La sonata a Kreutzer por Leon Tolstoi - muestra HTML

TOME EN CUENTA: Esta es una vista previa en HTML y algunos elementos como enlaces o números de página pueden ser incorrectos.
Para la versión completa, descargue el libro en PDF, ePub, Kindle

haber puesto las manos todavía en otro ser humano. Y he aquí que

—¿Qué es espantoso? —pregunté.

un amigo de mi hermano, un estudiante muy alegre de esos a

—Este abismo de errores en que vivimos frente a la mujer y a quienes llaman mozos vivos, es decir, uno de los mayores bribones, que nos había enseñado a beber y a jugar a las cartas, se tiempo que esta enfermedad no existiría. Mientras que ahora todos aprovechó de una noche de embriaguez para arrastrarnos "allí".

los esfuerzos se consumen, no en extirpar el vicio, sino en Fuimos. Mi hermano también era aún inocente, y cayó esa misma fomentarlo, asegurando su inmunidad. Pero. en fin, no se trata de noche. Y yo, un monigote de quince años, me manché y contribuí eso. Se trata de que yo, como las nueve décimas, cuando más, no al envilecimiento de la mujer, sin comprender lo que hacía. Jamás sólo de los hombres de nuestra clase, sino de todas las clases, había oído a alguien entre mis mayores que lo que hacía estaba incluso los aldeanos, he pasado por el trance tremendo de caer, y mal. Verdad es que se dice en u u mandamiento, pero los no porque me subyugase la seducción natural de una mujer mandamientos no son más que para recitarse al cura durante los determinada. No, ninguna mujer me sedujo; caí, porque en el exámenes, y aún así no son muy necesarios. mucho menos que el medio en que me encontraba algunos sólo veían en el hecho de la mandamiento sobre el uso del ut en las proposiciones caída una función legítima y útil para la salud, y los otros el modo condicionales.

de divertirse más natural, excusable, y hasta inocente para un

"De modo que yo no he oído nunca a los mayores, cuya opinión joven. Yo no comprendía que aquello fuese una caída, y empecé a estimaba, que aquello fuese reprensible. AI contrario, oía de entregarme a esos placeres (parte deseo y parte necesidad) que me personas a quienes respetaba que eso estaba bien, que después de hacían creer característicos de mis años, de la misma manera que ese acto se calmarían mis luchas y mis sufrimientos; empecé a fumar y a beber. Y, a pesar de todo, había en esa primera esto lo he oído y lo he leído; he oído a las personas mayores que caída algo singular y conmovedor. Me acuerdo de que allí mismo, era excelente para la salud; y de mis amigos que en eso radicaba sin salir del cuarto, me invadió al punto una tristeza tan profunda, no sé qué mérito y qué valentía. Así, pues, no se preveía nada que que me daban ganas de llorar. ¡De llorar la pérdida de mi no fuese bueno. ¿El peligro de la enfermedad? Pero eso también inocencia, la destrucción, para siempre, de mis relaciones con la está previsto. Un gobierno solícito se ha encargado de esto. Él es mujer! Sí; mis relaciones naturales, sencillas, con la mujer, quien rige la marcha regular de las casas públicas, y asegura la quedaban destruídas para siempre. Yo no podía tener relaciones corrupción de los colegiales. Y los médicos retribuídos la puras de allí en adelante. Me había trocado en lo que se llama un controlan. Así debe ser. Afirman que el libertinaje es provechoso voluptuoso. Ser un voluptuoso es un estado físico semejante al del para la salud, e instituyen una corrupción regular. Madres conozco morfinómano, del borracho y del fumador. Así como el yo que cuidan de la salud de sus hijos en este sentido. Y ¡la ciencia morfinómano, el borracho y el fumador no son ya hombres misma los envía a los lupanares!"

normales, de igual manera el que ha conocido varias mujeres para

—Pero ¿por qué dice usted la ciencia? —pregunté.

su placer, no es ya tampoco un hombre normal, sino un pervertido

—Pues ¿qué son los médicos? Pontífices de la ciencia. ¿Quién para siempre, un voluptuoso. Y así como cabe conocer al borracho pervierte a los jóvenes afirmando que eso es necesario para la y al morfinómano por la fisonomía y las maneras, así también salud? Ellos. Y luego asumen un aire importante para curar la cabe conocer al voluptuoso. Éste puede contenerse, puede luchar; sífilis.

pero no volverá a tener nunca con las mujeres relaciones sencillas,

—Pero, ¿por qué no curarla?

puras, fraternales. En su manera de mirar a una joven en seguida

—Porque si una centésima parte de los esfuerzos que se gastan en se puede conocer al voluptuoso, y lo he sido siempre, y eso es lo curar la sífilis se emplease en extirpar el vicio, haría mucho que me perdió.

agitado. Su voz se hacía más cantante y expresiva. A cada momento cambiaba de actitud, se quitaba el sombrero, se lo ponía, V

y su cara se alteraba extrañamente en la semioscuridad en que nos hallábamos.

—¡Sí, como lo digo! Y ¡el mal fue en aumento con toda especie de

—Así, pues, viví hasta los treinta años, sin abandonar un minuto el agravantes! ¡Dios mío! ¡Me espanta recordar todas mis vilezas en propósito de casarme y de labrarme una vida conyugal pura y ese sentido! Y esto es lo que pienso de mí, que todavía era objeto elevada, a cuyo efecto observaba a las jóvenes que podían de burlas por mi inocencia, en aquella época. Pero ¡las cosas que convenirme. ¡Yo estaba metido hasta el cuello en la podredumbre se oyen contar de la juventud dorada, de los oficiales, de los del vicio, y al propio tiempo buscaba vírgenes cuya pureza fuese parisienses! Y todos estos señores, y uno mismo, calaveras de digna de mi! ¡Deseché muchas de ellas precisamente porque no treinta años, que tenemos sobre la conciencia centenares de me parecieron bastante puras! Por fin encontré la que pareció crímenes tan terribles y variados respecto de las mujeres, entramos hallarse a mi nivel. Era una de las dos hijas de un hacendado de ufanos en un salón o un baile, bien lavados, afeitados y Penza, muy rico en otro tiempo, ahora arruinado. Una noche, perfumados, con camisa blanquísima, con frac o uniforme, que después de un paseo en bote, cuando regresábamos a la luz de la son emblemas de pureza. ¡Ah, es extraordinario! Fíjese usted en lo luna y yo estaba sentado junto a ella admirando sus rizos y su que deberían ser las cosas y en lo que son. Debería suceder que cuerpo esbelto moldeado por el jersey, resolví de pronto que ella cuando en una reunión se aproxima a mi hermana o a mi hija un era mi elegida. Aquella hermosa noche me pareció que ella caballero de esta clase, me acercara a él, lo tomara aparte, y le comprendía todo lo que yo pensaba y sentía. Y ¡yo pensaba y dijera en voz baja:

sentía las cosas más elevadas! Pero en el fondo de la noche no

"Amigo, yo sé cómo vives, cómo te pasas las noches, y con quién.

había más que el jersey, que, le sentaba muy bien, y los rizos de Tu lugar no es aquí. Aquí hay jóvenes puras e inocentes. ¡Vete!"

sus cabellos; y el hecho de que yo había pasado todo el día a su Así debía ser; pero lo que realmente sucede es que cuando aparece lado, y quería una aproximación más íntima. ¡Qué cosa rara, esta un tal señor y baila, abrazándola, con mi hermana o mi hija, nos ilusión de que la belleza es el bien! Una bella mujer dice tonterías alegramos si es que es rico y bien relacionado. Quizá se dignará y uno la escucha, pero no oye tonterías, sino cosas inteligentes.

aceptar a mi hija después de la Rigolboche. Aun si le quedan Ella dice, hace ignominias, y uno sólo ve algo encantador. Pero restos de enfermedad, no importa, pues ahora saben curar bien. Sí, cuando no dice ni tonterías ni ignominias y es bella, en seguida conozco varias jóvenes de la alta sociedad cuyos padres las uno se persuade que es una maravilla de inteligencia y de casaron con hombres que padecían de cierta enfermedad. ¡Oh moralidad. Llegué entusiasmado a mi casa, convencido de que vileza! ¡Sí! ¡Que llegue de una vez el tiempo en que toda esa aquella joven realizaba la más alta perfección moral y que, por eso vileza y mentira sean denunciadas!

mismo, era digna de ser mi mujer; y al día siguiente se lo propuse.

