Maniobra por Christian A. Magni - muestra HTML

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Maniobra

RAIMUNDI LULII

Esto es:

Instrucciones Básicas

Según la intención de R. Lulii

en el Arte áureo de la Alquimia.

Una charla sobre la Piedra de los Sabios.

También una obra adicional sobre cómo puede ser preparada una perla grande

a partir de muchas perlas

Para bien de todos los amantes de la Alquimia es llevada a impresión

a través de Andreas Brenssen del estado de Chamb,

ordenado médico

M D C X I

Prólogo del traductor

Queridos amantes de la Alquimia,

de los muchos escritos alquímicos que hemos tenido la oportunidad

de leer, el presente manuscrito nos ha sorprendido por su extraña claridad, tanto en el plano conceptual

como en el plano práctico. No existe, por lo tanto, ninguna necesidad por nuestra parte de aclarar

ningún punto en particular de este texto poco conocido. La versión que hemos traducido corresponde a

una edición del año 1611 de Andreas Brenssen, escrita en alemán antiguo, de complicada traducción.

Nuestro conocimiento del Arte y nuestra experiencia en la traducción de semejantes textos nos han sido

en esta oportunidad imprescindibles para interpretar este texto. El gran esfuerzo que tuvimos que volcar

en esta tarea nos ha sido devuelto con creces, pues hemos logrado un mayor conocimiento de la Obra y

una mayor capacidad de interpretación de semejantes escritos. Sin embargo, como siempre, le sugerimos al lector que sea prudente en la interpretación del mismo, como así también de otras obras

literarias antiguas, las cuales en general pueden contener errores de traducción al provenir de ediciones

muy antiguas.

El autor de este manuscrito, Raimundi Lullii o Raimundo Lulio, el

gran Filósofo y Artista mallorquín del siglo XIII, sin duda nos merece un profundo y ganado respeto y

admiración. Aquél que ha tenido la ocasión de conocer su obra literaria, reconocerá en este libro el gran

toque de su destreza y entendimiento. Esta “Maniobra” de Lullii es sin dudas una obra imperdible,

digna de estar presente en toda biblioteca de Alquimia. Leédla con atención y descubriréis cosas

admirables jamás reveladas en otros escritos.

C.A.M.

<P 25>

Maniobra

RAIMUNDI

LULLII

Capítulo I.

De su intención general

Con respecto a lo que hasta ahora han sido los escritos del altamente entendido Philosophi Raimundi

Lullii en dignidad y prestigio, es evidente que no es necesaria ninguna demostración. Pero en lo referido a su intención, opinión y maniobra, muchos de sus escritos

<P 26> constituyen para sus lectores algo oculto que ha permanecido sin llegar a ser conocido.

Su intención es hacer una tintura, la cual debe ser transparente, luminosa y clara; si es a partir de Oro,

debe ser de un color rubí transparente, pero si es a partir de Plata, de un lindo color perla brillante. Ella debe fluir rápida y fácilmente como la cera.

Debe ser transparente, para que ella sea, en cierto modo, una fuerza celeste y pueda ser utilizada sobre

los metales y las piedras preciosas.

Esa tintura es realizada por él a partir de Oro o Plata como así lo hicieran varios otros filósofos. Pero

para hacer la tintura transparente,

<P 27> él separa la parte más delicada, sutil y transparente del Oro, desechando la parte terrestre bruta (la cual es la que le quita la transparencia a los metales). Pero al Oro le agrega otro cuerpo volátil,

limpio, el cual es mucho más elevado que el que él posee. Lo lleva a la transparencia (lograda por

medio del rechazo de su parte terrestre, la cual bloquea la translucidez) a través de un intrumento

material especial que aquí pertenece ( Materia Instrumentalis), con el cual lo cuece hasta obtener una tintura transparente que fluye fácilmente.

<P 28> El secreto más grande del proceso de Lullii es conocer cuál es ese Medium solutionis. Esto es lo que el filósofo ha mayormente escondido. Es una Sal de una naturaleza tal que es la primera materia del

Mercurio de los metales, de los animales, y de todo lo que crece sobre la tierra, incluso de las piedras

preciosas, y es (como así la nombran los filósofos) el verdadero caos, el centro de la tierra, o la

Virginea terra. Ataca toda cosa, y se transforma, successu temporis, en todo lo que con ella y a través de ella sea disuelto.

Con el gemmis, se transforma en naturam gemmarum; con los metales, en natura metallorum; con

<P29> vegetabilibus, en natura vegetabilibus. En solución actúa de manera tal de no destruir la materia a excepción de su naturaleza (como lo hace el Agua separatoria). Lo que hace es disolver las materias

en limosidades, y dado que es coagulada con la materia disuelta según un uso filosófico, así no va a

volverse a su misma naturaleza sola (como se ha mostrado aquí), sino que conduce la materia disuelta

hacia una fuerza más elevada y característica, la cual la transforma como en una esencia tinctórea.

