La Extraña Casa de Ronney Fischer por Yolanda Pinto - muestra HTML

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YOLANDA PINTO

--Ronney volvió a accionar un botón del mando que tenía sobre la mesa rectangular y en

cuestión de instantes apareció Amanda.

--Dígame Sr, dijo educadamente Amanda.

--¿Está la comida ya lista Amanda?

--Sí señor, sólo queda servirla en las bandejas, en cuestión de minutos la tendrá aquí.

--Muy bien, Amanda, prepara para comer la mesa del porche, la Sra. y yo comeremos hoy

en el porche, y traelé un cenicero a la Sra.

--Está bien Sr., todo estará listo en seguida, Walter le servirá como siempre.

Jenny escuchó el nombre de Walter, pudo intuir que además de ama de llaves, cocinero,

Ronney tenía un camarero, Amanda dijo que Walter sirviría la comida como siempre.

Jenny antes de que apareciera Amanda con el cenicero, recordó la técnica aquella a la

que Ronney respondíó protegiéndola cuando estaba con ella en la habitación del club,

cuando ella rompió a llorar y se puso las manos en cuenco confesándole de que era

infeliz con la vida que llevaba, sabía por tanto que Ronney era un tio compasivo y era ese

el camino que ella debía de seguir astutamente para ablandar su corazón y metérselo en

el bolsillo.

Bueno dijo Ronney, cuentamé algo de tu vida pasada ¿Nunca te enamoraste, no viviste

con ningún novio?

--Sí claro varias veces tuve relaciones comprometidas, pero todo salió mal. Siempre me

han fallado los hombres de los que me he enamorado, creo que fui demasiado sumisa.

--Sí dijo Ronney, parace ser una ley universal, por algo extraño que debe de haber en el

ambiente todos estamos condenados al fracaso.

--La última vez que confié en un hombre todo parecía muy bien al principio.

--Sí suele pasar, dijo Ronney mientras volvía a llenarse la copa de whisky.

--Sí, dijo Jenny, pero el cambio fue bestial cuando ya sabía que me tenía atrapada

sentimentalmente, se llamaba Frank, y el muy hijo de puta cuando llegaba a casa sin venir

a cuento ni tan siquiera saludarme me daba una bofetada en la cara, así, sin más.

--Era agresivo, dijo Ronney. ¿Pero qué explicación te daba?

--Bueno teníamos muchas peleas por su comportamiento, por sus celos, pero cuando ya

podía hablar con él, me decía que había sido maltratado de pequeño por su padre, y que

ahora él tenía este comportamiento extraño con las mujeres a las que amaba. Una y otra

vez me convencía con sus argumentos, pero la cosa fue a peor.

--¿En serio? Dijo Ronney. No sé cómo podías aguantar Jenny.

--Creo que llevaba a raja tabla el proverbio chino ese que dice: “ Cuando vuelvas a casa,

pega a tu mujer, porque tú no sabes lo que has hecho, pero ella seguramente sí”, dijo

Jenny, creo que era una forma de te chillo yo para que tú no me chilles ¿comprendes?

--Sí claro, dijo Ronney pero te estaba humillando.

--Lo amaba, dijo Jenny, él me decía que necesitaba ayuda, que lo ayudase a curarse de

esa actitud.

--Pero no quería ir a visitar a ningún psicólogo y su comportamiento cada vez era más

agresivo, de las bofetadas en la cara cuando llegaba pasó a sumarle patadas sin sentido,

como el que pega a un balón de reglamento porque le apetece.

--Yo ya estaba cansada, lo quería, pero me estaba lesionando todo el cuerpo, estaba

perdiendo mi autoestima Ronney.

--Es normal, yo jamás pondría las manos encima de una mujer, es algo muy bajo.

--Ronney, dijo Jenny pero tú eres un caballero, tienes dinero, estabilidad, la gente tiene

traumas, malas vidas en la infancia y luego lo paga el que está con ellos en la edad

adulta.

--Pues como te decía Ronney, el muy bastardo llegó una noche de jugar al poker, creo

que era un martes, porque se reunía con sus amigos en una casa los martes y los viernes

y allí se quedaban jugando hasta las 4 o 5 de la madrugada, bebiendo, fumando. Cuando

llegó yo me estaba duchando, estando con él llegué incluso a dejar el club, pero el tio al

ver a las horas de la madrugada en que me dio por ducharme se emparanoió pensando

que había vuelto a estar con algún cliente ¿comprendes? , se encabritó tanto que me

sacó de la ducha desnuda agarrándome de los pelos, me arrastró por el salón y me sacó

al rellano de la escalera totolmente mojada y desnuda. No me dejaba entrar por más que

me estaba dejando las palmas de las manos y los nudillos en la puerta de tanto golpearla.

¡¡Frank, cabrón, haz el favor de abrirme¡¡ ¡¡Quiero que te vayas ahora mismo de mi casa

o llamaré a la policía¡¡

Finalmente llegó la policía, una vecina la llamó con la escandalera y lo detuvieron por

violencia de género, se celebró el juicio, la vecina fue de testigo y fue condenado a 56

días de trabajos en beneficio de la comunidad y 1 año de orden de alejamiento ,

imposibilidad de acercarse ni comunicarse conmigo por ningún método.