Emitió varias veces su extraño resoplido y tomó su té. El té estaba

... ¡Qué embrollo! De mil hombres que se casan, no sólo entre terriblemente cargado y no había agua para diluirlo. Yo sentía que nosotros, sino desgraciadamente, también entre la gente del los dos vasos bebidos por mí me excitaban mucho. Probablemente pueblo, apenas se encontrará uno que no se haya casado antes diez a él también le había afectado el té, porque se ponía cada vez más veces, o cien o mil como Don Juan. Es verdad que ahora hay, según dicen y según observo, jóvenes puros que se penetran de madres instruídas por sus maridos. Y fingiendo creer en la pureza que el caso no es asunto de juego, sino una cosa seria. ¡Que Dios de los hombres, en realidad obran de manera muy distinta. Saben los ayude! Pero en mi tiempo, no se daba uno semejante entre diez cómo hacer tragar el anzuelo a los hombres tanto para sí como mil. Y todos lo saben, y fingen no saberlo. En todas las novelas se para sus hijas. Sólo nosotros, los hombres, no sabemos —y no describen ce por be los sentimientos de los personajes, los lagos, sabemos porque no queremos saber—, que el amor más noble, el los sotos por donde caminan; pero describiendo su gran amor por más poético, como decimos, depende, no de las prendas morales, alguna joven no se dice ni una palabra sobre lo que fue antes él, el sino de la intimidad tísica, y también de la manera de peinarse, y simpático héroe; no se dice una palabra sobre las visitas a los del color y hechura del vestido. Pregúntese a una coqueta experta lenocinios, sobre las criadas, las cocineras y las mujeres del que proyecta seducir a un hombre, qué preferiría: si quedar prójimo. Y si hay novelas tan inconvenientes, no se ponen en convicta de falsía, de perversidad, de crueldad, incluso de vicio, en manos de las jóvenes, las que justamente deberían saber todo esto presencia del hombre al que desea seducir, o presentarse delante mejor que nadie. En presencia de las vírgenes, primero se afecta de él con un vestido mal hecho o feo, y siempre preferirá lo creer que no existe del todo esta corrupción que llena la mitad de primero. Sabe muy bien que nosotros no hacemos más que mentir la vida de nuestras ciudades y hasta de nuestras aldeas. Y tan bien al hablar de la elevación de nuestros sentimientos, que no lo fingen, que casi llegan a convencerse a sí mismos de que somos buscamos más que la posesión de su cuerpo, y que por esa causa le todos gente moral y que vivimos en el mundo moral. En cuanto a perdonamos todas sus ignominias y no le perdonaremos un traje las pobres jóvenes, ellas lo creen muy en serio. Así lo creía mi de mal gusto y de mal corte. La coqueta sabe todo eso desgraciada mujer.

reflexivamente, mientras que la joven inocente lo sabe

"Me acuerdo de que, siendo ya su prometido, le enseñé mis inconscientemente, por instinto, como los animales. De ahí esos

"memorias", donde podía enterarse a medias de mi pasado, y abominables jerseys, esas protuberancias de hombros, de brazos y especialmente de mi último enredo, que hubiese podido descubrir casi de pechos. Las mujeres, y en particular las que han pasado por por otros y que precisamente por esto me creí en el caso de la escuela de los hombres, saben perfectamente que las comunicarle. Todavía veo su terror, su desesperación, su extravío, conversaciones sobre asuntos elevados no son más que al saberlo y comprenderlo. Estuvo a punto de romper. ¡Ah!, ¡por conversaciones; que lo que el hombre busca es el cuerpo y todo lo qué no lo hizo!" Emitió su peculiar resoplido, tomó un trago de té que lo presenta bajo la luz más falaz, pero al mismo tiempo más y calló un rato.

atrayente —y eso mismo es lo que se hace—. Si dejamos a un lado la costumbre de esta ignominia que se ha convertido entre nosotros en segunda naturaleza, y miramos la vida de nuestras VI

clases superiores e inferiores tal como es, con todo su impudor, resulta que es una vasta casa pública. ¿No es usted de esa opinión?

—Pero ¡no! —continuó—. ¡Más vale que haya sido así, vale más!

Pues permítame, que voy a demostrarlo —dijo anticipándose a

¡Yo me lo tenía merecido! En fin, ahora poco importa. Yo quería cualquier objeción de mi parte—. Ustedes afirman que las mujeres decir que las pobres muchachas son las únicas engañadas. En de nuestra sociedad tienen intereses distintos a los de las mujeres cuanto a las madres, lo saben perfectamente, en especial las de las casas de lenocinio. Yo digo que no, y voy a probárselo. Si los seres difieren entre sí según el objeto de su vida, según su vida carreta de mil doscientas libras. Pero nosotros, que comemos dos interior, eso debería reflejarse también en su exterior, y su exterior libras de carne y caza;

será diferente. Pues bien; compare usted a las miserables, a las nosotros, que tomamos toda clase de bebidas y de alimentos menospreciadas, con las mujeres de la más alta sociedad; el mismo excitantes, ¿cómo gastamos todo eso? En excesos sensuales.

vestir, las mismas modas, los mismos perfumes, la misma Cuando está abierta la válvula salvadora, todo marcha bien; desnudez de brazos, de hombros y de pecho, el mismo polisón, la pero ciérrese, como yo la había cerrado temporalmente, y en misma pasión por las piedras preciosas, por los objetos brillantes y seguida vendrá una excitación, que, deformada por el prisma de muy caros, las mismas diversiones, bailes, músicas y cantos. Las nuestra vida artificial, resultará en el enamoramiento más puro —a primeras atraen por todos los medios; las segundas también.

veces hasta platónico—. Y yo me enamoré como todos se

¡Ninguna diferencia, ninguna! En severa lógica, lo que hay que enamoran: transportes, ternezas, poesía. Pero, en el fondo. todo decir es que las prostitutas a corto plazo son generalmente ese amor mío venía por un lado preparado por la mamá y las menospreciadas, y las prostitutas a largo plazo, estimadas.

costureras, y por el otro por el exceso de alimentación junto a una vida ociosa. Si no hubiese habido paseos en bote, vestidos bien tallados, etc., etc.; si mi mujer hubiese ido metida en un saco VII

informe, y se hubiese quedado en casa, y si además hubiese sido yo un hombre normal que absorbiera los alimentos precisos para

—Pues bien. Esos jerseys, esos rizos y esos polisones me su trabajo, y si hubiese tenido la válvula salvadora abierta —por atraparon. Y era sencillísimo atraparme, puesto que me había casualidad en aquel momento estaba cerrada— no me habría criado en las condiciones artificiales en las que, como pepinos en enamorado y no habría sucedido nada.

invernaderos, se crían jóvenes listos para enamorarse. Nuestra alimentación excitante y demasiado abundante, junto con la ociosidad física más completa, no es otra cosa que la incitación VIII

sistemática a la concupiscencia. Que se asombre usted o no, es así.

