No Consigo Adelgazar por PD - muestra HTML

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Pero lo que puede aceptarse en condiciones normales deja de serlo en el curso de un régimen de adelgazamiento, y si los argumentos higiénicos se revelan ilusorios, hay uno que siempre termina por convencer, el siguiente:

Intentar adelgazar sin beber no sólo es tóxico para el organismo, sino que puede reducir y hasta bloquear totalmente la pérdida de peso y echar a perder muchos esfuerzos. ¿Por qué?

Porque el motor humano que consume sus grasas durante un régimen funciona co-mo cualquier motor de combustión. La energía quemada libera calor y residuos.

Si los ríñones no eliminan regularmente estos residuos, su acumulación más abajo termina tarde o temprano por interrumpir la combustión e impedir cualquier pérdida de peso, y eso, incluso siguiendo el régimen a la perfección. Es como un motor de coche al que se obturara el tubo de escape o una lumbre a la que no se limpiara la ceniza: ambos acabarían por ahogarse y apagarse bajo la acumulación de residuos.

Los extravíos nutricionales del gordo y la acumulación de malos tratamientos y de regímenes excesivos o incoherentes acaban volviéndole los riñones perezosos. Más que todo lo demás, el obeso necesita grandes cantidades de agua para volver a poner en funcionamiento sus órganos excretores.

Al principio, la operación puede parecer desagradable y fastidiosa, sobre todo en invierno, pero a fuerza de insistir el hábito termina por arraigar y, reforzado por la agradable sensación de lavarse interiormente y adelgazar mejor, a menudo se convierte en una necesidad.

El agua y las proteínas puras combinadas ejercen una potente acción sobre la celulitis

Esta propiedad sólo concierne a las mujeres, porque la celulitis es una grasa someti-da a influencia hormonal que se acumula y permanece aprisionada en los puntos más femeninos del organismo: los muslos, las caderas y las rodillas.

En esta afección rebelde en la que muchas veces el régimen no puede hacer nada, he constatado personalmente que el régimen de las proteínas puras asociado a una reducción de sal y a un mayor consumo de agua poco mineralizada permite obtener una pérdida de peso más armónica, con adelgazamiento moderado pero real de zonas tan rebeldes como las pistoleras o el interior de las rodillas.

Comparada con otros regímenes seguidos por una misma paciente en diferentes momentos de su vida, esta combinación es la que, para un mismo peso perdido, origina la mejor reducción global de contorno de cadera y de muslos.

Estos resultados se explican por el efecto hidrófugo de las proteínas y la intensa filtración del riñon debido al aporte masivo de agua.

El agua penetra todos los tejidos, incluyendo la celulitis. Entra pura y virgen y sale cargada de sal y de residuos. A esta acción de desalar y de vertido se añade el potente efecto de combustión de las proteínas puras, y todo concurre en una acción modesta y parcial, sí, pero infrecuente y distinta de la mayor parte de los demás regímenes, que no tienen ningún efecto específico sobre la celulitis.

En qué momentos hay que beber agua

Numerosas supervivencias de información de otras épocas pero todavía en vigor en el inconsciente colectivo siguen haciendo creer que es preferible beber entre comidas para evitar que los alimentos secuestren el agua.

Este evitar las comidas no sólo carece de cualquier fundamento fisiológico, sino que en muchos casos funciona a la inversa. Si no se bebe durante las comidas, en el momento en que se desea y es tan fácil y agradable, se corre el riesgo de quedarse sin sed y, bajo el fuego de las actividades cotidianas, olvidarse de beber durante el resto del día.

En el curso del régimen Dukan, y muy especialmente del período de ataque con proteínas alternadas, es indispensable, salvo caso excepcional de retención de agua de origen hormonal o de insuficiencia renal, beber un litro y medio de agua, si es posible mineral pero también en cualquier otra forma de líquido: té, café o tisana.

Un bol de té en el desayuno, un gran vaso por la mañana, dos más en la comida del mediodía y un café para cerrarla, un vaso por la tarde y dos en la cena: así se beben fá-

cilmente dos litros.

Numerosos pacientes me han dicho que, para beber sin sed, habían adquirido la costumbre, poco elegante pero afirmaban que eficiente de beber directamente de la botella.

¿Qué agua beber?

Las aguas más adecuadas para el período de ataque, exclusivamente de proteínas, son las poco mineralizadas, ligeramente diuréticas y laxantes. Las más conocidas son Contrex, Vittel, Evian o Volvic. Evite el agua de Vichy y de Badoit, la San Pel legrino y Quaysac, que son buenas aguas pero demasiado saladas para beberlas en cantidades tan grandes.

La Hydro xidase es un agua de manantial especialmente útil en los regímenes de de-sintoxicación, y particularmente en el caso de sobrepeso asociado a una celulitis difusa de los miembros inferiores.

Esta agua, vendida en farmacias en frasco monodosis, puede combinarse útilmente con mi plan, a razón de un solo frasco por la mañana en ayunas.

Quienes tengan el hábito de beber agua del grifo pueden seguir haciéndolo, pues lo esencial es la cantidad que se bebe, suficiente por sí misma para despertar los ríñones, más que la composición particular de esta agua.

Lo mismo vale para todas las infusiones y tisanas, té, verbena, tila o menta diversas, que seducirán a quienes estén acostumbrados a su ritual de taza y prefieran beber caliente, especialmente en invierno para entrar en calor.

En cuanto a los refrescos light, todos excepto la Oran gina light, deliciosa pero con algunas calorías más cada 100 g que los otros, los considero grandes aliados en la lucha contra el sobrepeso. No obstante, la Co ca-Cola light lidera indiscutiblemente el mercado, pues su distribución iguala en la actualidad la de la versión clásica, con mucho azú-

car. Yo no sólo la autorizo, sino que la aconsejo, y por varias razones. En primer lugar, muy a menudo permite completar los dos litros de líquido que se piden. Además, su contenido en azúcares y en calorías es prácticamente nulo, una caloría por vaso suma apenas el valor de un cacahuete por botella familiar. Por último, y sobre todo, la Co ca-Cola light es, igual que la tradicional, una hábil mezcla de sabores intensos cuyo uso repetido, particularmente para la persona ávida de sensaciones azucaradas que siempre anda picando, puede reducir las apetencias.

Muchos pacientes me han contado que en el curso del régimen les ayudó el uso re-confortante y lúdico de esos refrescos light.

Una sola excepción al uso de los refrescos light: el régimen del niño o el adolescente, pues la experiencia demuestra que a estas edades el efecto de sustitución del «falso azúcar» no es eficaz y reduce muy poco la demanda de azúcar. Además, este uso no limitado de azúcar puede crear un hábito de beber sin sed sólo por placer, hábito capaz de predisponer a dependencias posteriores más preocupantes.

El agua es un verdadero saciante natural

En el lenguaje corriente se asimila a menudo la sensación de estómago vacío con la de hambre, lo que no es del todo falso. El agua que se bebo durante las comidas y se mezcla con los alimentos aumenta el volumen total del bolo alimenticio y origina una distensión del estómago y una sensación de hartazgo que son los primeros signos de la saciedad. Razón de más para beber en la mesa, pero la experiencia demuestra que es-te efecto de ocupación y el gesto de llevar a la boca funcionan también fuera de las comidas, por ejemplo, en la zona horaria más peligrosa del día, entre las 17 y las 20 horas. Muchas veces basta un gran vaso de cualquier bebida para moderar los deseos alimenticios.

Hoy surge un nuevo tipo de hambre entre las poblaciones más ricas del mundo: el hambre autoimpuesto del occidental asediado por la gama infinita de alimentos que tiene a disposición, pero que no puede tocar sin envejecer o morir.

Sorprende constatar que mientras individuos, instituciones y laboratorios farmacé-

uticos sueñan con descubrir el disuasor del hambre ideal y eficaz, hay una mayoría de seres a los que el problema afecta de lleno que ignoran o, aún peor, rechazan el uso de un medio tan simple, puro y confirmado como el agua para calmar el apetito.

