La Chica con Aura de Fuego por Erika J Valenzuela - muestra HTML

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1

Transcurría la edad media cuando una pequeña aldea de vasallos vio nacer a una hermosa niña, al momento del alumbramiento la bruja partera la tomó en brazos

–Es una niña –anunció

–Es otra niña –se quejó el padre disgustado

–No será cualquier niña se los aseguro

–Tonterías –refunfuñó aún más desilusionado saliendo del aposento y azotando la puerta

La partera tomó la cría y la puso en manos de su madre que la tomó con cuidado y la miró por unos momentos

–Te llamaré Elsvetha –susurró.

El tiempo transcurría y Elsvetha crecía, al igual que cualquier chiquilla campesina carecía de instrucción y solía ser torpe a veces; pero sabía perfectamente la situación que vivía el reino en que se encontraba su aldea, le parecía anormal que desde hace meses los soldados del rey llegasen con advertencias y sugerencias de abandonar el lugar, le parecía extraño que las personas de otras aldeas llegasen en busca de refugio, ella era pequeña pero no tonta, sabía que su reino estaba en guerra.

Pasó mucho tiempo y Elsvetha se había convertido ya en una jovencita, seguía siendo como todas. Amaba sus labores del campo y de la casa, así como rezar y asistir a los cultos religiosos. Cierta tarde en que su familia se encontraba en la iglesia velando, ella y Helen, su hermana mayor, se encontraban corriendo en medio de un campo de flores para llegar hasta una pequeña altiplanicie donde se alcanzaba a divisar gran parte del reino, cuando llegaron se sentaron sobre el suelo y admiraron el panorama

– ¡Mira allá Elsvetha! –exclamó Helen

– ¿qué sucede?

–Allá –dijo apuntando hacia unas colinas

– ¿qué hay allá Helen?

–ahí es donde termina nuestro reino, los soldados enemigos nos han robado la mitad del condado, cada día crece más la muralla que nos terminará impidiendo el acceso

–no es justo, los soldados son muy malos

–Lo sé Elsvetha, pero algún día alguien se encargará de recuperarlo

– ¿quién?

–no lo sé, pero en verdad creo que algún día esto terminará

–bien, regresemos a casa, se hace tarde

–es verdad vámonos

–Pero antes cortemos algunas flores para mamá

Cuando llegaron a casa le entregaron las flores a mamá y se sentaron a la mesa donde aguardaba un tazón de sopa para cada quien y su padre sentado esperando a la familia. Todo en la mesa era silencio mientras los cuatro cenaban, hasta que el padre habló

–Al menos hoy los soldados han llegado con buenas noticias – Informó

– ¿La guerra terminó? –preguntó la madre

–No, pero tal vez pronto. El comandante de los ejércitos invasores ha caído muerto en batalla esta mañana, era un tirano invencible. Según cuentan llegó a matar a veinte soldados con únicamente su fuerza y un escudo

–Oremos por que se retiren ya los enemigos –murmuró la madre santiguándose

Aquella misma noche, cuando la cena terminó y todos dormían, Helen despertó exaltada saltando de su lecho

– ¡Elsvetha! Despierta por favor

– ¿qué pasó? –Dijo espantándose el sueño

–soñé algo muy extraño

– ¿qué?

–que venían los soldados, lo quemaban todo y teníamos que huir al desierto

–Calma, nuestro distrito no es algo que le interese conquistar a los soldados pues les es difícil llegar, además ya oíste a papá, ellos ya no tienen comandante

–Está bien, dormiré tranquila

A la mañana siguiente, a la mesa estaba toda la familia, de pronto alguien llamó a la puerta, Elsvetha se aproximó y vio que ahí estaba una dulce ancianita

– ¿Qué se le ofrece? –preguntó ella muy amable

– oh te ves muy fuerte, tú puedes ayudarme ¡anda ven! necesito que alguien me ayude a desatorar mi carreta de una charca de lodo

–mejor le diré a mi papá, él es un hombre muy fuerte

–no, no, no ven tú

–Está bien, ahora voy –accedió aunque titubeando un poco

Elsvetha y la vieja caminaron un buen tramo a través de una verde arboleda, dentro del bosque se veía una carreta atorada entre el fango pegajoso, Elsvetha sin mucho esfuerzo la sacó de ahí

–gracias muchacha

–no hay de que agradecer, ya me voy

–no, tú no te irás, eres lo que buscaba, hueles a muchacha pura, te utilizaré para preparar ungüentos

– ¿es usted una bruja?

–sí, lo soy –dijo dando énfasis para asustar aún más a Elsvetha

Elsvetha trató de correr pero la bruja la detuvo tomándole de la ropa, ella trató de zafarse en vano; la escena siguió con un fuerte forcejeo, de pronto Elsvetha empujó con fuerza a la vieja que cayó y se golpeó la nuca en el bordo de la carreta, la sangre brotó abundantemente y Elsvetha se dio cuenta de que la había matado, aterrada corrió hasta llegar a casa, ahí ya sólo estaba su madre

–Mamá ayúdame –gritó sollozando

– ¿Qué pasa? Te ves asustada

–hice algo terrible, me iré al infierno

– ¿qué puede ser tan terrible?

–maté a una mujer

– ¿hiciste qué?

–sólo me defendí

– ¿hubo testigos?

–no lo sé

–Vendrá por ti el santo oficio y te juzgarán

–Mamá por favor, no quiero morir

–Acabas de cometer un gran pecado y debes recibir tu castigo

–No, no, no, debe haber otra opción –dijo tirándose del cabello por la desesperación

–Puedes irte lejos, huye antes de que vengan por ti

– ¿pero cómo así?

–Prefiero que te vayas y no regreses pero estar segura que estás viva, que a verte morir como a una delincuente

–Está bien, me voy a ir ahora mismo

–Toma esta comida y esta daga –dijo dándole unas cosas

–gracias mamá, cuida mucho de Helen

La madre de Elsvetha la abrazó muy fuerte y besó su frente, después la dejó partir.

Elsvetha iba por el camino encapuchada cubriendo su identidad, estaba aterrada pensando en su crimen y en las consecuencias que le traería. Después de un tiempo caminando encontró a un grupo de labradores que regresaban del campo, oyó la plática de esos hombres, ellos hablaban sobre el cadáver de una anciana encontrado en el bosque, Elsvetha se asustó más y siguió caminando más a prisa.

Pasaron algunas horas, Elsvetha decidió detenerse a la sombra de un árbol, se sentía verdaderamente mal, se llevó las manos al rostro y lloró amargamente. Pocos minutos después Elsvetha se secó las lágrimas y se prestó a seguir su camino, caía la noche y comenzaba a sentirse un viento helado, siguió caminando y encontró un pequeño poblado, y como único refugio encontró la parroquia, entró, tomó asiento y elevó unas plegarias

–Dios, ¿Por qué me ha tocado vivir esto a mí? sólo quiero regresar a casa, extraño mucho a mamá, a papá y a Helen, pero sé que si regreso seré lapidada o decapitada, tú sabes bien que yo no maté a esa anciana con intensión, estoy desesperada ¡ayúdame!

Elsvetha había roto en llanto otra vez. Pero alguien había oído sus suplicas, no era Dios, pero si alguien que le ayudaría. En ese momento, silenciosamente un hombre se acercó a ella

–disculpa, te he oído y pensé que tal vez podría ayudarte –dijo aquel misterioso hombre, que con la poca luz que daban unas veladoras parecía ser un monje

–No, en estos momentos no me siento bien

–oí que mataste a alguien, descuida no estoy para juzgarte, al contrario te pienso ayudar, soy Ángelo puedes confiar en mí

–gracias, yo soy Elsvetha y si, maté a una mujer, pero no fue mi intención, sólo me defendí, ahora tuve que huir de mi casa antes de que la justicia me atrapara

–Y ahora no tienes en donde quedarte, yo sé donde ¿te gustaría ser religiosa? Porque podrías vivir en un convento en una ciudad que está muy próxima de aquí

–claro que sí, me encantaría

–pues, mañana te llevaré, por lo pronto puedes pasar la noche aquí en la casa de Dios

–muchas gracias

Ángelo se retiró y Elsvetha se acomodó presta a dormir.

2

A la mañana siguiente era aún muy temprano cuando Ángelo se acercó a Elsvetha y la despertó

– ¡Vamos! Despierta muchacha

– ¿Qué pasa?

–Es hora de ponernos en camino a la ciudad para llegar al convento –dijo encendiendo las veladoras del candelabro para que iluminasen la estancia

Ángelo se retiró. Elsvetha se sentó sobre la banca en que había dormido, se frotó la cara para espantarse el sueño, en seguida se calzó las botas y fue afuera. Ahora junto con Ángelo se puso en camino.

En medio del bosque ambos iban caminando, se miraban de reojo de vez en cuando pero ninguno se animaba a comenzar la plática, en un instante ambos se miraron al mismo tiempo y para romper aquel incómodo silencio, Elsvetha trató de conversar

–Amaneció el día muy frío hoy ¿Verdad?

–Sí, y la niebla es espesa, eso nos quita ventaja ante los bandoleros que acechan el bosque en busca de viajeros que asaltar

–No quisiera imaginar eso, aunque no tenemos nada que nos puedan robar

–Eso es verdad, pero quizá quieran asesinarnos y eso no sería nada agradable

– ¿habrá algo peor en el bosque?

–Soldados enemigos, suelen hacer lo mismo que los bandoleros, pero ellos en comparación no sería un “quizá quieran asesinarnos”, de seguro nos matarían sin oportunidad de pedir clemencia

Entre sus pláticas recorrieron un buen tramo, pero no se había completado ni siquiera la primera hora del viaje cuando Ángelo tomó a Elsvetha bruscamente, le tapó la boca con la mano y la condujo detrás de unos arbustos, Elsvetha se asustó muchísimo, pero después se dio cuenta de que Ángelo sólo la protegió, de entre la maleza salió un grupo de soldados armados con ballestas que pretendían emboscarles

– ¡Corre! ¡Corre! –gritó Ángelo

Elsvetha corrió lo más rápido que pudo, Ángelo hiso lo mismo pero en dirección opuesta, los bandoleros trataron de seguirles inútilmente pues ambos se perdieron entre el espeso bosque cubierto por la niebla

Después de un tiempo perdieron a los soldados, Ángelo y Elsvetha se encontraron y chocaron de frente y cayendo violentamente

–Dios mío, eso dolió –se quejó Elsvetha

– ¿Estás bien?

–Creo que si –dijo poniéndose de pie nuevamente

–Perdimos el camino, pero creo que era por allá –exclamó Ángelo señalando al sur

Los dos siguieron la intuición de Ángelo, caminaron hacia el sur por arduo tiempo, y él estaba en lo correcto, pues poco más tarde divisaban una ciudad amurallada, ambos siguieron hasta llegar. Habían entrado a la ciudad, recorrieron las empedradas calles repletas de gente y animales hasta que llegaron al centro, justo ahí se encontraba un templo, al lado un convento

–bueno creo que hemos llegado, pero todavía tenemos mucho por hacer

Los dos se acercaron al portón de cedro del convento, llamaron una sola vez y abrió una religiosa muy jóven, ella se emocionó al ver a Ángelo

– ¡Ángelo! ¡Has vuelto! –replicó la mujer

En ese instante las demás religiosas se aglomeraron en la puerta, Ángelo entró y con él iba Elsvetha, entre el escándalo de las mujeres Ángelo se dirigió ante la superiora y dio a entender a Elsvetha que les dejara solos

–Madre Orfa, he encontrado a esta muchacha, tiene una firme fe en Dios, le suplico que la deje unirse a su orden –dijo implorando

– Hermano, ya no tenemos espacio, sería más bien una desventaja si se queda

–Madre, acéptela, hágalo como un favor para mí. La muchacha se ve sana y fuerte como para trabajar

–Ángelo, te apreciamos mucho pero no está en mi tomar esa decisión

– ¿Entonces de quien? ¿Qué de malo hay en que se quede?