Yo mismo hasta los últimos tiempos no veía nada. Pero ahora lo

—Todo coincidió: mi estado físico y el bello vestido; y el paseo en he visto. Por eso me atormenta que nadie lo sepa y que la gente bote dio resultado. Veinte veces había fracasado y he aquí que diga tonterías como aquella señora. No lejos de mí finca resultó. Fue algo como una trampa. No estoy riéndome. Pues trabajaban en la primavera unos aldeanos en un terraplén del ahora los matrimonios se arreglan exactamente como trampas.

ferrocarril. La alimentación ordinaria del aldeano es pan, kvass2 y

¿Qué cosa debería ser más natural? La muchacha es casadera; cebollas. Con esa comida vive, anda ágil, y hace los trabajos pues es preciso casarla. ¿Hay nada más sencillo, si la chica no es livianos del campo. Cuando va a trabajar en el ferrocarril, su un monstruo, y si existen hombres que deseen casarse? Y así se ración se transforma en casha3, con una libra de carne. Sólo que hacía antaño. ¿Es casadera la joven? Pues los padres arreglaban el restituye esa libra en un trabajo de dieciséis horas, moviendo una matrimonio. Eso se hacía, y eso se hace aún en toda la humanidad; lo practican los chinos, lo practican los indios, los musulmanes, y 2 Sidra rusa.

entre nosotros la gente sencilla. Así hace todo el género humano, 3 Chicharrones.

por lo menos el noventa y nueve por ciento. Solamente el uno por

"Mientras, no tienen más que un solo pensamiento: ¡Toma.

ciento restante, o menos, nosotros, los libertinos, somos los que tómame a mí!, ¡a mi Lilí! ¡No, a mí! ¡Prueba, por lo menos!"

hemos descubierto que tal moda es mala, y hemos inventado otra

¡Oh vileza, oh mentira! —concluyó, y habiendo terminado su té, cosa. Y ¿qué otra'cosa? Que las jóvenes estén sentadas, y que los se puso a ordenar las tazas y la vajilla.

caballeros se paseen como en un bazar, y hagan su elección. Las doncellas esperan, y dicen para sus adentros, aunque no se atrevan a decirlo fuerte: "Escógeme a mí; a mí, y no a ésa. . . ¡Mira qué hombros! ¡Mira qué todo!" Nosotros, los varones, nos paseamos IX

muy satisfechos, apreciando la mercancía con la mirada. "Lo sé todo y no me dejaré atrapar". Se pasean, miran, muy satisfechos de

—¿Se ha hecho usted cargo de que sólo de esto dimana ese poder que todo esto haya sido arreglado para ellos. Pero al menor de las mujeres, bajo el cual padece el mundo?

descuido, helo cogido.

—¿Cómo, el poder de las mujeres? —dije yo—. ¡Si los derechos

—¿Qué hacer, pues? —le pregunté—. ¿Ha de ser la mujer la que están principalmente del lado de los hombres!

formule proposiciones?

—¡Si, sí, eso precisamente! —me interrumpió—. Eso es lo que yo

—¡Yo no sé nada! Pero, si se trata de igualdad, que sea completa.

quiero decir, y lo que explica el fenómeno extraordinario de que Si se estima humillante que se contraigan matrimonios por por un lado la mujer se vea reducida al último grado de intermedio de casamenteras, es, sin embargo, mil veces preferible.

humillación, y que por otro que impere. Así como los judíos con el De aquel modo, los derechos y los azares son iguales; poder del dinero se vengan de su servidumbre, así hacen las del nuestro, la mujer es o una esclava expuesta en el mercado o el mujeres. "¡Ah! ¿Queréis que no seamos más que mercaderes?

cebo en la trampa. Vaya usted a decirle a una madre o a su hija Como mercaderes, nos haremos dueños de vosotros", dicen los que no se preocupan más que de la caza del marido. ¡Qué ofensa!

judíos. "¡Ah! ¿Queréis que no seamos más que objetos de

¡Dios mío! Sin embargo, no hacen otra cosa, ni tienen otra cosa sensualidad? Muy bien. Mediante la sensualidad, os doblegaremos que hacer. Y lo terrible es ver ocupadas exclusivamente por esto a bajo nuestro yugo", dicen las mujeres. La falta de derechos de la las pobres muchachas inocentes. ¡Si al

mujer no consiste en no poder votar o ser juez. Cosas que tampoco menos, repito, se hiciese con franqueza! Pero no se oyen más constituyen un derecho, sino en que no es igual al hombre en sus que mentiras:

relaciones sexuales, en que no tiene el derecho de usar del hombre

"—¡Ah!, ¡el origen de las especies!..., ¡qué interesante!

y abstenerse de él, el derecho de elegirlo, en vez de ser elegida.

"—¡Oh, mi Lilí se interesa mucho por la pintura!

Dice usted que eso sería abominable. ¡Bueno! Entonces que

"—¿Irá usted a la Exposición? ¡Qué instructivo!

tampoco el hombre tenga esos derechos. Pero el caso es que ahora

"—Y las troíkas4 , y los teatros... y la sinfonía. ¡Ah! ¡Qué la mujer está privada de este derecho que tiene el hombre. Y

delicioso!

entonces, para compensar esta falta de derecho, actúa sobre la

"—¡Mi Lilí enloquece por la música! "—Y usted, ¿cómo no sensualidad del hombre, lo subyuga por la sensualidad, de modo participa de estas convicciones? ¡Y los paseos en bote!

que él sólo elige formalmente, pero en realidad quien elige es la mujer. Una vez en posesión de sus recursos, abusa de ellos y 4 Coche ruso tirado por tres caballos.

adquiere un poder terrible.

poner trampas a lo largo de las vías públicas o en los paseos. ¡No!,

—Pero, ¿en dónde ve usted ese poder excepcional?

es peor. ¿Por qué se prohiben los juegos de azar y no se prohiben

—¿En dónde? Pues en lo que quiera, en todo. Visite usted las las mujeres especialmente ataviadas para excitar a los hombres?

tiendas de una gran ciudad. Allí hay millones y millones; Son mil veces más peligrosas.

allí es imposible estimar la enorme suma de trabajo que se consume. ¿Hay algo para uso de los hombres en las nueve décimas partes de esas tiendas? Todo el lujo de la vida es exigido y X

sostenido por la mujer. Examine usted las fábricas. La mayoría producen adornos inútiles: coches, muebles, juguetes para la

—He ahí, pues, cómo me atraparon. Yo estaba lo que se llama mujer. Millones de hombres, generaciones de esclavos, mueren enamorado. No sólo me parecía ella el colmo de la perfección, destrozados por aquellos trabajos forzados, tan sólo por los sino que me consideraba a mí mismo durante el noviazgo como el caprichos de las mujeres. Las mujeres, a modo de soberanas, colmo de la perfección. Pues no hay en el mundo un malvado que guardan como esclavos sujetos a un duro trabajo a las nueve no pueda encontrar otros malvados más viles que él en algún décimas partes del género humano. Y todo porque se las ha sentido y, por consecuencia, encontrar razones para enorgullecerse humillado, privándolas dé derechos iguales a los nuestros. Y

y sentirse satisfecho. En este caso estaba yo. No me casé por el entonces se vengan explotando nuestra sensualidad y atrapándonos dinero: el interés no entró por nada en ese asunto; no hice como la en sus redes. Sí, a eso se reduce todo. Las mujeres se han mayoría de mis conocidos, que se han casado por el dinero o por transformado a sí mismas en un arma tal para dominar los emparentar con ciertas familias. En primer lugar, yo era rico y ella sentidos, que un hombre ya no puede permanecer sereno en su pobre. Otra cosa de la que me enorgullecía era mi firme intención presencia. En el momento en que un hombre se acerca a la mujer, de vivir como monógamo después de la boda, cuando los demás se inmediatamente queda bajo el influjo de ese opio y pierde la casaban pensando continuar la vida polígama que habían llevado cabeza. Desde hace mucho me sentía yo desasosegado cuando antes de casarse. Y mi orgullo de esto no tenía límites. Sí, era yo veía una señora bien aderezada, en traje de baile, pero ahora esa un verdadero cochino, pero me imaginaba un ángel. Mi época de vista me causa pura y simplemente terror. Veo algo peligroso para novio no fue larga. No puedo acordarme sin vergüenza de ese los hombres, algo contrario a las leyes, y me dan tentaciones de período. ¡Qué abominación! Quedamos, pues, en que el amor es llamar a un guardia, de pedir protección contra el peligro, de un sentimiento espiritual y no sensual. Entonces, si el amor es algo reclamar que se quite de en medio aquel objeto peligroso. Usted se espiritual, tal comunidad de espíritu deberá expresarse en palabras, ríe —me gritó—, pero el asunto no tiene nada de gracioso. Estoy en las conversaciones. Nada de eso. Nos era sumamente difícil seguro que ha de venir un día —y quizá no esté lejos— en que se hablar a solas. ¡Qué trabajo de Sísifo! Apenas discurríamos algo asombrará la gente de que haya podido existir una sociedad donde que decir, y nos comunicábamos, vuelta a callar y a ponerse en se permitan hechos tan atentatorios contra la tranquilidad pública busca de asuntos nuevos. No teníamos nada que decirnos. Cuanto como el de adornarse el cuerpo de la manera que se les permite a pudiéramos decir sobre la vida que nos esperaba, sobre nuestra las mujeres para provocar la sensualidad de los hombres. Es lo casa y nuestros planes, todo estaba dicho. ¿Y ahora qué? De ser mismo que

