —Él sabía que ella estaba impaciente.

—No tengo mucha opción, ¿verdad?— Ella se acercó a la

piscina y se arrodil ó. —¿Dices que fuiste al edificio del

ayuntamiento? ¿Estaba David al í?

Dex pensó en el Némesis(1) de Cora. —Estaba.

—¿Qué quería?— Exigió.

—Preguntó dónde estabas y qué estabas haciendo. Le dije que

tenías una cita en la peluquería en Liberal.

—Bien. Curioso bastardo. ¿Y a quién conociste en el

restaurante?

—Conocí a Ruby, Cookie, un granjero l amado Joe, y un joven

l amado Noah Stoffel. ¿Satisfecha?

Cora asintió lentamente. —Muy bien. No está mal para tu

primer día en el trabajo. Mira, no me importa lo que hagas con

David, pero si tienes planes románticos con Noah, te digo que lo

mantengas fuera, es solo un niño — Las líneas de su rostro se

profundizaron cuando ella frunció el ceño —. Mierda, se me

olvidaba lo joven que es, sólo algunos años menos que tú.

—Es apenas un niño, tía Cora —Dex rió entre dientes.

1(() Némesis : Diosa del castigo.

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—No, pero es muy parecido a ti, y me gusta. Tú sólo vas a

estar aquí un par de semanas, y Noah es fijo en esta comunidad, es

como familia para todos. Es una parte vital de este pueblo, y yo no

quiero que te vayas rompiendo su corazón. Dáñalo y voy a cortarte

las bolas y enviarlas por correo certificado a tu padre. Si quieres

tener sexo-y sospecho que sé que quieres-vé a Dodge o Liberal.

—¡Cora! —Dex no sabía si tomar sus palabras como divertidas

o hirientes. Nadó hacia el lado de la piscina y se apoyó en los

brazos.

El a se levantó y chasqueó los dedos. —Sólo pensé en algo

que puedas hacer por mí mientras esté aquí. Verifica al viejo

Weathers. Él es el imbécil que es propietario de todas esas tierras

al norte y no deja que el ganado de otras personas pasten en el a.

Varios se han ofrecido a pagar al viejo, pero los mantiene alejados.

Quiero saber por qué —El a lo vio directo—. Te voy a pagar.

—No hay necesidad de eso.

—Es mi dinero.

—¿Seguro que no estás tratando de mantenerme más tiempo

aquí? —Bromeó.

Cora esbozó una sonrisa. —Tal vez. Avergüenza, cuando una

anciana siente que tiene que ofrecer incentivos a su familia para

recibir visitas de el os, ¿no?

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Dex estaba a punto de discutir con el a, recordándole que la

carretera al oeste de Kansas era en ambos sentidos, pero el a

saludó y se fue.

Una brisa helada recorrió la piscina, endureciendo sus

pezones. Se deslizó de nuevo al agua, frotándose el pecho y

permitiendo a las manos viajar más al sur a consolar su pene y las

pelotas con una imagen de Noah en mente. Cora estaba en lo

cierto, Noah era exactamente su tipo, y de la velada mirada que el

chico le había estado dando, Dex sospechaba que era el tipo de

Noah también.

Después de dejar la caja de aceite de motor, Noah revisó

rápidamente al ganado. ¿Ganado? Se rió para sus adentros. Una

vez había sido ganado, ahora sólo eran unas pocas vacas. El resto

se habían vendido para pagar por su educación y las pérdidas en

sus ingresos mensuales. Odiaba pensar lo que su padre habría

dicho sobre la venta de su precioso ganado, uno a uno, pero

ciertas cosas no podían evitarse.

Un rasguño en la pierna l amó la atención de Noah. —Hey,

Barley —saludó a su perro collie de once años de edad.

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Barley comenzó a gemir y Noah sonrió. —¿Qué te pasa,

muchacho, nadie te presta atención hoy? —Él se arrodil ó y rascó a

su amada mascota detrás de las orejas.

Con una palmadita en el lomo de Barley, Noah se levantó y

volvió a la camioneta. —Tal vez si eres bueno, mamá compartirá

algo de su pastel contigo después de cenar.

Levantó la caja del asiento de pasajeros y lo l evó hasta la casa

con Barley pisándole los talones. Vio hacia el gal inero y suspiró. —

No parece que los pollos hayan sido alimentados, esta noche

tampoco.

Entró en la casa, una vez más recordándose a sí mismo fijar la

mal a de la puerta, colocó el pastel en el refrigerador. Con una

mirada rápida a la vacía cocina, Noah sacó el plato con el espagueti

de la noche anterior y lo cubrió con una servilleta húmeda.

Después de ajustar el microondas, se fue hacia el dormitorio de

su madre. La encontró acostada en la cama con las sábanas hasta

la barbil a. Noah se sentó en el borde de la cama, y sostuvo la mano

de su madre. —Has tenido un mal día, ¿no? ¿Tal vez hay que ir a

Wichita a ver un especialista o algo así?

—No creo que pueda ayudarnos. Es sólo una pérdida de

dinero. Soy vieja, Noah.