--Bueno al fin te lo quitaste de en medio ¿no?, dijo Ronney.

--Sí eso sí, pero yo lo seguía amando, en ocasiones hasta echaba de menos sus malos

modos, siempre lo exculpaba, sentía lástima de él, no era más que una víctima más de

esta sociedad. Instauró en mí el sindrome de Estocolmo.

El fue a peor, me enteré que vivía con unos marroquís en una habitación compartida, y

que se dedicaba a ciertos negocios de menudeo de hachís, un día vino a visitarme al club

después de pasado el año de la orden de alejamiento, volvió a meterse en problemas,

oímos un vocerío muy grande en la zona del parking del club y era él pegándose con dos

marroquís de nacionalidad francesa. Aún lo quería, cuando vi que lo golpeaban corrí hacia

el parking y me metí en medio de la pelea recibiendo yo en la mejilla uno de los puñetazos

que le lanzó uno de los marroquís a él, abriendome una raja que necesité 8 grapas, fijeté,

dijo Jenny mientras se acercaba a Ronney para enseñarle aún la inapreciable secuela

estética que tenía aún en la mejilla.

Fue ahí cuando abrí los ojos, y me desencanté de Frank, con él no tenía ningún futuro, mi

vida se iba a convertir junto a él en más amarga de lo que ya la tengo, sólo recibiendo

palizas, y defendiéndolo a él de las palizas que le quieren dar los demás. Decidí esa

misma noche dejarlo de querer para siempre, dijo Jenny.

La gente me lo advirtió mucho antes de llegar a este extremo, Frank tenía un punto

chulesco era el típico tio que cuando te saludaba te apretaba la mano que parecía que te

la iba a romper, muchos amigos a los que se los presenté se quejaban de ésto entre

algunas cosas más de su comportamiento.

Además su cara intimidaba tenía continuamente su ceja derecha ennarcada y ya sabes la

imagen de desafio que supone tener una ceja siempre levantada, acuerdaté por ejemplo

de la imagen terrorífica que mostraba Jack Nicolson en la película “El Resplandor”.

--Sí comprendo dijo Ronney mientras la escuchaba concentrado y entretenido, aunque

compasivo por las anécdotas amargas que contaba Jenny de su vida.

(No era real todo lo que Jenny le había contado, salvo de que aún seguía enamorada de

Frank, si en parte era cierto de que a causa de los celos enfermizos de Frank, Jenny tuvo

que dejar de trabajar en el club, a decir verdad nunca le había puesto una mano encima,

había tenido muchas broncas pero sólo dialongantes, pero toda esta macabra historia no

fue más que una argucia en la mente de Jenny para que él se compadeciera de su

anterior vida).

Entre tanta conversación por fin apareció Amanda con el mantel para vestir la mesa del

porche donde iban a comer, también traía en su mano un cenicero de cristal tallado que

puso encima del mantel una vez que cubrió la mesa.

--Sr, dijo Amanda, le traigo la sopera, las bandejas y los platos, pero si quiere el Sr. ya

pueden sentarse en la mesa del porche.

--Gracias Amanda, ahora mismo nos sentamos sí.

Ronney y Jenny se sentaron en la mesa del porche, Jenny sacó su pitillera de plata y

cogió un Marboro Lights, en la otra mano tenía su dupont y encendió el pitillo, aspiró el

humo y lo expelió con una gran bocanada formando un anillo de humo que se alejó en la

distancia. El anillo de humo sorprendió a Ronney, aunque él había fumado durante

muchos años nunca llegó a aprender esta forma original de expelerlo.

--Ronney vives en una buena casa, no te falta de nada, piscina, servicio, habitaciones

amplias, lujo, es fantástico no tener que preocuparse por subsistir día a día.

--Bueno contestó Ronney, quizás me falte lo más importante que es una mujer que me

ame por quien soy y no sólo por mi dinero, alguien que me comprenda y me mime.

--Sí Ronney todos necesitamos amor sí, alguien con quien compartir nuestras vidas.

Mientras Jenny y Ronney hablaban sobre estas cuestiones tan trascendentales, Amanda

entraba y salía al porche colocando la sopera y las bandejas con la comida. En la última

vuelta que dio antes de salir por la puerta corredera del salón, dijo:

--Sr. ahora vendrá Walter a servirles la comida.

--Está bien Amanda, muchas gracias, dijo Ronney desde el porche.

Jenny y Ronney seguían animádamente hablando del buen día que hacía hoy y de otras

cuestiones banales cuando apareció Walter corriendo la puerta de nuevo del salón.

Jenny no podía creer lo que veían sus ojos, un esqueleto andante que parecía un robot se

iba acercando a la mesa del porche, Jenny no sabía si quedarse sentada, chillar o

preguntar a Ronney que qué clase de broma era esta de tan mal gusto.

La cara de perplejidad que puso Jenny conllevó a que Ronney la tranquilizada, no te

preocupes es mi mayordomo Walter, lo mandé fabricar en aluminio y plástico, tiene unos

sensores que lo asemejan en el habla y en el comportamiento a los humanos.