Ese medium debe ser purificado en su más alto grado, y tan elevadamente hasta lo último,

<P 30> de manera que no pueda ser elevado más, ni a través del Arte ni a través de la naturaleza. Es, en efecto, claro, puro, limpio, volátil, y lleva, según el tipo de su naturaleza, a toda materia a donde ella de ningún otro modo jamás podría ser llevada.

CAPITULO II.

Dónde encontrar el medium

Siendo que lo que corresponde a ese medium es una materia común de la cual todas las cosas sobre y

bajo la tierra fueron creadas por Dios, es por lo tanto también de esperar que

<P 31> debiera estar en todas las cosas creadas (Scilicet, sobre o bajo la tierra). La diferencia sólo está en que en muchas de las materias, este medio se encuentra tan fuertemente escondido y unido a ellas,

que el hombre debería pasar su vida entera antes de que pudiese abrir las manos con las cuales se

encuentra unido. Entre ellas se encuentran las piedras preciosas y los metales, a los cuales uno no se

puede dirigir fácilmente (sin disponer de la prima materia).

Tambien se esconde en el medius mineralibus (tal como el vitróleo, el salitre, el antimonio, etc.), pero allí está tan fuertemente unido a elementos terrosos y espíritus groseros que uno no sabe separarlos

fácilmente, y alcanzar la pureza parece algo imposible.

<P 32> En el vegetalibus también está, pero como la vegetabilia es una naturaleza fácilmente destruíble, así, se puede romper mejor el castillo, en lo cual se encuentra escondido el secreto. Y la

forma vegetabilium es incluso para ella misma caduca y levemente enraizada: ella se deja destruir incluso por un calor leve.

Cuando se haya pasado por encima de la forma, así se pasa siempre de una forma a la siguiente, hasta

que uno llegue a una materia que ya no puede ser más llamada Vegetabilis, sino que puede ser tanto

Vegetabilis como cualquier otra materia: y se busca, por lo tanto,

<P 33> de forma en forma hacia adelante y hacia atrás, hasta que se haya alcanzado la última, la más

noble y pura, la cual no quiere más ser conducida a ninguna parte: por eso se la llama Chaos, hyle & prima materia, non tantùm metallorum, sed omnium rerum sublunarium, à Deo creatarum.

Pero además, es mejor pasar a partir de un vegetabili que a partir de otra especie: en parte, porque esa materia contiene más que la otra, y en parte, porque esa prima materia en su última preparación no

puede ser llevada a la vida si no es con su propio espíritu: así, una materia tiene también menos espíritu

vegetal que otra. Por eso es su prima

<P 34> materia tan débil para vivificar. En parte son muy volátiles y no desean correctamente ir a un cuerpo espiritual.

Por tal motivo, Lullii ha dejado siempre que sea utilizada la cepa del vino (a pesar de que ese Medium

puede ser alcanzado a través de otras materias) por sobre todas las materias, pues él se sirvió de una

muy delicada materia de la tierra que posee abundante espíritu en sí, y cuya tierra es también tan sutil y

delicada, de manera que el mismo no pueda ser percibido en ningún vino hermoso por ningún rostro

riguroso.

Lulli denomina a la cepa de vino “Lunariam magnam” (en la que

<P 35> está escondida la verdadera “Luna philosophica” , la cual causa el matrimonio del cuerpo y el espíritu). Al vino lo nombra “Succum Lunariae”, pero al tártaro lo llama la “Terram Lunariae Magnae”. Y aquí nadie debería maravillarse de porqué se debe tomar del vino o del tártaro el Medium vivificativum metallorum, pues se observa que si se digiere por varios días una cal de Solis o Lunae con sal de tártaro, semejante cal se transforma en un Mercurio vivo. Pero esta materia es aún un cuerpo

grosero que todavía posee mucha terrestricidad, y no es ni volátil ni transparente, y es, por lo tanto, de

esperar que en general sea como

<P 36> un bosque que bloquea el espíritu luminoso, y que tampoco haya sido llevada al estado de

prima materia, sino que esté exactamente en el medio, entre los metales y los vegetales: por eso

también transforma, según su tipo, a los metales en un ser intermedio, es decir, en un Mercurio corriente.

Ahora este medio, a través de su manipulación, luego de haber sido llevado a su último estado y de

haberle sacado todas sus vestiduras (con las cuales la prima materia estaba vestida), así, finalmente se

halla in materiae primae forma, nudâ, lucidâ & resplandendi, y lleva a la materia, siempre que se encuentre disuelta en él, también al estado de prima materia. Y luego, desde la prima materia,

<P 37> regresa nuevamente, y porque no tiene ninguna forma propia determinada, así, toma la forma

de aquella materia con la cual se ha vuelto uno, yendo, por lo tanto, siempre hacia adelante hasta

alcanzar la tintura.

Pero dado que todo está incluído en esta Maniobra, debe llegar a ser interpretado claramente por uno

mismo.

<P 38>

CAPITULO III.