–Ángelo, conoces la situación de nuestro reino, la comida y el agua es escaza, cualquier lugar es inseguro; las que somos ya somos suficientes

– ¿Entonces que me sugiere hacer con la muchacha? No puedo dejarla

–Lo haré por ti, mi querido Hermano Ángelo, dejaré que la muchacha se quede, hoy mismo hablaré con el sacerdote

–entonces me iré confiado, sólo déjeme un minuto para despedirme de ella

–claro que si, tómese su tiempo

Ángelo fue a donde Elsvetha y la llevó donde las demás monjas no pudieran oír

–Desde anoche que te conocí, sentí la responsabilidad de ayudarte, sé que tu destino no se encuentra aquí, pero te encargarás de encontrarlo más adelante, sé que te divides entre la devoción a Dios y un fuego que veo en ti, ya elegirás entre Él o algo que ya estaba predestinado para ti, sea lo que sea que elijas yo sé que será lo correcto y yo estaré contigo porque siento que debo de hacerlo, al menos eso creo, no tengo nada más que decirte por el momento, te veré pronto

–Gracias por todo, espero en que te volveré a ver

Ángelo se retiró y Elsvetha se quedaba ahí viéndolo partir, de pronto la Madre Orfa se acercó a ella

–ven hija, tienes que conocer todo por acá –dijo amablemente

La madre la condujo por todo el convento mientras explicaba

–por ahí está el jardín, es pequeño pero alegra la estancia; por acá está la capilla, aquí es donde oramos todos los días; más para acá está la cocina, puedes ayudarnos si quieres; y allá se encuentra la iglesia, hoy mismo te examinará el Padre Sixto y se te otorgará el hábito y en poco tiempo te podrás unir a nuestra orden si vemos que tienes devoción

–seguro que si

–bueno ahora puedes sentirte como en tu casa, con el tiempo irás conociendo a tus compañeras

–Se lo agradezco madre Orfa –decía Elsvetha mientras se retiraba presurosa.

Elsvetha corrió libremente por un ancho corredor y por fin llegó hasta el templo, ahí subió unas escaleras y llegó hasta la torre del reloj, desde ahí podía ver toda la ciudad, se sentó en un borde y ahí contempló el paisaje un buen tiempo. Habiendo pasado algunos momentos, madre Orfa se acercaba sigilosamente y después habló

–el padre Sixto está listo para atenderte, vallamos de una vez

Ambas bajaron y caminaron hasta el curato, Madre Orfa llamó a la puerta y desde adentro se oyó un “adelante”

–bueno, creo que aquí entrarás sola, pero te esperaré aquí afuera

–gracias

Elsvetha abrió la puerta tímidamente, caminó unos pasos adentro y ahí había un enorme crucifijo en la pared, abajo un escritorio y el padre Sixto sentado ahí

–Toma asiento por favor y respóndeme unas preguntas –replicó el padre

Elsvetha se sentó y prestó atención cuando el padre preguntó

– ¿en realidad has sentido que Dios te llama?

–no en realidad, pero soy muy creyente

– ¿deseas ordenarte y guardar fielmente tus votos?

–nada me gustaría más

– ¿eres pura?

– es ridícula esa pregunta, a mi edad no conozco hombre alguno

– ¿por qué crees que deberías ordenarte?

–temo mucho ir al infierno, quiero permanecer fiel al señor

– ¿hay algo que desees confesar? ¿Por qué te condenarías?

–maté a una mujer

–asesinar en un acto terrible ¿como una muchacha como tú haría tal cosa?

–no lo hice adrede, fue un accidente, por eso pido perdón para que mi alma se salve

– ¿algo más que hayas hecho?

–Aparte de eso no creo haber cometido otra falta grave

–ya terminamos, puedes retirarte

–con su permiso

–pasa

Elsvetha salió de ahí, justo afuera aguardaba la madre Orfa, las dos se retiraron sin hablarse.

Había atardecido, Elsvetha había vuelto a la torre de la iglesia, desde ahí contemplaba como caía una ligera lluvia con sol, mientras tanto meditaba las palabras de Ángelo “¿Qué habrá querido decir con eso? Entre la devoción a Dios y un fuego interno”.

De pronto un fuerte viento entró al lugar, derribó a Elsvetha, ella desde el suelo elevó la mirada, tenía una visión en la cual se miraba con una brillante armadura luchando, su mirada era de odio y un aura de fuego le rodeaba, todo alrededor estaba repleto de cadáveres, una legión de soldados gritaba su nombre mientras ella sostenía un estandarte en lo alto del cielo oscurecido.

3

Lejos de ahí, entre las ardientes arenas del desierto, se ajustaba una feroz batalla, el ejército real caía de nuevo ante una horda de caballeros negros comandados por alguien muy peculiar, de fuerza y resistencia extraordinarios, habilidad insuperable y crueldad inhumana, eran comandados por una mujer llamada Joane, la guerrera más temida que el mundo antiguo conoció.

Ella miraba con un sádico placer como su ejército vencía y los soldados se retiraban

–Hemos ganado esta batalla mi capitana –informó uno de los soldados

–Muy bien, ahora vámonos, el rey me ha solicitado lo más pronto posible

Aquella misma noche, Joane estaba ante el malvado y ambicioso rey, él sentado sobre su trono y Joane frente a él

–Joane, sé que has tenido mucho éxito como capitana de uno de mis ejércitos y me es un honor al fin conocerte, todos me hablan de ti

–Mi ejército no es muy numeroso, pero tengo los mejores soldados, los he entrenado bien

–Ya lo veo, y ahora quiero que comandes a los soldados de Zaasát, el veterano, pues él ha caído en batalla hace unos días

–Sí, me haré cargo de ese ejército

–Solamente quedan tú y otro comandante para todo mi ejército, pero es un incompetente, a su muerte te quedarás con todo mi ejército

–Se lo agradezco majestad

–Ahora regresa y lleva a la victoria ese ejército, quiero ver a Arhanox posado ante mí

–Le garantizo que así será

Joane se retiró a paso decidido para volver a la batalla, afuera subió a su corcel y acompañada de un par de soldados siguió en camino.

Pasó el tiempo, Elsvetha tenía ya una semana en el convento, aquél día, cuando aún era temprano y ella se encontraba realizando sus quehaceres, se escuchó que alguien llamaba a la puerta; Elsvetha desconfiada que fuesen soldados llamó a la Madre Orfa

– ¡Hay alguien afuera!

–Pregunta quién es –Sugirió la Madre Orfa

–Sí, supongo que me van a decir que son soldados y vienen a matarnos –Dijo sarcásticamente

–Sí no contestan no abras muchacha

Elsvetha insegura pegó el oído al grueso portón de madera

– ¿Quién llama?

–Soy Ángelo –contestó él desde el otro lado

De inmediato Elsvetha abrió la puerta, ambos se alegraron al verse

–Ángelo ¡qué gusto verte de nuevo!

–Elsvetha, me da alegría encontrarte

La madre Orfa observó desde lejos y corrió la noticia en el lugar y las hermanas fueron a encontrarle

Elsvetha y Ángelo se abrazaron por unos momentos, poco después se miraron fijamente y Elsvetha preguntó

– ¿que querías decir con “entre la devoción a Dios y el fuego interno”?

–No lo sé, a veces digo muchas cosas sin fundamento más que mis sueños

– ¿sueños? ¿Eres un profeta?

–no exactamente

– ¿y qué dicen tus sueños?

–que debo sacarte de aquí, así que vámonos ahora mismo

– ¿qué?

–Sólo vámonos, ya te contaré en el camino

Sin más que decir, sólo agradeció a la Madre Orfa, Ángelo llevó consigo a Elsvetha y ambos salieron de ahí. En cuanto estuvieron afuera caminaron sin que Ángelo le dijera a dónde.

Habiéndose alejado ya de la ciudad, ambos caminaban por un sendero empedrado con finas piedritas planas entre las cuales crecía el pasto, el camino terminaba unos metros después y comenzaba una brecha, siguieron en camino por ahí durante buen tiempo

– ¡que sed! –se quejó Elsvetha después de un tiempo sin hablar

–También me estoy secando, la mala noticia es que no tengo ni gota de agua en el cántaro

–Espero haya un río cerca de aquí –murmuró Elsvetha

–Según yo, estamos muy cerca de una aldea, ahí tal vez nos regalen un poco de agua

Siguieron caminando unos minutos tomando atajo por una arboleda, al fin del camino improvisado llegaron a una aldea, ahora deberían ir en busca del agua, Ángelo miró que no había gente en las calles ni animales y algunas cosas de mediano y alto valor se encontraban tiradas y amontonadas en el piso mientras las personas se aglomeraban más delante. Ángelo pudo darse cuenta que la aldea estaba sitiada por los soldados enemigos, así que caminó hasta donde estaba la gente para poder enterarse

– ¡Ay no! Ya nos metimos en la boca del león –se lamentó Ángelo

En ese instante Elsvetha y Ángelo pasaron entre la gente que se aglomeraba ante un soldado tosco y sus secuaces mal encarados, aquel soldado hablaba con ellos, este soldado se dirigía a los habitantes con desprecio

–malditas ovejas, su reino está perdido, nadie les defenderá, así que váyanse de aquí antes de que comience a cortarles la cabeza uno por uno

La gente solamente oía asustada, todos temían menos Elsvetha, ella sintió que su sangre ardía, su mirada inocente se convirtió en una de odio asesino, ante el asombro de Ángelo, la joven se armó de valor y gritó

–Quienes se van a ir serán ustedes malditos invasores

El soldado volteó con ira y su grave voz atronó todo el lugar

– mocosa insolente ¿tú nos harás irnos? ¿Ó tu débil rey? Porque yo no veo detrás de ti a un ejército

Elsvetha no respondió y el soldado volvió a hablar

–Ven y enfréntame. Si tú ganas, mis soldados se van de esta apestosa aldea, pero si pierdes, no sólo te habré molido a golpes y decapitado de un solo tajo, también voy a matar a estas ratas –dijo señalando a los presentes. – ¿Qué dices? –Volvió a ofrecer

Elsvetha levantó la mirada y observó a cada hombre, mujer y niño que estaba entre la multitud, después miró de frente a Ángelo que estaba conmocionado del terror, pero Elsvetha en ese momento ya no tenía miedo a nada

–Acepto –exclamó Elsvetha decidida

Todo el pueblo gritaba animando la pelea; uno de los soldados lanzó su espada a los pies de Elsvetha, ella la tomó y no se acobardó.

Elsvetha se aproximó y se puso frente al soldado que sacó su espada y confiado caminó hacia ella, cuando le tuvo cerca tiró el primer golpe y de un puñetazo lanzó muy lejos a Elsvetha, ella se levantó sin problemas sólo un poco aturdida, cuando de nuevo se acercó el soldado le arrebató la espada y la volvió a derribar, ahora la golpeaba sin piedad mas ella se negaba a perder la consciencia y menos a sentir el dolor de los golpes, en un movimiento rápido, el soldado levantó su espada dispuesto a darle muerte, todas los presentes gritaban desesperados, Ángelo sentía que iba a volverse loco por la presión y trató de intervenir pero los soldados lo reprimieron; de pronto, Elsvetha tendida en el suelo con el rostro sangrando, derrotada y sin ninguna esperanza sacó un coraje demoniaco, recordó la daga que su madre la dio, en un soplo sacó el arma de entre su ropa y cuando el soldado descargó la espada, Elsvetha se deslizó hacia un lado, se puso de pie con las fuerzas que le restaban, tomó de la larga cabellera al soldado inclinándole hacia atrás, después le pasó la hoja por el cuello, le degolló de forma instantánea, el tirano cayó muerto ante la conmoción de todos. Los soldados se miraban entre sí aterrados, una simple niña campesina había matado a su líder, se miraron entre ellos y poco a poco, uno a uno todos se iban retirando. Elsvetha se sostenía sobre sus rodillas en el suelo, Ángelo se acercó y con un paño le limpiaba la sangre del rostro. Elsvetha preguntó

– ¿esto querías decir con el fuego interno? Un ardiente deseo de matar

–Se llama deseo de justicia, ahora dime ¿Estás bien para seguir el camino?

–Sí, estoy bien, ya no me duele –dijo sonriendo para ocultar lo contrario

Elsvetha se levantó y siguió con Ángelo, caminaban dispuestos a seguir el camino, tras ellos un anciano trataba de caminar rápido y alcanzarles

– ¡espera, espera por favor muchacha!

– ¿Me ha llamado a mí? buen hombre –preguntó Elsvetha

–Sí, mi familia y yo queremos darte algo como muestra de nuestro agradecimiento

–discúlpeme pues no busco recompensa y no puedo aceptar nada

–Háganos favor de tomar nuestro regalo, sígame –insistió el viejo y Ángelo la convenció con la mirada.