ESTE RÉGIMEN DEBE SER POBRE EN SAL

La sal es un elemento indispensable para la vida, y está presente en grados diversos en todos los alimentos. La sal añadida es siempre superflua, no es más que un condimento que modifica el gusto de los alimentos, aguza el apetito y se utiliza con demasiada frecuencia por costumbre.

El régimen pobre en sal no representa ningún peligro

Se puede y se debería llevar una vida pobre en sal. Los cardiacos, los aquejados de insuficiencias renales y los hipertensos tienen siempre un régimen pobre en sal sin que se les detecten nunca carencias. No obstante, los sujetos por naturaleza hipotensos, acostumbrados a vivir con la tensión baja, deben tomar una precaución. Un régimen que restrinja demasiado la sal, sobre todo si se combina con un fuerte consumo de agua, puede aumentar el filtrado de sangre, lavarla y, por eso mismo, reducir su volumen y reducir la tensión arterial, y si ésta es ya de por sí baja, puede haber fatiga y sensaciones de vértigo al incorporarse. Estos sujetos se limitarán a no abusar de la sal y evitarán beber más de un litro y medio de agua al día.

Una alimentación demasiado salada, en cambio, retiene y fija el agua en los tejidos En los países cálidos se distribuyen habitualmente bolsitas de sal a los trabajadores manuales para evitar que se deshidraten bajo el sol.

En la mujer, sobre todo la que se encuentra bajo fuerte influencia hormonal, en perí-

odo premenstrual o en premenopausia, o incluso si está embarazada, varias partes del cuerpo pueden volverse esponjosas y retener cantidades de agua impresionantes.

En tales mujeres, este régimen, hidrófugo por excelencia, desarrolla toda su eficacia si se reduce hasta el mínimo la cantidad de sal absorbida, lo que permite que el agua bebida atraviese más rápidamente el organismo, medida en todo punto comparable a la que se impone en un tratamiento de cortisona.

En este aspecto, a menudo se oyen quejas de personas que han ganado uno y hasta dos kilos en una noche, después de desviarse mucho de un régimen. Sucede también que semejante aumento de peso no está justificado por una verdadera infracción del régimen. Cuando se analiza la comida que lo ha causado, no se encuentra ni un a la cantidad necesaria para el aumento de dos kilos reales, es decir, 18.000 calorías, que es imposible ingerir en un lapso de tiempo tan breve. Se trata sólo de la combinación de una comida demasiado salada y regada, pues la sal y el alcohol combinan sus efectos para aminorar el paso del agua bebida. No hay que olvidar que un litro de agua pe-sa un kilo, y que 9 g de sal retienen un litro en los tejidos durante un día o dos.

Si en el curso del régimen se le impone una comida profesional o familiar en que se infringen las consignas, evite tomar demasiada sal y demasiada agua y sobre todo pesarse al día siguiente, porque un aumento de peso brutal e injustificado puede desani-marle y socavar su determinación y confianza. Espere al día siguiente o mejor al otro e intensifique el régimen, el consumo de agua poco mineralizada y la 1a restricción de sal, tres medidas suficientes para recuperar el nivel anterior.

La sal acrecienta el apetito y su reducción lo calma

Está demostrado: los platos salados incrementan la salivación y la acidez gástrica, lo que agudiza el apetito.

A la inversa, los platos con poca sal estimulan escasamente las secreciones digestivas y no actúan sobre el apetito. Por desgracia, la falta de sal también calma la sed, y el sujeto del régimen Protal tiene que imponerse un alto nivel de bebida los primeros días, para activar la necesidad de agua y la vuelta de la sed natural.

En conclusión

El régimen de proteínas puras, régimen inaugural y motor principal de los cuatro re-gímenes integrados que componen mi plan, no es un régimen como los otros. Es el úni-co que sólo utiliza una familia de nutrientes y una categoría definida de alimentos con un contenido máximo de proteínas.

En este régimen y en el desarrollo de todo el plan, hay que prescindir de cualquier referencia a las calorías y a su recuento. Consumir pocas o muchas tiene escasa incidencia en los resultados; lo esencial es permanecer dentro de esta categoría de alimentos.

Del mismo modo, el secreto reconocido de las dos primeras fases del plan, de adelgazamiento propiamente dicho, es comer mucho, o sea, comer de forma preventiva, antes de sentir hambre, que cuando se manifiesta es incontrolable y no se contenta con las proteínas autorizadas sino que precipitará al imprudente hacia alimentos de pura gratificación, poco valor nutritivo pero fuerte carga emocional, azucarados y untuosos, ricos y desestabilizadores.

Así pues, la eficacia de este régimen está completamente vinculada a la selección de alimentos, y es fulgurante en la medida en que la alimentación se limita a esta categoría, de lo contrario se aminora mucho y acaba volviendo a la triste regla del recuento de calorías. Sin lugar a dudas, con este régimen se sale del sistema de las calorías y se pasa al de las categorías. Por eso no hay ninguna necesidad de contar, sólo de permanecer dentro de sus fronteras. Pero si sale de la lista de los alimentos autorizados, deja de tener derecho a las cantidades y tiene que volver a contar el número de calorías que se mete en la boca.

Por consiguiente, es un régimen que no puede hacerse a medias.

Responde a una ley general de todo o nada que explica no sólo su eficacia metabóli-ca, sino su formidable impacto psicológico en el gordo, que también funciona según esta misma ley de los extremos.

Temperamento excesivo, tan ascético en el esfuerzo como relajado en los abandonos, el gordo halla en este régimen un arranque hecho a su imagen en cada una de las cuatro etapas.

Estas afinidades entre el perfil psicológico y la estructura del régimen crean un encuentro cuya importancia resulta difícil de entender para el profano, pero que, en la práctica, es decisivo. Esta adaptación recíproca genera una fuerte adhesión al régimen que facilita el adelgazamiento pero se manifiesta plenamente en la estabilización definitiva, cuando todo se basa en un solo día de régimen de proteínas por semana, un día de redención, un golpe tan puntual como eficaz que, por sí mismo y en esta forma, pueden aceptar todas las personas que luchan desde hace tiempo contra su predisposici-

ón al sobrepeso.

PRÁCTICA DEL PLAN DUKAN

Llega ahora al momento decisivo de la puesta en práctica de mi plan. Ya sabe todo lo necesario para la comprensión de su funcionamiento y la eficacia de los cuatro regímenes incluidos en él.

En este preámbulo teórico, he intentado también hacerle entender que no se es gordo por casualidad y que el incremento de peso que ha experimentado, y que ahora desea dejar atrás, es una parte de usted mismo, rechazada, sí, pero que refleja su temperamento, su psicología y, por tanto, su identidad.

Es un reflejo tanto de sus genes como de su tendencia habitual a engordar, tanto del funcionamiento de su metabolismo como de su carácter, afectividad y emociones y, a menudo, de la manera peculiar de utilizar el placer que le proporcionan los alimentos para mitigar los pequeños y grandes disgustos que da la vida.

Eso significa que el asunto no es tan sencillo como parece y explica por qué han fra-casado tantos otros, y tal vez usted también en el pasado, y por qué tantas dietas acaban en fracaso.

Obviamente, la lucha contra una fuerza tan poderosa como es la necesidad de comer, una fuerza casi animal que surge de las profundidades, indomable, y que echa por tierra todos los argumentos de la razón, no puede basarse únicamente en un conocimiento racional de la alimentación, por inteligente que sea, y en la esperanza de que el gordo se autocontrole.

Para tener una posibilidad de oponerse a la violencia del instinto hay que combatirlo en su propio campo, con unos recursos, un 1enguaje y unos argumentos sacados del mismo nivel instintivo.