--Increíble invento dijo Jenny.

--Hola Walter, lo saludó cariñosamente Ronney, sírvenos con tranquilidad, no tenemos

prisa.

--Está bien, Sr. Ronney, contestó el esqueleto.

Walter cogió el plato hondo de Amanda con una mano mientras que con la otra destapó la

sopera y comenzó a echar cazos de sopa en su plato, después lo posó de nuevo sobre su

plato llano. Lo mismo hizo con el de Ronney.

A posteriori cogió la botella de vino de rioja con una mano, con la otra el sacacorchos y

descorchó la botella con gran maestría, posteriormente cogió la copa de cristal de

bohemia de vino de Amanda y se lo sirvió llenando menos de la mitad de la copa, lo

mismo hizo con la de Ronney.

--Muchas gracias Walter, reiteró Ronney. Vamos a comer sí.

Walter se quedó en una esquina del porche parado mirando como ambos comían, por si

necesitaban que él les llenase de nuevo las copas o servirles el segundo plato.

Bueno dijo Jenny a Ronney no quiero ser indiscreta ¿Pero cómo has hecho tanto dinero

en tu vida? ¿Cobraste una herencia o de donde te vino el dinero?

--No dijo Ronney, nada de eso, comencé desde muy jóven montando una tienda de

coches viejos de alquiler, el eslogan que colgué en el escaparate y en la publicidad era

“Alquile un buga, aunque usted esté en la ruina”, la verdad que fue un verdadero éxito,

como antes de eso fui mecánico cuando me enteraba que alguna persona quería dar de

baja el coche por lo viejo que estaba yo se lo compraba por dos gordas, lo arreglaba y

cuando tuve 10 coches qué prácticamente no me costaron nada, puse el negocio del

alquiler.

Fue un negocio muy rentable porque alquilaba los coches por dos tercios menos del

precio que tenían los demás rent a cars, y fue todo un éxito

Cuando ya tenía un poco de dinero ahorrado, empecé a introducir en España gasolina

más barata que compraba en Mauritania y la vendía de contrabando a las gasolineras que

preferían comprármela a mí que a las compañías petrolíferas. Pasaba los contenedores

con los barriles en barco facturándolos simulando que eran piezas de coches y finalmente

lo vendía todo aquí, tenía comprado a los jefes de la aduana de Mauritania y Algeciras

por ahí entraban los contenedores.

Jenny lo escuchaba mientras tomaba la sopa y no quitaba el ojo al esqueleto que parecía

que la miraba a ella fijamente. En un momento que Jenny se sintió incómoda dijo:

--Ronney creo que Walter me está mirando los pechos y no aparta la mirada de ellos.

--¿Walter? No querida no seas suspicaz, Walter no tiene alma, no siente ni padece, no

sabe lo que es la lujuria o el placer, está codificado únicamente para servirme y cumplir

mis órdenes. El no sabe diferenciar entre sexos, para él somos todos iguales, sus

circuitos no dan para más, no te preocupes por eso querida, y sigue disfrutando de la

comida.

--Está bien dijo Jenny no quedándose muy convencida.

--Bueno dijo Ronney, como te iba diciendo siempre me ha gustado hacer negocios con

mafiosos, son tratos fáciles yo te traigo y tu me pagas, todo sencillo sin iva, sin impuestos,

sin necesitar contables, gestores o abogados, la cuestión está libre de polvo y paja y si

alguno falla en el trato recibe un tiro entre ceja y ceja, así se hacen los negocios con

gente ilegal, pero todo el mundo comprende y acepta los códigos, no me jodas para que

yo no te joda a tí.

No me fío de los gestores Jenny dijo Ronney, piensa en todos los empresarios legales

que se han quedado arruinados por la mala gestión de sus gestores o porque éstos les

engañaban año tras año en las cuentas.

Jenny volvió a mirar desconfiada a Walter, según su criterio Walter no la dejaba de mirar.

--Ronney no quiero ser pesada pero juraría que este robot esqueleto sabe distinguir entre

hembra y macho porque yo te digo que no deja de mirarme los pechos, no ha quitado su

mirada de mi escote desde que nos pusimos a comer.

--Jajajaj eres graciosa Jenny, eso es imposible, Walter carece de deseos carnales, no fue

programado para ello, te advierto que el ingeniero que me lo diseñó me lo dejó todo bien

explicado en su manual de instrucciones y me lo leí unas 20 veces te lo puedo asegurar.

Es puro aluminio recubierto de plástico con unos circuitos que lo asimilan a microcensores

de movimiento y a responder a las órdenes que le des, de ahí no pasa su inteligencia,

estate tranquila, para que lo comprendas Walter no sabe lo que es la ira, el rencor, la

ambición, el odio, el amor, los celos, todo eso son sentimientos del ser humano y él sólo

es un robot.

--Bueno dijo Jenny, me quedo más tranquila con tus explicaciones pero noto algo raro en

su mirada, si te soy sincera.

--Chiquilladas dijo Ronney sonriéndole. Además mira te pondré un ejemplo.