Los dos fueron siguiendo al anciano, en breve llegaron a su morada, afuera estaba su familia viendo a Elsvetha con admiración, El anciano entró y poco después salió, llevaba a rastras un costal de mantilla que parecía contener algo pesado adentro, dos de los familiares le ayudaron, adentro venía una armadura de color azul brillante y una espada con mango del mismo color, el anciano se las entregó y repuso

–yo cuando era joven anhelé ser parte del ejército, con mis propias manos forjé esta armadura y esta espada, soñé ser un héroe y expulsar a los soldados, no pude, pero sé que tú si podrás, confío en ti

–gracias

–gracias a ti, me has devuelto la esperanza de ver libre a mi patria, aunque sea en mis últimos días de vida, puesto que ya soy muy viejo. Pero esto no es todo, aguarda un momento que ya vuelvo

Elsvetha y Ángelo se quedaron esperando al anciano que se veía muy feliz yendo tras la casa. Entre Ángelo y Elsvetha había un silencio vergonzoso, por fin Elsvetha después de un suspiro dijo desanimada

–pobre gente, están tan preocupados por su país que buscan a alguien en quien confiar ciegamente

–te han elegido

–y porque a mí, soy una chiquilla, no soy de la realeza, no soy un soldado, ni siquiera sé cómo se empuña una espada, mi pueblo ha puesto su confianza en mí solo porque maté a un hombre que se lo merecía y creen que fue heroico

–solo sígueles su juego, deja que recuperen la fé

–bien, lo haré por ellos

En aquél instante, el anciano volvió con un hermoso caballo, lo tomó del dogal y se lo entregó a Elsvetha

–quiero que tengas mi caballo, es muy dócil, me lo regalaron hace poco, no me sirve para trabajar porque es un caballo de batalla y tú debes tenerlo

–muchas gracias señor

–por nada

Todos se despedían, Elsvetha y Ángelo siguieron su camino.

Ángelo había estado un poco distraído, Elsvetha ni siquiera sabía que pensar con todo lo que había pasado, de pronto Ángelo se dio valor para romper el silencio

–Elsvetha, hay algo que no te había comentado porque creo que es el momento menos apropiado, pero te lo diré antes de que sea tarde: La diócesis me ha mandado llamar de la capital, debo de apresurarme, me temo que no puedes acompañarme estaré en retiro unos días, tal vez meses, lo siento

– ¿así que es un adiós?

–no, yo confío que volveré a verte

–te voy a extrañar muchísimo Ángelo

–yo también –replicó Ángelo con una lágrima por salir

Así cada uno tomó un camino diferente, Ángelo regresaría a su capilla y de ahí partiría a la capital. Él miró la brújula y caminó hacia el noreste, Elsvetha caminó al lado contrario sin saber a dónde iba, de vez en cuando volvía la mirada hacia atrás para ver partir a Ángelo, así hasta que le perdió de vista.

Había caído la tarde, Elsvetha seguía caminando sin un rumbo fijo, se sentía demasiado sola, de pronto le entró la loca idea de seguir a Ángelo, así que dio media vuelta, subió a su caballo y se apresuró a alcanzarlo. Pasando algunos minutos encontró a un grupo de viajeros, la jovencita les preguntó

–Por mera casualidad no han visto pasar a un monje, tiene ojos y pelo oscuros, barba un poco larga, trae hábito y…

–No, no le hemos visto, disculpe –respondió interrumpiendo una mujer que venía con los viajeros

Elsvetha siguió su camino, cada que veía viajeros se tomaba la molestia de preguntar por Ángelo, pero nadie supo darle referencias de él, Elsvetha se empezaba a preocupar pues había caído la noche y estaba sola.

Elsvetha bajó del caballo, desató el costal y cambió sus ropas por la armadura, con la daga cortó la mitad de su cabello y ató el resto en una trenza lateral, ahora vestía como guerrera, al menos así no parecería vulnerable para los ladrones viajando de noche. Poco después siguió su camino, cuando sentía que ya no podría más, encontró por fin un pueblo, caminó entre la casi oscuridad, entre la débil luz que brindaban pequeños candiles colgantes de los árboles, siguió por una pequeña vereda y encontró un grupo de mujeres sentadas charlando alrededor del fuego. Elsvetha se acercó y preguntó

–disculpen ¿saben de algún lugar donde pueda quedarme únicamente esta noche?

–lo sentimos, en este lugar no ayudamos a los guerreros, somos pacifistas, no tenemos nada que ver con ustedes, así que váyase de una vez

–pero

–sin peros, le dije que será mejor si se va de una vez

Elsvetha se retiraba de ahí desanimada, cuando de pronto, a una de las mujeres le dio pena y se acercó a ella

–disculpa lo grosera que fue mi hermana, con gusto te ofrecería mi casa, pero ahí vivimos más de diez personas y no hay lugar, pero conozco una casa deshabitada cerca de aquí, no es muy grande ni cómoda, pero pasarás mejor la noche ahí que en la calle. Sígueme

–se lo agradezco señora

Las dos caminaban rumbo a la casa, la mujer miraba constantemente a Elsvetha, y después de unos momentos de silencio por fin habló

–Qué lindo caballo, se ve que es un animal muy sano

–si, tal parece

– ¿te puedo preguntar algo?

–adelante

–se ha esparcido el rumor de que una jóven guerrera asesinó a un soldado enemigo y obligó a los soldados a retirarse ¿ha sido usted?

–fui yo, pero no veo que tenga de heroico

– ¿cómo no? Obligaste a los soldados a retirarse

–se retiraron porque murió su líder, no porque yo los obligara

Después de las palabras de Elsvetha las dos quedaron en silencio y siguieron hasta llegar a la casa. La mujer abrió la puerta de aquel inmueble construido de ramas, madera y fango como las demás, ambas entraron y adentro la mujer encendió un candelabro que puso sobre el suelo

–Esta es la casa, espero que pase buena noche

–Gracias, de igual manera

Elsvetha se tendió rendida, el caballo se había quedado afuera pero parecía querer entrar, daba topes en la puerta y Elsvetha le ignoraba. El corcel metió su cabeza por la ventana y resignado se dispuso a dormir de esa forma, Elsvetha sintió compasión de él y le permitió entrar

–Vamos, puedes entrar –dijo abriendo la puerta

El caballo se mostraba agradecido, se tumbó en el suelo mientras Elsvetha le acariciaba

– ¿Tienes nombre? ¿No? ¿Qué te parece si te llamo Apolo? Elsvetha se tendió y quedó dormida de inmediato.

4

Esa misma noche, en la ciudad capital, Arhanox IV, el rey, se encontraba en su alcoba, de pronto interrumpieron los guardias

–su majestad, el comandante Taihel quiere verle ¿Qué pase?

–si por supuesto

De pronto entró un hombre de armadura y este habló al rey

– ¿supo usted lo que sucedió en una aldea al norte de aquí?

–no, supongo que vienes a contarme

–si claro, pues en ese lugar llegaron los soldados enemigos y trataban de convencer a la población de irse por la buena y entregar sus cosas de valor pero de pronto una valiente jóven enfrentó al capitán, luchó con él y le dio muerte, cuentan que le degolló con la ira de un titán

–mató a un soldado, no a todos los que infestan mi reino. Mi entrañable comandante Taihel, no caigas en esas epopeyas, las creo algún bardo para dar ánimos a mi perdido pueblo

–No me lo ha contado cualquier insensato; y la chiquilla no mató a cualquier soldado, a lo que sé era un gran líder, su muerte provocó que los soldados dejaran en paz todo aquél distrito

– ¿así que, liberó el distrito del norte? Por ahí hubieras comenzado, creo que quiero conocerla ¿cuál es su nombre?

–No lo sé, nadie lo sabe, sólo se sabe que viajaba con un monje

–Quiero conocerla, es un deseo real así que ordena a tus soldados buscarla hasta que la encuentren

–como usted ordene majestad

En ese preciso instante al salir del palacio, Taihel encontró a un mensajero

–Anda y ve a despertar a los soldados y ordénales prepararse para una importante búsqueda.

El mensajero se fue, en poco tiempo las antorchas comenzaban a encenderse en el campamento y los soldados comenzaban a llegar hasta donde Taihel miraba satisfecho.

Al día siguiente, Elsvetha había despertado, era una mañana muy fría pues durante toda la noche había caído una lluvia helada, Elsvetha se levantó y salió un momento, afuera entre los árboles algo había llamado su atención, los arbustos de movían frecuentemente y parecía que alguien anduviese ahí. Elsvetha aguardó y seguía presenciando aquello pero con más precaución

En ese instante, de aquel lugar salieron los soldados, todas las personas corrían entre la maleza tratando de huir, pero era ya un poco tarde, los soldados estaban ahí pero para su sorpresa no eran soldados enemigos, ellos solo parecían buscar algo o alguien, de pronto, uno de a caballo puso su mirada sobre Elsvetha, ella lo notó pero no pudo reaccionar por el miedo, entonces aquél hombre se acercó a ella y bruscamente la tomó como si fuese un mono de trapo, le subió a su corcel y se la llevó junto a él, así todos los soldados se marcharon detrás.

Habían pasado las horas, Elsvetha sentía un temor terrible, no sabía que harían de ella los soldados, de pronto el que le había raptado bajó del caballo y la hiso bajar también

– ¿qué me harán? ¿Van a matarme?

–No, cálmate, yo soy Taihel, el comandante real, es sólo que el rey nos ha ordenado llevarte a su presencia

– ¿y no pudieron pedirlo de una forma más amable? Sino que me dieron el peor susto de mi vida

–Disculpa, ahora sigamos en camino, ya debemos estar cerca de la capital

–pero ¿y mis cosas? ¿Mi caballo? He dejado todo en la aldea

–A ver, alguno de ustedes vaya y traiga sus cosas –ordenó Taihel a sus hombres tronando los dedos

Entre tanto los demás soldados siguieron de camino junto con Elsvetha, un par de soldados le llevaba tomada del brazo, mientras Taihel iba al frente, de pronto Elsvetha no muy cómoda replicó

– ¿y por qué me tratan como prisionera? Las manos de estos hombres me están lastimando, diles que me suelten

–ya la oyeron, déjenla en paz

Siguieron por buen tiempo. Habían llegado a la ciudad real y Taihel condujo a Elsvetha hasta el palacio, ahí el rey aguardaba sentado sobre su trono, al ver que Taihel regresaba con la muchacha se puso de pie y corrió a encontrarles

– ¿la encontraste? ¿Es ella?

–si majestad

–déjanos solos, necesito hablar con ella

–como ordene majestad

En el lugar sólo quedaron Elsvetha y el rey, este último preguntó con curiosidad

– ¿fuiste tú quien asesinó a un soldado hace poco?

–si

–No era cualquier soldado, ese hombre era terrorífico, malvado, cruel y sus soldados destruyeron muchas de mis ciudades

– ¿era acaso el líder principal?

–no, era uno de tantos comandantes, pero era el más terrible de ellos. Refiriéndonos a su líder, es un ser despiadado, cruel, sádico, capaz de matar cien de mis hombres sin ayuda, pero es una mujer y creo que serás tú quien le derrote

–su majestad, lo siento tanto, yo no soy un soldado, soy sólo una muchacha que ni siquiera sabe pelear

– ¿no sabes usar una espada? La que traes en tu cintura en bellísima

–no sé luchar, pero soy muy buena tirando piedras, nunca fallo

El rey se echó a reír, Elsvetha sólo le contemplaba sin decir nada

– ¡majestad! –interrumpió Elsvetha pero el rey seguía riendo

–oh discúlpame, sólo que no me imagino ganar una guerra tirando piedras, le ordenaré a Taihel adiestrarte usando la espada, después el arco, al final podrías aprender cualquier otra disciplina

–gracias majestad

En ese momento llegó Taihel y el rey ordenó

–ve y enséñale a esta jóven a usar una espada, después dile dónde puede quedarse mientras viva aquí

–si alteza

Taihel condujo con él a Elsvetha, llegaron hasta un enorme patio, ahí habían algunos soldados entrenando, Elsvetha y Taihel tomaron su espada cada quien y comenzaron a entrenar.

Mientras tanto no muy lejos de ahí se encontraba la catedral, al lado un monasterio, ahí se encontraba Ángelo frente al obispo, esta vez Ángelo le hacía una última petición

–Obispo, quiero hacerle una petición que le será un poco extraña

–Dime de una vez

–quiero renunciar a mi orden, no es mi verdadera devoción

– ¿cómo? Siempre creí en ti Ángelo ¿Cuál es tu verdadera devoción entonces?