De la preparación de la Luna filosófica

Este proceso es muy fácil de describir, pero requiere un esfuerzo muy grande e infatigable para que uno

comience el trabajo manual. Y algunos han sabido definir bien con palabras el mismo después de

ejecutarlo, pero no han podido adivinar antes todo lo que su labor representa.

Si bien Lullii ha modificado este proceso diez veces (lo cual ha realizado para que no cualquiera

pudiese llegar a la clave de la Piedra), aquí, sin embargo, debe ser dada la descripción más sabia y

correcta del mismo, y hacia el final

<P 39> una alternativa adicional, la cual requiere un poco más de esfuerzo, pero es, no obstante,

también correcta.

El Proceso

Toma un buen vino añejo. Haz a partir de él un espíritu de vino de manera tal que no haya en él

ninguna acuosidad.

La flema que dejó, consérvala junta y déjala evaporarse completamente en un vaso de vidrio de boca

ancha, hasta que en el fondo del mismo quede una materia pesada, espesa, negra y olorosa.

Coloca esa materia pesada en una retorta, y dale primeramente fuego lento, y luego

<P 40> dale fuego más fuerte. Así se forma primero un espíritu blanco, el cual luego lo transformarás en un aceite marrón espeso.

Cuando no se forme más espíritu, deja una o tres horas encenderse, así se calcina el tártaro. Cuanto más

se lo calcine, mejor es. Pero se debe tener la precausión de que la materia durante la calcinación sólo

arda y no fluya toda junta.

Saca la materia y héchale agua caliente mezclando, y cuando el agua se haya vuelto acre, decántala y

fíltrala. Luego hecha más agua al tártaro calcinado, hasta que hayas extraído toda su acritud.

Luego,

<P 41> coloca toda esta agua junta sobre una sartén de hierro, y déjala hervir hasta que quede una sal en el fondo. Toma esa sal de tártaro, colócala en un sótano y déjala disolverse en una bolsita para colar.

Filtra este líquido con cuidado, y luego coagúlalo nuevamente. Luego de la coagulación, colócalo

nuevamente sobre fuego fuerte, pero de manera que la materia no fluya sino que sólo sea calcinada.

Disuelve nuevamente ésta con la flema extraída (la muy pura) o colócala nuevamente en el sótano para

que se disuelva, y fíltrala de nuevo. Estas operaciones disolver, coagular, filtrar, calcinar hay que

realizarlas tanto tiempo hasta que se forme una sal de tártaro que no posea ninguna terrestricidad, sino

que sea de un blanco cristalino,

<P 42> luego de lo cual debes calcinar nuevamente suave y finamente, de manera que no fluya.

Riega el espíritu de vino anterior (el cual debe estar libre de toda acuosidad) sobre esta sal, de manera

que sobrenaden cuatro dedos transversales sobre la misma, y déjala digerir a baño maría en un recipiente bien cerrado durante tres días.

Después, destila el espíritu sobre cenizas, y luego aumenta el fuego fuertemente, de manera que la

humedad acuosa sea también separada.

Riega nuevamente tanto espíritu de vino sobre la sal como se hiciera anteriormente; digiere y destila:

repite esta operación cuatro veces.

Y finalmente dale buen calor, y déjalo arder bien, pero

<P 43> sin que fluya, sino que se calcine un poco.

Luego, muele el tártaro suavemente, toma una libra del mismo y agrégale un cuarto de su peso del

espíritu de vino que fuera destilado de él en el baño maría. Cuando se haya destilado el espíritu, coloca

el vaso sobre las cenizas y eleva el fuego un poco. Así verás que desaparece una acuosidad. Deja la

materia bajo un buen fuego (pero que no sea un fuego ardiente) por un poco más de una hora. Luego,

deja enfriar. Riega nuevamente un cuarto del espíritu de vino que se mencionara; digiere, destila, todo

como antes, y haz esto cuatro veces, o tantas veces hasta que notes que ese

<P 44> tártaro haya sido embarazado con el espíritu de vino (cuanto más se prolongue esto, más blanco se vuelve), pues en cada digestion y destilación permanece algo del espíritu de vino en el tártaro y se

une a él: así, el espíritu vivifica a su tierra. El signo de que es suficiente es el siguiente: si se coloca un poco de ese tártaro sobre una chapa de hierro colacada bajo un calor ardiente y el tártaro comienza a

producir olor, es suficiente. Cuando esté preparado el tártaro, muélelo finamente y colócalo en un

aparato sublimatorio limpio y bien cerrado, y colócalo sobre las llamas. Dale primero un fuego suave, y

luego un fuego fuerte por varias horas, y finalmente dale fuego violento1.

<P 45> Así subirá una parte de una sal blanca transparente. Lo que queda en el fondo del aparato no

sirve para nada, pero debes conservar la sal volátil. Ella es la clave y el verdadero medium para los metales, las gemas, el oro potable y para las tinturas particulares y universales. Y es el único medio

para disolver los metales debidamente. Su uso viene seguidamente.

<P 46>

CAPITULO IV.