La necesidad de seducir, la necesidad de bienestar, el miedo a la enfermedad, la necesidad de pertenecer a la comunidad y de conformarse a los criterios del entorno es-tán vinculadas a ese nivel; son las únicas defensas instintivas capaces de motivar y esti-mular al gordo hoy en día, pero se derrumban tan pronto como aparecen los primeros resultados, mejora la imagen, se afloja la tirantez de la ropa o se atenúa el jadeo al subir escaleras.

Pero sobre todo, para que exista una posibilidad de que el gordo se ciña a una dieta o, mejor aún, a un plan global, y lo acate, tiene que recurrir a otro impulso instintivo, el argumento de autoridad.

Por lo tanto, tiene que formularlo una autoridad exterior a él, una voluntad que sustituya a la suya y que se exprese con consignas concretas, que no dejen lugar a interp-retaciones o negociaciones y, sobre todo, que haya que mantener de una forma aceptable durante el tiempo que queramos mantener sus resultados.

He basado el plan Dukan en la extraordinaria eficacia de las proteínas alternativas, ajustándolo con el paso de los años al perfil particular del gordo, y he preparado una fuerte red de consignas que canaliza y utiliza su temperamento excesivo y apasionado, su heroísmo y sus arrebatos iniciales, supliendo su inconstancia en el esfuerzo.

Con la práctica, también he entendido que frente a una tarea tan compleja no habría suficiente con una dieta única, por lo que he elaborado un plan que incluye, en un conjunto global y coherente, cuatro regímenes sucesivos que se relevan para no dejar al gordo solo ni mi instante frente a la tentación y la flaqueza.

Más recientemente todavía, he entendido que adelgazar sin recurrir al desgaste físi-co, el más sencillo y natural para que se instale en el tiempo y la rutina, implicaba el riesgo de debilitar esa tentativa. En un mundo donde la vida sedentaria forma parte del modelo económico de nuestras sociedades y donde no sólo es aceptada sino buscada, no bastaba una simple recomendación sensata. Por ello, he tomado la decisión de incorporar esa actividad física, y más especialmente el caminar, como un elemento activo más de mi plan, y no recomendarla sin más, sino PRESCRIBIRLA con receta como lo haría con una medicina. Ese punto se describe detalladamente en el capítulo «Moverse: el catalizador obligatorio del adelgazamiento».

PERÍODO DE ATAQUE: EL RÉGIMEN DE LAS PROTEÍNAS PURAS

Independientemente de sus modalidades, duración e indicación, mi plan empieza siempre por el régimen de las proteínas puras, una dieta muy especial que utilizo a mo-do de disparador psicológico y sorpresa metabólica, que aúnan sus efectos para obtener una primera pérdida de peso decisiva.

Voy a empezar ahora a analizar con todo detalle los alimentos que le acompañarán en el transcurso de esa primera fase, añadiendo a esa descripción unos consejos destinados a facilitar las elecciones que tomará.

¿Cuánto tiempo tiene que durar esa primera etapa relámpago para cumplir plenamente con su papel de iniciación y de desencadenamiento? No existe ninguna respuesta única para esa pregunta de suma importancia. La duración debe ajustarse a cada ca-so. Depende sobre todo del peso que se quiera perder, pero también de la edad, del número de regímenes que se haya seguido antes, del nivel de motivación y de las afinidades de cada uno con los alimentos proteicos.

Le daré también unas indicaciones extremadamente precisas sobre los resultados que puede esperar de ese régimen de ataque, que estarán evidentemente ligados al perfecto acatamiento del régimen y a la elección adecuada de su duración.

Finalmente, le indicaré las diversas reacciones con las que puede encontrarse durante ese período inaugural.

Los alimentos autorizados

Durante este período, cuya duración puede variar entre uno y diez días, tendrá derecho a alimentarse con las diez categorías de alimentos descritos a continuación.

Entre esas diez categorías, podrá consumir tantos alimentos como le apetezca o le convenga, sin ninguna limitación de cantidades y a todas horas del día.

Será también libre de mezclar esos alimentos entre sí.

Podrá elegir aquellos que le gustan sin tocar los demás y hasta, en un caso límite, alimentarse de una única categoría de alimentos durante una comida o incluso un día. Lo importante es no salirse de esta lista perfectamente definida, teniendo en cuenta que llevo mucho tiempo recetándola y que no he olvidado nada.

Sepa también que el menor extravío, la menor transgresión, por mínima que sea, actuará como un pinchazo de aguja en un globo.

Aunque parezca inocente, extraviarse bastará para perder el valioso beneficio de poder comer libremente sin ninguna limitación.

Por una pizca de calidad habrá perdido acceso a la cantidad y tendrá que dedicarse a contar calorías y limitarse en la comida.

En resumen, la consigna es clara y no se puede negociar: todo lo mencionado en la siguiente lista es suyo y plenamente suyo; lo que no consta no es suyo, olvídese de ello por ahora, teniendo en cuenta que podrá volver a todos los alimentos descartados en un futuro próximo.

Primera categoría: las carnes magras

Con carne magra, me refiero a tres tipos de carne: la ternera, el buey, el caballo para aquellos, desgraciadamente cada vez menos numerosos, que siguen consumiéndolo.

El buey: todas las partes que se asan o se preparan a la plancha están autorizadas, entre otras el bistec, el filete, el solomillo, el rosbif y las partes que se encuentran en carnicerías, evitando escrupulosamente el entrecot y la chuleta de buey, ambas demasiado grasas y entreveradas.

La ternera: las partes aconsejadas son el filete, la carne para el asado y el hígado, si su nivel de colesterol se lo permite. La chuleta de ternera está autorizada, a condición de quitarle la grasa que la rodea.

El caballo: todas las partes están autorizadas excepto los delgados. La carne de caballo es sana y muy magra. Si le gusta, consúmala sin temor y preferentemente en la comida de mediodía, porque se trata de una carne muy tonificante que puede perturbar el sueño si se consume más tarde.

El cerdo y el cordero: no están autorizados en ese régimen de ataque, que tiene que ser tan puro y eficaz como sea posible.

La preparación de esas carnes debe efectuarse de la manera que más le convenga, pero sin utilizar materias grasas, sin mantequilla, sin aceite ni nata, ni siquiera desnatada. Para conservar el sabor a asado, vierta unas gotas de aceite en la sartén y hágala relucir con papel de cocina.

La cocción recomendada es a la parrilla, pero estas carnes también pueden asarse en el horno o el asador, prepararse en papillote o incluso hervirse.

El grado de cocción se deja a criterio de cada cual, pero hay que saber que la cocción va desgrasando la carne, con lo que la acerca al ideal de la proteína pura en el que se basa esta dieta.

La hamburguesa cruda está autorizada, pero las preparaciones de tipo bistec tártaro o carpaccio se elaborarán sin aceite.

La carne picada cocida o de tipo hamburguesa se recomienda a aquellos que podrían cansarse fácilmente de la carne cortada y que podrían desear prepararla en albóndigas amalgamadas con un huevo, con especias, alcaparras y cocidas al horno.

El bistec congelado está autorizado, pero vaya con cuidado de que su contenido en materias grasas no supere el 10 %, ya que el 15 % ya es demasiado graso para el perí-

odo de ataque. Cuidado, las hamburguesas halal tienen mucha grasa y es mejor picar en casa un bistec de carnicería poco graso. De lo contrario, cocerlo suficientemente pa-ra eliminar parte de la grasa.

Lo recuerdo, una vez más, que las cantidades no están limitadas.

Segunda categoría: los menudillos

En esta categoría, sólo están autorizados el hígado y la lengua: hígado de ternera, buey o ave de corral.

Las lenguas de ternera y cordero, con poca grasa, están autorizadas. De la vaca, sólo se puede consumir la mitad anterior de la lengua, sobre todo la punta, que es la zona más magra, pero hay que desechar la parte trasera por ser demasiado grasa.

En cuanto al hígado, el interés que presenta por su alto contenido en vitaminas, sumamente útiles en un régimen de adelgazamiento, queda contrarrestado desgraciadamente por sus niveles de colesterol, por lo que hay que excluirlo de la dieta de las personas con riesgo cardiovascular.