--Walter más vino, dijo Ronney mientras levantaba su copa vacía de rioja.

Walter comenzó a moverse, se acercó a la mesa cogió con una mano la botella de vino

que estaba en el botellero, con la otra mano cogió la copa de Ronney y la llenó de nuevo

por debajo de su mitad.

--Y sírvele más vino a la Sra., Walter.

El esqueleto hizo la misma operación, se acercó a Jenny y llenó su copa de vino,

posteriormente volvió a la esquina del porche donde estaba antes de pie y se quedó

totalmente inmovil con la mirada hacia Jenny podría parecer.

--Ya lo has visto querida, Walter está totalmente programado, no tienes nada que temer.

--Está bien dijo Jenny acercándose la copa de vino a los labios.

--Pues como te iba diciendo prosiguió Ronney con otro tema, no creo en la justicia de los

Tribunales, no creo que metiendo tus asuntos en la justicia terrenal se arregle nada, es

más lo más seguro es que salgas más pelado que un pollo desplumado, entre la minuta

del Abogado, la fianza que te pone el Juez y las multas que te pone el Fiscal, es todo para

nada, un camino en vano para llegar a resolver tus problemas. Yo sólo creo en la justicia

que hace uno mismo, es la más rápida y la más eficiente , gastas lo que tú puedes en ella

y el resultado es efectivo.

--Jenny bebía de la copa de vino, miró a Ronney y escuchaba la forma que tenía de

hablarle de cómo había conseguido el dinero y se quedó pensando si estaba delante de

un fascista, un anarquista o un capitalista a secas, tampoco es que ella tuviese mucha

cultura para distinguir estos tres términos pero fue una ocurrencia que se le vino a la

mente.

Ronney seguía con sus batallitas de cómo amaso su fortuna, --Pues bien, como te iba

contando una vez que tuve suficiente dinero abandoné el contrabando de petroleo y fundé

mi propia refineria en Oklahoma.

--Walter, dijo Ronney interrumpiendo su propio monólogo, sírvenos ya la carne.

El esqueleto comenzó a acercarse de nuevo a la mesa, cogió el cucharón que había junto

a la bandeja, extendió el brazo para agarrar el plato de Jenny, se lo acercó y le sirvió tres

trozos de carne de solomillo con salsa de pimienta, después posó el plato llano en frente

de Jenny para que comenzara a comer.

Walter volvió a coger el cucharón, se dirigió hacia Ronney y sorprendentemente en vez de

agarrar el plato llano de éste para servirle la carne, le lanzó un fuerte golpe con el

cucharón en la cabeza a Ronney.

Ronney reaccionó totalmente airado gritando:

--¿Pero Walter qué coño haces? Me has golpeado.

Jenny no podía creer lo que veía, pero mucho peor fue cuando Walter en vez de sentirse

reprendido por los gritos de Ronney se acercó a él abrió sus manos esqueléticas de robot

y con ellas le rodeo el cuello a Ronney presionando sobre su garganta con la intención de

ahogarle.

Ronney intentaba zafarse del robot agarrando con sus manos las fuertes manos

huesudas del esqueleto, su cabeza era zarandeada de lado a lado por Walter al tiempo

que se escuchaba un gorgoteo diciendo:

--Jenny, llama a Amanda, que desconecte a Walter, rápido por favor, me asfixio.

Jenny perpleja se levantó de la mesa lo más rápidamente que pudo, atravesó el salón y

corrió la puerta corredera al tiempo que gritaba:

–!!Amanda, Amanda venga por favor, a el Sr. Ronney lo están intentando ahogar¡¡

Se escucharon pisadas rápidas de tacón provenientes de otras estancias de la casa y en

cuestón de segundos apareció Amanda con la cara desencajada.

--Dígame Señora dijo Amanda a Jenny ¿Qué es lo que sucede?

--El camarero ha agarrado al Señor fuertemente por el cuello y no lo libera.

--Oh no, dijo Amanda, pensé que ya estaba arreglado el microcontrolador.

Amanda cogió rápidamente el mando encima de la mesa rectangular y se acercó a la

mesa del porche donde aún Walter tenía agarrado a Ronney por el cuello.

-- Ronney dijo a Amanda cuando la vió llegar, apagaló apagaló, creo que es que el emisor

del sensor CNY70 no se alimenta, no le llega la corriente.

Amanda después de pulsar varios botones del mando, consiguió que Walter quedara

totalmente inmovil y flexible para que le fueran apartadas sus manos de la garganta de

Ronney.

--Sr. la resistencia R1 de 680 Amperios fue sustituida de nuevo la semana pasada, dijo

Amanda.

--Ya pero creo que esta vez es fallo del led emisor, el fototransistor contenido en el sensor

CNY70 bajó su resistencia interna entre Colector y Emisor por lo que impide que la

corriente entre en conducción al transistor Q1 que estaba polarizado a masa por medio de

la resistencia R2 de 10 KΩ, dijo Ronney.

Jenny escuchaba a ambos sorprendida que una simple ama de llaves supiera tantos

datos de física, cuando ella apenas sabía cambiar una bombilla en su apartamento.