De la preparación posterior de la sal volátil

La sal debe ser sublimada repetidas veces per se, para que se vuelva más pura. Pero la misma debe recibir una naturaleza especial, de manera tal de que bajo un calor suave o bajo el calor de la mano

1 Nota: no es un proceso simple. Se debe dar fuego por 24 o 30 horas (nota del primer editor).

fluya rápidamente como un aceite, y al frío se vuelva nuevamente como una goma translúcida. Esto

funciona así: toma una parte de esa sal y disuélvela en tres partes de espíritu de vino. Digiere ocho días, de manera que se deposite algo en el fondo del vaso,

<P 47> lo cual no es puro. Luego, decanta para eliminar la impureza. Después se destila el espíritu de vino y se le da un buen calor, así es destilada la sal con el espíritu del vino. Lo que no pase durante la

destilación debe ser disuelto nuevamente con tres partes de espíritu de vino nuevo, digerirse y destilarse. Cuando finalmente se haya pasado por destilación toda la sal, se destila el espíritu de vino

por baño maría. Así queda en el fondo una sal ya transparente como un cristal, la cual fluye al calor

como aceite o agua, y al frío es una sal o cristal.

Esta es el Agua seca de los filósofos.

<P 48> Si se la quiere utilizar para hacer la tintura, se la debe animar con el Mercurio.

<P 49>

CAPITULO V.

Cómo se potabiliza todo metal

Cuando esa sal haya sido disuelta en espíritu de vino y haya sido pasada por encima del capitel, toma,

pues, el metal que tu quieras (por ejemplo, oro) calcínalo fina y delicadamente con el Mercurio, y riega

tres veces la cantidad del Agua sobre él. Cierra el vaso y déjalo estar a un calor muy suave, o sino

(mucho mejor) sostiénelo en la mano. Así comienza a disolverse enseguida. Deja estar el vaso toda la

noche.

<P 50> A la mañana siguiente decanta lo que se haya disuelto en otro vaso, y coloca más Agua sobre la materia. Haz esto como antes. Repite esta operación hasta que todo el oro se haya disuelto poco a poco,

o hasta que veas que una tierra pálida reposa en el fondo del vaso: entonces, termina la operación, pues

lo más noble ha sido extraído. Lo que se haya disuelto, colócalo todo junto en un vaso y extrae toda el

agua con un fuego fuerte: así queda en el fondo el oro disuelto bajo la forma de un polvo delicado.

Sobre esa cal, riega de nuevo Agua de disolución nueva, y coloca todo en un pelícano bien cerrado y

déjalo circular durante cuarenta días, o tanto tiempo hasta que veas

<P 51> que el oro se haya transformado en un rubí translúcido, y el espíritu de vino se haya separado sin ningún color. Cuando esto ocurra, decanta el espíritu y destila. Así tendrás una piedra roja en el

fondo, la cual al calor fluye como un aceite y al frío es sólida. Si tu la pulverizas y la colocas en vino, ella tiñe el mismo de rojo. Y ella es, después de la Piedra filosofal, el más alto oro potable, ya que a

partir del oro y su cuerpo se ha extraído la forma más noble y se la ha hecho translúcida. Así, de esta

misma manera, se hacen potables todos los otros metales.

<P 52> Nota: cuando se haya disuelto, destila por encima del capitel el oro antes de la digestión.

Cuando esto sucede, es mejor.

CAPITULO VI.

Cómo se hace una tintura a partir del oro potable

Haz de saber, que sin el Mercurio común (el cual es denominado por Geber “medium conjungendi

tincturas”) el oro potable no podría teñir, a pesar de estar en él una tintura. Cuando se tenga la Piedra roja transparente, se la debe dejar

<P 53> fluir en un vaso y agregarle un Mercurio sublimado, siete veces más, es decir, que si el oro

fuese un lot, se deberían agregar siete lots de Mercurio. Se debe mezclar bien el Mercurio hacia abajo y

darle un calor que le permita “subir”. Cada vez que el Mercurio suba, debe volver a ser mezclado con el

aceite, hasta que después de algunos días no desee más llegar a la superficie, sino que todo junto forme

un lindo aceite rojo transparente, una parte del cual tiñe cien partes de Mercurio en el mejor oro. Por lo

tanto, a partir de un lot de oro potable y a través del agregado de Mercurio, se tienen ocho lots de

tintura, la cual puede teñir ocho cientos lots de Mercurio en oro del mejor. Si uno quiere, puede

aumentar esta tintura siempre,

<P 54> a través del agregado de Mercurio, de manera que no se agote nunca. Pero ésta es una multiplicación en cantidad y no en cualidad. Esta es una tintura particular de Lullii y por lo tanto puede

ser preparada tanto a partir de oro como de plata.

<P 55>

CAPITULO VII.