animales, hubiésemos sabido que no teníamos que hablarnos; pero, entre nosotros, era forzoso hablar, sin ocurrírsenos de qué, apelando a mi testimonio. "Pregunten ustedes al señor si vale la porque lo que nos embargaba a los dos no era cosa que se pena de verse... ¡Pasen ustedes, pasen; un franco por persona!" Y

resolviese en palabras. ¡Y, por remate de cuentas, esa costumbre me dio vergüenza responder que no valía la pena ver el estúpida de comer golosinas, esa glotonería brutal de los dulces, espectáculo y es probable que el dueño contaba con ello. Eso esos abominables preparativos de boda, esas discusiones sobre la mismo debe ocurrir con las personas que han experimentado todas casa, las alcobas, las camas, los peinadores, las batas, la ropa las abominaciones de la luna de miel y no desilusionan a los blanca, los vestidos! Comprende usted que para el que se casa, demás. Yo tampoco desilusioné a nadie, pero ahora no veo por qué según el Domostroy, como decía ese viejo, ¡claro!, almohadones callar la verdad. Hasta creo que es imprescindible decir la verdad de pluma, ajuar, camas, todas esas cosas son pormenores que sobre esto. Es molesto, vergonzoso, repugnante, lastimoso, y, acompañan el sacramento. Mas entre nosotros, cuando de cada sobre todo, aburrido. Es algo así como lo que experimenté cuando diez que se casan, a duras penas se encuentra uno que crea, no empecé a fumar; ganas de vomitar, babeaba y me tragaba la saliva, digo yo en el sacramento, sino simplemente que el matrimonio fingiendo sentir placer. El placer de fumar, como el placer presenta cierta obligación, cuando entre cien hombres apenas hay amoroso, si llegan a sentirse, es después; hace falta que los uno que no se haya casado antes, y apenas uno entre cincuenta que esposos logren la educación de ese vicio para que sientan un goce no esté decidido a engañar a su mujer en cada oportunidad, cuando en él.

la mayoría mira ese viaje a la iglesia como una condición

—¿Cómo, vicio? —dije—. ¡Pues si está usted hablando de una de necesaria para poseer cierta mujer: ¡considere usted la las cosas más naturales!

significación horrible que adquieren desde entonces esos

—¡Naturales! —exclamó—. ¿Naturales? No, le diré, al contrario, pormenores! Resulta que todo el asunto se reduce sólo a esto. Que que llegué a la conclusión de que es innatural. Sí, completamente todo es algo así como una venta. A un libertino se le vende una innatural. Pregunte a un niño; pregunte a una joven no joven inocente, rodeando la venta de ciertas formalidades.

corrompida. Mi hermana se casó muy joven con un hombre que tenía el doble de su edad, y que era profundamente corrompido.

Me acuerdo de nuestra sorpresa la noche de bodas, cuando la XI

vimos pálida y bañada en lágrimas, huir de él, temblando con todo su cuerpo y diciendo que por nada del mundo podía siquiera decir

—Así se casan todos, y yo me casé así, y empezó la famosa luna lo que aquel hombre quería de ella. ¡Y usted dice natural! Natural de miel. El nombre sólo, ¡qué asqueroso es! —silbó Posdnichev es comer. Comer es alegre, fácil, y no vergonzoso, desde el con cólera—. Un día estaba yo por París visitando los espectáculos principio; ¡pero eso es repugnante, da vergüenza, causa dolor! No.

de feria, y entré en uno, seducido por la muestra, para ver una

¡Que ha de ser natural! Me he convencido de que a una muchacha mujer barbada y un perro marino. Resultó que la mujer no era más no corrompida le inspira siempre horror.

que un hombre en traje escotado, y el can un perro común que

—Pero ¿cómo se propaga el género humano? —dije yo.

nadaba en un baño, vestido de una piel de foca. No había, pues,

—¡Ah, sí!, que no vaya a desaparecer el género humano —dijo nada de interés; pero el exhibidor me acompañó a la salida muy con cólera e ironía, como si hubiera esperado esta objeción harto cortésmente, y se dirigió al público aglomerado a la puerta, conocida y de mala fe—. Si uno predica la abstinencia de la procreación para que los lores ingleses siempre puedan atracarse a hombres se unirán, el fin de la humanidad habrá sido alcanzado y sus anchas, está bien. Si uno predica la abstinencia de la no tendrá ya para qué vivir. Pero mientras la humanidad exista, procreación para tener más placeres, está bien; pero si uno se tendrá delante de sí un ideal y, desde luego, no el ideal de los atreve a decir una sola palabra aconsejando la abstinencia de conejos o los chanchos, de multiplicarse lo más posible, ni procreación en nombre de la moral, ¡Dios mío, qué gritos! El tampoco el de los monos o de los parisienses de disfrutar con todo género humano se siente en peligro porque unos cuantos hombres refinamiento de los placeres de la pasión sexual, sino el ideal del quieren cesar de ser puercos. Pero, discúlpeme. Me molesta esta bien que se alcanza por la abstinencia y la pureza. Es a este ideal luz, ¿puedo taparla? —dijo, indicando el farol. Contesté que me que han aspirado siempre los hombres y al que siguen aspirando.

era igual y entonces subió en el banco, apresuradamente como Pero fíjese usted en las consecuencias. Resulta que el amor sexual todo lo que hacía, y bajó la cortina de lana del farol.

es una válvula de seguridad. Si la generación que vive actualmente

—Sin embargo —dije yo—, si todos tomaran esto por ley, el no ha alcanzado el objeto final de la humanidad, es únicamente género humano dejaría de existir. Demoró en contestar.

porque tiene pasiones, y la más fuerte de ellas: la pasión sexual.

—¿Usted pregunta cómo se perpetuaría el género humano? —dijo, Pero si hay pasión sexual, nace una nueva generación, es decir, sentándose otra vez frente a mí, las piernas muy separadas y que aparece una nueva posibilidad de alcanzar este fin. Si no lo apoyándose los codos en las rodillas—. Pero, ¿para qué ha de alcanza la nueva generación, viene otra más y así hasta que se perpetuarse el género humano?

alcance el fin y se cumpla la profecía de la unión de los seres

—¿Cómo, para qué? Porque de otro modo no existiríamos.

humanos. De no ser así, ¿qué es lo que sucedería? Si admitimos

—¿Y para qué tenemos que existir?

que Dios

—¿Para qué? Para vivir.

ha creado a los hombres para que alcancen un objeto definido, los

—¿Y por qué vivir? Si no hay ningún fin, si la vida nos ha sido habría creado o mortales sin pasión sexual, o eternos. Si fuesen dada por sí misma, no hay para qué vivir. Y si es así, entonces los mortales, pero sin la pasión sexual, ¿qué es lo que sucedería?