--Sí dijo Amanda continuando la conversación con Ronney sobre el fallo que tendría

Walter, dijo:

---No sé quizás no sea el led emisor sino que al no activarse Q1 hace que no se active

Q2 cortando a Q3 con él, ya que este último debía de estar activado para que se

produjese la polarización por R3, con lo cual lo que a pasado es que la salida del

microcontrolador se a desactivado cuando el sensor a detectado una superficie

reflectante.

--Jenny se quedó totalmente anonadada escuchando por último la respuesta tan

intelectualmente precisa de la ama de llaves.

--Sí dijo Ronney puede que lleves razón, ya nos pondremos tú y yo esta semana a

desmontarlo y averiguar por fin qué le pasó, si estoy yo en lo cierto con mi teoría o quizás

hayas acertado tú. (Pero todo había sido una interpretación de Ronney y Amanda, la cual

también conocía el secreto del Libro rojo de Marduki que tenía Ronney y con el que

elaboró el hechizo que convirtió a un simple esqueleto de aluminio en un ser animado

capaz de respetar sus órdenes aunque parecía que en estos momentos había dejado

funcionar) Ronney se dio cuenta que había sido pronto para sacar a Walter en público,

tan sólo había realizado en él la primera fase del conjuro, aún le quedaba una fase que no

terminó, pero feliz de que hasta hoy parecía que con la primera fase lo obedecía, decidió

sacarlo a servirles la comida).

--Perdón dijo Jenny tímidamente al ver el nivel de conocimiento físico que tenía Ronney y

su ama de llaves --¿Y no podría ser algo tan sencillo como que Walter estaba celoso y por

eso me miraba a mí los pechos? ¿Quizás con tantos circuitos ha conseguido tener

deseo?

--Vamos querida dijo Ronney lanzando una carcajada a la que siguió otra de Amanda,

¿Deseo dices? ¿Celoso una trozo de aluminio, plástico y cables? --Cariño no seas

ingenua, es sólo un robot, ya sabes la frase, creo que le falta un tornillo, pues eso es lo

que le pasó a Walter, y tendrá que pasar por el taller de reparaciones.

Ronney comenzó de nuevo a reirse a carcajadas, eran unas carcajadas estruendosas,

repetitivas, exageradas, no transmitían felicidad sino una situación desencajada (quizás

por actuar por su propia osadía y no cumplir las reglas exaustivas del Libro Rojo de

Marduk), las carcajadas de Ronney no cesaban, Jenny no sabía qué hacer mientras lo

miraba, si reirse con él o mantenarse seria, eligió la segunda opción porque no había

nada que le hiciera gracia del momento, ella seguía pensando que Walter la deseaba.

En cuestión de segundos, las fuertes y descontroladas carcajadas de Ronney se

convirtieron en un fuerte llanto sin motivo alguno, el llanto también era estruendoso,

gemía como un niño chico al tiempo que se ponía las manos en la cara para taparse de

su estado anímico. No hablaba ni decía nada, sólo se notaba que sufría palpitaciones y

dificultad al respirar mientras no cejaba de llorar desconsoladamente. Jenny no sabía si

acercarse a consolarlo, la verdad que se encontraba perdida con tanto sobresalto.

Cuando Jenny corrió un poco la silla para levantarse y abrazarlo para que parase en su

pena, de nuevo sorprendentemnte cambió del llanto volviendo a las carcajadas

histrionicas y absurdas.

--Sr. dijo Amanda que lo observaba mientras retirada a Walter cargándolo entre los dos

brazos, creo que le dio otra vez la crisis, iré a por las pastillas Sr., en seguida se las traigo.

Jenny comprendió que Ronney sufría de algún transtorno mental o bien que sufría crisis

nerviosas por algún desarreglo cerebral que tuviera.

--¿Quiere que le ayude a llevar al robot? Pregunto Jenny a Amanda mientras escuchaba

de fondo las carcajadas nerviosas de Ronney.

--No, Sra. usted quédese aquí, siga comiendo, en breve traigo las píldoras del Sr. Ronney

y todo volverá a la normalidad. No se preocupe usted por nada.

Amanda salió del salón con Walter a cuestas y en cuestión de segundos volvió con dos

pastillas y un vaso de agua, ahora Ronney había pasado al estado del llanto de

madalena, Amanda le abrió la boca y le introdujo las pastillas, le acercó el vaso con agua

a su afligida cara mojada por las numerosas lágrimas que brotaban de sus ojos y al cabo

de unos minutos dejó de llorar y de reir, finalmente se tranquilizó.

--¿Está mejor Señor? Dijo Amanda de forma parsimoniosa como si fuera partícipe en

muchas ocasiones de estos episodios de Ronney.

--Sí, mucho mejor Amanda, mucho mejor, y Ronney cogió el tenedor y el cuchillo y

comenzó a cortar la carne.

--Querida lo siento, dijo Ronney a Jenny, me diagnosticaron hace unos años una

mutación del gen GRK3 y cuando sufro experiencias de tensión no puedo controlar mi

estado anímico, es horrible, pero ya pasó todo.