–tal vez la guerra

–y quien dice que un monje no puede hacer la guerra, estoy dispuesto a absolver tus pecados con tal de que te quedes

–hacer la guerra tal vez, pero no amar

– ¿te has enamorado y por ello renunciarás a Dios?

–si obispo, lo lamento tanto

–está bien, te daré el permiso, desde este instante no perteneces a la orden, que Dios perdone tus culpas, ve en paz

–gracias obispo

Ángelo salía del despacho, recorría el enorme pasillo de la catedral, mientras dejaba a un lado el hábito, quedando sólo en ropas normales. Así cuando llegó afuera se sintió un hombre diferente, miró decidido hacia adelante y se dispuso a buscar hasta en el fin del mundo a Elsvetha.

5

Habían pasado dos días, Elsvetha había aprendido algunas técnicas de lucha con espadas, Taihel entonces se encargó de llevarla ante el rey, Elsvetha caminaba emocionada al lado de Taihel, ambos llegaron ante Arhanox, el sonrió y preguntó

– ¿qué ha pasado? ¿Está lista para luchar?

–si majestad, esta muchacha ha aprendido lo básico, pronto sabrá de técnicas más avanzadas, tiene un físico un poco deficiente para el oficio de la guerra, pero lucha con un coraje tremendo y tiene una fuerza superior a la normal en alguien de su talla

–Entonces es cierto, ella es la muchacha de la que me hablaron –murmulló el rey y después en voz alta pronunció –. Asígnale un ejército de unos pocos hombres, que vaya aprendiendo a dirigir, después tal vez le encomiende algunas misiones

–Como usted ordene majestad –respondió Taihel mientras se retiraba con Elsvetha

Ambos salieron hacia el lugar de entrenamiento sólo que ahora ahí había unos cuantos soldados

–mira allá, son sólo cincuenta hombres, ve ante ellos y diles que eres su nueva comandante – sugirió Taihel y después se echó a reír.

Elsvetha tomó valor y se dirigió a aquellos hombres

–señores, soy Elsvetha, creo que desde ahora seré su comandante

Todos los hombres reían a carcajadas y desde lejos Taihel también lo hacía, pues se sentía un poco celoso de que el rey le hubiese otorgado parte de su ejército. Elsvetha se puso muy nerviosa y replicó de nuevo con voz temblorosa

– ¿y bien?

Nadie hiso caso a sus palabras, de pronto un hombre de gran estatura se puso de pie y sin esfuerzo la empujó y la lanzó al suelo, Elsvetha humillada sacó su espada pero aquél hombre de una patada le hiso tirarla, en aquel instante, Taihel se unió contra ella, él levantó su espada y parecía dispuesto a matarla, en un segundo descargó la espada, Elsvetha sólo cerró los ojos y se resignó, después de unos segundos volvió la vista hacia Taihel, su mano estaba inerte sosteniendo la espada, otra mano le detenía, era Ángelo quien había evitado su muerte, Taihel y Ángelo se miraban fijamente a los ojos con ira, en eso apareció el rey que interrumpió

– ¿qué está pasando aquí?

Nadie respondió, Elsvetha se levantó, Taihel dejó caer la espada y Ángelo le soltó

–hice una pregunta, por lo que veo no tendré una respuesta, pero vi suficiente, Taihel ¿a caso pensabas asesinar a esta muchacha? –Dijo señalando a Elsvetha

–no majestad, era parte del entrenamiento, sólo que este hombre tomó las cosas demasiado en serio. Con su permiso –dicho esto se retiró pero el rey siguió hablando

–veo qué han tomado con descontento tener una nueva comandante, pero así son las cosas, es un mandato mío y como tal lo cumplirán ¿está claro?

–si majestad –respondieron todos los soldados en coro

El rey se retiró; los soldados habían cambiado su expresión, ahora parecían avergonzados. Elsvetha y Ángelo se reencontraron gustosos, tenían mucho de qué hablar, Elsvetha emocionada preguntó

– ¿qué ha pasado con tu hábito?

–ya he dejado la orden, creo que no estoy muy convencido con mi decisión de ser monje, pero cuéntame ¿Cómo es que llegaste hasta aquí?

–me raptaron, el rey deseaba verme

–Sí que tu popularidad ha crecido en todo el reino

–eso no me es muy grato, excepto porque ahora tengo un lugar en donde vivir

–bien por ti, pero quiero que me hagas un favor

– ¿cuál? Lo que esté a mi alcance haré

–necesito que seas fuerte, yo tendré que regresar a la aldea en donde nos conocimos, pues el obispo quiere tener cuentas mías de la capilla y sobre los ciervos, feudos, diezmos, cosas que no entenderías muy bien, pero en cuanto pueda regresaré y volveremos a estar juntos

–Ángelo no me dejes por favor

–créeme que yo tampoco quiero dejarte, pero no está en mi, te juro que regresaré pronto, nunca te dejaría… Te amo

– ¿Qué dices?

–olvídalo, no quise decir eso, sólo que te estimo mucho, me tengo que ir

–adiós

Ángelo partió y Elsvetha regresó a la prisión del castillo, el lugar que Taihel le había asignado para vivir.

A la mañana siguiente Elsvetha dormía, aún no salía el sol cuando llegó Taihel, la movió y le hiso despertar

–toma, cámbiate de armadura, pero antes date un buen baño lo ordenó el rey, después vendrás al campo de entrenamiento, el rey nos ha enviado a liberar una ciudad sitiada por los soldados, cuanto antes estés lista mejor – dijo Taihel dejando ahí una armadura nueva

–claro que si comandante

Taihel se retiró, Elsvetha se sentó sobre el borde que le servía de cama, se estiró y se puso de pie, se dirigió afuera, ahí encontró una pila llena de agua, la tocó, estaba helada, aún así llenó un cubo y comenzó a mojarse, poco después terminó y se enredó en la cobija, después fue a su dormitorio dentro de la prisión ¿Qué estúpida broma le habían jugado? No encontró la armadura nueva que le dio Taihel, tampoco la suya, siguió enredada en la cobija temblando de frió, después de mucho tiempo llega Taihel

–Lo siento, la cambié por otra talla –dijo con sarcasmo mientras se retiraba de nuevo.

Elsvetha se había puesto la nueva armadura, le quedaba perfecta, ahora salió de nuevo, recibió con agrado el calor del sol que recién salía, los soldados estaban listos para partir. Taihel ordenó avanzar y de pronto su equipaje lo puso en manos de Elsvetha, ella sumisamente lo llevó y siguieron su camino por un buen rato, Elsvetha cansada de llevar sus cosas más aparte las de Taihel renegó

–Qué te has creído que soy, intentas matarme, me mandas darme un baño de agua helada, me encomiendas tu equipaje que pesa muchísimo, ya me han brotado ampollas en las manos –dijo mientras lanzaba muy lejos el equipaje. Los soldados miraron admirados.

Taihel recogió sus cosas y siguió avergonzado, durante horas siguieron caminando. Por fin, habían llegado a la ciudad sitiada, en aquel momento los enemigos estaban haciendo destrozos por toda la ciudad, de pronto los soldados comenzaron a separarse, Elsvetha no entendía nada

– ¿comandante, porque los soldados se van? ¿No sería mejor si hubiésemos ideado un plan?

–ellos ya han oído mi plan, ahora mismo están trabajando, espero que usted haga algo productivo, o que al menos sobreviva, si no, sería una pena que el juguete del rey se estropeara –contestó Taihel de manera grosera mientras se retiraba riendo de sus palabras.

Elsvetha se sentía realmente humillada. Había pasado poco tiempo Elsvetha recorría las calles de aquella ciudad mientras veía como los soldados enemigos robaban y golpeaban a los habitantes, pero se llenó más de ira cuando observó a un par de soldados moliendo a patadas a una jóven que parecía de su edad, Elsvetha indignada intervino, asesinó a uno de los soldados y lanzó su cadáver a un lado, El siguiente soldado enfrentó a Elsvetha, ambos lucharon hasta que Elsvetha logró vencerle, aquél hombre cayó muerto, ahora Elsvetha se acercó a aquella jóven

– ¿te encuentras bien?

–creo que sí, gracias

–Yo soy Elsvetha, déjame ayudarte –dijo mientras la ayudaba a ponerse en pie

–Yo soy Tory, en verdad estoy en deuda contigo ¿cómo puedo pagarte?

–No puedo aceptar nada, yo lucho por ayudar a mi reino, no por fortuna

–entonces déjame acompañarte, puedo ser tu ayudante, no se pelear, pero puedo aprender

–me agrada que quieras ayudar, pero no puedo aceptar que vengas conmigo

– ¿Por qué no?

– ¿No tienes familia que te extrañaría si nunca vuelves?

–No, yo no tengo familia, mi padre nos abandonó, mi madre era una mujer alcohólica y cierto día estando ebria cayó del tejado, obviamente murió, sólo tengo un hermano mayor, pero se ha creído que soy su sirvienta, ya no soporto esta situación

–está bien, vendrás conmigo

Ahora Elsvetha y Tory caminaban juntas entre la ciudad destrozada, de pronto se encontraron con Taihel y sus soldados

– ¿qué ha pasado? –preguntó Elsvetha

– ¡Malditos! ya se han ido, sólo vinieron a destruir todo y se largaron, cobardes, pero los seguiremos y los degollaremos como cerdos uno por uno

–contestó Taihel rabiando y agitando su espada como si estuviese luchando

Elsvetha siguió el camino de regreso a la capital, ahora en compañía de Tory no se sentía tan sola. Al anochecer, habían llegado de nuevo, Elsvetha fue a la prisión en donde dormía, Tory iba tras ella

–Y bien, este es el dormitorio, no es muy cómodo, pero al menos tenemos un lugar donde dormir, puedes quedarte aquí, yo me tenderé en el suelo.

Ambas se habían acostado, Tory interrumpió el silencio de la abandonada prisión

–Elsvetha ¿te puedo preguntar algo?

–si

– ¿tienes familia?

–Eso creo, tuve que dejar a mi familia, a mi papá, mi mamá y mi hermanita Helen, los extraño tanto

– ¿Y qué haces aquí? ¿No deberías estar con ellos?

–Una serie de coincidencias me han puesto aquí, creo que jamás volveré con mi familia, no debo regresar a mi aldea

–lo siento tanto, no debí preguntar eso

–descuida

Poco después Tory se había dormido, pero Elsvetha seguía despierta pensando en que sería de su familia, sobre todo de Helen

A la mañana siguiente Elsvetha se levantó con cuidado de no despertar a Tory, se puso su armadura, tomó su espada y salió afuera, ahí se encontró con una ciudad muy tranquila, se puso a caminar, de pronto un gran estruendo resonó a la entrada de la ciudad, un fuerte golpe se oyó en la enorme puerta, los soldados se alarmaron pero no se atrevieron a abrir, un segundo golpe volvió a resonar, esta vez la cerradura de la puerta voló muchos metros después cayendo a los pies de Elsvetha, la puerta se abrió y al mismo tiempo entraron cerca de cien soldados y un carro de fuego con el que lograron abrir la puerta. Los soldados comenzaron a hacer estragos en la ciudad, Taihel y sus soldados comenzaron a seguirles, poco después Elsvetha subió a su caballo y se fue a seguir únicamente al líder, este al ver que los soldados de Elsvetha le llevaban ventaja, ordenó a sus soldados retirarse, estos intentaban salir de la ciudad, pero antes de esto, justo en la salida,

Taihel y sus arqueros dispararon, los enemigos cayeron uno tras otro, sólo quedaban el comandante y dos soldados, estos huían presurosos pero Elsvetha indignada siguió persiguiendo al comandante, así que salió tras él. En poco tiempo Elsvetha le dio alcance a uno de los soldados, lo atravesó con su espada y lo lanzó al suelo, hiso lo mismo con el segundo, por fin ahora únicamente quedaba el comandante, a este le siguió arduo rato, de pronto tuvo la oportunidad, le jaló de la capa y le hiso caer, Elsvetha bajó del caballo de un salto, ahora sacó su espada, El comandante por el golpe perdió el casco, Elsvetha se dio cuenta de que quien se encontraba bajo el casco era una mujer

–Por Dios, es la mujer de la que habló el rey, estoy perdida –murmulló Elsvetha temerosa

Elsvetha se fue sobre aquella mujer, pero no pudo hacerle daño, sino por el contrario lo único que consiguió fue llevarse un fuerte golpe y ser enviada al suelo, pero como si nada hubiera pasado se levantó de inmediato, de nuevo atacó, esta vez la espada de la mujer le rozó y alcanzó a cortar un pedazo de su capa, después le envió de nuevo al suelo, ahora Elsvetha escupiendo un puño de tierra se levantó y en vez de atacar, esperó el momento en el que la mujer atacara, y así fue, en cuestión de segundos la mujer se fue sobre de ella, Elsvetha se hiso a un lado y alcanzó a herirla gravemente, esta cayó sobre su costado, Elsvetha al verle inerte desangrándose dudó que aún viviera, Entonces volvió a montar a Apolo y regresó a la ciudad. Al llegar se encontró con Tory, ambas se alegraron al encontrarse.