Otro camino particular que puede seguirse

Toma una parte de ese aceite de sol multiplicado y agrégale ocho partes de Mercurio vivo. Déjalo a un

fuego suave (de manera que la naturaleza oleosa no se destruya) durante ocho días. Luego, toma una

parte de esa materia o tanto como desees, colócala en un recipiente especial y dale fuego fuerte durante

ocho días hasta que se vuelva seca y dura. La materia arriba mencionada se puede aumentar siempre,

agregándole cada ocho días siete partes de Mercurio.

<P 56>

CAPITULO VIII.

Proceso para hacer la Piedra filosofal

Primeramente debes especialmente disolver una parte de Mercurio con el Agua disolvente filosófica.

Déjalos a baño maría en un recipeinte bien cerrado tres días y tres noches. Luego, se destila el agua a

baño maría. Así, el

<P 57> mercurio permanece como una forma viscosa, con una brillantez clara, como si fuese una perla

oriental pura. Sobre él, riega otra vez tres partes de Agua disolvente nueva: así está nuevamente todo

disuelto. Conserválos bien. Luego, toma Sol calcinado y disuélvelo en el Agua disolvente filosófica,

pero como fuera descrito en el capítulo cinco, para que sólo quede la claridad del sol y toda

terrestricidad haya sido separada.

Destila el Agua disolvente nuevamente, de manera que queda un polvo delicado y seco. Sobre ese

polvo, riega el Agua mercurial anterior, y déjalo estar al calor hasta que veas que ese polvo no se

disuelva más.

<P 58> Entonces, decanta lo disuelto colocándolo en un recipiente especial, y al resto agrégale más

agua mercurial nueva, hasta que todo sea disuelto, o hasta que la misma cantidad de Sol sea disuelta

que la de Mercurio. Cuando esto suceda, riega todas las soluciones juntas en un vaso, colócale un

capitel pequeño sobre él, y extrae el espíritu de vino con un calor suave. De esta manera, permanece

una materia viscosa o gomosa lúcida, la cual siempre fluye a un calor suave. Por lo tanto, tu has

transformado ambos, el cuerpo solar y el Mercurio, a través del medio filosófico, en una esencia

transparente, espiritual y viva. Luego, cierra tu vaso herméticamente, y realiza las decocciones en un

horno filosófico

<P 59> y fuego común tres veces más grandes. Si tu riges el fuego correctamente, verás que en algunos días tu materia amarilla se vuelve verde como el pasto, y el verde se vuelve cada vez más oscuro, hasta

que se vuelva completamente negro. Luego, aparece la cola del pavo real y todos los colores transparentes, de manera de que tu pienses que en tu vaso tienes siempre una piedra preciosa distinta.

Así, primero es color jacinto, luego, esmeralda, y en tercer lugar, como un ágata negra. Y en la cola del

pavo real, opinarás que tienes un color blanco jaspe, y otras piedras de muchos colores. Entonces, los

colores llegan como un cristal de topacio o diamante. Luego, la

<P 60> luz de las piritas, pronto el rubí, el granate, el carfunquel, de manera que tu veas ambos en tu Obra, la generación de las gemas y la de los metales. Finalmente, cuando se haya alcanzado el rojo más

elevado, se debe mantener la materia en un vaso abierto durante ocho días, pero de manera que el vaso

no se funda. Así, se separa en el piso del vaso una materia terrestre que debe descartarse. La superior

fluye como la cera, y tiene un color rojo más fuerte que el del rubí. Debes disolver esta materia con el

Agua mercurial anterior, como se haya realizado con el Sol anteriormente, extraer el espíritu, y coagular la materia gomosa siguiendo nuevamente el

<P 61> proceso filosófico. Así, llegan todos los colores otra vez en forma ordenada, uno tras del otro, pero en un tiempo más corto. Este es el modus multiplicationis in infinitum, y aumenta en cada multiplicación, de manera tal que, al principio, una parte tiñe 100, luego 1000, despúes, 10.000, 100.000, 1.000.000 y así sucesivamente sin encontrar un límite. Si tu ahora quieres hacer una projección, deja primeramente fluir un lot de Sol. Estando en fusión, héchale un lot de tintura y déjalos

mezclarse uno con el otro durante una hora. Luego sácala la amalgama del fuego y viértela en un

recipiente. Así tendrás una Piedra roja, quebradiza, con la cual tu puedes projectar tus deseos al metal

que tu quieras. Pero si tienes tu tintura más bien bajo la forma de un aceite, debes disolverla en el

<P 62> Agua de disolución filosófica, en la cual no haya ningún Mercurio disuelto. Deja digerir

durante tres días y destila a baño maría. Disuelve y destila nuevamente. Así obtendrás finalmente un

aceite, el cual nunca más será consistente. Coloca una moneda de plata, hierro, cobre o de otro metal al

rojo sobre el aceite, y ella será teñida en oro.

Hæc sunt sanè & secretissima, & summa artificia, homini à Deo concessa. Deus occultet ab indignis,

& revelare dignetur bonis.

Hasta aquí, la alta tintura de Lulli.

<P 63>

CAPITULO XI.