—Tú no eres tan vieja —respondió Noah. Odiaba cuando su

mamá decía ese tipo de cosas. Claro que su mamá y su papá se

habían sorprendido cuando, después de años de intentarlo, su

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madre había dado a luz a Noah, pero tener sesenta y tres años

definitivamente no era ser viejo.

Pasó el pulgar sobre la piel fina como el papel de la mano de

su mama. Una mano que había sido lo suficientemente fuerte como

para trabajar al lado de su padre estaba ahora reducida a piel y

huesos. —Estoy calentando los espaguetis de la noche anterior.

¿Crees que serás capaz de comer?

—Yo no lo creo.

—¿Vas a intentarlo por lo menos? Paré en Ruby y elegí traer

un pastel de crema de plátano de postre, pero primero tienes que

comer un poco de tu cena.

Mamá giro los ojos. —¿Ahora estás actuando como el padre?

Noah sonrió y besó la cara delgada de su madre. —Sólo estoy

preocupado por ti —Se puso de pie y se dirigió hacia la puerta—.

Voy a echar un poco de alimento a los pol os antes de cenar.

—Lo siento. Sé que no he sido ninguna ayuda últimamente.

Con un pie en la puerta, vio por encima del hombro. —Está

bien, mamá. Sé que ayudarías si pudieras. Le prometí a papá que

cuidaría de ti, y lo haré.

Noah se detuvo junto a la cocina para revolver el espagueti y

ajustar el temporizador para un par de minutos. Mientras estaba en

el o, puso dos platos con los cubiertos en la mesa, la hogaza de pan

con mantequil a, y dos vasos vacíos.

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Se encaminó hacia la puerta de tela de alambre y se rió. Barley

tenía la cabeza pegada a través de la rasgadura de la mal a. —¿Es

así como pasas?

Los perros nunca se habían permitido en la casa Stoffel, pero

Barley se había negado a aceptar esa regla. Noah lo había

sorprendido varias veces en la cama junto a su madre cuando

regresaba a casa de un día duro de trabajo, aunque nunca había

sido capaz de averiguar cómo entraba Barley. Lo de no-mascotas

había sido idea de su madre, y si a el a no parecía importarle la

presencia de Barley, Noah no estaba a punto de cumplir la antigua

regla. Se imaginó que le daba compañía a su mamá durante el día.

Noah por lo general encendía el televisor en su habitación cuando

él se iba por la mañana, pero dudaba que el a viera algo.

En el granero, recogió una vieja lata de café l ena de maíz

quebrado y se dirigió hacia los pollos. Él debería haberlo hecho esa

mañana, pero su mamá había pensado que podía con las tareas

sencil as, por lo que la había dejado en sus manos. Noah había

estado alimentando a los pol os durante años, así que no entendía

por qué había aceptado que su madre lo hiciera. Pensó que tenía

algo que ver con su necesidad de ver a su mamá hacer algo de lo

que solía hacer.

Después de dispersar el maíz, rápidamente cerró con un alza

el gal inero. A media luz, el gal inero tomaba formas y sonidos que

no le agradaban. Llenó el tazón grande de agua de Barley antes de

regresar a la casa.

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Él estaba feliz de ver que su mamá ya estaba sentada a la

mesa, vestida con su bata azul. —Te ves linda —comentó. Sacó el

espagueti del microondas y lo puso sobre la mesa.

—Fue un hermoso regalo de Navidad. Me parece

desaprovecharlo usándola en casa.

—No lo habría comprado para ti, si no quisiera que lo usaras,

mamá. Todo el mundo merece algo agradable que usar en alguna

ocasión.

Su madre levantó sus cejas. —¿Cuándo fue la última vez que

compraste algo agradable para ti mismo?

Noah puso una pequeña cuchara en el montón de comida en

el plato de su madre antes de mirar hacia abajo a su ropa. Los

pantalones vaqueros estaban desgastados y tenía varios desgarros.

Su camiseta era por lo menos una talla más pequeña.

Se encogió de hombros y puso un poco de espagueti en su

propio plato. —Son lo suficientemente buenos para lo que hago.

Incluso si me comprara algo nuevo, no sabría donde usarlo. No es

como que vaya a alguna parte, además de a la ciudad.

—Y eso es culpa mía —murmuró su mamá—. No debes estar

pegado aquí cuidando de una anciana. Deberías estar con gente de

tu edad, disfrutando de la vida.

Noah se estiró por encima de la mesa y cubrió la mano de su

madre con la suya. —No estoy pegado a ti, mamá. Te amo. No

puedo imaginar una vida diferente a la que tengo.

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Él le soltó la mano y empezó a untar mantequil a en una

rebanada de pan. Su mente volvió a Ruby, y el hombre apuesto que

había conocido al í. ¿Qué había en Dexter que le hacía pensar en

todo tipo de cosas malas?

Antes de que él hubiera sido l amado a casa de la universidad

para cuidar de su mamá, Noah había disfrutado de su primera cita

real. Chuck vivía en el piso de Noah y le había pedido una cita la

primera semana que estuvo ahí. Noah no estaba acostumbrado a

que alguien fuera tan abierto acerca de su sexualidad, por lo que le

había l evado casi tres semanas para decir finalmente que sí.