6

Pasaron algunas horas, aquella mujer que enfrentó a Elsvetha yacía desangrándose, aún así se puso de pie, tomó de nuevo su espada

– ¡mil veces maldita! Te arrepentirás de haberte metido con Joane, se te olvida que soy invencible –decía mientras recogía el trozo que cortó de la capa de Elsvetha.

Joane había regresado al fuerte de sus soldados, ahí había algunos soldados bebiendo y platicando, en ese instante, al ver a Joane desangrándose se asustaron, pero antes de nada, Joane habló

miserables gusanos, teníamos un plan, en donde estaban ustedes cuando logramos abrir las puertas de la ciudad, se suponía que entrarían, ustedes destruirían todo y yo… Yo iría por esa mocosa y la secuestraría, pero miren lo que me ha hecho, intentó matarme

–disculpe señora, pero nosotros no…

– ¿no qué? A caso no repasamos el plan cientos de veces

–señora usted estaba ebria cuando nos comentó el plan, por eso nadie pensó en seguirle, sólo unos cuantos

–idiotas, hijos de… –se iba repitiendo Joane molesta, pero una guerrera de su ejército la detuvo

–espere, hay algo que debe saber, no tan fácil podrá deshacerse de esa jóven, no es como cualquier otra, dicen que es invencible, que arde por dentro, yo no la enfrentaría

–esos son cuentos para dormir niños, en cambio mi ejército es una leyenda que atemoriza naciones enteras, y un día todos los malditos campesinos de este reino temblarán al oír el nombre de Joane, incluyendo a esa chiquilla ingenua, le enseñaré a respetarme

–como usted quiera, pero yo no voy a morir en vano

–entonces lárgate, únete a ellos, así yo te mataré en guerra

–no soy traidora, me quedaré con usted

Joane se fue molesta a su dormitorio y ahí con una batea con agua y un trozo de seda lavó la herida, pero el dolor la venció haciéndole caer inconsciente.

Al día siguiente, Elsvetha y Tory entrenaban con sus espadas, en eso llegó el rey

–me han contado lo que pasó ayer, en verdad quería decirte que eres muy valiente, ni el más tosco de mis soldados se hubiera atrevido a perseguir a Joane, menos a enfrentarle

–gracias su majestad

–he estado planeando una cena esta noche, sólo con mis estrategas y jefes militares, espero contar con ustedes

–claro que si majestad ahí estaremos.

Vaderisto

El rey se retiró, Elsvetha y Tory siguieron entrenando, había pasado poco tiempo, entonces llegó un soldado

–Elsvetha, ha llegado una carta para usted –dijo mientras le entregaba un pergamino.

Elsvetha leyó en silencio las líneas escritas sobre el pergamino:

Querida Elsvetha:

Soy Ángelo, te extraño tanto, he oído hablar mucho de ti en estos últimos días. Quiero contarte que ayer el obispo envió algunos clérigos a supervisar la capilla y resolvimos algunos pendientes, ahora está por mandar a mi suplente, así que en cuanto eso pase podré volver contigo. También me gustaría que me platicaras como te va y que has hecho, pero no será buena idea si me respondes, últimamente los enemigos están bloqueando el correo y matan a cualquier mensajero, si logré enviar este mensaje fue porque encontré algunos de tus hombres por este lado del reino y les pedí entregarte esto. En otros asuntos, mis sueños me incitaron a visitar una aldea del suroeste, me encontré con la enorme sorpresa de conocer a tu familia, tus padres me rogaron pedirte que volvieras, Helen te extraña, aunque dice que está muy orgullosa de ti, mamá está preocupada y te quiere de regreso, toda tu aldea está contenta por tu trabajo, aunque papá es indiferente a todo esto. Por último déjame advertirte que los soldados están cerca de tu aldea, solo pocos kilómetros y llegarían. Ángelo

Elsvetha con más preocupación que emoción se dirigió a unos cuantos soldados

–estén preparados, mañana debemos de luchar, necesito a cincuenta de ustedes

Tory preocupada fue tras Elsvetha

– ¿qué pasó?

–Los soldados están cerca de mi aldea, mañana mismo iré

–quiero ir contigo

–no por favor, será mejor que me esperes aquí, este es un problema mío

–Está bien, como quieras

–Ahora debemos empezar a prepararnos para la cena del rey, no podemos faltar

–bien, pero falta mucho

–no importa

Por fin se había hecho de noche, los jefes militares estaban a la mesa, entre ellos Elsvetha y Tory, El rey llegó un poco después y se sentó junto a ellos, poco después replicó

–Veo que conocen a Elsvetha, también se que no les ha sentado nada bien que esté a cargo de una parte de mis soldados, pero de hoy en adelante, exijo que se le trate como mi igual, castigaré toda desobediencia hacia ella, pues ahora aquí tienen a la comandante absoluta de mi ejército

–su majestad, eso es ridículo – interrumpió en voz baja uno de los estrategas reales

–majestad, desde mi punto de vista no creo que esta muchacha tenga la capacidad de dirigir a más de trescientos mil hombres que integran su ejército ¿y qué hay de Taihel? Él si es un hombre maduro y capaz, lleva años a su servicio, no debería hacerle esto –se quejó otro de los asistentes

–mi querido estratega, le pido no agraviar a la muchacha, yo se que ella lo hará bien, y sobre Taihel, él no será comandante, lo he ascendido, será mi mano derecha, es mi estratega número uno ¿verdad? –dijo mirando a Taihel

Este ni siquiera había dado su opinión al respecto, solamente empuñaba el cuchillo y el tenedor con ira y fingía no oír la conversación. La cena siguió tranquilamente, algunos de los asistentes miraban a Elsvetha con envidia y rencor, ella lo notaba pero respondía con una sonrisa a sus cortantes miradas. Cuando hubo terminado la cena todos se retiraron.

A la mañana siguiente, Elsvetha se preparaba para luchar, afilaba su espada y se concentraba en luchar. Poco tiempo después se despidió de Tory y se fue. Afuera le esperaban los soldados, entonces subió a su caballo y partió.

Era ya de noche cuando Taihel y dos estrategas platicaban dentro de una taberna

–Esa chiquilla nos está dando muchos problemas –comentó uno de los estrategas

–No debemos arriesgarnos a perder la guerra y ser esclavos por un capricho del rey, debemos desaparecerla… matarla –sugirió Taihel

–El rey se molestaría con nosotros y nos mandaría decapitar –comentó el segundo estratega

–Debemos ocultar nuestra identidad, llegamos, la matamos, desaparecemos su cadáver en el desierto, nadie se enterará, el rey se olvidará de ella en pocos días, aunque se des ilusionará un poco de saber qué esa chiquilla es una simple mortal, Pero después de esto, problema resuelto, todo volverá a la normalidad –explicaba con maldad Taihel

–Hagamos eso hoy mismo –sugirió el primer estratega

–imposible, se ha ido a una misión, pero en cuanto regrese la desapareceremos –contestó el segundo

A la mañana siguiente, Elsvetha y sus soldados llegaban a la aldea, Elsvetha se sentía feliz, pero su expresión cambió cuando fueron acercándose, se alcanzaba a distinguir el humo entre la niebla y la briza, ella se preocupó y sentía que su corazón se detendría, justo en ese momento sin esperar más dio la orden de atacar. Elsvetha fue directo a buscar a su familia, de pronto divisó a Helen, bajó del caballo de un salto, ambas al verse quedaron unidas en un abrazo, pero Elsvetha interrumpió

–Helen ¿dónde están mamá y papá?

–No lo sé, trato de encontrarlos

–tenemos que buscarlos, vamos

Elsvetha y Helen corrían en medio de la batalla, por suerte encontraron a mamá

–mamá que gusto volver a verte

–hija, has vuelto ¡ayúdanos!

–si mamá, tenemos que irnos

Ante todo esto Helen se había quedado atrás, Elsvetha volvió a encontrarle, pero todo fue tan rápido

–Helen ¡no! –gritó Elsvetha

Pero fue demasiado tarde, uno de los soldados pasó muy cerca de Helen, levantó su lanza y la clavó, Helen yacía en el suelo, Elsvetha se acercó comprendía que había perdido a su hermana, su corazón se había detenido, aún más al ver el dolor de su madre, Elsvetha lloraba sobre el cadáver, al mismo tiempo que volvía la vista a quien le había quitado la vida a su hermana, este se quitaba el casco, era Joane que sonreía al ver a Elsvetha abatida; en un momento Elsvetha llena de ira, se levantó, tomó su espada y estaba dispuesta a ir por Joane, pero su mamá llorando le pidió

–Elsvetha, no vayas, ya perdí a una hija, no quiero perder a la otra el mismo día

–Mamá vengaré a mi hermana, necesito irme

–No, no, te lo suplico –rogaba su madre, pero Elsvetha cegada por el dolor y el coraje la ignoró, llamó a Apolo y subiendo a su lomo fue a perseguir a Joane, pero la había perdido, la mayoría de los soldados se habían ido. Elsvetha bajó del caballo, y de nuevo se abrazó de su madre, su padre veía desde lejos, él no pudo ocultar que quería llorar.

Al anochecer, habían regresado los soldados y con ellos Elsvetha, ella no se sentía para nada bien, justo al ver a Tory se echó a llorar

– ¿qué ha pasado? ¿Puedo ayudarte? – preguntaba en un tono tranquilo Tory abrazando a Elsvetha, pero ella no respondía pues seguía llorando

–confía en mí, cuéntame

–Asesinaron a mi hermana –decía Elsvetha con ira

Tory guardó silencio mientras la abrazaba con más fuerza.

Así pasó el tiempo, poco después Tory tratando de darle ánimos a Elsvetha le sugirió ir afuera, ambas recorrían la ciudad, a las afueras estaba una tétrica taberna, ambas entraron y se sentaron frente a una mesa, ahí Elsvetha recargada sobre la mesa continuaba llorando, Tory se acercó a la barra

–cantinero, sírvanos algo fuerte, mi amiga no se siente muy bien

–Sé lo que necesitan –respondió mientras servía los tarros

Ahora Tory se volvió a sentar junto con Elsvetha

–toma, te sentirás mejor con esto

–no gracias

– ¡vamos!

–está bien

Elsvetha bebía pero su dolor no podía desaparecer, así pasaba el tiempo

–otra ronda, su majestad el rey paga –repitió Tory

Ambas siguieron así por largo tiempo, Tory estaba ya muy animada, pero Elsvetha aún se sentía muy mal y platicaba sus penas a Tory

–Te digo que ha sido esa mujer la que mató a mi hermana, se ha vengado por lo que le hice, pero porqué con Helen y no conmigo

–Tienes que vengarla

–eso haré, y de hoy en delante, se acabó mi parte buena, no seré más la niña débil de quien todos se burlan, ahora soy una mujer cruel en busca de venganza

– ¡salud!

–Y ahora mismo juro por Helen que mataré a esa mujer, le haré pagar por su muerte

– ¿te refieres a Joane? –interrumpió uno de los borrachines que se encontraban en la cantina mientras se echaba a reír

–si

–Yo no juraría, Joane es verdaderamente malvada, incluso dicen que es invencible, muchas veces la han herido de muerte, pero siempre está de vuelta en guerra al día siguiente

–Al menos lo intentaré –respondió Elsvetha convencida mientras Tory iba ya por la quinta ronda.