Sobre el uso de la Piedra en la Medicina

Existe, por cierto, una gran fuerza medicinal en la misma Piedra, la cual está vinculada al cuerpo del

hombre. Pero la manera en que ella debe emplearse y que la haga más servicial es la siguiente: toma

una parte de esa Piedra perfecta y disuélvela en el Agua disolvente (en la cual no se haya disuelto

ningún Mercurio). Así, todo se volverá en un espíritu rojo sangre. Según la región o miembro del

cuerpo que se desee curar,

<P 64> se debe tomar un determinado vehículo. Por ejemplo, si la enfermedad tiene que ver con la piel, se debe utilizar la nuez moscada; para el corazón, el agua de melisa, y así con otras afecciones. Es

decir, se debe mezclar el agua roja arriba mencionada con el vehículo y administrar. Mientras más

rápido se haga esto, más rapidamente se va a curar la afección. Si se toma en ayunas, causa deseos de ir

a descansar o a dormir, y así la Piedra cura toda enfermedad sin causar dolor.

<P 65>

CAPITULO X.

Otro camino para preparar la Luna filosófica

Toma vino (como se haya indicado en el capítulo III) y haz a partir de él un buen espíritu de vino. Deja

evaporar la flema, de manera que se vuelva como brea. Luego, riégale el espíritu de vino encima, y

calienta para que se disuelva la flema. Entonces, destila hasta que notes que se desprende una acuosidad. Entonces quita el capitel, deja que la materia sólo despida olor, y calienta más fuertemente

hasta que se desprenda una oleosidad. Riega de nuevo sobre la heces espíritu de vino y haz como

hiciste antes: repite esta operación

<P 66> hasta que la tierra se vuelva bien blanca. Calcina la tierra correctamente. Riégale nuevamente espíritu de vino de manera que sobrenaden cuatro dedos transversales sobre la tierra. Destila. Repite

este paso cuatro veces. Imbibir ese espíritu en la tierra blanca, digerir y destilar, como se muestra en el capítulo II, hasta que finalmente sirva para la sublimación.

Ahora se puede tomar el camino que uno desee, éste o el descrito en el capítulo III. Sin embargo, este

último camino es más esforzado y necesita más tiempo.

FIN DEL TRATADO.

<P 67>

Una charla entre Maestro y Discípulo

sobre la Piedra filosofal o Piedra de los Sabios, digna de ser leída

Maestro

Querido hijo, se presto en aceptar el temor a Dios. Además, te exhorto a que quieras vivir todo el

tiempo en agradecimiento a él. Primeramente, es necesario para ti descubrir la naturaleza y transformarla.

Discípulo

Eso lo se, querido Padre,

<P 68> y porque soy sensato, le pido me de clases claras. Yo, por mi parte, me obligo a no revelar esos conocimientos a los ignorantes.

Maestro

Primeramente, tu sabes que, como está escrito en el libro de la creación, cuando Dios creó el cielo y la

tierra, el espíritu flotaba sobre las aguas, la cual Dios ha separado de la tierra, para que su humedad

brinde frutos. Asímismo, existió también en la mezcla natural de la Piedra, un Arte natural escondido,

el cual está embellecido con un faceta triple, además de un tesoro de gran riqueza

<P 69> y salud, la cosa más sutil del mundo, en el cual todo puede ser comprendido. Y yo digo triple

faceta, pues él tiene espíritu, alma y cuerpo. Su cuerpo es tenebroso, oscuro, y le falta un alma. Por lo

tanto, uno debe primeramente fijarse en que el cuerpo se vuelva vivo. Para eso hay que darle su alma, y

así vivirá.

Discípulo

Tu charla es imperceptible para mi, querido maestro, porque antes tu has dicho que es una sola Piedra,

y ahora dices que se trata de tres: cuerpo, alma y espíritu.

Maestro

Haz de notar que yo digo la verdad:

<P 70> es una Piedra, la cual es aquí considerada conformada por tres, pero que también es una cosa

sola. Pues el cuerpo está vestido en su primera naturaleza por Agua, el cual es Mercurio, así, es una

sola cosa, cuerpo en Agua y Agua dentro de él.

Tomemos para esto un buen ejemplo: si alguien mezcla juntos hielo y agua, se formará una cosa que es

indeferenciable, la cual es y será agua. Por eso, sabe mi querido discípulo, que durante la separación de

la Piedra, el alma y el espíritu son quitados, cada uno en su propia Agua y esencia.

Discípulo

Yo te agradezco, querido

<P 71> maestro, pues ahora comprendo el contenido de tu charla. Pero ahora, yo quisiera saber si la

sublimación es realmente necesaria para llegar a completar esta Obra, pues la misma requiere mucho

esfuerzo.

Maestro

Nuestra sublimación filosófica no es otra cosa que una separación y descarte de lo que le sobra a la

Piedra.

<P 72> Discípulo

Ahora comprendo la sublimación filosófica, la cual es la preparación de todo el Arte.

Maestro

El que sublima bien y completamente es el que hace y termina toda la Obra.