Tercera categoría: los pescados

No hay restricción ni limitación algunas para esta familia de alimentos. Se autorizan todos los pescados, sean grasos o magros, blancos o azules, frescos, congelados o en conserva al natural (no en aceite), sean ahumados o secos.

Todos los pescados grasos y azules están permitidos, entre otros la sardina, la caballa, el atún y el salmón.

También lo están todos los pescados blancos y magros, como el lenguado, la merluza, el bacalao fresco, la dorada, el salmonete la lubina, la pescadilla, la raya, la trucha, el sargo, el rape y muchos más no tan corrientes.

También se autoriza el pescado ahumado, especialmente el salmón ahumado, ya que, aunque graso y reluciente, no es mucho más graso que un bistec con 10 % de MG.

Lo mismo cabe decir de la trucha ahumada, la anguila o el abadejo.

Muy útil en caso de comida rápida o para un tentempié, el pescado en conserva está autorizado si se trata de conserva al natural como el atún, el salmón o la caballa al vino blanco, consumida sin su salsa, o las sardinas con tomate.

Finalmente, el surimi a base de pescado blanco extremadamente magro aromatizado con salsa de cangrejo.

Muchos de mis pacientes y lectores tienen un prejuicio contra el surimi.

Es cierto que se trata de un alimento reconstituido, pero tras haber analizado con detalle su modo de elaboración, he descubierto que es un alimento con una buena calidad nutritiva, preparado en buques factoría en alta mar, en cuanto se pescan los pes-caditos blancos que entran en su composición. Algunos me señalan el contenido en glúcidos que aparece en la etiqueta. Es cierto, pero no es un lastre definitivo porque se trata de almidón, y sus otras calidades son suficientes para que se tolere. De hecho, tiene un contenido muy bajo en materias grasas, es muy cómodo de usar, fácil de llevar, no huele, no necesita preparación ni cocción alguna y se puede mordisquear como tentempié a cualquier hora del día.

El pescado debe prepararse sin añadir materia grasa. Se puede rociar con limón y es-polvorear con especias, o poner en el horno relleno de hierbas y de limón. También puede cocinarlo en caldo o más bien al vapor o, mejor aún, en papillote para conservar íntegros los jugos de la cocción.

Cuarta categoría: los mariscos

En esta clase de alimentos, incluyo todos los crustáceos y todas las conchas: camarones, gambas, langostinos, cangrejos, bueyes de mar, caracoles de mar, bogavantes, langostas, cigalas, ostras, mejillones, almejas, berberechos y vieiras.

Hay que tener más presentes estos alimentos, que permiten diversificar la comida y dar un aire festivo a la dieta. También tienen mi gran potencial para crear sensación de saciedad.

Quinta categoría: las aves de corral

Se autorizan todas las aves de corral, salvo las de pico plano, como el pato y el ganso, siempre que no se consuma la piel. Cuidado, se cocinan con la piel, que se saca en el último momento en el plato, para que la carne no se seque.

El pollo es la más común de las aves de corral y la más cómoda para ese régimen de proteínas puras. Todas las partes están autorizadas, salvo la parte externa del ala, inse-parable de la piel y demasiado grasa. Hay que tener en cuenta que existe una diferencia notable de contenido en materias grasas entre las distintas partes del pollo: la más magra es la pechuga, después el muslo y, luego, el ala. Finalmente, se elegirá un pollo lo más joven posible.

Se autorizan el pavo en todas sus formas, en filete a la sartén o el muslo asado al horno y relleno de ajo, el pavipollo, la pintada, el pichón y las codornices, así como la caza de pluma, como el faisán, el perdigón o incluso el pato salvaje, que es magro.

El conejo es una carne magra que se puede consumir asada o cocida a la mostaza y al queso blanco descremado.

Sexta categoría: los jamones sin grasa ni corteza y bajos en materia grasa Desde hace unos años, los supermercados ofrecen jamón bajo en materia grasa y también pechuga de pavo ligeramente ahumada o de pollo, cuyo contenido en materia grasa varía entre el 2 y el 4 %, o sea, productos mucho más magros que las carnes y los pescados más magros.

No hace falta decir que están autorizados, e incluso recomendados, dadas su gran disponibilidad y facilidad de uso.

Lo mismo se puede decir de la cecina y de la variante italiana conocida como bresa-ola, ambas hechas con filete secado de vacuno.

Este embutido especialmente magro y muy apreciado es, desgraciadamente, bastante caro. Lo encontrará en bandejas en los supermercados, pero quedará mucho más sabroso y menos salado cortado por el charcutero o en una tienda de productos italianos.

Envasados en bandejas de lonchas, limpios y sin desechos, esos embutidos se pueden transportar fácilmente y utilizar para elaborar la comida de mediodía.

Además, si bien su valor gustativo no se puede comparar con el de los jamones de charcutería, su valor alimenticio sí es totalmente equiparable. Hay que recordar que no se autorizan los jamones de charcutería ni el lacón, y menos aún los jamones curados y salados, mucho más grasos.

Séptima categoría: los huevos

Los huevos se consumen duros, pasados por agua, cocidos al plato, en tortilla o revueltos en una sartén antiadherente, es decir, sin añadir aceite ni mantequilla.

Para que su consumo resulte más fino y menos monótono, se pueden añadir unas gambas o cigalas, o incluso un poco de carne de cangrejo. También se pueden preparar en forma de tortilla con cebolla picada o con yemas de espárragos para darles más sabor.

En una dieta en la que los alimentos están autorizados sin límite de cantidad, los huevos pueden plantear dos problemas, relacionados con su contenido en colesterol, por una parte, y la tolerancia, por la otra. De hecho, los huevos son ricos en colesterol y se desaconseja su consumo excesivo a los sujetos con un nivel anormalmente alto de colesterol en la sangre. En estos casos, se recomienda limitar su consumo a 3 o 4 yemas de huevo por semana; la clara, que es la proteína pura por excelencia, puede tomarse sin ninguna restricción.

También puede ser útil preparar tortillas y huevos revueltos utilizando una yema ca-da dos claras.

Por lo que se refiere a la intolerancia a los huevos, existe, en efecto, una auténtica alergia a la yema, pero es muy poco común y perfectamente conocida por el paciente que la padece y sabe evitarla.

Mucho más frecuente es la mala digestión de los huevos que se atribuye, a menudo y erróneamente, a una fragilidad del hígado. Con la excepción de los huevos de mala calidad o insuficientemente frescos, lo que el hígado no aguanta es la mantequilla cocida con la que se preparan.

De este modo, si no tiene una alergia pronunciada y cocina los huevos sin materias grasas, puede consumir sin peligro alguno uno o dos huevos cada día durante el perí-

odo corto de ese régimen de ataque.

Octava categoría: los lácteos desnatados (yogures, requesón y queso fresco con o%

de MG)

Esos alimentos diseñados para facilitar una dieta de adelgazamiento son auténticos lácteos, que se parecen en todo a los requesones, yogures, y quesos frescos corrientes, pero a los que se ha quitado las materias grasas. Como la transformación de la leche en queso se acompaña de la eliminación de la lactosa, el único azúcar que hay en la leche, esos lácteos desnatados contienen casi únicamente proteínas, lo que los convierte en un elemento sumamente importante en este régimen de ataque que busca la pureza en proteínas.

Desde hace unos cuantos años, los productores de lácteos han sacado al mercado una nueva generación de yogures edulcorados con aspartamo, sabores o enriquecidos con pulpa de fruta. Mientras el aspartamo y los aromas sólo son cebos desprovistos de valor calórico, los yogures afrutados introducen una pequeña cantidad de glúcidos in-deseable.

Por lo tanto, y para que la consigna quede perfectamente clara, existen tres tipos de yogures con 0% de MG: los naturales, los de sabores -coco, vainilla o limón- y los yogures con 0% pero afrutados, es decir, con tropezones o puré de frutas.