Chuck había l evado a Noah a un bar, pero los dos eran

demasiado jóvenes para beber, por lo que habían pasado el tiempo

jugando al bil ar y en la pista de baile. Cuando Chuck le había jalado

a sus brazos en una canción lenta, Noah pensó que podría correrse

en sus jeans. La sensación del muslo del hombre más grande entre

las piernas de Noah fue algo que nunca había olvidado.

Noah parpadeó varias veces, consciente de que su pene se

apretaba contra su pantalón. Él internamente se reprendió por

pensar en esas cosas mientras disfrutaba de la cena con su mamá.

Siempre había sabido que su verdadera naturaleza podría ser

desaprobada. En el pequeño pueblo donde vivían, se esperaba que

los hombres se casaran y engendraran hijos para ayudar a trabajar

la tierra.

No es que Noah no tuviera interés en tener hijos, adoraba los

niños. Por desgracia, tenerlos le obligaba a vivir una vida que no era

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para él. Había tratado de encontrar mujeres atractivas. Noah incluso

fue tan lejos como para comprar una revista nudista una vez. La

única cosa en toda la revista que lo puso duro fue una caricatura en

una de las páginas que mostraba un dibujo a lápiz de un hombre

con un gran pene en la mano. Ni siquiera recordaba lo que decía la

caricatura, pero esa imagen se quedó en su cerebro para siempre.

Después de su segunda ración de espaguetis, vio a su mamá.

No había comido un solo bocado de su cena. Sabía que si las

posiciones se invirtieran, no le habría dejado comer el postre, pero

tan delgada como estaba su madre, Noah no tenía ganas de discutir

acerca de lo que ella ponía en su boca.

Llevó su plato y el de el a al fregadero y cortó una rebanada de

pastel. Poniéndolo frente a el a, Noah ahuecó la mejil a de su

mamá. —¿Vas por lo menos a tratar de comer algo de esto?

—Claro que sí.

Noah limpió los platos de la cena y se secó las manos. —Voy a

encerrar a los pollos. Tal vez me quede en el porche un rato. ¿Vas

a estar bien?

—Estoy bien. No te preocupes por mí.

—Siempre me preocupo por ti. Eres mi mejor chica.

Los pollos estaban dentro, lo que le dejó toda la noche para

relajarse. Decidió que dar un paseo sonaba bien y se fue a decirle a

su mamá que iba a salir un poco. Lo que encontró en la cocina fue a

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Barley con sus patas delanteras sobre la mesa lamiendo unas

migajas del plato.

—¡Abajo!— Regañó.

Barley bajó de un salto y bajó la cabeza. Noah recogió el plato

y se lo l evó al fregadero. No sabía cuánto de la pieza su madre

había consumido, pero esperaba que por lo menos unos pocos

bocados.

Él la alcanzó y vio que ya estaba dormida. Noah negó con la

cabeza, y cogió su chaqueta vaquera del gancho de la puerta. Bajó

por el camino de tierra y emprendió el camino de grava, se metió las

manos en los bolsillos. Aunque el día todavía era agradable y

cálido, la noche tendía a ser fría.

Noah l egó a una bifurcación en el viejo camino de la ciudad.

Una dirección lo l evaría a la ciudad, pero el otro lo l evaría hacia el

hombre con el que había pensado toda la noche. Él sabía que si

quería jugar a lo seguro giraría al pueblo, pero había algo en Dexter

que quería conocer mejor. Incluso si todo lo que alguna vez pudiera

hacer fuera ver al hombre, sería suficiente para alimentar sus

fantasías durante años.

Él pasó una mano por su abultada bragueta. El material tan

blando y desgastado se sentía bien en el hueco de su mano.

Oyó a alguien limpiándose la garganta, Noah se dio la vuelta y

se encontró cara a cara con el objeto de su obsesión actual. —Hola.

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CAPITULO DOS

H

ola —respondió Dexter, una gran sonrisa en su rostro mientras veía

sin mucha sutileza la parte delantera de los jeans de Noah.

Noah rápidamente metió las manos en los bolsil os de sus

jeans y jaló su frente, con la esperanza de proteger su evidente

erección. No podía creer que el hombre en el que había estado

pensando de pronto estuviese de pie delante de él.

—¿Saliste a dar un paseo? —preguntó Noah. Se encogió ante

la pregunta estúpida. Por supuesto, que el hombre fue a dar un

paseo.

—Sí. Estaba empezando a volverme un poco nervioso después

de la cena, así que pensé en salir de la vista de mi tía por un

tiempo. ¿Y tú?

—Lo mismo —contestó Noah—. Aunque en mi caso, mi mamá

se fue a la cama temprano, así que pensé en disfrutar de la noche.

Dexter señaló el camino hacia la ciudad. —¿Puedo invitarte

una cerveza?

Noah comenzó a mordisquear el interior de su mejil a. Nunca

había estado en el interior del único bar del pueblo. No es que él

nunca hubiese probado la cerveza. El alcohol era algo para lo que

él no tenía dinero. Sin embargo, le gustaría pasar más tiempo con

Dexter, y el hombre dijo que él invitaría.

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—Claro que sí. Me gustaría —aceptó finalmente Noah.

Dexter comenzó a caminar, y Noah tuvo que apresurarse para

alcanzarlo. No lo había notado antes, pero Dexter olía tan bien

como se veía.