Discípulo

Ahora puedo percibir la Piedra, gracias a su sublimación. Pero dado que he escuchado de ti que a partir

de esa Piedra los elementos deben ser separados, desearía que me dieras una clase al respecto.

<P 73> Maestro

Percibo tu incomprensión, pues yo he dicho que la separación sucede a través de nuestra sublimación,

pues por su medio, todos los elementos son completamente separados, pues nuestra Piedra es realizada

con tres elementos: tierra, agua y aire. La tierra es una raíz y el alimento de los elementos. El verdadero fundamento es el aire que penetra, el cual contiene y trae el espíritu. Por lo tanto, comprende nuestra

sublimación, a través de la cual el espíritu o agua limpia la Piedra de todo lo impuro. El aire penetra un

poco en la raíz, y la tierra se vuelve fija y permanente.

Discípulo

Ahora comprendo bien que la separación de los elementos se produce sólo a través de la sublimación,

como pocos lo han notado.

Maestro

No desearía que tu transmitas semejante comprensión a todo el mundo.

Discípulo

De ninguna manera. Pero me pregunto en dónde deben ser calentadas todas estas cosas, en un vaso y un

horno.

Maestro

Si la materia fuese mucha, ella no desearía que se la coloque en un recipiente, pero si es poca, es

suficiente

<P 75> un vaso y un horno, en los cuales se hace nuestra calcinación, sublimación, fijación, solubilización o solidificación, al rojo o al blanco.

Discípulo

Ahora estoy contento, pues antes no sabía nada. Desearía saber ahora cómo se unifican nuevamente los

elementos separados.

Maestro

Luego de que hayas separado el alma y el espíritu de su cuerpo, dale a la raíz nuevamente su alma, de

manera que ambos se unan uno con el otro. El cuerpo la tomará y se alegrará de su

<P 76> alimento. Esto es llamado “el camino común”: el agua que se extrajo es nuevamente dada a la

tierra preparada y sedienta, a un determinado tiempo.

Discípulo

Quisiera darle a tu sabiduría y a Dios las gracias. Pero aún deseo saber una cosa: si una vez que la tierra y el alma hayan sido unificadas y las dos fluyan en una sola cosa, ahora tiñen (considerando que posee

la quinta esencia).

<P 77> Maestro

Tu estás aún lejos del verdadero camino. Se le llama quinta esencia, pues no posee un efecto común

como otros elementos terrestres, sino que se trata de una cosa más pura, separada de la destrucción de

los elementos y purificada, un extracto de los elementos. Si tu quieres que se transforme en una

medicina completa que tenga fuerza para teñir todo, ella no desearía alcanzar ese punto sin sublimación, lo cual no podría explicarte con gusto.

Discípulo

Esto me asusta mucho, pues al principio y en el medio me ha dejado escuchar y que al final

<P 78> sea privado de hacerlo. Por ello juro no decir ni una palabra.

Maestro

Escucho con agrado tus palabras. Así, comienzo a ver un aire, y percibo muy bien el baño de nuestra

Piedra, dentro del cual a ella le agrada multiplicar su fuerza. Cuanto más la cuides durante el solve et coagula, tanto más incrementará ella su fuerza teñidora. Pero la solución ocurre de la siguiente manera: cuando ahora coloques nuestra Piedra en su más alta pureza sobre el fuego, ella debe haber sido lo más

puramente molida. La disolución de la Piedra ocurre en nuestro vaso con nuestro vinagre coagulado, es

decir, Mercurio,

<P 79> la cual se entrega rápidamente a ser disuelta para dar un Agua filosófica pura. Luego, hay que destilar la solución. Esto significa que bajo un fuego mediano se debe coagular y repetir esta operación

cuatro veces. Así, sabe que una parte de esa medicina tiñe verdaderamente cien partes de Mercurio o de

otro metal en oro o plata consistentes, luego de que la Piedra haya sido correctamente preparada.

Discípulo

Ahora comprendo porqué tan pocos logran completar la Obra, pues ellos buscan y trabajan en lugares

extraños. Comprendo a partir de tus palabras, que la tintura debe ser extraída con el Mercurio filosófico, el cual es

<P 80> cuerpo, alma y espíritu, y entiendo que sólo ese Mercurio debe ser utilizado en nuestra Obra.

Pero me gustaría saber otra cosa: la multiplicación de la Piedra, para que uno no necesite hacerla de

nuevo cada vez.

Maestro

De la misma manera en que te he informado con comprobantes de las escrituras y de la naturaleza:

primeramente, Dios nunca quizo que la multiplicación a través del sexo humano fuera por medio de un

solo hombre, sino que él deseaba dos compañeros iguales, y que a partir de ambos todos los hombres

fueran creados hasta el fin del mundo. Por lo tanto,

<P 81> también en nuestra Obra el Azufre tiene su semilla en el oro para dar oro y en la Plata para dar plata. El Azufre filosófico no se lo encuentra en otra parte que no sea en los dos cuerpos, el oro y la

plata, a partir de los cuales debe ser extraído como fermento. Este Azufre recircula en sí mismo y

fermenta eternamente. A partir de esa semilla se da a luz al fruto, a partir del cual se esperan otros

frutos para que nunca disminuya.