Jenny no podía ya asimilar que en esta casa no se descansara ni un sólo minuto ni

siquiera a la hora de la comida. Pensó por un momento en el sacrificio que tendría que

hacer si decidiese venir a vivir con Ronney, pero quizás si llegaba a adaptarse a sus

excentricismo era mejor que volver a la vida vulgar en el club.

Sin embargo aún le quedaban muchas más sorpresas que descubrir en la personalidad

de aquel hombre amable y caballeroso.

Bueno Ronney se restableció perfectamente, él mismo cogió la botella de vino y se sirvió

su copa.

--Acercamé tu copa querida, te la lleno, siéntete como en tu casa.

Jenny asió el brazo con la copa y Ronney se la llenó a ella también.

--Como te iba explicando, dijo Ronney, me bastó un sólo día para convencerme de que

no quería ser empresario de poca monta, tenía yo 24 años cuando tenía la empresa de

rent a car como te dije, fue un día lluvioso de Noviembre cuando recibí una carta de

Hacienda donde me requerían que me presentase en sus oficinas con mis libros

contables, debía de justificar mis ingresos y mis gastos. Jajjaajaj dijo Ronney ¿libros

contables? Sí yo estaba inmerso en mi tarea de alquilar coches y levantar mi negocio,

¿Cómo quería Hacienda que tuviera dinero para pagar a un gestor que me hiciera libros

contables? Jamás escuché que tenía que llevar esos libros al día.

Total que tuve que buscar urgentemente un gestor, lo busqué en las páginas amarillas

¿sabes? Julio Mora se llamaba, aún me acuerdo de su nombre, el tipo me dijo su

dirección y que fuese urgentemente porque tenía pocos días para organizarme la

contabilidad de mi empresa teniendo en cuenta el requerimiento que tenía.

Total que cogí mi coche, un Ford Fiesta que tenía por aquellos entonces, y en la entrada

de la autovía 340 con el cruce de Los Barrios, comenzó a sonar fuertemente el motor,

algo grave le ocurría al coche, preferí parar en el arcén y llamé a la grua, lo tuve que

llevar al taller de mi socio, con todo el ajetreo perdí la cita con el gestor esa tarde.

Al día siguiente mi socio me dijo que el fallo era del embrague, había que cambiárselo

entero. Me tuve que gastar lo que serían ahora 900 euros.

Finalmente al día siguiente fui en otro de mis coches de alquiler a ver al gestor, le llevé

todas las declaraciones que había hecho yo ese año y todas las facturas que pude

encontrar desparramadas por mi casa y el negocio, llegué justo a las 5 de la tarde que

fue la hora que me fijó y cuando se entrevistó conmigo me dijo que elaborarme en 10

días los libros contables serían unos 400 euros.

Estresado me fui al supermercado cuando terminé con el gestor a comprar Lambrusco

italiano y cervezas, llené tanto el carro de la compra que se descontrolaron las ruedas

traseras y chocaron con dos cajas de vino de 6 botellas cada una rompiéndose en el

suelo 10 botellas que me hizo pagar el supermercado por no tener el suficiente cuidado,

todo el mundo me miraba cuando se formó un gran charco rojizo del vino en el pasillo,

nadie podía pasar, todo fue nefasto ese día y el anterior.

Al día siguiente el gestor me llamó por teléfono y me dijo que el problema que había es

que a Hacienda no le cuadraba que no tenía demasiados ingresos y sí multitud de gastos.

Y ¿sabes qué pensé yo Jenny? Dijo Ronney.

--Me di cuenta que estamos manipulados por ellos, te incitan a que fomentes el consumo,

pero después cuando te tienen que devolver los impuestos que pagaste de iva te

recriminan que gastaste y compraste demasiadas cosas para levantar tu empresa.

--¿Te das cuenta? Dijo Ronney mientras se llenaba de nuevo el vaso de vino.

--El sistema nos engaña una y otra vez, somos esclavos de él, crees que te vas a hacer

rico trabajando pero lo que ganas tendrás que devolverlo de nuevo al sistema, es un

círculo vicioso, no puedes huir de él cuando entras en su juego.

--Bueno dijo Ronney quizás vosotros las prostitutas podéis levantar más el vuelo, no

tenéis que justificar vuestros ingresos a Hacienda, esa es la única ventaja que al menos

tenéis.

--Querida no somos más que un número para el sistema, dijo Ronney, tú y yo somos un

mero número, estamos identificados, al sistema no le importa la persona, sólo

manipularte, indentificarte, tenerte fichado, no eres más que un número en la Seguridad

Social, un número en el Ministerio del Interior, o un número bancario. Estamos

controlados, esclavizados. El que se cree importante y piensa que es más que un número

para el sistema está equivocado.

--Como te digo un sólo día me bastó para estudiar que no era ese el camino que quería

yo seguir sino que tenía que ser más ingenioso para salir de esa esclavitud y así lo hice

con los negocios ilegales de la gasolina.

--Querida, creo que te estoy aburriendo con mi conversación sobre la sociedad y los

negocios, sírvete la fruta que quieras, a mí personalmente me gusta mucho la papaya, es

exquisita, pruebalá, le dijo mientras se incorporaba de la silla y se acercaba con la mano a

ofrecerle un ejemplar de los que había sobre la bandeja de la fruta.