Los naturales y de sabores están totalmente autorizados, ambos sin restricción alguna.

Los yogures desnatados con fruta están autorizados, pero con un consumo máximo de 2 al día. Sin embargo, será mejor que los eviten durante la fase de ataque quienes busquen un arranque fulminante, y más aún aquellos que pasen por un período de estancamiento de su peso.

Novena categoría: un litro y medio de líquido al día

Es la única categoría obligatoria de la lista; todas las demás son opcionales y se dejan a su voluntad. Aunque ya lo haya señalado anteriormente, tengo que repetir que el aporte de líquido es indispensable y no negociable. Sin este drenaje intenso, su adelgazamiento, aunque esté perfectamente orientado, se detendrá, dado que los residuos salidos de la combustión de las grasas se acumularán hasta el punto de apagar ese fuego.

Todas las aguas están autorizadas, sobre todo las aguas de manantial ligeramente di-uréticas como Solán de Cabras, Font Vella, Bezoya o Veri. Descarte, sin embargo, las aguas de Vichy y San Peregrino, que son excelentes pero demasiado saladas para este régimen.

Si no le gusta el agua sin gas, puede beber Perrier, ya que el gas y las burbujas no tienen incidencia alguna sobre la dieta; sólo hay que evitar el agua con alta concentraci-

ón de sales.

Igualmente, si no le gustan las bebidas frescas, tenga en cuenta que el café, el té y las infusiones son asimilables al agua y, por este motivo, se pueden contar en el litro y medio impuesto.

Finalmente, en todas las etapas del plan Dukan se autorizan las bebidas light, como la Co ca-Cola o cualquier otra marca que sólo proporcione una caloría por vaso.

Los nutricionistas están divididos sobre el interés de esos refrescos edulcorados con aspartamo. Algunos creen que su efecto de cebo es identificado y compensado por el organismo. Otros, en cambio, consideran que su consumo aumenta la necesidad de azúcar y la propensión a consumirlo.

Por mi parte, la práctica me ha enseñado que la abstinencia, por prolongada que sea, no acaba nunca con esta necesidad y propensión.

Por ello, no veo ningún motivo para privarle de este sabor sin calorias. Por otra parte, me he dado cuenta de que el consumo de esas bebidas facilita mucho el acatamiento de la dieta y que su sabor dulce, su alta concentración aromática, su color, su burbu-jeo y la imagen de bebidas festivas se asocian para convertirlas en alimentos gratificantes con una intensa acción sensorial, que calman las ganas de «otra cosa» tan habituales en las personas que siguen un régimen sin poder dejar de picar.

Ya es hora de mencionar una polémica sobre el aspartamo. Para hablar claro, se dice que podría ser cancerígeno, y entiendo que eso no deja de ser preocupante. En mi opinión, no hay motivos para esa polémica. Millones de personas en todo el mundo han utilizado este edulcorante desde hace 25 años, sin que haya habido denuncias, efectos secundarios o, menos aún, cánceres en humanos. En mi opinión, pero más importante aún, según las autoridades europeas y los gobiernos de todos los países del mundo, no hay motivo alguno para prohibirlo a las personas que siguen un régimen y están muy apegadas al sabor dulce. Sin duda, privarles del apartamo no hará desaparecer su necesidad de dulce, y genera una frustración que volverá, tarde o temprano, para reclamar lo que se le debe con los intereses añadidos.

Décima categoría: una cucharada y media de salvado de avena Durante años, mi plan no incluía, en las dos primeras fases propiamente de adelgazamiento, ningún tipo de farinácea, cereal o feculento.

No por ello dejaba de funcionar, pero muchos de quienes lo seguían acababan so-

ñando con glúcidos.

Descubrí el salvado de avena en un congreso de cardiología en Estados Unidos. Allí se presentaba su acción benéfica sobre la reducción del colesterol y la diabetes. Traje de vuelta una caja que utilicé una mañana, a falta de harina, para preparar para mi hija Maya una torta improvisada con salvado de avena, un huevo y requesón, y endulcé el conjunto con aspartamo.

A mi hija le encantó y la sació totalmente, lo que me llevó a proponer esa torta a mis pacientes y, al observar como la acogían con entusiasmo, a incorporarla en mi método y, luego, en mis libros.

Así, el salvado de avena ha encontrado progresivamente su sitio entre los fundamentos de mi método, como el único glúcido admitido entre las proteínas, incluso en el santuario de la fase de ataque. ¿Por qué?

En primer lugar, a nivel clínico he observado enseguida una mejoría de los resultados, mejor acatamiento del régimen a largo plazo, reducción del apetito, sensación de saciedad más rápida y una fuerte disminución de la frustración.

Para intentar entender el modo de acción del salvado de avena, me he basado en los estudios existentes. El salvado de avena es la envoltura fibrosa que rodea y protege el grano de avena. El grano, del que se extraen los copos de avena, es rico en azúcares rá-

pidos. El salvado de avena es como la camisa del grano, pobre en azúcares rápidos y muy rico en proteínas y especialmente en fibras solubles.

Esas fibras presentan dos propiedades físicas que le confieren su papel medicinal:

- Su poder de absorción: puede absorber más de 20 veces su volumen de agua. Por este motivo, en cuanto llega al estómago, se hincha y ocupa un espacio suficiente para crear enseguida una sensación de saciedad.

- Su extrema viscosidad: al llegar al intestino delgado con los alimentos hechos papil-la, actúa a modo de atrapamoscas, pegándose a todos los nutrientes que lo rodean.

Frena su paso a la sangre y arrastra una pequeña parte de éstos en los excrementos.

Saciedad y pérdida calórica convierten el salvado de avena en un aliado valioso en mi lucha contra el sobrepeso. Y digo «mi lucha» porque el salvado de avena me permite conservar una de las ventajas de mi método: el libre acceso a las cantidades y el consumo A VOLUNTAD de mis 100 alimentos. Está claro que no tiene tantos beneficios para las dietas bajas en calorías, ya que incluyen los feculentos e incluso los alimentos dulces en cantidades limitadas y medidas.

Me he dedicado personalmente a comprobar el modo de acción de las fibras de avena. El análisis coprológico permite contrastar el contenido calórico de los excrementos de una misma persona con o sin ingestión de salvado de avena.

Gracias a ese trabajo, he podido averiguar que no todos los salvados que hay en el mercado son iguales y que el proceso de fabricación del salvado tiene un impacto importante sobre su eficacia. Canadá y Finlandia son los primeros países productores de salvado de avena. He tenido la oportunidad de colaborar con ingenieros agrónomos finlandeses. Dos parámetros de fabricación han resultado cruciales: la moltura y el tamizado.

La moltura es la molienda del salvado y, luego, el tamaño de sus partículas.

El tamizado es la operación de separar el salvado de la harina de avena.

Una moltura demasiado fina esteriliza el salvado, por lo que pierde casi integralmen-te su eficacia. Del mismo modo, un salvado demasiado gordo e insuficientemente mo-lido pierde una parte de su superficie útil de viscosidad.

Igualmente, un tamizado insuficiente produce un salvado puro demasiado rico en harina. Pero un tamizado más exhaustivo sale demasiado caro.

Con esos agrónomos y el análisis coprológico de los excrementos, hemos definido un índice de eficiencia del salvado que incorpora la moltura y el tamizado más adecuados para el rendimiento de sus efectos medicinales.

La molienda óptima proporciona partículas de tamaño medio superior: la M 2bis.

En cuanto al tamizado, es el salvado pasado seis veces por el tamiz, el T6, que garantiza un contenido insignificante de glúcidos rápidos. Al reunir esos dos índices, conseguimos el índice global M2bis-T6.

En su mayoría, los fabricantes, sobre todo anglosajones, comercializan el salvado só-

lo por su uso culinario, como el «porridge» (gachas de avena) inglés, verdadera institución nacional. Prefieren el salvado con una moltura muy fina y no hacen mucho caso del tamizado, para que el conjunto quede lo más suave y untuoso posible, pero pierden los efectos medicinales del salvado.