Discípulo

Tus palabras me son aún inentendibles, por lo tanto te pido que quieras darte a entender más claramente.

<P 82> Maestro

Rápida y verdaderamente te descubriré el arte de la preparación de la Piedra filosofal. Así se prepara y

se hace la Piedra. Toma partes semejantes del Agua o Mercurio filosófico y del Mozo volátil ....

<P 84>

Obra adicional

Cómo a partir de muchas perlas pequeñas se puede preparar una gran perla, tan grande como uno

quiera a través de nuestro Arte.

Primero de todo, toma pequeñas perlas orientales y colócalas en el Agua descrita anteriormente.

Déjalas allí dentro por quince días, y de esta manera se volverán blandas como una masa y su color

oriental se intensificará. No las tomes de ninguna manera con las manos, sino con un molde hecho de

plata, bien

<P 85> lavado. Una vez tomadas del agua, déjalas secar en el molde de plata. Házles un agujero con

una aguja de plata. Mételas en la aguja, de manera que una perla no toque a la otra y deposítalas

ágilmente en un balón de vidrio, de manera que ellas tampoco toquen el vidrio, y pónlas al sol, y que el

vaso esté bien cerrado, de manera que no entre aire. Luego de que se hayan vuelto bien duras al sol,

sácalas del vaso y colócalas en un vaso redondo, el cual cerrarás y colocarás en agua corriente o

<P 86> al frío o en un pozo, dejándolo estar allí por veinte días. Durante esos días, ellas ganarán su color y fuerza del frío y no del calor, y se volverán más duras, pues todo calor daña a las perlas. Luego

toma las perlas (pero cuidado, no con las manos) y pónlas en una hebra de oro, pero de manera que no

se toquen, y colócalas en el Agua mercurial. Déjalas allí por quince días, para que ellas sean lavadas.

Luego, sácalas de allí, y colócalas en el Aqua Lunae. Déjalas allí por 22 días y se volverán blancas y recibirán su brillo natural o apariencia y color orientales.

<P 87> Luego, colócalas nuevamente en el recipiente en donde se colocaran antes y pónlas nuevamente

en el pozo frío o cisterna, esta vez por sólo 8 días. Así estarán listas y serán lindas y brillantes como si hubiesen sido lavadas.

<P 88>

El Agua en la cual se disuelven las pequeñas perlas

Toma dos libras de un buen vinagre tres veces destilado, una libra de terpentina pura y colócalos en un

vaso ancho. Destila finamente, hacia el final con un fuego no muy fuerte, de manera que ninguna

turbidez pase a través del capitel. Lo que haya pasado al principio, consérvalo en un recipiente. Luego

toma las perlas que han sido preciosamente lavadas y colócalas en un trapito de lino bien limpio. Ata el

trapito con una hebra de plata y ponlo colgando dentro de un alambique que tenga un agujerito por

arriba y en el cual esté el Agua. El alambique deberá estar cerrado como un pelícano.

<P 89> Luego colócalas a baño maría con un calor suave por quince días como se ha mencionado

anteriormente, todo el tiempo bien zulacado, hasta que las perlas estén listas, pues aquí será necesario

mucho esfuerzo, el cual te será bien pagado.

<P 90>

El Agua mercurial

Toma primeramente dos lots de estaño fino y cuatro lots de Mercurio vivo. Haz una amalgama y lávala

bien, y colócala o muélela entre sí como si fuera Mercurio sublimado y extiéndela sobre una placa de

vidrio. Así se formará a partir de ella un Agua, la cual debe coagularse hasta que se vuelva nuevamente

una piedra, como un cristal. Colócala en un vaso al baño maría. Así se disuelve en un Agua clara, la

cual se utiliza como se ha mencionado anteriormente.

<P 91>

Cómo se debe hacer el Aqua Lunae

Primero, toma una onza de plata fina y disuélvela en Agua separatoria. Cuando la Luna esté disuelta,

destila la flema a baño maría. Coloca dentro una onza de sal amoníaco y tres onzas de tártaro, y riégale

encima cuatro onzas de vinagre. Cierra bien el vaso con cera y colócalo bajo la tierra por veinte días.

Luego, destila suavemente sobre cenizas o arena hasta que se seque. Entonces, dale fuego fuerte. Así,

subirá la sal amoníaco con la luna, lo último que subió hierve: riégale Agua, así se disuelve muy rápido.

Al fondo encontrarás un Argentum vivum.

<P 92> Coloca ese Mercurio en un vaso ancho. Este pónlo colgando a baño maría pero de manera que

no hierva por treinta días. Así se transforma en una linda Aqua Lunae. La Luna superior que no se

sublimó, redúcela nuevamente a Luna. Por lo tanto, has realizado verdaderamente todo el trabajo de la

Perla.

FIN.

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