—Entonces, ¿qué haces por aquí para divertirte? —Preguntó

Dexter.

Noah apretó sus manos en los bolsillos para contenerse de

pasar sus dedos por el cabel o de Dexter. Él estaba embobado con

el hombre de pelo oscuro. Se dio cuenta que Dexter le sonreía. —

Oh. ¿Eh?

Dexter se rió entre dientes. —Te pregunté qué tipo de cosas

haces por aquí para divertirte.

—¿Divertirme? —Noah mordió su labio mientras pensaba en la

última vez que había tenido realmente diversión—. Bueno, a veces

me gusta tomar un baño en el estanque después de un día

caluroso.

—¿Solo o con alguien más? —preguntó Dexter, moviendo sus

oscuras cejas de arriba hacia abajo.

Noah vio hacia la carretera. Podía sentir su cara ponerse roja,

otra de las desventajas de su piel clara. ¿Cuántas veces se había

sumergido pensando en tener a alguien para reunirse con él?

—Nunca lo he hecho con nadie más —admitió.

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Dexter se echó a reír más fuerte. —Bueno, te lo has estado

perdiendo. Nada mejor que estar desnudo en el agua con alguien

que te gusta. A menos, claro, estar desnudo en otro sitio con

alguien que te gusta.

Noah sintió la erección que seguía atrapada en sus pantalones

empezar a palpitar. Él cerró los ojos y deseó que parase. Tal vez

pasar tiempo con Dexter no era tan buena idea. Era más que

probable que terminase la noche con un ojo morado si no ponía su

cuerpo bajo control.

Dexter agarró el brazo de Noah hasta que lo detuvo frente a

frente. —No era mi intención avergonzarte.

—No lo hiciste.

—Sí lo hice, y lo siento. Mis amigos en Pittsburgh me dicen

todo el tiempo que hablo muy directo, pero me gustas.

La mandíbula de Noah, literalmente, cayó abierta ante la

declaración. Dexter se acercó y puso su mano bajo la barbil a de

Noah y le cerró la boca.

—Lo hice otra vez, ¿no? —dijo Dexter mientras apoyaba su

mano sobre el hombro de Noah.

Noah suavemente empujó la mano de Dexter hasta que se

abrió, y luego frotó su mejil a contra la palma de la mano de Dexter.

No podía creer que un hombre tan magnífico como Dexter le daría

la hora del día, pero aquí estaba acercándose. Si él no fuera tan

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malditamente virgen. Lo más lejos que había l egado alguna vez

con un chico fue unos cuantos besos y roces.

Dexter comenzó a acercarse más, pero un conjunto de

bril antes luces bril aban a través de el os. Noah salto hacia atrás

cuando un coche dobló la esquina. Él saludó a la señora Díaz

cuando pasó.

Noah estaba tan avergonzada que no sabía qué hacer. ¿Qué

hubiera pasado si él hubiera dejado a Dexter darle un beso justo ahí

en el medio del camino?

—Tal vez voy a tener que dejar la cerveza si no te importa —

dijo Noah mientras empezó a girar de nuevo hacia su casa.

—¿Estás seguro? —preguntó Dexter.

—Sí. Tengo un par de largos días por delante. Probablemente

será mejor que me vaya a dormir temprano.

—¿Cuando puedo verte de nuevo? —Preguntó Dexter.

Noah se mordió el labio inferior y comenzó a mordisquearlo —

Podrías ayudar a recoger nueces en el bosque el jueves si quieres.

—Me gustará eso.

—Paso a recogerte —ofreció Noah.

—Te estaré esperando —dijo Dexter con una sonrisa sexy.

Noah se volvió y se alejó tan rápido como pudo. Sabía que ese

día sentado en el asiento de su camioneta al lado de Dex iba a ser

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una tortura si no se sacaba los pensamientos de Dexter Krispin de

la cabeza.

—No sabrás distinguir una nuez de una ostra de la montaña —

bromeó Cora mientras Dex se preparaba para su cita con Noah.

—Si esa es tu manera de ayudar a calmar mis nervios, la estás

jodiendo —le respondió.

—¿Qué es lo que quieres al ayudarlo? —le preguntó— ¿No

tienes trabajo que hacer?

—Puede esperar. Necesito un descanso de estudiar mis notas

y de pensar, y estoy cansado de hacerle a la gente preguntas sin

despertar sospechas. Además, Noah es lindo. Tal vez voy a hacer

un nuevo amigo.

—Mientras que no sea una nueva conquista.

—El sexo no tiene nada que ver con esto —se defendió Dex.

—Espero que no.

Se giro hacia su tía —Si vas a estar en la puerta puedes

ayudar a elegir alguna camisa desgastada.

Su tía se echó a reír fuerte como si hubiera oído una broma

sucia. —Muchacho, no escojas una camisa de aquí, desde luego no

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una de esas cosas de lujo de Ralph Lauren que trajiste de la gran

ciudad. Toma cualquiera y ponte en marcha.

Dexter pasó los dedos por su cabel o, tenso. —Pittsburgh no es

muy grande, y ¿qué le pasa a mi ropa? —Él frunció el ceño—. ¿Y

qué diablos es una ostra de montaña (2), algún otro tipo de fruto

seco?