Schopenhauer, y los Hartmann, y también todos los budistas Vivirían y, sin haber alcanzado el fin, morirían, y para alcanzar el tienen completamente razón. Pero si la vida tiene un objeto, es fin Dios hubiera tenido que crear a nuevos hombres. Si, al claro que debe cesar una vez alcanzado este objeto. Y así sucede contrario, hubieran sido eternos, supongamos (aunque es más

—Hablaba con agitación y se veía que estaba muy apegado a su difícil a los mismos hombres y no a generaciones nuevas corregir pensamiento—. Y así sucede. Observe usted: si el fin de la sus errores y aproximarse a la perfección), supongamos que humanidad es el bien, la felicidad, el amor —como quiera—, si el alcanzaran el fin después de muchos miles de años; fin de la humanidad es lo que dice la profecía: pero entonces, ¿para qué seguirían viviendo? Y ¿qué hacer con que todos los hombres han de unirse en el amor, que las lanzas ellos? No, lo mejor es justamente que las cosas sean como son.

serán fundidas para hacer guadañas, etc., entonces ¿qué es lo que Pero tal vez no le gusta esta forma de expresar mi pensamiento.

impide alcanzar este fin? Lo impiden las pasiones. Entre las

¿Tal vez es usted un evolucionista? Pero aun así resulta lo mismo.

pasiones, la más fuerte, mala y obstinada es el amor sexual, carnal, La especie superior de animales —la raza humana—, para y por eso si se aniquilan las pasiones y la última entre ellas, la más mantenerse en su lucha contra los demás animales, debe unirse, fuerte, el amor carnal, entonces se cumplirá la profecía, los como lo hacen las abejas, y no proliferar ad infinitum; debe, igual como las abejas, producir seres asexuales, es decir, que tercero o cuarto día encontré a mi mujer deprimida y le pregunté la debe aspirar otra vez a la abstinencia, pero de ninguna manera a razón, empecé a abrazarla, que era, en mi sentir, cuanto ella podía esa exasperación de la lubricidad, a la que tiende toda la estructura desear; pero apartó mi mano y se echó a llorar. ¿Por qué? No supo de nuestra vida. —Calló un rato—. ¡El género humano decírmelo. Estaba triste y angustiada. Probablemente sus nervios desaparecerá! Pero ¿es posible que exista alguien, cualquiera que torturados le habían sugerido la verdad sobre la ignominia de sea su modo de encarar la vida, que pueda dudar de esto? ¡Si esto nuestras relaciones, pero no sabía decirlo. Seguí apurándola a es tan indudable como la muerte misma! Todas las religiones preguntas, y entonces me respondió que echaba de menos a su enseñan que debe venir la muerte y todas las deducciones madre. Me pareció que no decía la verdad. Traté de consolarla, científicas también demuestran que es inevitable. Entonces, ¿qué guardando silencio sobre su madre. No comprendí que estaba hay de temible si la enseñanza moral llega al mismo resultado?

simplemente deprimida y que su madre no era más que un Se calló largo rato después de esto, terminó de fumar su cigarrillo pretexto. Pero ella en seguida se ofendió porque no había y sacó nuevos de su bolsa, colocándolos en su vieja cigarrera mencionado a su madre, como si no la hubiese creído. Me dijo que manchada.

veía que no la quería. Entonces la tildé de caprichosa y de pronto

—Comprendo su idea —dije—, los shakers afirman algo su rostro cambió: en vez de tristeza expresó irritación y empezó a semejante.

reprocharme, en palabras punzantes, mi egoísmo y crueldad. La

—Sí, sí, y tienen razón —dijo—. La pasión sexual, bajo cualquier miré. Todo su semblante expresaba la más completa frialdad y forma, es un mal terrible, contra el cual hay que luchar y no hostilidad, casi odio hacia mí. Me acuerdo cómo me espanté al fomentarlo como sucede entre nosotros. Las palabras del verlo. "¡Cómo! ¡Qué! —pensaba yo—. ¡El amor es la unión de las Evangelio de que toda persona que mire una mujer con deseo ya almas y en vez de ello resulta estol Pero ¡no puede ser, no es ella!"

comete el adulterio con ella, no se refieren únicamente a las Procuré calmarla, pero golpeé contra un muro tan infranqueable de mujeres de otros, sino justamente y en primer lugar a su propia hostilidad y frialdad que, sin reflexionar, me dejé arrastrar también mujer.

yo a una viva irritación y nos dijimos un montón de cosas desagradables. La impresión de este primer altercado fue terrible.

XII

Lo llamo altercado, pero no fue un altercado, sino que era el descubrimiento del abismo que en realidad había entre nosotros.

—Pero en nuestro mundo sucede exactamente lo contrario: si es El amor se había agotado con la satisfacción de la sensualidad, y que algún hombre, de célibe, ha pensado en la abstinencia, nos veíamos frente a frente en nuestra verdadera situación, como casándose, cada uno estima que ahora ya no hace falta ninguna dos egoístas completamente extraños el uno para el otro, que abstinencia. Estos viajes después de boda, la soledad que buscan tratan de procurarse mutuamente el máximum de goces. Llamé los recién casados con la autorización de los padres, ¿qué son sino altercado lo que había sucedido entre nosotros, pero no fue un la autorización a la depravación? Pero la ley moral se venga cada altercado, sino que, como le dije, una vez aplacada la vez que se la viola. Por más que me esforcé en arreglarme una voluptuosidad nuestras verdaderas relaciones se ponían de luna de miel, no lo conseguí. Todo el tiempo sentía asco, manifiesto. Yo no comprendí que esa hostilidad tría era nuestro vergüenza y aburrimiento. Empezó muy pronto. Creo que en el estado normal, porque en los primeros tiempos se vio ocultada por una nueva oleada de sensualidad, es decir, de enamoramiento. Creí presentí desde las primeras semanas que estaba perdido, que lo que habíamos peleado, que habíamos hecho las paces y que que me sucedía no era lo que había esperado y que el matrimonio aquello no volvería a ocurrir. Pero en esa misma luna de miel vino no sólo no es una felicidad, sino que es algo muy penoso, pero, otro período de saciedad en que dejamos de ser necesarios el uno como todo el mundo, me negué a admitirlo (y aún ahora no lo al otro, y estalló una nueva discordia. Esta segunda riña fue ,aún admitiría, a no ser por el desenlace), y lo ocultaba no solamente a más penosa que la primera. "No era, pues, una cosa fortuita, la los demás sino a mí mismo. Ahora me sorprende no haber visto mi primera, sino que así hubo de ser y así seguirá siendo", pensé. El verdadera situación. Y, sin embargo, no era difícil, pues las segundo altercado me dejó más suspenso, cuanto que de una causa contiendas se originaban por motivos tan fútiles que era imposible completamente increíble: algo relacionado con dinero, que yo recordarlos después. La razón no llegaba a confeccionar motivos nunca había economizado, ni mucho menos para mi mujer. No suficientes para nuestra constante hostilidad. Pero todavía más recuerdo sino que retorció de tal modo una observación que le extraordinaria era la insuficiencia de los motivos de dirigí, que resultó que yo me proponía dominarla por medio del reconciliación. Algunas veces, sí, mediaban palabras, dinero, en el que fundaba mi derecho exclusivo sobre ella; en fin, explicaciones y hasta lágrimas; pero otras.. . ¡Ah!, hasta ahora una sandez y una bajeza superlativa, que no estaba en mi carácter recuerdo con amargura: después de las palabras más crueles, de ni en el suyo. Me irrité, la acusé de falta de delicadeza, me silencios repentinos, llegaban los besos, los abrazos...

devolvió la acusación y estalló la disputa. En sus palabras, en la

¡Abominación! ¿Cómo no veía entonces esta vileza?

expresión de su semblante, en sus ojos, volví a notar aquella hostilidad fría y cruel que ya antes me había herido tan hondamente. Me ha sucedido reñir con un hermano, con amigos, XIII

con mi padre, pero nunca medió entre nosotros esta inquina feroz.

Pasó algún tiempo; nuestro odio recíproco cedió bajo un nuevo Entraron dos pasajeros y se instalaron en un banco alejado. Calló flujo de enamoramiento, es decir de sensualidad, y volví a mientras se instalaban, pero en cuanto lo hubieron hecho, consolarme, diciéndome que esas dos escenas eran faltas continuó, y era evidente que ni por un instante había perdido el reparables. Pero a la tercera, a la cuarta vez, comprendí que no era hilo de su razonamiento.

una simple casualidad, que así debía ser y así seguiría, y me

—Pues lo que me parece más vil que todo —empezó—, es que se espanté de lo que me aguardaba. Además, me torturaba el horrible presume en teoría que el amor es algo ideal, elevado, mientras que pensamiento de que era yo el único que vivía tan mal con su en la práctica el amor es algo degradante, porcino, de lo que mujer, de un modo tan distinto de lo que había esperado, y que repugna hablar y acordarse. Por algo la naturaleza hizo de modo tales cosas no ocurrían en los demás matrimonios. Ignoraba que que resulte innoble y vergonzoso. Entonces, si es innoble y eso era el destino común, aunque todos se figuran, como yo, que vergonzoso, hay que tomarlo así. Pero por lo contrario la gente es una desgracia reservada a ellos solos y ocultan finge bello y elevado lo innoble y vergonzoso. ¿Cuáles fueron los descuidadamente esta vergonzosa desgracia no sólo a los demás, primeros síntomas de mi amor? Me entregué a bestiales excesos, sino que no se la confiesan a sí mismos. El mal iniciado desde los no sólo sin bochorno, sino hasta con no sé qué orgullo, no primeros días fue acentuándose cada vez más. En mis adentros pensando del todo en la vida espiritual de mi mujer y ni siquiera en su vida física. ¡Me asombraba del origen de nuestra hostilidad y deba ser a un mismo tiempo una embarazada, una nodriza y una estaba tan a la vista sin embargo! No era otra cosa que una amante, es decir, aquello a lo que no se rebaja ningún animal. He protesta de la naturaleza humana contra

aquí por qué tenemos la histeria, los nervios, y en las aldeas las la bestia que la oprimía. Me sorprendía nuestro odio mutuo, pero