Se organizarán reuniones en coloquios y congresos de nutrición y dietética para difundir esos estudios e intentar conciliar lo gastronómico con lo alimenticio.

Estoy trabajando actualmente con los fabricantes y los distribuidores internacionales para comunicarles esos resultados e instarles adherirse a este índice, cuya producción es algo más costosa pero mucho más valiosa a nivel alimenticio.

En el curso de la fase de ataque, receto una dosis de salvado de una de 1,5 cucharada sopera al día. Le recomiendo tomarlo en forma de torta de avena endulzada con aspartamo o salada; se prepara del siguiente modo:

Ponga 1,5 cucharadas de salvado de avena en un tazón; añada 1,5ucharada de requesón o yogur, y una clara de huevo o un huevo entero si no tiene problemas de colesterol. Endulce con una cucharada de aspartamo o sale ligeramente según su gusto.

Mezcle bien el conjunto.

Eche la pasta sobre una sartén antiadherente previamente untada con unas pocas gotas de aceite ayudándose de papel de cocina. Cueza entre 2 y 3 minutos de cada la-do.

Las tortas se conservan una semana larga en la nevera, en papel de aluminio o film plástico para que no se sequen. También puede congelarlas; conservarán su sabor, consistencia e interés alimenticio.

La mayoría de mis pacientes consumen su torta por la mañana, por lo que evitan el hambre de media mañana. Otros la usan como bocadillo para la comida de mediodía, rellenándola con una buena loncha de salmón ahumado o lonchas de cecina.

Y otros, finalmente, la comen a media tarde, a la «hora del crimen», cuando puede surgir un hambre canina. O después de cenar, cuando les entran ganas de revolver en los armarios en busca de un último tranquilizante antes de la noche.

Si quiere conocer otras recetas a base de salvado de avena, puede buscar «salvado de avena» o «recetas Dukan» en Google. Encontrará una multitud de recetas de tortas, buñuelos, alfajores, bases de pizza, pan de salvado de avena…

Añadiré que la torta de salvado de avena es una fantástica herramienta de defensa para las personas bulímicas. Por cierto, los bulímicos no cumplen el esquema de mi plan de adelgazamiento, pero puede ser que lean este libro y sé, por usarla regularmente con mis pacientes, que les puede ser de gran ayuda: pueden prepararse tantas tortas como quieran en todas sus formas y sabores, evitando así unas crisis que podrí-

an alcanzar unos picos calóricos con alimentos de pésima calidad.

Pero, aun sin ser bulímico, es posible que haya personas que pasen por malos momentos en los que un hambre irreprimible puede llegar a echar por tierra una fase bien orientada y estructurada de adelgazamiento. En estos casos, es posible aumentar durante un día o dos -repito, un día o dos- el consumo de salvado de avena hasta tres tortas al día.

Los aditivos

La leche desnatada, o bien fresca y en botella, o bien en polvo, está autorizada y puede mejorar el sabor o la consistencia del té o del café. Puede entrar en la elaboración de salsas, cremas, flanes o preparaciones diversas.

El azúcar queda prohibido, pero el aspartamo, el edulcorante de síntesis más famoso y utilizado del mundo, está plenamente autorizado, sin restricción alguna, incluso en mujeres embarazadas, lo que demuestra su total inocuidad.

El vinagre, las plantas y hierbas aromáticas -tomillo, ajo, perejil, cebolla, chalota, cebolleta, etc.-, lo mismo que todas las especias, no sólo se autorizan, sino que se acon-sejan encarecidamente.

Su empleo permite enriquecer el sabor de los alimentos consumidos y aumentar su valor sensorial, es decir, la valorización por los centros nerviosos que controlan la saciedad de todas las sensaciones gustativas, lo que incrementa su capacidad saciante.

Afirmo sin tapujos que las especias no sólo son potenciadores de sabores, lo que ya no estaría mal, sino que son alimentos que facilitan la pérdida de peso. Algunas especias como la vainilla o la canela, tienen vocación de sustituir, con su sabor cálido, tranquilizador y afectivo, al sabor dulce. Otras, como el cilantro, el curry, el colombo y el clavo, pueden atenuar la necesidad de sal, especialmente en las mujeres con retención de agua a las que les cuesta privarse de salar aun antes de haber probado un plato.

Los pepinillos y las cebollas están permitidos si se utilizan como condimentos, pero salen del esquema de la dieta de proteínas puras si las cantidades utilizadas son tan grandes que hay que considerarlas verduras.

El limón puede utilizarse para perfumar pescados o mariscos, pero no puede consumirse en forma de limón exprimido ni de limonada, aunque sea sin azúcar, porque, de ser así, ya no se traía de un condimento sino de una fruta, acidulada, sí, pero con azú-

car e incompatible con las dos primeras fases del plan: el ataque y el crucero.

La sal y la mostaza están permitidas, pero su uso debe ser moderado, sobre todo en caso de propensión a la retención de agua, especialmente frecuente en las adolescentes con reglas irregulares y en las mujeres en fase de premenopausia o que empiezan un tratamiento hormonal de sustitución. Para los incondicionales de esos sabores, existen mostazas sin sal y sales dietéticas poco yodadas.

El Kétchup corriente no está autorizado porque contiene mucho azúcar y, al mismo tiempo, mucha sal, pero existen purés de tomate de muy buena calidad, como el famoso Heinz, a los que basta añadirles un poco de aromatizantes que resalten su sabor pa-ra obtener una auténtica delicia, sin ese punto dulzón que altera el gusto de la carne.

Los chicles merecerían más que un simple apartado en esta categoría de aditivos.

Considero los chicles un excelente aliado en la lucha contra el sobrepeso, especialmente en las dos primeras fases de adelgazamiento de mi plan: el ataque y el crucero. Personalmente, no soy un consumidor de chicles, porque masticar es poco elegante, pero puedo consumir alguno cuando estoy estresado. Los dentistas llaman «bruxismo» a la dolencia nocturna que consiste en rechinar los dientes durante el sueño hasta erosionar el esmalte. Ya que muchas personas con sobrepeso comen «por efecto del estrés», el chicle puede frenar esa relación mecánica que lleva del estrés al alimento. Además, una boca ocupada por la masticación de un chicle no puede contener nada más.

¡Es la táctica de la boca ocupada! Por otra parte, existen chicles sin azúcar sencillamente deliciosos, llenos de sabores variados, a veces extremos y estimulantes. Muchos estudios científicos han demostrado además el interés que tienen los chicles en la lucha contra el sobrepeso, la diabetes o incluso las caries dentales.

¿Qué se puede decir de la composición nutricional del chicle sin azúcar y cuáles elegir? Esa denominación significa en realidad sin azúcar refinado de mesa, sin sacarosa, pero los edulcorantes usados siguen siendo azúcares con un contenido calórico que se asemeja al azúcar blanco. Afortunadamente, su poder edulcorante es centenares de veces más potente que el del azúcar corriente, su absorción intestinal y su asimilación son muy lentas, y su acción sobre la insulina y el almacenamiento de grasas, muy reducida. Elija los chicles sin azúcar según el sabor, pero prefiera aquellos con el sabor más duradero en boca.

Todos los aceites están prohibidos. Si bien ciertos aceites, como el de oliva, tienen una merecida fama de beneficiar al corazón y a las arterias, siguen siendo aceites y lípidos puros que no tienen lugar en esta dieta de proteínas puras. En cambio, el aceite de parafina está permitido para la preparación de vinagretas, pero no para cocinarlo. Utilícelo en pequeñas cantidades y combinado con agua Perrier, que lo aligerará y reducirá su muy elevada capacidad lubrificante: el aceite de parafina implica el riesgo de acelerar desagradablemente el tránsito intestinal.

Aparte de esos diez aditivos y de las diez grandes categorías descritas anteriormente, NADA MÁS.