Cora resopló, y sus ojos se l enaron de lágrimas, por la risa. —

Pregúntele a tu padre. En cuanto a la ropa, ponte jeans y una

camiseta, y si alguno de el os tiene agujeros, no desentonarás.

—Ahora estás bromeando.

—Al menos no l eves solo camiseta —sugirió—. Por el aspecto

del cielo, es posible que desees una chaqueta, sin embargo. Sé que

estás acostumbrado a las temperaturas frías en Pennsylvania, pero

no has pasado a través de un invierno de Kansas.

—Ni siquiera entra todavía — dijo con paciencia.

—Estás en el Medio Oeste —le recordó—. Espera un par de

minutos si no te gusta el clima o crees que la puedas manejar —

Cora se giro para irse.

—Oye —le gritó a ella—. ¿Qué carajo es una ostra de montaña

en caso de que la vea? ¿Tengo que recogerlo o dejarlo en el suelo?

2(() Mountain oyster, literalmente ostras de la montaña. pero se refiere a

huevos, bola, testículos, de toro

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Su única respuesta fue una nueva ola de risas, esta vez más

fuerte y con la fuerza suficiente para ahogarse.

Dex puso las manos en las caderas a la defensiva al escuchar

su tos y risa. —¿Qué tiene de gracioso?

—Tú —Entrecerrando los ojos—. Mister Moda de Plata.

—Sólo quiero verme bien —Dex resopló. Había tenido un

montón de clases y experiencia en conocer sus propios

sentimientos, que eran lo que le había permitido una gran dosis de

conciencia de sí mismo y odiaba caer en esa trampa—. Aún no has

respondido a mi pregunta. ¿Es esa cosa de ostras de montaña que

necesito para colocar en los sacos o bolsas o lo que sea que vaya a

utilizar en la arboleda de nuez, o debo dejarlo al í? ¿Qué aspecto

tiene?

Cora aul aba de risa y se despidió, dejándolo de pie en medio

de su cuarto, sabiendo que había sido el blanco de una broma, pero

no entendía cómo.

Dex volvió a su armario, refunfuñando. Mierda. ¿Camiseta? Él

rebuscó a través de la ropa doblada que había guardado en los

cajones hasta que encontró lo que esperaba fuera adecuado. No

podía ir mal con negro básico, sin duda. Calcetines a juego, jeans

que había comprado antes de salir de casa, y un par de tenis D & G

quedarían perfectos.

Echó una mirada a la ropa que colgaba en su armario. Mierda.

¿Qué se ponía encima de la camiseta? Él podía ser de fuera de la

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ciudad, pero él no quería quedar como un tonto delante de Noah.

Todo lo que había traído era un suéter de mezcla de cachemira

azul bebé y dos chaquetas, una de lana y una de pana, ninguna de

el as negra.

La de pana podría servir, pero ¿que si se lo pinchaba con una

rama de árbol o una mierda de aves o algo así? El campo estaba

l eno de pájaros infernales despertándose al romper el alba, y

parecía que el aire estaba l eno con sus graznidos siempre.

Dex hizo lo único que se le ocurrió hacer. Llamó de nuevo a

Noah, rezando por que el joven no hubiese salido de la casa

todavía. Estuvo a punto de colgar después del cuarto timbre, pero

entonces oyó la voz calmada de barítono de Noah.

—Aquí Noah.

—Gracias a Dios. Es decir, aquí Dex. No tengo una chaqueta

para l evar, y mi tía se deshizo de la ropa de mi tío hace mucho

tiempo, no es que ninguna de sus cosas fuera probable que me

quedara bien. —Dex tomó aliento, esperando, maldiciéndose en

silencio por sonar como un quejumbroso, asustado colegial. Parecía

pasar una eternidad antes de que Noah respondiera.

—Mi padre era mucho más grande que yo. Voy a ver si puedo

encontrar algo que te quede en una de las cajas de cosas que

tengo guardadas.

—¡Genial! —Dex respiró con mayor facilidad—. Nos vemos en

el frente.

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Se vio al espejo una vez vestido y volvió a gruñir. —¿Gorra o

sombrero de vaquero, amigo? —dijo él a su imagen.

No importa, porque él no tenía tampoco.

Noah lo veía receloso cuando detuvo el camión. Una vez que

Dex estaba dentro, Noah le preguntó: —¿Eso es lo que l evas?

Dex se vio a sí mismo, luego a Noah. —¿Qué hay de malo en

mí?

—Tus zapatos. ¿No tienes botas? El bosque estará

probablemente un poco fangoso. Esos zapatos tenis no quedarán

muy bien para cuando regreses a casa.

Dex reprimió un bufido ante la idea de que l amara a sus

zapatos D & G de gamuza simplemente zapatos tenis. Eso era un

término que había sido asignado al calzado barato para ser usados

para descansar o trapear cubiertas cerca de los barcos, no algo que

le costó más de un mes de las bebidas de Starbucks.

Se mordió el labio inferior por un segundo. —¿Crees que

puedas l egar a una tienda en algún lugar cerca en donde pueda

comprar las botas?