A la mañana siguiente Elsvetha y Tory amanecieron en la taberna, Elsvetha recargada en la mesa y Tory tirada en el suelo, Elsvetha despertó

– ¡Tory! Despierta, tenemos que irnos de aquí –decía Elsvetha moviéndola bruscamente, aún así Tory sólo se movió y volvió a quedarse dormida

– ¡por favor! Ya es tarde, vámonos –seguía insistiendo, pero no tenía respuesta.

De pronto un jóven se acercó a Elsvetha

–Veo que tienes problemas con tu amiga, déjame ayudarte –

El jóven la movió con fuerza y ahora si la hiso despertar, Tory se puso de pie, y entre aquel jóven y Elsvetha la ayudaron a salir, una vez afuera Tory fue a la prisión que llamaban “casa” y Elsvetha decidió visitar por un momento la catedral. Elsvetha en el interior se hinco y decía algunas plegarias

–Dios, lamento tanto haberme desviado del camino del bien, he matado, he hecho cosas terribles, aún veo los rostros de personas inocentes muriendo a manos de mis hombres; Pero el precio que he pagado es mayor, me quitaste lo que más amaba en este mundo ¿porqué a Helen? Yo la quería tanto ¿porqué murió ella y no yo en su lugar?

Elsvetha se quedó en silencio por un momento, después vino un incontenible llanto y así pasaron horas enteras. Por fin se resignó y volvió con Tory. Había pasado poco de que había llegado ella, cuando de repente llegó un soldado a informar

–debemos defendernos, Joane y sus hombres están esperándonos en el campo de batalla, Joane ha amenazado que viene por su cabeza, yo que usted me lo tomaría en serio, ella no amenaza en vano, le recomiendo esconderse mientras nosotros luchamos

–En este momento me da igual morir, ahora mismo iré a enfrentarla

–No comandante, Joane es una mujer que no se dará por vencida hasta verle a usted muerta

–Ella y yo estamos en la misma situación, hoy ha de morir una de las dos, si soy yo, dile a mamá que la amo, pero no le digas que he muerto

Elsvetha dijo esto, tomó su espada y una lanza y fue decidida a enfrentar a Joane. Elsvetha caminaba por las abandonadas calles de la capital, llevaba la mano sobre el puño de su espada y una lanza recargada sobre su hombro y a la vez una mirada de odio fija al frente, cuando llegó a las puertas de la ciudad estas se abrieron, afuera estaba su ejército listo para luchar, ellos le abrieron paso, al fin llegó hasta adelante, ahí se encontró con Joane, ella sostenía una espada en cada mano y en el suelo una lanza enterrada

–Ven aquí mocosa del demonio, voy a rebanarte la cabeza y se la daré a tus padres en una bolsa de regalo

–Eres cobarde, amas el dolor de los inocentes, mataste a mi hermana y ahora llegó el momento de que pagues, si me asesinas de cualquier forma, eres una cobarde, cobarde, mil veces cobarde –respondió Elsvetha sin alterarse, aunque estaba aterrada ante la corpulenta y musculosa figura de Joane

– ¿cómo te atreves a decirme eso? ¡Ahora ven! No puedo esperar a verte muerta, y contigo las esperanzas tontas de tu reino que han creído que una chiquilla tonta les salvará.

Elsvetha se sintió ofendida, preparó su lanza y tomando vuelo corrió y con todas sus fuerzas la arrojó, Joane la detuvo con su mano justo antes de que le tocara, pues le daría justo en el corazón, la trozó a la mitad con la rodilla y lanzó los pedazos al suelo

– Pésimo intento, tonta –dijo Joane riendo y después sugirió – ¿qué tal si dejamos las armas? Pelearemos limpio, así me dará más gusto matarte

–Me agrada la idea –respondió Elsvetha tirando su espada sobre la tierra

Ahora fue Joane quien tiró el primer golpe, Elsvetha lo contuvo con el antebrazo y le respondió con un nuevo golpe a Joane dejándola aturdida, pero no pasó mucho tiempo cuando Joane le dio una patada voladora a la pobre de Elsvetha y la dejó tirada sobre el suelo, sin importar mucho se levantó y le tiró un puño de tierra a Joane, esto la despistó y Elsvetha la derribó y se fue sobre ella, en el suelo le dio golpes hasta el cansancio repitiendo “Asesina, esto es por Helen”. De pronto Joane con una enorme fuerza la lanzó muy lejos, sólo así se la quitó de encima, tomó su lanza con punta de oro y un grabado que decía “Joane vincit bellum”. La lanzó, todos creyeron que Elsvetha moriría pero alguien se interpuso, la lanza no asesinó a Elsvetha, sino a la misma guerrera que advirtió a Joane tiempo atrás. Elsvetha sorprendida volvió la mirada a aquella guerrera, mientras Joane gritaba furiosa

–Traidora, te has hecho de su lado –dijo esto mientras se retiraba

Elsvetha se acercó a aquella guerrera, le tomó la mano y le susurró

–gracias, de verdad te lo agradezco, me salvaste

–Elsvetha focus intra (Elsvetha arde por dentro) –fueron las últimas palabras de la guerrera.

Ahora todo se había apaciguado, Elsvetha volvió a casa, ahí aguardaba Tory quien no se había enterado de mucho

–Me han dicho que lucharían, me quedé muy preocupada ¿es que se te ha hecho costumbre irte sin decirme nada?

–Discúlpame, tenía muchas cosas en mente

–Entiendo pero por favor no lo vuelvas a hacer

Elsvetha tomó la botella que reposaba sobre uno de los pretiles y bebió un largo trago, Tory sólo veía asombrada. Después Elsvetha se deshizo de la parte metálica de su armadura y se tiró sobre el suelo dispuesta a dormir, Tory hiso lo mismo. Ya avanzada la noche Elsvetha no podía ocultar su llanto, Tory despertó

– ¿qué te pasa?

– Extraño tanto a Helen, y me siento tan impotente de que Joane sigue viviendo

–calma, sé que recibirá su castigo, piensa que Helen se ha ido al cielo, ahora es feliz y quiere que tú también lo seas

– ¿cómo? ¿Cómo demonios podré algún día ser feliz? En el momento que murió Helen murió mi alma, ahora siento que es sólo mi cuerpo el que desea venganza, ya no existo, ya no existe la Elsvetha buena, solo existe Elsvetha, la mujer que arde por dentro

–Sabes que estoy contigo, te quiero mucho amiga

–Yo también

–ahora trata de dormir

–lo haré.

A la mañana siguiente Tory despertó y sentada sobre el suelo de la prisión contemplaba a Elsvetha, de pronto ella también despertó

–Que bien que has despertado, te extrañaba –Dijo Tory

–Que mal, un día más de agonía, hoy no quiero hacer nada

–Yo creo que sí, sé que te animará un buen trago

–tal vez

– ¿entonces aceptas?

–claro, el rey paga

Ambas habían llegado a la taberna, ahí ambas se sentaron a la misma mesa de la vez anterior

– camarero, una botella del más fuerte que tenga, a nombre del rey –gritó Tory.

En unos momentos Elsvetha y Tory bebían, Elsvetha un poco briaga se hallaba de pie sobre la mesa y comenzaba a decir sandeces

– ¡salud por su majestad el rey!

–Salud –contestaban los demás hombres ebrios

–Salud por esta cierva de Dios que se convirtió en guerrera

–salud

–salud por Joane que me puso la cara así de morada

–salud

–Y salud, salud por ese hombre que está en la esquina –decía Elsvetha tratando de seducirlo

Tory creyó prudente bajarle los humos y hacerle que se sentara de nuevo, así estuvieron por horas

Llegando a la prisión Elsvetha y Tory siguieron bebiendo por mucho tiempo, cayó la tarde, después la noche, Elsvetha demasiado briaga salió afuera, caminaba por las oscuras calles, de pronto tres hombres con el rostro cubierto salieron de entre la oscuridad, el primero la apuñaló por la espalda, uno más la hiso caer, ahora entre los tres la golpeaban con ira

–Ya ha muerto, se acabaron nuestros problemas –dijo uno de ellos.

–no, ahora debemos deshacernos de su cadáver.

–Arrastrémoslo hasta el desierto, estamos cerca.

–Perfecto, vamos –decía otro mientras ataba el cadáver a su caballo

Así fue como los tres llegaban hasta un lugar solitario y dejaban a Elsvetha sobre la arena.

A la mañana siguiente, Taihel y los estrategas habían ido ante el rey, él los oía atento

–Majestad, en la noche hemos visto como unos soldados de Joane asesinaban a Elsvetha y se llevaban su cadáver, tratamos de intervenir, pero no pudimos hacer nada –decía Taihel fingiendo tristeza

El rey se puso muy triste, incluso las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos

– ¿Pero qué están diciendo? ¿Elsvetha murió?

–Es lo más seguro

–retírense por favor –dijo el rey en tono de voz apagado y con el rostro húmedo por el llanto

–si majestad

El rey se sentía muy mal, pero Taihel y los estrategas al salir reían a carcajadas de la expresión del rey, después celebraban felices el haberse deshecho de Elsvetha.

7

Pasaban los días, no muy lejos de ahí, Elsvetha permanecía en el suelo inmóvil, de pronto con sus pocas fuerzas se levantó, miró a su alrededor, no había nada, únicamente arena, aún así siguió bajo el ardiente sol, pasaban horas, Elsvetha no podía resistir más, cayó sobre sus rodillas, las aves esperaban el momento de que muriera para comenzar su festín, aún así Elsvetha se volvió a poner en pie y siguió. Pasaron unas pocas horas más, Elsvetha encontró un apestoso lugar, lleno de cruces y postes, los cadáveres de cientos de hombres, mujeres y niños pendían de ellos, Elsvetha sintió un horrible dolor en lo más profundo de su corazón, aún más cuando cayó en cuenta que posteriormente se encontraba la capital, en ese momento sintió volverse loca del dolor, se tiró al suelo

– ¡Lo pagarás! Te odio con todas mis fuerzas, mil veces maldita –resonaba la voz potente de Elsvetha por todo aquel valle.

Después lloraba a llanto abierto mientras golpeaba el suelo con rabia. Cuando sintió que su ira se había calmado un poco, entró a la ciudad, ahí las calles estaban completamente solas, por milagro Elsvetha y Tory se encontraron

– ¡Elsvetha! Todos creíamos que habías muerto

– ¿qué ha pasado? ¿Cuánto tiempo ha pasado?

–Desde la última vez que nos vimos han pasado cinco días, En verdad te dí por muerta

–creo que lo estuve, pero ahora he vuelto, mucho más fuerte

–Ahora si tendrás que serlo, una noche vinieron los soldados, mataron a todos, El rey y algunas personas pudieron escapar, pero los demás fueron puestos en cruces o atravesados con decenas de flechas, y todo, todo por obra de Joane –Decía con seriedad Tory mientras el semblante de Elsvetha reflejaba rabia e impotencia.

De pronto Elsvetha llamó a su caballo, subió en él y se fue dejando a Tory, Elsvetha estaba perdida en su furia que llegó al fuerte de los enemigos, entró cabalgando y sin importar que la bestia aventara a cuanta persona se atravesaba, por fin llegó hasta donde los soldados aguardaban

–Joane –gritó Elsvetha con fuerza, pero no tuvo resultado

– ¡Joane, ven y enfréntame!

Esta vez Joane se presentó, Elsvetha la miraba con profundo resentimiento, bajó del caballo y sacando su espada se fue sobre de ella, pero antes de nada, un soldado se entremetió, le propinó a Elsvetha un fuerte golpe con un tronco en la nuca, la mando al suelo inconsciente.

Transcurría el tiempo, horas más tarde cuando Elsvetha despertaba veía a Joane parada frente a ella

–Por fin despiertas, ahora es momento de divertirse ¡levántate! –ordenó Joane.

Elsvetha estaba atada a un poste, se levantó y Joane comenzó a burlarse de ella

–mírate, mocosa insolente, ahora ¿Qué vas a hacer?

–mátame, pero deja libre a Taihel, por favor

–Yo no obedezco ordenes de nadie ¿porqué debería de hacerlo? Es más dejaré que veas a ese hombre, después si me convences lo dejaré ir

En aquél momento los soldados llevaron a Taihel ante Elsvetha, ambos se miraron, Taihel habló

–Elsvetha, lo siento, lamento tanto todo lo que te hice, perdóname, de verdad lo siento

–cálmate, te perdono, ve en paz

–Oh que emotivo momento, disculpas antes de morir –decía Joane con sarcasmo -. Llévenselo y mátenlo, que no sufra –Ordenó Joane.