--Gracias dijo Jenny.

--Es afrodisiaca, ¿lo sabías? Es una de mis frutas favoritas.

Ambos se comieron una de ellas y finalmente cuando terminó la comida, Ronney le dijo a

Jenney:

--Bueno es hora de descansar, vamos arriba a mi habitación, allí estaremos más

cómodos. (Ronney tenía todo preparado en su habitación, quería probar la lealtad de

Jenny y no había mejor cosa que mostrar mala impresión en la primera cita para valorar

hasta donde te aceptará y te respetará el otro a lo largo de la relación. Era una máxima

que siempre cumplía a raja tabla, era de la opinión que no hay nada como dar la peor

impresión en las primeras citas con extraños para observar que intenciones pretenderían

una vez iniciado el juego o la relación).

--Como tú quieras Ronney, dijo Jenny complaciente. Tenía que mostrarse sumisa, al fin y

al cabo él la había invitado a su casa como una dama de compañía, pero con el tiempo

cuando ella fuera ganando terreno en su vida, pondría sus condiciones, marcaría ella las

pautas si la relación avanzaba.

Ronney comenzó a andar por el salón, Jenny lo seguía, llegaron a una gran escalera de

caracol de mármol italiano rosaceo, la balustrada era de madera maciza entallada con

motivos bizantinos, al final de la escalera hacia la derecha había un largo pasillo con

puertas en el lado derecho.

--Ven querida, esta casa es demasiado grande para mí, todas estas habitaciones están

cerradas, apenas las uso cuando hago fiestas y algunos invitados prefieren quedarse a

dormir por el estado etílico en el que acaban, pero mi habitación es la del fondo.

Ronney abrió la puerta de su habitación, estaba perfectamente decorada, era un

decoración minimalista con cierto aspecto oriental, la cama prácticamente estaba a ras del

suelo sobre un somier muy fino que se apoyaba en el suelo con 8 patas muy cortas, las

cortinas eran de seda larga color granate rozando con gran cantidad de tela el suelo, las

puertas de los armarios empotrados desde el suelo al techo estaban revestidas con

espejo lo que hacía parecer más grande el espacio de la habitación y toda ella estaba

adornada con tres grandes alfombras de color cereza que hacía juego con el negro de las

sabanas de la cama y la almohada.

Sin embargo algo muy extraño llamó la atención de Jenny, algo que no logró comprender

qué hacía en la habitación cuando lo vio. Una gran jaula.

Por un momento se asustó de que quizás Ronney escondiera en la jaula algún animal

felino que ahora estuviera tumbado en el cuarto de baño que tenía la habitación en suite.

--Ronney dijo Jenny titubeante..........

--Ven aquí querida, no te preocupes por la jaula, es sólo uno de mis juguetes, una de mis

fantasías, dijo Ronney.

--Me estoy poniendo viejo, y tengo ahora más manías que cuando era joven.

Jenny se quedó pensativa preguntándose a qué manías se referería Ronney.

Se acercó a la mesilla de noche de la parte derecha de la cama, abrió el segundo cajón y

sacó de él un antifaz negro, se lo dio a Jenny y le pidió que se lo pusiese pero que no se

quisate la ropa. Jenny se colocó el elástico por detrás del pelo y la parte delantera la

encajó entre los ojos y la nariz. El antifaz estaba forrado con terciopelo negro y tenía

plumas que subresalían en su parte alta.

Ronney comenzó a desnudarse hasta que se quedó como su madre lo trajo al mundo. Se

acercó de nuevo al mismo cajón, lo abrió y en esta ocasión sacó unas esposas.

Jenny se quedó perpleja cuando las vio, intuyó que ese hombre practicaba juegos

sadomasiquistas, pero todavía tenía duda sobre si Ronney sería el dominante o el sumiso

en este tipo de juegos, sólo faltaban minutos para descubrirlo.

Ronney se acercó a Jenny posó sobre sus manos las esposas y únicamente le dijo

acercándose a su oido:

--Querida aún no te desnudes.

Ronney se agachó cuando llegó a la puerta de la jaula, abrió el enganche de la puerta y

desnudo se introdujo él mismo dentro de ella, cerró la puerta de ésta, se quedó dentro en

postura de perro apoyado sobre sus manos y sus rodillas sobre el suelo y sacando parte

de su cara por los barrotes de la jaula.

--Cariño le dijo Ronney desde dentro de la jaula, deja las esposas sobre la cama y hazme

un streptease, me encantaría ver su cuerpo sedoso y sensual, pero sin quitarte los

zapatos.

Sin embargo antes de que Jenny realizara algún gesto sensual con el que empezar el

desnudo se escucharon unos golpes sobre un fondo de madera y una vocecilla muy

aguda pero como lejana, aunque las frases que pronunciaba se entendían perfectamente:

–!!Ronney, Ronney, sacamé de aquí¡¡¡ !!Llevamé al salón, no quiero volver a escuchar

toda esa mierda como siempre¡¡

Jenny quedó sorprendida, aunque escuchaba con gran claridad las frases, pero no podía

llegar a discernir de donde provenía la vocecilla.