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—No. No hay en varios kilómetros. Podrías ir a Dodge conmigo

en un par de días, si deseas. Tengo que recoger algo para el Sr.

Moody. Él no puede salir de su tienda para recogerlo.

Dex pensó. —Claro que sí. Tengo mocasines para l evar hasta

ese momento —¿Botas? ¿Qué tipo de botas? ¿Cowboy u obrero?

Echó un vistazo a los pies de Noah. Definitivamente obrero. ¿Qué

demonios? Tal vez un par de ambos. Si se gastara un poco de

dinero en los zapatos nuevos, no era gran cosa. No es como que él

no pudiese permitírselo.

Noah dio unas palmaditas en una desgastada, chaqueta militar

de color verde entre el os. Parecía que era de plumas, porque

seguro que ocupaba mucho espacio. También se veía a prueba de

agua. —Te he encontrado una de las chaquetas de papá. ¿Te

servirá?

Dex tenía un inesperado bulto en la garganta. —Gracias.

Noah asintió con la cabeza. —No es un problema. La gente de

por aquí están siempre dispuestos a ayudar.

Dex vio a su abierto compañero, el rostro honesto. Noah

parecía uno más de la gente del pueblo, alegremente feliz sólo de

existir, nunca tenía prisa, siempre dispuesto a echar una mano. Los

planos de su hermoso rostro reveló un chico de granja bien nutrido,

pero el cuerpo de alguien que trabaja duro para ganarse la vida.

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Dex notó las manos de Noah. Ásperas manos, que bien podía

imaginar sujetándolo suavemente o golpeando el infierno fuera de él

si tuviera la ocasión para el o.

Pero eran los ojos de Noah lo que lo tenían hechizado. Ojos

tan cristalinos e inocentes pero obsesivamente misteriosos, como si

tuviera mil secretos y Dex se encontró queriendo saberlos a todos.

Jesús. No se suponía, incluso que tuviera que pensar en ese

sentido. ¿No le había advertido Cora que Noah era un joven,

posiblemente frágil?

Pasaron por un cementerio que se veía viejo, como algo salido

de un libro de historia. Dex señaló. —Siempre he tenido una cosa

por la historia —dijo—. Tú sabes... viejos edificios, cementerios.

Noah no parecía haberlo escuchado, así que Dex lo intentó de

nuevo. —¿Tal vez podemos conducir por al í en el camino de

vuelta?

Noah quito el brazo de donde lo había apoyado contra el marco

de la ventana, y puso ambas manos en el volante. Sus nudil os se

volvieron blancos mientras él apretó. —No lo creo. Tengo que l egar

a casa después de recoger las nueces. Mi madre me está

esperando.

Dex sabía cómo leer el lenguaje corporal, y el de Noah hablaba

claramente. —Tal vez en otra ocasión, entonces —dijo él con

suavidad, aclarándose la garganta y cambiando de tema—.

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Hablando de la historia, leí sobre un viejo puente cerca de aquí, que

es supuestamente una de los más largos de la nación.

El pecho de Noah aumentó, ya que tomó una respiración

profunda y la sostuvo unos segundos. Él asintió y dejó escapar el

aire contenido en un zumbido mientras él se iluminó. —Sí. Eso sería

el poderoso Sampson. Está a veinte kilómetros hacia Liberal. Te

l evaré al í algún día, si quieres. Podrías conseguir las botas al í o

en Dodge.

Agradecido que estuvieran hablando otra vez, Dex asintió y

dejó que Noah tomara la iniciativa.

—Por cierto —comenzó Noah—. ¿Alguna vez has recogido

nueces antes?

Dex tenía el momento apropiado para preguntar sobre las

ostras de la montaña, pero decidió no hacerlo. No mostraría su

ignorancia ante Noah tan pronto en su relación. Por alguna razón él

no podía defraudarlo, quería que el guapo de Kansas pensara bien

de él —No. Sin embargo sé cómo son.

Esto parecía hacer sonreír a Noah. Deslumbró a Dex con una

sonrisa que hizo que se hinchara el pene de Dex, y se retorcía en

su asiento, con la esperanza como el infierno de no delatarse.

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Recoger nueces era más difícil de lo que Dex había imaginado.

Se frotó el centro de la espalda y gimió, y habían estado en el

bosque solo media hora. Él no era consciente de la proximidad de

Noah hasta que sintió las fuertes manos agarrar sus caderas.

—Endereza la espalda —indicó Noah, con las manos viajando

hacia arriba para sostener las costillas de Dex—. Ahora, toma una

respiración profunda y suelta el aire lentamente.

Con el culo apretado contra el abdomen de Noah, Dex hizo lo

que se le indicó.

Justo cuando terminó de sacar el aire de sus pulmones, Noah

lo levantó del suelo. Dex no pudo reprimir un gemido de enorme

placer exquisito mientras parecía que cada hueso de su culo a su

cabeza crujía, estal ando con la liberación.

—Santa Jodida —Se enderezó su columna vertebral, ahora ágil

—. ¿Cómo hiciste eso?

Noah se echó a reír, con los brazos ligeramente apoyados en

Dex.