En ese momento sacó de entre su armadura el trozo de capa que le rebanó a Elsvetha en su primer combate

– ¿recuerdas esto? –preguntó mientras lo tiraba a sus pies, Elsvetha no respondía.

–He oído mucho sobre ti Elsvetha ¿sabes lo que dicen de ti? Dicen que ardes por dentro, pero, yo quisiera ver como ardes por fuera –decía Joane riendo y tirando leña a los pies de Elsvetha

– ¿Qué pretendes? ¿Quemarme?

–Que lista eres, si, voy a quemarte

–Eres patética –decía Elsvetha riendo

–Cállate –gritó Joane y ahora le prendía fuego

Elsvetha jamás demostró su miedo, a pesar que el fuego comenzaba a quemarle no hacía la más mínima expresión de dolor, esto le molestaba a Joane. Cuando Elsvetha sentía que ya no podría salvarse, pensó en su familia, en Ángelo, en Tory; En esta última, pareció haberla invocado, de pronto se abrió una puerta, de ahí salió Tory acompañada de unos soldados, Tory empujó violentamente a Joane y la hiso caer, así tuvo tiempo de apagar el fuego con una piel de buey que reposaba sobre el suelo, mientras los soldados luchaban, Elsvetha y Tory huían. Una vez afuera de la fortaleza de los enemigos, se volvieron a unir con los soldados y regresaron a la capital. Al llegar Elsvetha se encontró con el rey

–Elsvetha que gusto verte, todo mundo te dio por muerta, me alegra saber que no fue así

–Sí majestad, he vuelto y ahora nos prepararemos mejor para vencer a Joane y sus soldados.

Ese día Elsvetha decidió estar sola, lavaba con cuidado las quemaduras, después se puso de pie decidida y fue afuera, estuvo entrenando arduamente, teniendo en mente su venganza, no sería fácil que ella con su mediana complexión venciera a una mujer tan fuerte como Joane, eso le frustraba, así que ese día entrenó hasta que desfalleció.

Por la mañana, Elsvetha había recobrado la consciencia, Tory limpiaba algunas de las heridas

–Fue una suerte que hubieras llegado en ese momento, en realidad creí que moriría –dijo Elsvetha

–más suerte fue que te pude encontrar gracias a un par de mercaderes, mira nada más en los problemas que te metes, estas quemaduras se ven muy mal, creo que tendré que amputarte el pie con una espada

– ¿hablas en serio?

–Por supuesto que no, sólo son quemaduras –contestó Tory riendo

–Gracias Tory, de verdad te agradezco todo lo que haces por mí

–ya basta, me harás llorar

–creo que un buen baño me caerá bien, ahora vuelvo

–El agua está helada

–Eso es lo de menos.

8

Habían pasado algunos meses, Elsvetha había cambiado mucho, había dejado atrás su complexión de jovencita, ahora era tenía el porte de una mujer, sus brazos se habían ensanchado como los de una guerrera, su abdomen era fuerte como una roca, ahora era mucho más fuerte y su habilidad con las armas era mayor, aunque no tanto como Joane. Ese día era por la mañana cuando Ángelo regresó, llamó a la puerta de la prisión. Elsvetha fue quien abrió, al encontrarse ambos se abrazaron

– ¡cómo has crecido!

–sí, y tú en realidad no has cambiado, me alegra verte de nuevo

–a mi más

–pasa por favor

Ambos pasaron adentro, Ángelo tomó la palabra

–sé lo que sucedió, en realidad creo que hice mal en sugerirte que fueras a tu aldea, sólo logré que presenciaras la muerte de tu hermana

–No, no es culpa tuya, te agradezco, así pude estar con ella en sus últimos momentos y pude evitar que lo mismo le pasara a mis padres

–De verdad lo siento, sabes que estoy conmigo –dijo mientras la abrazaba fuertemente, después ambos habían quedado de frente y Ángelo como un impulso la besó

–Creo que no es el momento indicado, lo siento –dijo Elsvetha a la vez que se soltaba de él, y justo en ese instante llegó Tory

–Ya llegué ¿no interrumpo nada?

–no, por el contrario, que bien que has llegado –respondió Elsvetha

Ahora los tres se sentaron y siguieron una amena plática por mucho tiempo más.

Mientras tanto, Joane había planeado una venganza terrible contra Elsvetha y Tory, en aquel momento pulía su armadura al mismo tiempo que hablaba sola

–Ese par me ha colmado la paciencia, creo que debo de hacer algo, les daré una verdadera lección porque yo soy Joane y ¿apoco no puedo contra esa mocosa? –. ¡Si, Joane puede contra cualquiera! –se auto contestaba fingiendo una voz diferente –. Y llegó el momento de ir por la cabeza de su amiga, así le daré una lección muy valiosa “No meterse con la señora de la guerra” o sea yo. Te voy a enseñar maldita aldeana, intento de monja, pedazo de mujer, engendro infrahumano, que nadie se mete conmigo ó lo paga muy caro –decía y después se echó a reír.

Poco después, Ángelo, Elsvetha y Tory se encontraban paseando por el centro de la ciudad casi abandonada, de repente Ángelo tuvo un presentimiento extraño

– ¡debemos irnos!

– ¿porqué? –preguntó Elsvetha

–No lo sé, sólo vámonos

Habían pasado apenas unos segundos cuando se oyó un estruendo por toda la ciudad, Eran las puertas de la ciudad, ahora no las habían abierto a la fuerza, no las habían evadido, ni las habían incendiado, ahora las habían derribado totalmente, como si hubiesen salido del infierno, cerca de veinte jinetes entraban quemando los techos de las pocas casas servibles que habían en la ciudad, al fondo, quien entró al último fue Joane, con su caballo negro que reparaba decidido a entrar en guerra, Joane llevaba una espada totalmente de oro y una mirada de odio que se cruzó con la de Elsvetha que reflejaba deseos de una venganza que pareciese imposible. Cuando Joane estuvo cerca de Elsvetha bajó del caballo, pero esta vez sólo la empujó y la hiso caer, esta vez no iba por ella, sino por Tory, la levantó bruscamente y la subió consigo al caballo, después de esto Joane y sus caballeros partieron, Ángelo ayudó a Elsvetha a ponerse de pie

–Ángelo, Joane la matará, lo sé, no puedo seguir viviendo, no puedo sentir más dolor –dicho esto se desmayó.

Cuando Elsvetha volvió en sí, estaba en la prisión y Ángelo estaba sentado a su lado

–Por fin despiertas, no te preocupes, sólo fueron unos minutos

– ¿Y Tory? No puedo dejarla en manos de Joane, esta vez si la mataré, si es necesario por la espalda como cobarde, pero veré como se derrama su maldita y oscura sangre entre mis manos

–Y yo te apoyaré en todo, siempre, lo juro, pero ahora no es momento

–Gracias, y ahora creo que tengo que levantarme, necesito estar ebria de nuevo –dijo mientras tomaba la botella de la repisa

– ¿qué? ¿De nuevo? ¿O sea que tomas? Cuando te conocí creí que eras una muchacha diferente

–Lo era, pero el dolor transforma a las personas ¿No lo sabías?

–bueno, creo que yo también necesito un trago de vez en cuando.

Ambos bebían de la misma botella, en poco tiempo se había acabado, esta vez Elsvetha sacó una nueva, así estuvieron hasta que no se sentían muy bien y ambos platicaban un montón de incoherencias

– ¿sabes? Ahora estoy convencida de que soy un fracaso

–no, no, no de ninguna manera

–Y ahora quiero que te marches, huye de Joane, vete antes de que te mate por mi culpa

–no, yo sé que no es por eso, pues yo no tengo miedo a morir si es por ti, sé que estas enojada por lo de hace rato

– ¿hace rato qué? ¿A caso eres cómplice de Joane y secuestraste a Tory? Porque de ser así os tendré que rebanar el cuello –decía sacando su espada torpemente y después sin querer la dejó caer sobre el pie de Ángelo

–No, yo digo del beso –respondió sobándose el pie y haciendo expresión de dolor

–Ah, el beso

–Sí ¿es que no te gustó?

–No, si me gustó, pero

– ¿pero qué? Estoy feo, lo sabía

–No, es sólo que… olvídalo, el caso es que si me gustó

–oye ¿puedo preguntarte algo?

–si

– ¿quieres casarte conmigo? ¿Quieres ser mi novia?

–no

– ¿por qué no?

–porque no quiero, bueno sí, sí quiero

Ángelo se puso muy feliz, ahora él y Elsvetha eran novios, aunque estaban demasiado ebrios para saber lo que hacían.

Al día siguiente Elsvetha despertó, a unos pasos más estaba Ángelo aún durmiendo, Elsvetha le contemplaba mientras recordaba cómo habían pasado la noche diciendo tontería y media , después de un momento decidió despertarle

–Vamos despierta

–Ya voy –dijo él mirándole con una sonrisa

Ambos afuera tomaron caminos diferentes, Elsvetha tenía que entrenar y Ángelo buscar ganarse la vida.

Pasó el tiempo, Elsvetha entrenaba en compañía de unos cuantos soldados, de pronto se oyó un enorme bullicio en la plaza de la ciudad, y como era de esperarse, era Joane, sus soldados llevaban encadenado a alguien cubierto con una capucha negra, conforme caminada dejaba rastros de sangre. A aquél ser le llevaron hasta el centro, ahora Joane mandó llamar a Elsvetha. Ella fue llevada de inmediato, en cuanto estuvo presente, los soldados de Joane la golpearon haciéndole doblar el cuerpo, después le encadenaron de las manos, ellos la sostenían fuertemente; Entre tanto Joane le levantaba la capucha, quien se ocultaba debajo era Tory, tenía rastros de haber sido golpeada. Elsvetha furiosa intentó zafarse de las cadenas pero era inútil. Joane reía frente a ella

–Te dije que no te metieras conmigo

–Esto lo pagarás muy caro

–uhm que miedo me das, tan solo mírate, humillada, sola, encadenada sobre el suelo, eres el peor de los fracasos –dijo esto y le dio una bofetada haciéndola sangrar y enojarse aún más

–Te haré pagar por todo Joane, y los cuervos picotearán tu cadáver mientras el cielo arde en señal de gloria por tu muerte.

–oh que conmovedora historia… pero tu amiga, mira nada más, se me pasó un poco la mano y la he golpeado de más, no vale la pena dejarla viva ¿tú qué opinas?

–si le haces algo te descuartizo

–quisiera ver eso

Joane levantó su espada, la colocó en el corazón de Tory, después la empujó con fuerza ante la desesperación e impotencia de Elsvetha. Joane sádicamente empujó el cadáver con el pie. Elsvetha ahora si sintió lo que jamás había sentido, una furia infernal, se levantó y tiró de las cadenas que la ataban, en ese momento tenía una aura de fuego y una titánica fuerza sobrehumana; al tirar lanzó muy lejos a sus opresores, ahora como una fiera saltó sobre Joane, la hiso caer y sobre de ella comenzó a desquitar toda su fuerza, Joane sentía los puños de Elsvetha como hierro ardiendo pero Elsvetha se sentía liberada, disfrutaba sentir como la sangre de Joane saltaba, salpicaba su rostro y le llenaba las manos, pero su momento de gloria terminó cuando los soldados auxiliaron a Joane, ella al borde de perder la consciencia ordenó aprensar a Elsvetha.

9

Pasaron algunos días, Elsvetha estaba en la prisión de Joane. Hacía ya algún tiempo que no sabía nada de nada, se sentía triste, pero el recuerdo de Ángelo le hacía sentirse un poco mejor. En unos minutos Joane entró ahí, Elsvetha le veía con una furia enorme, pero Joane habló

–no creerás a lo que he venido

–supongo que a matarme, adelante, ya no tengo ni un solo motivo para seguir viviendo, me harías un gran favor si me matas

–No, no te mataré, vengo a liberarte, entendí que tenías razón, es de cobardes matar de esta manera, yo no soy cobarde, creo que tu cabeza la cortaré en batalla, ahora vete, en una semana exactamente lucharemos, mi ejército está preparado. Te recomiendo ir, embriagarte, buscar un amante, no sé lo que quieras, pero sobre todo, prepara a tus soldados, porque los míos no tendrán piedad

–lo haré

–Suerte –Decía Joane abriendo los cerrojos de las cadenas que aprensaban a Elsvetha

– ¿segura que no me matarás en cuanto me dé la vuelta?

