La Violación de Lucrecia por William Shakespeare - muestra HTML

TOME EN CUENTA: Esta es una vista previa en HTML y algunos elementos como enlaces o números de página pueden ser incorrectos.
Para la versión completa, descargue el libro en PDF, ePub, Kindle
index-1_1.png

index-1_2.png

William Shakespeare

Desde la sitiada villa de Ardea, a toda prisa

conducido por las pérfidas alas de un infame deseo, el

LA VIOLACION DE LUCRECIA

impúdico Tarquino abandona el ejército romano y

lleva hacia Colatio el fuego sin luces

que, oculto bajo pálidas cenizas, acecha el momento de

lanzarse

y ceñir con ardientes llamas la cintura

del dulce amor de Colatino, la casta Lucrecia.

Quizás este renombre de «casta» infelizmente aguzó el

no embotado filo de su vehemente deseo,

cuando Colatino, imprudentemente, no dejó de

alabar la incomparable mezcla de rosa y blanco

que triunfalmente fulgía en aquel firmamento de su

felicidad

donde luces mortales, tan brillantes como las bellezas del

cielo,

para él solo reservaban, en sus puros aspectos, peculiares,

encantos.

Porque había sido él mismo, en la tienda de Tarquino, la

noche anterior,

quien había descubierto el tesoro de su feliz estado, la

incalculable riqueza que le habían concedido los cielos

al poseer a su bella consorte

cotizando su fortuna a precio tan elevado

que podían los reyes desposarse con más glorias pero

ni el rey ni par con dama tan sin par.

¡Oh, dicha gozada por pocos,

y que, apenas es poseída, se evapora y termina como el

plateado rocío de la mañana que se funde ante el

dorado resplandor del sol!

¡Plazo que expira, cancelado antes de haber comenzado! El

Digitalizado por

honor y la belleza, en los brazos de su poseedor, tienen

http://www.librodot.com

débiles defensas contra un mundo de perfidias.

Librodot