--Ronney, dijo Jenny ¿quién habla? ¿Alguien pide ayuda?

–!!Ronneyyyyyyyyyy, sacamé de aquí¡¡ !! Me niego a oir de nuevo esta basura tuya¡¡ !!No

soy masoquista como tú ¿sabes tio?¡¡

Ronney dijo, vaya es Nippur, se ha despertado, creo que hice demasiado ruido al cerrar la

jaula, el muy avispado tiene un sueño muy frágil.

¡¡Nippur¡¡ Exclamó Jenny, ¿pero de donde sale su voz? La voz se escucha muy lejana.

Ufff, dijo Ronney, tendré que sacarlo y bajarlo al salón sino no nos dejará en paz.

Volvió a abrir la puerta de la jaula, salió desnudo mientras Jenny sorprendida lo seguía

con la mirada para descubrir finalmente quién era ese Nippur que pedía desde algún

rincón de la habitación salir urgentemente.

Ronney se dirigió a la cómoda que tenía situada frente a la cama contra una pared, abrió

el tercer cajón y sacó una pequeña caja de madera, la cogió con las dos manos y se la

llevó a la cama donde la posó y posteriormente él se sentó a su lado.

La voz era más cercana en estos momentos, y todavía reclamaba:

–!!Ronney, no me muevas tan rápido, no puedo mantener el equilibro aquí dentro con

esos meneos que me metes¡¡

Ronney finalmente abrió la caja, puso su dedo índice sobre el filo de la parte de abajo de

la caja y un pequeño hombrecillo comenzó a escalar por su dedo poniéndose finalmente

en pie sobre la palma de su mano.

–!! Ves, ya estás otra vez desnudo¡¡ dijo el hombrecillo, !!No quiero escuchar más tus

experiencias sexuales¡¡ !!Me niego¡¡ !!Bájame al salón, allí estaré más tranquilo¡¡

El hombrecillo iba vestido con unos diminutos pantalones negros y una camiseta celeste,

tenía una melena rubia que le sobrepasaba la nuca y iba peinado con la raya al lado.

--Mira dijo Ronney al hombrecillo, te presento a mi amiga Jenny, seguramente la vuelvas

a ver otro día por aquí, espero que nos vuelva a visitar muy pronto.

--Hola Jenny dijo el hombrecillo, te aconsejo que no hagas mucho caso a este viejo

chiflado, yo llevo viviendo con él cuatro años y a mí a veces me agota con sus tonterías.

--Hola Nippur dijo Jenny perpleja de ver un hombre de esas dimensiones, me quitaré el

antifaz para que me veas bien.

--Eres muy guapa Jenny, Ronney ha tenido buen gusto esta vez, pero a mí me gusta la

tranquilidad no quería soportar una sesión de ruidos de fusta, gemidos e insultos, tú no

sabes como se pone Ronney cuando alcanza el climax sexual.

--Bueno dijo Ronney, quédate aquí quieto sobre la cama voy a por mi albornoz para

bajarte al salón.

Ronney posó su mano sobre la sábana de su cama y el hombrecillo bajó de su mano

hacia la sábana, allí se quedó de pie esperando con los brazos en jarra.

Ronney entró en el baño cogió su albornoz azul marino se lo puso y salió de nuevo.

--Oye Ronney, dijo el hombrecillo desde la cama cuando vio que se acercaba, antes de

bajarme ponme las alas, quiero dar una vuelo, llevo un dia entero encerrado en la caja.

Venga Ronney, si me bajas al salón me quedaré de nuevo dentro de la caja, necesito

estirar los músculos.

--Bueno está bien, dijo Ronney, pero un vuelo sólo, nos llamaste justo en el momento en

que Jenny me iba a hacer un streptease, fuisme muy inoportuno.

--Vamos Ronney, prometiste cuidarme muy bien cuando me compraste, y te diré algo, mi

anterior dueño me daba más vuelos que tú. (Nippur estaba confabulado con Ronney

sobre la versión que ambos daban a los invitados de su origen, Ronney nunca compró a

Nippur, realmente fue un señuelo para que el destino lo condujese hasta el hechicero

lsimud y éste le confesara que Nippur había sido fruto de un hechizo con el libro rojo de

Marduk y que ahora le pertenecía como muestra de los poderes del libro y de que él era el

nuevo Kishar)

--Ronney sabes que te he salvado de muchos marrones, dijo el hombrecillo, acuerdaté

aquella fiesta de Halloween que hiciste y vino tu exsocio al que le debías 2 millones de

euros vestido de Freddy Kruger con los dedos afilados con cinco navajas en cada uno de

ellos sin saber tú quien era. Tú me pediste ayuda Ronney, no entendías porqué te

perseguía ese invitado todo el rato por la fiesta y me pediste que me metiera por dentro

de su máscara para ver quién era, sino es por mí esa noche, tu exsocio te hubiese filetado

la cara.

Estoy harto de engrasarme metiéndome en los motores de tus coches para averiguar qué