–No, es más, te acompaño a la salida

Ambas iban juntas ante la admiración de los soldados, al salir del fuerte de Joane, Elsvetha se despidió

–te veré en una semana

–claro que sí, no puedo esperar más para verte agonizar a mis pies

–sigue esperando

Elsvetha se marchaba sin pensar en nada más que una estrategia para luchar contra Joane. Cuando hubo llegado fue ante el rey

–majestad en una semana Joane atacará nuestro reino, debemos preparar a los soldados

–primeramente, me alegra que hayas vuelto, según me contaron Joane te secuestró, así que la mayoría te dieron por muerta, excepto los que aún creemos en ti. Y sobre Joane, creo que los soldados ya están más que listos

–me alegra saber eso, estaré entonces tranquila

–perfecto

Elsvetha salió de ahí, fue entonces a la prisión en donde sólo había algunas armas, su ropa y algunas pertenencias, pero faltaba algo, faltaba Tory, Elsvetha se sentó sobre el suelo y estuvo en silencio con la mirada perdida recordando sus momentos con Tory, estuvo así hasta quedarse dormida. Cuando despertó, era de madrugada, a su alrededor sólo había oscuridad, pero por la pequeña ventana abarrotada entraba un resplandor naranja, Elsvetha miró afuera y se encontró con la ciudad ardiendo, rápidamente salió, afuera se encontró con un soldado que desesperado comentó

–Señora, Tiene que dar la orden de atacar, el ejército de Joane está allá afuera

–por supuesto, manda a los soldados salir, a algunos cien disparar flechas desde arriba, otros cien más apoyar como refuerzos al fondo, una vez afuera yo voy por Joane

–A la orden –respondió retirándose

En un momento Elsvetha salió de la ciudad, afuera se encontraba un gran número de soldados de Joane, los suyos también se habían formado ya, ahora ella tomó su caballo y su espada, entonces estando al frente ordenó atacar. La pelea comenzó, todo se había convertido en una carnicería, Elsvetha después bajó de su caballo y luchó de frente contra los enemigos, pero en ningún momento encontró a Joane, Elsvetha comenzaba a cansarse, de pronto fue herida, ella cayó sobre la tierra y ya no supo más de sí, lo último que recordó fue un horrible dolor, una luz blanca, a Helen acercarse a ella y después nada, todo se oscureció.

Pasaron algunas horas, Elsvetha no había muerto, despertó, estaba en la prisión a su lado se encontraba Ángelo

–No sabes que susto me dí cuando me pidieron que recogiera tu cadáver en el campo de batalla, en realidad lo creí, estabas desangrada, incluso no respirabas, ni tu corazón latía.

–por Dios, comienzo a creer que en realidad mi deseo de venganza es más fuerte que la muerte, sé que no debía morir antes que Joane.

Elsvetha intentó levantarse y un fuerte espasmo se lo impidió

–calma, no puedes levantarte aún

–Oh no–se quejó Elsvetha

10

Habían pasado cinco días, Elsvetha se había recobrado, Ángelo había estado con ella siempre sin separarse un momento. Ese día era por la tarde cuando Ángelo recogía sus cosas en un morral, Elsvetha recién llegaba

–Tengo que ir a una aldea cercana, no tardaré mucho estaré a más tardar aquí mañana, hay alguien que me ha llamado porque requiere mi ayuda, espero encontrarte –Dijo Ángelo

–te esperaré, pero mañana es el día en que enfrentaré a Joane, y si no me encuentras

–no quiero pensar eso, pero si fuera el caso, recuerda que yo siempre te amaré, y te recordaré. Cuando regrese, lo primero que quiero hacer es casarme contigo

– yo también

– ¿enserio?

–si

Ángelo se puso muy contento y sin mucho afán de irse tuvo que tomar sus cosas, antes de irse Elsvetha lo detuvo unos instantes

–Si no me encuentras con vida mañana, no mires mi muerte como mi derrota, sino al contrario, sabed que he vencido sobre los oscuros ejércitos de Joane –murmuró Elsvetha

Ángelo se fue aunque hubiera dado lo que fuera por quedarse al lado de Elsvetha y morir junto a ella. Poco después cuando caía la noche Elsvetha se encontraba en la taberna, ahí se sentó y bebió tranquilamente durante un buen rato, de pronto una mujer se sentó junto a ella a hacerle plática

–sirven buenas bebidas aquí ¿verdad?

–sí, así es –respondió Elsvetha algo extrañada de que alguien le hablara

–Todas las personas merecemos un último trago, y que mejor que en este lugar

–habla usted como si fuese a morir

–Nadie nunca sabe cuando morirá, puede ser hoy, mañana. Pero te daría un consejo, nunca te preocupes en matar, sino en conservar su vida, aún también después de matar

–gracias por el consejo, déjeme invitarle algo –decía Elsvetha sirviendo de su botella en el tarro de la mujer

–Gracias, este es un buen vino

–Entonces empiezo a creer que es mi último trago, mañana lucharé a muerte

–tal vez, entonces lo necesitas, muchas veces te has liberado de morir, lo sé

–claro, en este lugar todo mundo sabe de mi

–Es difícil cuando todo mundo sabe de ti, conocen hasta el punto más débil de tu armadura, cuidado con eso

Después de esto se hiso un silencio y después de un momento Elsvetha habló

–me dio gusto conocerle, pero tengo que irme antes de que no pueda ni levantarme, además tengo que descansar

–bien, te veré mañana

–si es que sobrevivo a Joane

La mujer le oyó y no respondió

Al día siguiente Elsvetha se preparó. Se levantó temprano, afuera su ejército estaba ya listo; Caballeros, arqueros y todos los soldados

–Sólo vendrá la mitad conmigo, los demás esperarán aquí y sólo entrarán en caso de que sea necesario, mientras tanto prepárense

Joane y su ejército se encontraban afuera de la ciudad, ahí esperaron unos momentos, Elsvetha aguardaba detrás de los soldados; de pronto, Joane llegó con un ejército numerosísimo, algunos de los soldados de Elsvetha sintieron miedo al presenciar a un sinfín de caballeros negros listos para destrozarlos. Elsvetha desprendió el estandarte del asta y lo enredó en su puño, después tomó su espada, cabalgó hasta el frente, así se vio cara a cara con Joane, ella no parecía temer, incluso sonreía, de pronto Elsvetha ordenó atacar, ambos ejércitos se encontraron en el campo de batalla, los soldados de Joane parecían ser más fuertes, pero los de Elsvetha más hábiles, la lucha estaba muy reñida, pasaba el tiempo y los soldados morían tanto de un bando como de otro. Al final, sólo quedaban pocos soldados de Elsvetha y casi el doble de Joane, así fue cuando Elsvetha encontró por fin a Joane, únicamente las separaban algunos veinte metros, Joane se dio la vuelta y le miró, ambas se veían con rivalidad, de pronto Elsvetha hiso a su caballo correr, se veía furiosa, Joane presintió que ahora si la asesinaría y ordenó a sus arqueros detenerla, ellos dispararon, ante su admiración, las flechas no le traspasaban sólo retachaban y caían rotas al suelo, Elsvetha bajó de la bestia y sacó su espada de la vaina, mientras se acercaba más a Joane, esta también desenvainó su espada, entonces Joane al verle venir fue quien atacó, Elsvetha esquivó el golpe y logró herirla, Joane sangraba pero no era nada grave, entonces se encendió de cólera y atacó con más fuerza, Elsvetha también tiraba algunos golpes, pero Joane parecía invencible, hasta que Elsvetha consiguió volver a herirla, esta vez fue en su mano derecha, esto le hiso soltar la espada. Ahora Elsvetha parecía dispuesta a aniquilarla de una vez, así que descargó la espada con todas sus fuerzas, pero Joane tomó el escudo de uno de los soldados muertos y se defendió con él y con este mismo hiso a Elsvetha quedar desarmada también, ahora las dos peleaban con los puños, Elsvetha perdida en su ira golpeaba con todas sus fuerzas aunque Joane parecía llevarle demasiada ventaja, así pasaron unos momentos, de pronto Elsvetha recibió un fuerte golpe que la mandó al suelo, ella sentía perder la conciencia, estaba tendida y sólo veía el cielo oscurecerse, en ese instante llegaban imágenes a su cabeza, se veía corriendo entre campos de flores al lado de Helen; el momento en que su padre le enseñaba con paciencia a cuidar de las hortalizas, las veces que oraba entre el sonoro clamor de las campanas y admiraba la imágen de Cristo en la capilla, pero también la muerte de Helen, Tory, Taihel y de todo su pueblo, entonces oía su le latir de su corazón y cada vez más fuerte cada conforme sentía a Joane acercarse, entonces con una enorme fuerza se levantó, tomó su espada que estaba cerca de ella, la empuño y corrió en dirección de Joane, amagó dando media vuelta y así hirió a Joane en la espalda muy cerca del cuello, Elsvetha veía a Joane herida sobre el suelo, sosteniéndose sobre las rodillas, con una mano en el suelo y otra sobre la herida, entonces Elsvetha regresó, vio a Joane de frente y tomándole del cabello le susurró

–Eso fue por Helen y esto es por Tory –dijo mientras la hacía ponerse de rodillas y colocaba su espada en el corazón de Joane y ahora con fuerza la empujó, Joane moría, entonces Elsvetha desclavó su espada

–Y esto es por mi reino –dijo mientras empujaba el cadáver y la hacía caer sobre la tierra.

En aquel momento Elsvetha soltó su espada, entre la guerra y la cortina de polvo, a lo lejos veía como se acercaba la misma mujer de la taberna, ella se acercó y con voz suave agregó

–Ahora has cumplido todos tus objetivos, te di muchas oportunidades para hacerlo, pero ya es tiempo que vengas conmigo, yo soy la muerte –dicho esto desapareció

Después de esto Elsvetha inmóvil se daba cuenta que la profunda herida que tenía en el costado sería la causante de su deceso, los costados eran la única parte vulnerable de su armadura. Cayó de rodillas, miró hacia arriba, el cielo ya no era oscuro, ahora ardía, Elsvetha miró el cadáver de Joane repleto de buitres, su palabra se había cumplido; entonces bajó la mirada y vio a los soldados de Joane acabar con los suyos, después como el rey Arhanox se acercaba comandando a la otra mitad del ejército, ya estaba sellada la victoria de su reino, ahora sólo puso una sonrisa y desfalleció, pocos segundos después murió feliz, había salvado a su reino y vengado a sus seres queridos, ahora estaría con ellos. En ese momento Ángelo se presentaba en el campo de batalla junto con el rey y sus soldados, con él iba también una multitud de campesinos, aldeanos, monjitas y algunos monjes, también el anciano que encontraron en la aldea y le obsequió la armadura; este emocionado lanzó su bastón muy lejos, levantó sus brazos y gritó

–Elsvetha focus intra, soy libre

Ángelo miraba a Elsvetha, sabía que había muerto, entonces se acercó a ella y una lágrima corrió por su rostro, pero al mismo tiempo se sintió feliz por lo que ella había logrado, entonces tomó el cadáver en sus brazos para darle cristiana sepultura y lo llevó con él en medio de la batalla, el polvo, el estruendo de espadas y un cielo de fuego.

Ese mismo día, faltando poco para el ocaso, Ángelo llegaba a la aldea de Elsvetha acompañado por un par de soldados, la madre de Elsvetha se acercó, Ángelo sin hablar le miró de frente como si tratara de expresar algo con dificultad

–Lo sabemos todo –replicó la madre de Elsvetha con plena tranquilidad

–Lo lamento mucho

–No se lamente, al contrario, alégrese; Mi hija no murió sin motivos, he oído noticias de que los soldados han empezado a marcharse y por fin somos libres

Una lágrima y una sonrisa contrastaban en el rostro de la madre que miraba a Ángelo fijamente -. Mi marido y yo le agradecemos encarecidamente todo lo que usted hiso por ella

Ángelo sin decir nada tomó la espada de Elsvetha y la entregó en manos de la mujer, después sin decir más se retiró desapareciendo a la par con el sol.

Los años pasaron y el rey Arhanox reinó felizmente durante mucho tiempo, Ángelo nunca se casó ni tuvo familia, los padres de Elsvetha vivieron modestamente el resto de sus vidas, el reino estuvo en paz por siempre.

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