Todo el resto, todo lo que no consta explícitamente en esta lista, está prohibido durante el tiempo relativamente corto de este régimen de ataque.

Por lo tanto, concéntrese sobre todo en lo autorizado y olvídese del resto. Pase de un alimento a otro en el orden que le convenga, intentando variar su alimentación, y tenga siempre presente que los alimentos autorizados e incluidos en esta lista son realmente y plenamente suyos.

Unos consejos generales

Coma tan a menudo como quiera

Recuerde que el secreto de esta dieta es comer mucho y antes de que aparezca el hambre, para evitar así sucumbir a un alimento tentador que no conste en la lista.

No se salte nunca una comida

Es un grave error que parte a menudo de una buena intención, pero puede llegar a desestabilizar progresivamente su régimen. El ahorro logrado al saltarse una comida no sólo se compensará por una toma superior durante la siguiente comida, sino que este ahorro ir invertirá, porque el organismo intensificará también el provecho de ésta y extraerá hasta la última caloría. Además, el hambre, reprimido y aguzado, tenderá a desviarse hacia alimentos más gratificantes, lo que requerirá un mayor esfuerzo de resistencia que, de repetirse a menudo, puede llegar a desbaratar las mejores motivaciones.

Beba cada vez que coma

Por motivos curiosos, mucha gente sigue haciendo caso de una antigua consigna que se remonta a la década de 1970 y que aconsejaba no beber durante las comidas. Esa consigna, que no presenta ningún interés para el común de los mortales, puede resultar dañina para aquellos que sigan un régimen, muy especialmente un régimen de proteínas puras. No beber en las comidas implica nada menos que el riesgo de olvidarse de beber. Además, beber mientras se come incrementa el volumen del contenido gástrico y genera una sensación de hartazgo y saciedad. Finalmente, el agua diluye los alimentos, ralentiza su absorción y amplía la duración de la saciedad.

Que no le falten nunca los alimentos necesarios para su dieta Tenga siempre a mano o en la nevera un amplio abanico de las diez categorías de alimentos que se convertirán en sus amigos y en sus alimentos fetiche. Llévelos en sus desplazamientos, porque la mayoría de los alimentos proteicos requieren preparación, no se conservan tan bien como los glúcidos y los lípidos y no se encuentran tan fácilmente como las galletas o el chocolate en los armarios y en los cajones.

Antes de consumir un alimento, asegúrese de que está incluido en la lista A fin de tener una seguridad completa, no se separe de esta lista durante la primera semana; es sencilla y se resume en dos líneas: carnes magras y menudillos, pescado y marisco, aves de corral, jamones y huevos, lácteos y bebidas.

El desayuno

El desayuno nos suele plantear muchas dudas, ya que a diferencia de los anglosajones, estamos culturalmente acostumbrados a dejar de lado los alimentos proteicos en la primera comida del día. Sin embargo, esa comida no se libra de la dinámica de la proteína pura. El café o el té, endulzado o no con aspartamo, puede mezclarse con leche desnatada y asociarse con algún producto lácteo, un huevo pasado por agua, una loncha de pavo o de jamón bajo en calorías, lo que resulta mucho más satisfactorio, a nivel alimenticio, que un bollo o cereales con chocolate, y mucho más saciante y energético.

El desayuno es el momento ideal para elaborar la torta de salvado de avena. Si no tiene tiempo de prepararla, puede ingerir una cucharada sopera de salvado mezclado con leche caliente edulcorada con aspartamo, convirtiéndolo en gachas de avena, o con yogur para darle un sabor a cereales y una consistencia más densa.

Cuidado, durante la fase de ataque, no puede pasarse de la cantidad de 1,5 cucharadas de salvado de avena, para no perturbar el modo de acción específico de las prote-

ínas.

En el restaurante

Es una de las situaciones en las que resulta más fácil seguir la dieta de proteínas.

Después de un entrante como un huevo en gelatina, una loncha de salmón ahumado o una bandeja de marisco, tendrá mucho para elegir: un turnedó de buey, un solomillo bajo asado, una chuleta de ternera, un pescado o un ave de corral. La dificultad surge después del segundo para el goloso de azúcar o el amante de los quesos que puede sentirse tentado por lo que comen los otros comensales. La mejor estrategia defensiva es recurrir a un primer café que puede ser repetido si se prosigue la conversación. Algunos dueños de restaurantes famosos han empezado a ofrecer productos lácteos bajos en calorías, o incluso desnatados. Si no se da el caso, guarde en la oficina o en el coche unos yogures naturales o de fruta que le permitirán acabar esta comida con un toque de postre fresco y untuoso.

Duración del régimen de ataque

Una elección decisiva

Es una de las decisiones más importantes de este plan, porque ese ataque relámpago mediante proteínas puras es, al mismo tiempo, el pistoletazo que da el primer impulso y el molde y la huella inicial sobre los que se articularán los tres regímenes restantes hasta la estabilización definitiva.

Además, las proteínas son alimentos que generan una fuerte sensación de saciedad por su extrema densidad y una ocupación duradera del sistema digestivo.

Sobre todo porque deshacerse durante el metabolismo produce cuerpos cetónicos, conocidos por su acción saciante.

Esas dos propiedades permiten a las proteínas puras contrarrestar los comportamientos compulsivos y poner orden en las alimentaciones desequilibradas.

Por último, gracias a su extrema eficiencia, este régimen proporciona resultados inmediatos y patentes euforizantes y estimulantes para los pacientes que lo siguen, re-forzando su voluntad de lucha.

Eso quiere decir que resulta fundamental que esa primera etapa sea un éxito y, para ello, debe determinar con precisión la duración óptima que tendrá.

El régimen de ataque tiene una duración media de cinco días Es el tiempo que permite al régimen dar los mejores resultados sin desarrollar resistencia metabólica ni fatigar a quien lo practica. Es también la duración del ataque que más conviene para las pérdidas de peso más frecuentes, habitualmente incluidas entre 10 y 20 Kg. Veremos al final de este capítulo los resultados concretos que se esperan para los que se ciñan perfectamente a este régimen.

Para objetivos menos ambiciosos e inferiores a 10 Kg.

En este caso la mejor solución es un ataque de tres días, que permite pasar sin esfuerzo a la fase de las proteínas alternativas.

A veces, para pérdidas de menos de 5 Kg.

Cuando se desee evitar un arranque demasiado intenso, con un solo día puede bastar. Este primer día, llamado de apertura, se beneficia de un efecto de ruptura que sorprende al organismo y permite una pérdida de peso sorprendente y lo bastante alentadora para impulsar el régimen.

Para obesidades mayores

En casos muy especiales, cuando se persigue una pérdida de más de 30 Kg., o cuando la motivación es extrema, o cuando antes se probado muchas dietas que acabaron en recaídas, es posible alargar esta fase (después de consultar a un médico) hasta los 7

días, incluso los 10 días, con la condición obligatoria de beber sin parar.

Reacciones del organismo en el transcurso del régimen de proteínas puras El efecto sorpresa y la necesidad de adaptarse a una nueva alimentación El primer día de este régimen de ataque es un día de adaptación y de combate. Desde luego, deja la puerta muy abierta a numerosas categorías de alimentos habituales y sabrosos, pero la cierra a muchos otros que el paciente consume habitualmente, a veces sin darse cuenta de la cantidad ingerida.

No hay mejor manera, para paliar la sensación de restricción que puede afectar a los menos motivados, que aprovechar plenamente las posibilidades de este régimen que, por primera vez, permite comer «a voluntad» alimentos tan densos y preciosos como la carne de buey o de ternera, pescado de cualquier tipo, incluyendo el salmón ahumado, el atún en lata, el abadejo, el surimi, ostras, langostinos, huevos revueltos, la infinita gama de productos lácteos bajos en calorias, jamones sin grasa, sin olvidar los flanes de leche descremada.

Así pues, el primer día coma tanto como quiera. Sustituya las calidades que faltan por la cantidad. Y sobre todo, asegúrese de tener a mano «todos» los alimentos indispensables, es decir, autorizados, en los armarios o en la nevera.