Dex se apoyó en el ancho pecho de Noah. Entonces se dio

cuenta de su acción, pero antes de que pudiera corregirlo, la banda

de músculos que lo rodeaba le apretó ligeramente. No amenazante,

pero sin duda deliberadamente.

Noah tenía el cálido aliento contra el costado de su cuello,

Noah se inclinó hacia adelante, sus labios rozando la columna de la

garganta expuesta de Dex. —¿Te sientes mejor?

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—Mmm-hmm —Dex, ahora libre estaba aún paralizado, en su

dispuesto cautiverio. No quería moverse, y parecía que Noah sentía

lo mismo.

—¿Qué estás pensando? —preguntó Noah.

—Debe ser bueno tener hermanos. Amo tener hermanas-no

me malinterpretes. Pero ninguna de el as podía estal ar mi espalda

como tú acabas de hacerlo, y mi papá es un tipo loco por la salud.

Me estrangularía si le pidiera ir a un quiropráctico, y mucho menos

dejar que alguien sin un título de médico ponga sus manos en mí.

—No lo entiendo. Entonces, ¿qué harías si te duele la espalda?

—preguntó Noah.

—Sufrir —Dex soltó un bufido. Sí. Era bueno estar con un

hombre de nuevo, uno lo suficientemente grande para sostenerlo

físicamente.

Dex vio a su alrededor y escuchó el silencio, sólo roto por los

sonidos de los pájaros l amándose unos a otros. Por primera vez

desde que salió de Pensilvania, sabía que estaba fuera de la

ciudad. Paz. ¿Cuando él había oído por última vez las bocinas

tocando en el tráfico de las calles de Pittsburgh, sin darse cuenta de

lo desagradable que eran? ¿Cómo podía haber funcionado con

tanto ruido, el parloteo de la gente, el estruendo de sirenas de la

policía y camiones de bomberos alertando a los conductores a

despejar el camino?

—¿Qué? —preguntó Noah.

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Aunque Dex podía sentir el cuerpo de Noah temblar un poco,

se quedó donde estaba y respondió a la pregunta.

—De pronto me doy cuenta de que me gusta el sonido de los

pájaros. Los molestos pequeños bastardos me volvieron loco

cuando vine por primera vez. Ahora me gustan. Extraño, ¿eh?

—Tal vez —Noah soltó una risita—. ¿De qué más te diste

cuenta?

Dex reflexionó un momento. Cerró los ojos. —Supongo que no

he estado usando mis cinco sentidos.

—¿Oh?

—Sí. Cuando cierro mis ojos, soy más consciente de otras

cosas. Como ahora mismo, estoy prestando atención a los olores.

No me di cuenta que l evabas loción de afeitar, es bueno. Y otras

cosas. Al igual que el suelo está húmedo por la l uvia, y huelo la

tierra en mis manos. Eso definitivamente no es algo que esté

acostumbrado a oler —Dex esperaba no sonar estúpido.

Noah giro a Dex para enfrentarse a él —Abre los ojos —Él

levantó las manos de Dex y se las l evó hasta la nariz—. No es mal

olor, y no te queda mal. ¿Por qué te importa?

—Sólo lo hago —Dex se estremeció.

—¿Tienes frío?

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—No — Caliente. Ardiendo. Por ti. Sabía que temblaba,

y eso lo hacía aún más consciente de sí mismo. Esto no está

bien. Entonces, ¿por qué se siente tan bien? ¿Por qué

no puedo dar un paso atrás?

Vio sus manos sostenidas juntas. Noah no parecía tener

ninguna prisa por ponerlo en libertad a pesar del ligero temblor. ¿Y

ahora qué? ¿Debería hacer lo que quería, iba a tener al joven

entre sus brazos y besarlo? Si las señales que recibía eran

indicativas, Noah se sentía de la misma manera que él. ¿Por qué

esperar?

Dex sabía por qué. Su tía le había advertido. Ella le había

recordado su última relación. Su padre debió hablar a Cora acerca

de Colin, el niño en la escuela que había desarrol ado un flechazo

con él. Después de su aventura de una noche, el primer año de

universidad se había convertido en un acosador de primera clase,

aparentemente pensando que unos cuantos besos y fol adas

ocasionales eran una especie de compromiso permanente.

El resultado había sido una pesadilla para Dex, que había

realizado grandes esfuerzos en no herir al niño, pero no había

manera de que se atara a alguien tan inmaduro e irresponsable, por

no hablar de francamente aterrador.

Colin le había enviado cartas de amor, mensajes de texto,

dejado lastimosos mensajes en su correo de voz. Dex había

cambiado su número de teléfono e incluso se mudó, pero el acoso

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aumentó una dramática noche cuando el joven amenazó con

suicidarse. Luego, cuando Colin había ido tras él en clases y

perturbado su vida en tal medida que Dex estaba dispuesto a dejar

la universidad, el chico se había fijado en alguien más.

Noah no se parecía nada a Colin. Parecía tener los pies en la

tierra, responsable, incapaz de cualquier tipo de conducta desviada,

pero Dex sabía que había también una gran oportunidad de que

Noah fuera inocente y no podía tener eso en su conciencia.