"poseídas". Note usted que entre las jóvenes puras no hay no podía suceder otra cosa. Aquel odio era el odio recíproco de los poseídas, sino sólo entre las mujeres casadas que viven con sus cómplices de un crimen, cómplices en la iniciación y en la maridos. Así sucede entre nosotros y así también en Europa.

ejecución. ¿No es un crimen que, habiendo quedado la pobrecita Todos los hospitales de enfermos histéricos están llenos de encinta el primer mes, siguiese adelante nuestro comercio de mujeres que transgreden la ley de la naturaleza. Pero las poseídas cerdos? Usted se figura que me expando de mi relato. Nada de y las clientes de Charcot son seres completamente perdidos, eso. Continúo refiriéndole cómo maté a mi mujer. Durante el mientras el mundo rebosa de mujeres medio inválidas. ¡Piense proceso me preguntaron con qué arma maté a mi mujer.

usted qué obra tan grande se cumple en la mujer después de la

¡Imbéciles! Creen que la maté entonces, con un cuchillo, el cinco concepción o durante la lactancia! Crece .el ser que ha de de octubre. La había matado mucho antes, de la misma manera en reemplazarnos, y esa obra santa se entorpece, ¿por qué? ¡Horroriza que matan ahora ellos, todos, todos.

pensarlo!... ¡Y luego se habla de libertad y de los derechos de la

—¿Y cómo? —pregunté.

mujer! Es como si los antropófagos, que ceban a sus prisioneros

—He ahí lo más asombroso. Que nadie quiere saber cosas tan antes de devorarlos, les asegurasen a la vez que se preocupan de claras y evidentes que los médicos deberían conocer y predicar, en sus derechos y de su libertad. Esto era algo nuevo y me vez de callarlas como lo hacen. El hombre y la mujer han sido impresionó.

creados como los animales, de modo que después del acto de amor

—Pero si es así —dije, resulta que uno puede amar a su mujer sólo empieza el embarazo, luego, la lactancia; estados en los que tanto una vez cada dos años. Y como el hombre...

para la mujer como para el hijo el amor carnal es dañino. El

—El hombre necesita... —interrumpió—. Ya sé. Los queridos número de las mujeres es igual al de los hombres, ¿Qué se deduce sacerdotes de la ciencia los han persuadido a todos. Ya les daría yo de esto? Parece claro. Y no hace falta gran sabiduría para llegar a a los tales pontífices el trabajo de esas mujeres, que en su sentir la conclusión a que llegan los animales, es decir, la abstinencia.

son tan necesarias al hombre. ¿Qué dirían entonces? Asegure Pero no. La ciencia llegó a descubrir no sé qué leucocitos que usted a los hombres que tienen necesidad de aguardiente, de corren por la sangre y otras tonterías inútiles, pero no pudo tabaco, de opio,'y todo esto se hará indispensable. Resulta que comprender esto. Por lo menos, no se oye que se lo diga.

Dios no sabía lo que era necesario y, sin pedir su parecer a los Entonces, a la mujer le quedan dos soluciones: la una convertirse sacerdotes de la ciencia lo arregló mal. ¡Hay que ver! Las cosas no en monstruo, destruir de una vez o a medida de las necesidades de cuadran. El hombre necesita, según han decidido ellos, satisfacer ser mujer, es decir, madre, para que el hombre pueda gozar su lubricidad, pero aquí tropezamos con el nacimiento y la tranquila y constantemente, y la otra, que no es en realidad una lactancia de los hijos, que son un estorbo para la satisfacción de solución, sino una simple y grosera transgresión de las leyes de la esta necesidad. ¿Qué hacer entonces? Pues dirigirse a los naturaleza, que se comete en todas las sedicientes familias sacerdotes consabidos, que ellos lo arreglarán todo, y .en efecto, lo honradas, y que consiste en que la mujer, contra su naturaleza, han arreglado. Pero, señor, ¿a qué se aguarda para desenmascarar a esos canallas con todas sus mentiras? ¡Ya es hora! ¡Ya llegó nueva educación de la mujer. Todo eso no son más que vanas hasta lo último; la gente se vuelve loca, se dispara pistoletazos, y palabras. La educación de la mujer corresponde exactamente a la todo por eso mismo! Y ¿cómo ha de ser de otro modo? Los verdadera y franca concepción que impera generalmente acerca de animales, como si supieran que la descendencia perpetúa su ella. Y la educación de la mujer siempre corresponderá al especie, siguen cierta ley en este punto. El único que no conoce, ni concepto que de ella tiene el hombre. Repare usted que en nuestra quiere conocer la ley, es el hombre. No se preocupa sino de tener sociedad todo el mundo profesa la idea de que la mujer sirve al el máximun de placer. Y ¿quién es el autor de todo esto? ¡El rey placer del hombre. Wein, Weib una Gesang, así dicen en sus de la naturaleza!... ¡el hombre! Note usted que los animales no se versos los poetas. Fíjese usted en toda la poesía, toda la pintura, aparean más que cuando pueden reproducirse, y el innoble rey de toda la escultura, empezando por los versos amorosos y las Venus la naturaleza lo hace en todo tiempo, con tal que sea agradable. Y

y Frinés desnudas, y verá que la mujer es un instrumento de goces.

no contento de esto, eleva esa ocupación de mono al ideal de todo Eso sucede igual en "Truba" o "Grachevka" 5 y en los bailes de la lo creado: ¡al amor! En nombre de tal amor, corte. Y vea hasta dónde llega la astucia del diablo: si es goce, es decir, de tal indecencia, hace perecer a la mitad del género placer, entonces que se sepa que es placer, que la mujer es un rico humano. En nombre de sus placeres, hace de las mujeres, que manjar. Pero no: los caballeros de antaño decían que la deificaban deberían ayudarlo en el movimiento de la humanidad hacia la (la deificaban, pero, sin embargo, la miraban como un instrumento verdad y el bien, enemigos en vez de auxiliares. ¿Quién retrena, si de goce); ahora aseguran que la estiman. Unos le ceden el puesto, no, el movimiento progresivo de la humanidad? La mujer. ¿Por otros le recogen el pañuelo, otros le reconocen el derecho de qué? Por lo que he dicho, y por eso sólo. Sí, sí —repitió varias ocupar todos los empleos públicos, de intervenir en el gobierno, veces, y se movió para alcanzar sus cigarrillos y fumar, en el etc.. etc. Pero a despecho de todo, queda en pie el punto esencial: deseo evidente de calmarse.

la mujer es un objeto de goce. Y ella lo sabe. Es lo mismo que la esclavitud. Pues la esclavitud no consiste sino en la explotación del trabajo obligatorio de los unos para el goce de los otros. Si no XIV

ha de existir la esclavitud, es preciso que la gente rehuse a disfrutar del trabajo obligatorio de otros y mire tal disfrute como