Además, bebiendo más, tendrá la sensación de estar «ocupado» y sentirá antes la saciedad. Orinará mucho, porque como no tiene la costumbre de beber tanto, sus ríñones se verán obligados a abrir las compuertas y a eliminar.

Este drenaje secará los tejidos tan frecuentemente infiltrados de la mujer, en quien el agua se estanca en los miembros inferiores -muslos, piernas y tobillos-, en los dedos hinchados en los que los anillos se quedan presos, así como en el rostro.

A la mañana siguiente, pésese y se sorprenderá de la importancia de los primeros resultados.

Pésese muy a menudo, sobre todo durante los tres primeros días. De hora en hora, puede haber cambios. Conserve esta costumbre de pesarse todos los días de su vida, porque, si bien la báscula es la enemiga de quien está engordando, es la amiga y la justa recompensa de quien adelgaza, y cualquier pérdida de peso, por mínima que sea, se convertirá en su mejor estímulo.

Durante los dos primeros días se puede sentir una ligera fatiga, con menos resistencia para los esfuerzos prolongados.

Es el período de sorpresa, cuando el cuerpo se consume sin contar ni resistirse. Por lo tanto, no es el momento de imponerle gastos energéticos intensos. En ese período hay que evitar los ejercicios violentos, los deportes de competición y, sobre todo, el es-quí de altura. Si tenía por costumbre practicar gimnasia suave, jogging o natación, consérvela, pero en todos los casos, asegúrese de caminar esos 20 minutos que forman parte del plan. Como verá en un capítulo especialmente dedicado a esta cuestión, no sólo se le recomiendan esos 20 minutos, sino que se le recetan, por lo que no se negocian.

A partir del tercer día cesa la fatiga, que suele dar paso a una impresión de euforia y de dinamismo que refuerza aún más los mensajes de ánimo que le anuncia la báscula.

Un aliento algo fuerte y la sensación de boca seca

Esos síntomas no son específicos del régimen de proteínas, acompañan toda dieta de adelgazamiento y, por lo tanto, aquí serán un poco más intensos que en regímenes de velocidad más progresiva. Indican pues, que está adelgazando, y debe recibir con satisfacción estos mensajes de éxito. Beba más para atenuarlos.

Después del cuarto día, aparece el estreñimiento

Lo notarán más quienes tengan predisposición o no beban lo suficiente. Para los de-más, las deposiciones se hacen menos frecuentes, no tanto como para hablar de estre-

ñimiento. Sólo se trata de una reducción importante de residuos, debida al contenido muy bajo en fibras de los alimentos proteicos, ya que los alimentos que proporcionan más fibras, como frutas y verduras, aún no están autorizados. Si le preocupa esa reducción de deposiciones, compre salvado de trigo fino y añada una cucharada sopera en la torta de salvado de avena o en los lácteos.

Si no basta, tome una cucharada de aceite de parafina después de la comida principal. Y, sobre todo, beba todo lo que hemos dicho, pues como es sabido, el agua hace orinar, y también hidrata y ablanda los excrementos, mejora el rendimiento de las contracciones y facilita el tránsito intestinal. En caso de asentarse un verdadero estre-

ñimiento, desagradable, hay que tomar medidas. Su farmacéutico le guiará, y tal vez le recomendará productos naturales a base de fibra de frutos como la ciruela pasa.

Si no basta, tendrá que pedir ayuda a su médico. Intente resistir a la tentación de tomar laxantes, demasiado violentos; uno acaba acostumbrándose y su efecto pasajero obliga a incrementar las dosis.

Para poner en marcha el régimen, elija preferentemente un día en el que pueda des-cansar y alimentarse como se le antoje: el principio de un fin de semana puede ser ideal, pero ya verá usted qué es lo que más le conviene según el ritmo de su semana.

El hambre desaparece después del tercer día

Esta desaparición sorprendente está ligada a la liberación incrementada, por no consumir azúcar, de los famosos cuerpos cetónicos, los disuasores del hambre naturales más poderosos. En los que no sienten pasión por la carne y el pescado, de pronto se instala el hastío, y la monotonía tiene un efecto muy intenso sobre el apetito. El hambre canina y las compulsiones reactivas desaparecen por completo. La ración de prote-

ínas, muy importante durante los primeros días, está mermando.

¿Hay que tomar vitaminas?

Se lo aconsejo, pero no es en modo alguno obligatorio para un período corto de entre tres y cinco días. En cambio, si el régimen de crucero debe enfrentarse a un sobrepeso importante y prolongarse durante un período de tiempo amplio, conviene asociar una dosis cotidiana de complementos de múltiples vitaminas, pero evitando las dosis fuertes o los aportes diversos y múltiples: su acumulación puede resultar tóxica. En la práctica, resulta a menudo preferible y más útil prepararse una loncha de hígado de ternera dos veces por semana y tomar una cucharada de levadura de cerveza todas las mañanas, así como confeccionar buenas ensaladas a base de lechuga, pimiento crudo, tomate, zanahoria y endivia, en cuanto las verduras estén autorizadas.

¿Qué resultado puede esperarse de este régimen de ataque?

Factores generales obstaculizadores o favorecedores

La pérdida de peso producida por el régimen de proteínas puras es, para un período de tiempo tan corto, la más importante que cabe esperar de un régimen compuesto de alimentos; es similar a la que se conseguiría con polvos, o incluso con ayunos, sin sus graves inconvenientes.

Sin embargo, esta pérdida depende de la importancia del peso inicial. Obviamente, al cuerpo de un obeso de más de 100 Kg. le costará menos soltar sus primeros kilos que a una mujer joven ya delgada que intenta perder sus últimas reservas antes de las vacaciones.

También interviene el efecto vacuna inducido por el número de regimenes seguidos con anterioridad, así como la edad y, para la mujer, el hallarse en medio de una de las grandes encrucijadas hormonales, como la pubertad, el período posparto, la toma de anticonceptivos orales y, sobre todo, la premenopausia y sus desarreglos temporales, con un punto especialmente álgido durante los intentos titubeantes y prolongados de sustitución hormonal.

Para un ataque de cinco días de proteínas puras

Para esta duración, la más habitual y eficaz, la pérdida de peso suele variar entre 2 y 3 kg. Esta pérdida puede alcanzar los 4 kg, e incluso para algunos obesos mayores, especialmente en hombres activos; en el peor de los casos, puede limitarse a 1 kg en mujeres con menopausia que inician un tratamiento hormonal, propensas a la retención de agua y los edemas.

También hay que tener presente que, durante el período de 3 o 4 días que precede a la regla, el cuerpo de la mujer retiene el agua. Esta retención disminuye la eliminación de residuos y apaga más arriba la combustión de las grasas, por lo que los efectos del régimen se reducen temporalmente y el peso se estanca.

Es importante entender que, en período premenstrual, la pérdida de peso no se interrumpe, sino que queda disimulada y diferida por la retención de agua; volverá a aparecer al cabo del segundo o tercer día del inicio de la regla.

A falta de entenderlo e interpretarlo, este estancamiento premenstrual puede desanimar por completo a las mujeres que no se sientan recompensados, con toda la ra-zón, sus esfuerzos, quebrantar su determinación e incitarlas a dejar el régimen. Espere siempre que se acabe la regla antes de tomar semejante decisión, porque tan pronto como se elimine el agua, con la bajamar tras la plenamar premenstrual, es muy posible que vea la báscula descender de manera vertiginosa y marcar 1 kg, o incluso 2 kg menos, en el transcurso de una noche en que se haya levantado varias veces a orinar.

Cuando el período de ataque dura sólo tres días

La pérdida de peso se sitúa aquí entre 1 y 2,5 kg.

Para un ataque de un solo día

La pérdida suele alcanzar 1 kg, porque el efecto sorpresa es máximo en este primer día.

Resumen recordatorio del régimen de ataque