Noah era magnífico, y él debía ser capaz de tener a quien

quisiera, al í no había mucho donde elegir. Y Dex no estaba

dispuesto a ser el que iniciara a Noah al desengaño. Por lo que

sabía, podría ser Noah quien le rompiera el corazón, porque

fácilmente podría enamorarse de él.

—¿Qué pasa? —preguntó Noah cuando Dex tomó un par de

pasos atrás.

—Nada. Me preguntaba si había suficientes nueces. Yo no

quiero que te vayas a casa sin lo que necesitas.

—Tal vez lo que necesitamos no sean nueces.

Las sencil as palabras de Noah enviaron un rayo de dolor a

través del corazón de Dex. Ahí estaba de nuevo, la oportunidad de

tomar acción, para hacer lo que quería. Tal vez este era su castigo

por haber sido tan libre y fácil con los afectos de Colin en

Pittsburgh. Maldición.

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Noah esperó. No tenía ni idea de lo que se había apoderado de

él, pero sabía que no podía soportar retroceder. Querer besar a

Dexter se sentía completamente natural, como algo para lo que

había nacido. ¿Por qué estaba Dexter sólo mirándolo?

Era el primero en admitir que no tenía experiencia en este tipo

de cosas, pero hasta él sabía que los dos se sintieron atraídos el

uno al otro. Ese hecho había quedado muy claro la noche anterior.

Cuando parecía que Dexter no iba a darle un beso, Noah se

volvió y alcanzó los dos cubos. Extendió uno a Dexter y esperó a

que el hombre lo tomara.

Dexter alcanzó el cubo, pero agarró la muñeca de Noah en

lugar y tiró de él contra su pecho. En el primer contacto de la boca

de Dexter con la suya, Noah dejó caer los cubos. Envolvió con sus

brazos alrededor del cuello de Dexter y abrió la boca por la lengua

indagadora que buscaba la entrada.

Cuando sintió las manos de Dexter correr por la espalda hasta

dejarlas sobre el culo, Noah no podía dejar de gemir. Habían

pasado cuatro años desde que lo habían besado, y nunca un

hombre tan sexy como Dexter.

El pene endurecido de Noah rozó la parte delantera de sus

jeans contra Dexter. Sus manos se enterraron en el cabel o grueso

y oscuro, que había estado muriéndose por tocar. Los filamentos de

seda pasaban a través de sus dedos mientras abría más la boca.

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Cuando Dexter comenzó a frotarse contra Noah, le pareció que

podía perderse. Mierda. Sólo la sensación de otro duro pene

presionando contra el suyo era mejor que nada de lo que con su

propia mano había sido capaz de lograr.

Se quedó sin aliento en la boca de Dexter cuando el hombre

comenzó a desabrocharle el pantalón. Dexter se retiró del beso y

vio a los ojos a Noah, sus labios rozando la boca de Noah cuando

hablaba.

—¿Puedo tocar? —preguntó Dexter.

—Sí —El hecho de que apenas se conocían entre sí no

perturbó en lo más mínimo a Noah. Había rezado largo y duro para

que un hombre como Dexter Krispin viniese a la ciudad, y Noah

aprovecharía bien del semental tanto como pudiera.

Los jeans de Noah se abrieron apenas antes de que él sintiese

una mano fría correr a lo largo de su erección hasta envolver sus

bolas. Sus rodil as amenazaron con doblarse, cuando Dexter dio a

las sensibles bolas un buen apretón.

Las manos de Noah se apresuraron a devolver el favor, pero

evidentemente no era tan experto en desnudar a alguien más.

Trabajó durante varios segundos para lograr abrir el botón de

Dexter a través del agujero de la rigidez de la mezclil a sin suerte.

Con una sonrisa suave, Dexter quitó suavemente las manos de

Noah y se desabrochó los jeans, bajándolos hasta la mitad del

muslo. Cuando Dexter empezó a bajar los jeans de Noah, Noah

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tuvo la oportunidad de ver el pene de otro hombre por primera vez a

parte de una revista.

El aliento de Noah se quedó en el pecho. Se dejó caer de

rodil as y extendió la mano para pasar la mano por la impresionante

erección. Trazó una larga vena con el dedo mientras observaba una

gota de líquido pre-seminal supurar a partir de la ranura en la

cabeza de la pol a de Dexter —Precioso —susurró.

Como si estuviera en piloto automático, Noah se inclinó hacia

delante y cogió la gota de líquido con la lengua. La acción de Noah

ganó un quejido profundo de Dexter. Miraba para arriba a los ojos

marrones de Dexter y lamió el pene de nuevo.

—Me estás matando —gimió Dexter enterrando las manos en

los cabellos de Noah.

Noah estaba un poco atrapado en la situación. Aunque nunca

había dado una mamada, había leído sobre el as, y había visto una

película en que un chico le había dado una a otro hombre una vez.

Decidió ir con su instinto y lamió la cabeza de nuevo, tomando

tiempo para hacer girar la lengua alrededor del diámetro. El pene de

Noah comenzó a rogar por un poco de atención para sí mismo. Se

agachó y envolvió la mano a su alrededor mientras usaba la otra

para apretar la base del eje de Dexter mientras seguía chupando la

corona.

Dexter seguía viéndolo, su piel bronceada se sonrojó. Noah

estaba asustado por el deseo que creyó ver en la expresión de