—Así vivía, como un cerdo —continuó otra vez en el tono un pecado o una vergüenza. Lo que hoy sucede es que se ha anterior—. Y lo peor es que viviendo tan mal, me imaginaba que abolido la forma exterior de la esclavitud, que se han suprimido por el solo hecho de no dejarme seducir por las otras mujeres y de los actos de venta de esclavos y con eso se imaginan y se aseguran llevar una vida honrada de familia, era un hombre moral y no tenía a sí mismos que la esclavitud ha dejado de existir. No ven y no ninguna culpa, y que si teníamos riñas la culpa era de mi mujer, de quieren ver que sigue existiendo, puesto que la gente no ha su carácter. Pero es evidente que ella era inocente. Era como todo perdido el deseo de aprovecharse de la labor ajena. Y mientras el mundo, como la mayoría. La habían educado según lo exige la esto se considere como un bien, nunca faltarán seres más fuertes o posición de la mujer en nuestra sociedad, es decir, como se educa más astutos que sabrán hacerlo. Lo mismo pasa con la sin excepción a todas las niñas de nuestra clase rica y como no emancipación de la mujer. La servidumbre estriba únicamente en pueden menos de ser educadas. Oímos reflexiones sobre no sé qué 5 Barrios de mala fama de Moscú.

el hecho de que se quiere y se estima usar de ella como de un hijos, ocurrió que el primero de ellos no andaba bien. Los instrumento de placer. He aquí que emancipan a la mujer, le dan médicos, que la desnudaron cínicamente y la manosearon por toda clase de derechos iguales a los del hombre, pero siguen todas partes, y a quienes debí pagar y dar las gracias por esos mirándola como medio de goce, y así se educa desde niña y en la servicios, los inefables médicos, opinaron que no debía criar, y se opinión pública. Así sigue siempre humillada y corrompida y el vio privada momentáneamente del único remedio contra la hombre siempre queda su amo corrompido. Se emancipa a las coquetería. Acabó de lactar a nuestro primogénito un ama; es mujeres en las universidades y en las Cámaras, pero se sigue decir, que nos prevalimos de la pobreza, de la necesidad y de la mirándolas como instrumentos de placer. Enseñadlas a mirarse ignorancia de una mujer para robar a su criatura en beneficio de la como tales, según hacemos nosotros, y seguirán siendo siempre nuestra, y al efecto le pusimos un kokoschinik con galones. Pero seres inferiores. Y entonces, una de dos: o con ayuda de un no es ésta la cuestión. La cuestión es que se despertó en mi mujer médico canalla tratarán de prevenir la concepción del hijo y serán la coquetería, adormecida durante el embarazo y la lactancia. Y

unas completas prostitutas, rebajadas no al nivel de un animal, con ella reavivó en mí con fuerza extraordinaria los tormentos de sino al de un objeto, o serán lo que son en la mayoría de los casos, los celos, que no dejaron de torturarme durante toda mi vida de unas psicópatas, unas míseras histéricas, sin posibilidad de casado, como no pueden dejar de torturar a todos los esposos que desarrollo espiritual. Esto no pueden cambiarlo ni los colegios, ni viven con sus mujeres como vivía yo, es decir, inmoralmente.

las universidades. La única cosa que podría cambiarlo sería un cambio de la opinión del hombre sobre la mujer y de la mujer sobre sí misma. Pero esto sucederá tan sólo cuando la mujer XV

considere la virginidad como un estado superior y no, como ahora, una vergüenza y una deshonra. Pero hasta tanto, el ideal de toda

—Durante todo el tiempo de mi matrimonio, jamás cesé de sufrir muchacha, cualquiera que sea su educación, será siempre seducir las torturas de los celos. Pero hubo períodos en que las sufrí más el mayor número posible de hombres, de machos, para tener la intensamente. Uno de ellos fue después del nacimiento de nuestro posibilidad de la selección. Y eso de conocer un poco más de primer hijo, cuando los médicos le prohibieron criar. Me sentí matemáticas, o saber tocar el arpa, no ha de cambiar nada. La particularmente celoso en ese tiempo, primero porque mi mujer mujer es feliz y alcanza todo lo que desea cuando puede seducir a experimentaba esa inquietud propia de la madre, cuando se un hombre. Y por lo tanto el objeto principal de la mujer es interrumpe sin razón la marcha regular de la vida; y también, seducirlo. Siempre ha sido así y seguirá siéndolo. Eso sucede en la porque, notando la facilidad con que olvidaba sus deberes de vida de las muchachas en nuestro mundo y continúa durante el madre, concluí con razón, aunque sin darme cuenta de ello, que lo matrimonio. En la vida de las solteras es necesario para la mismo olvidaría el deber conyugal, máxime cuando iba selección, y en el matrimonio para dominar al marido. Sólo una perfectamente de salud, puesto que, a despecho de la prohibición cosa suprime, o interrumpe por tiempo, semejantes tendencias: los de los simpáticos doctores, crió a los otros hijos, y los crió hijos; y eso, cuando la mujer no es un monstruo; es decir, cuando admirablemente.

los cría ella misma. Pero también en esto se meten los médicos.

—Veo que no quiere usted mucho a los médicos —dije, notando Con mi mujer, que quería criar y que ha dado el seno a sus cinco el malísimo tono de voz de Posdnichev, siempre que hablaba de ellos.

trata tampoco de esto. Decía que mi mujer criaba bien a sus hijos,

—¡No se trata de quererlos o no quererlos! Han truncado mi vida, que la lactancia y la gestación calmaban el tormento de mis celos.

como han destruído y destruyen la de millares de cientos de miles Sin ello todo hubiera sucedido antes. Los hijos nos salvaron a ella de seres, y me es imposible no relacionar la consecuencia con la y a mí. En ocho años tuvo cinco. Y a todos, menos al primero, los causa. Me explico que quieran ganar dinero como los abogados y crió ella.

los demás; por mi parte, a gusto les hubiera dado la mitad de mis

—¿Y dónde están ahora sus hijos? —pregunté.

rentas; y, si se comprendiese lo que hacen, cualquiera en mi lugar

—¿Los hijos? —repitió con tono asustado.

estaría dispuesto a darles la mitad de lo que tiene, para que no se

—Discúlpeme, ¿tal vez le es penoso recordarlo?

inmiscuyesen en la vida del matrimonio, y se apartasen a mil

—No, no es nada. A mis hijos se los llevaron mi cuñada y su leguas de distancia. Yo no hago estadísticas, pero conozco decenas hermano. No me los dieron. Les entregué todo lo que poseía, pero de casos —en realidad son innumerables— en que han matado, ellos no me los dieron. Pues soy algo como un loco. Ahora me voy ora un niño en el seno materno asegurando que la madre no podía lejos de ellos. Los vi, pero no me los darán. Para que no los críe dar a luz (y la madre después ha tenido otros hijos perfectamente), distintos a sus padres. Tienen que ser iguales. Pero, ¡qué vamos a ora a las madres mismas, so pretexto de una llamada operación...

hacer! Es comprensible que no me los den y que no me crean.

Nadie ha tenido en cuenta semejantes asesinatos, como nadie ha Además, no sé si sería capaz de criarlos. Creo que no. Soy una tenido en cuenta los de la Inquisición, dando por supuesto que ruina, un inválido Tengo sólo una cosa. Yo sé. Sí, sé algo, estoy todo eso se hacía por el bien de la humanidad. ¡No se puede contar seguro que los demás tardarán aún mucho en saber. Sí, los hijos los crímenes cometidos por ellos! Pero todos sus crímenes son viven y crecen tan salvajes como todos los que les rodean. Les vi, nada comparados con la desmoralización inmoral del materialismo les vi tres veces. No puedo hacer nada por ellos, nada. Me voy que introducen en el mundo particularmente por medio de las ahora a mi casa en el Sur. Ahí tengo una casita y un jardín. Sí, mujeres. No quiero hablar ahora de que, a seguir sus indicaciones, tardará la gente en saber lo que yo sé. Cuánto hierro hay y cuáles gracias a los peligros del contagio que ven en todo y en todas son los metales en el sol y en las estrellas, esto se puede aprender partes, la humanidad, en vez de tender a la unión, debería marchar pronto; pero es difícil, muy difícil conocer lo que revela nuestra a la desunión. Según sus doctrinas, todo el mundo debe aislarse, y infamia. Usted por lo menos me está escuchando; tan sólo de esto no apartar de la boca una jeringa de ácido fénico (aunque ahora le estoy agradecido.

salen con que ya eso no sirve). Pero ni siquiera esto importa. El veneno supremo es la perversión de las gentes, y sobre todo de las mujeres. Ahora ya no se puede decir: "Vives de mala manera; XVI

es preciso que vivas mejor", no cabe que se lo diga uno a sí mismo ni a los otros. Si vives de mala manera es por culpa del sistema

—Usted me recordó a los hijos. También acerca de los hijos, ¡qué nervioso o de algo semejante. Y hay que ir a consultarlos, y te terribles mentiras! Los hijos son una bendición de Dios, los hijos recetarán medicinas de la botica por valor de treinta y cinco son una alegría. Pero todo esto es mentira. Así fue antaño, ahora kopeikas, y tendrás que tragártelas. ¿Empeoras? ¡Pues vuelta a los no hay nada más de esto. Los hijos son una tortura, y nada más. La médicos, y vuelta a las medicinas! ¡Excelente negocio! Pero no se mayoría de las madres así lo sienten y a veces se les escapa decirlo con toda franqueza. Pregunte usted a la mayoría de las madres de enfermedades. Era un martirio para ella y también para mí. Y no nuestro mundo de gente acaudalada, les dirán que por miedo de podía menos de sufrir. Como la mayoría de las mujeres, la atraían que sus hijos puedan enfermarse y morir no quieren tenerlos; no los niños, tenía necesidad animal de alimentarlos, cuidarlos, quieren amamantarlos, si ya los tienen, para no tomarles cariño y protegerlos, pero no tenía lo que tienen los animales: ausencia de no sufrir. El deleite que les proporciona el niño por el encanto de imaginación y de razonamiento. La gallina no teme lo que puede esas manecitas, piececitos, de todo su pequeño cuerpo, el placer suceder a su pollito, no conoce todas las enfermedades que puede que da el niño es menor que los sufrimientos que causa, ya no digo padecer, no conoce todos los medios, con los que la gente se la enfermedad o la pérdida del hijo, sino el solo temor de la imagina poder salvarse de las enfermedades y de la muerte. Y los posibilidad de su enfermedad o muerte. Calculando las ventajas y hijos para ella, la gallina, no son una tortura. Hace para sus desventajas, resulta que no es ventajoso, y por consiguiente no pollitos lo que le es natural y placentero; los hijos son una alegría deseable, no tener hijos. Lo dicen francamente, imaginando que para ella. Cuando un pollito se enferma, su deber es muy claro: lo estos sentimientos provienen en ellas de su amor por los niños, es recalienta y le da de comer. Y haciendo esto, sabe que hace todo lo decir, de su sentimiento bueno y loable, del que se enorgullecen.

necesario. Si el pollito revienta, no se pregunta por qué ha muerto, No notan que razonando de este modo, niegan el amor y sólo ni adónde se ha ido, cloquea un rato y sigue viviendo como antes.

afirman su egoísmo. Reciben menos placer del encanto del niño Pero para nuestras desdichadas mujeres, y para mi mujer, no era que del sufrimiento del miedo por él, y por lo tanto no quieren así. Sin hablar de las enfermedades, oía de todos lados y leía un tener al hijo al que tomarían cariño. No se sacrifican ellas al ser sinnúmero de reglas diferentes y siempre cambiantes, sobre la querido, sino que sacrifican al ser que pudiera nacer. Es claro que mejor manera de cuidar y alimentar a los niños. Alimentar de tal o esto no es amor, sino egoísmo, pero uno no tiene el coraje de tal modo; no, no de éste, ni de aquel modo, sino así; vestir, dar de condenar a esas madres de las clases acaudaladas, cuando uno beber, bañar, acostar, pasear; acerca de todo ello nosotros, y recuerda todas las torturas que sufren, en nuestra vida de señores, principalmente ella, oíamos cada semana nuevas reglas. Como si por la salud de sus hijos, gracias siempre a los mismos médicos.

sólo ahora la gente hubiera empezado a procrear. Y con una Aún ahora me estremezco cuando recuerdo la vida y el estado de alimentación o manera de bañar distinta, o en otras horas, se espíritu de mi mujer en los primeros tiempos, con tres o cuatro enferma el niño; y resulta que nosotros tenemos la culpa, pues no hijos, que la absorbían enteramente. No teníamos vida propia.

hacemos lo que debía hacerse.

Sólo había un peligro eterno, del que uno se salvaba para caer en

"Así pasa cuando el niño está bien. Y esto no es una tortura. Pero otro y de nuevo hacer esfuerzos desesperados para salvarse, si se enferma, entonces, desde luego, empieza un verdadero situación análoga a la que se experimenta en una nave que está infierno. Se supone que la enfermedad puede curarse y que existe hundiéndose. A veces me parece que esto se hacía adrede; una tal ciencia y tales hombres —los médicos— que lo saben que ella fingía ansias por los hijos para subyugarme. ¡Así todas las todo. No todos, sino los mejores saben. Y entonces, cuando se cuestiones se decidían tan agradable y fácilmente en su favor! A enferma el niño, hay que dar con este mismo, el mejor, el que veces me parece que todo lo que ella decía o hacía en estos casos, salva, y entonces el niño está salvado; pero si no llega uno a lo decía y hacía a propósito. Pero no, ella misma sufría atrozmente encontrarlo, o si uno no vive donde vive ese médico, perece el y se torturaba a causa de los hijos, de su salud, de sus niño. Y ésta no era su creencia exclusiva, sino que es la creencia de todas las mujeres de su mundo, y de todos lados oye uno cosas que Vasia vomita, o Mascha evacuó con sangre, o Andrés tiene así: los dos hijos de Ekaterina Semiónovna han muerto porque no erupción; y todo esto está acabado, no hay más vida. ¿Adónde llamó a tiempo a Iván Zajárovich, pero en cambio Iván Zajárovich tiene uno que precipitarse, en busca de qué médico, cómo separar salvó a la hijita mayor de María Ivánovna; y en la familia de los a los niños? Y empiezan lavativos, temperaturas, medicinas y Petrov, siguieron el consejo del médico y se fueron todos a médicos. Apenas termina esto, empieza algo nuevo. No había vida distintos hoteles y quedaron con vida, mientras que otros no se familiar regular y firme. Había, como lo dije, aprensión constante fueron y los hijos murieron.Otra tenía un hijo débil, pero el de peligros reales e imaginarios. Así sucede ahora en la mayoría médico les mandó al mar y salvaron al niño. ¡Cómo no ha de de las familias. En mi familia sucedía con una intensidad especial.

torturarse uno e inquietarse toda la vida, cuando la vida de los Mi mujer quería mucho a sus hijos y era muy crédula.

hijos, a los que se quiere con un amor salvaje, depende de si se

"De manera que la presencia de los niños no sólo no mejoraba llega o no a saber a tiempo lo que dirá Iván Zajárovich! Pero lo nuestra vida, sino que la envenenaba. Aparte de esto, los niños que dirá Iván Zajárovich, no lo sabe nadie, y él menos que nadie, constituían un nuevo motivo de disputas. Desde que tuvimos hijos, pues sabe muy bien que no sabe nada y que no puede ayudar, sino y tanto más cuanto más crecían, precisamente estos mismos hijos que dice cualquier cosa al azar, con tal que la gente no deje de se volvieron medios y motivo de lucha. No sólo medio de lucha, creer que sabe algo. Si la mujer fuera completamente animal, no se sino también armas de combate. Era como si lucháramos el uno torturaría de este modo; si fuera completamente humana, tendría contra el otro con los hijos. Yo me valía más de Vasia, el mayor, fe en Dios y hablaría y pensaría como hablan los creyentes y las ella de Lisa. Por si era poco, cuando los niños llegaron a la edad mujeres del pueblo: "Dios me lo dio, Dios me lo quitó; no puede en que se define el carácter, vinieron a convertirse en aliados, que uno escapar a la voluntad de Dios". Pensaría que la vida y la cada uno procuraba tener de su parte. Los pobres sufrían mucho muerte de todos los hombres, sin exceptuar a sus propios hijos, con eso, pero nosotros, con nuestra guerra sempiterna, no están fuera del poder humano y sólo en el poder de Dios, y teníamos la cabeza para pensar en ellos. La niña era partidaria mía, entonces no se torturaría pensando que estaba en sus manos evitar y el varón mayor, que se parecía a ella y era su favorito, a menudo las enfermedades y la muerte de los hijos, y que no lo hizo. La se me volvía odioso."

situación para ella era, pues, la siguiente: le han sido entregados seres lo más frágiles, sometidos a innumerables padecimientos.