Incienso y Osmoterapia por A Krumm Heller - muestra HTML

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Arnold Krumm-Heller

DEL INCIENSO A LA OSMOTERAPIA

Von Weihrauch zur Osmotherapie

(1934)

BIBLIOTECA UPASIKA

www.upasika.com

Colección “Rosacruz” Nº69

BIBLIOTECA DEL ESPÍRITU No 4

(Dr. Méd. Hon. C. de la Universidad Nac. Mexicana, ex Coronel del Estado Mayor Mexicano).

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Historia y aportes para un nuevo sistema curativo por medio de las esencias odoríferas.

EDITORIAL "CULTURA"

Casilla 4180

Santiago de Chile

1936

AUTORIZACIÓN DEL AUTOR

Autoriza a mi representante en Chile esta primera versión al español de mi libro "DEL INCIENSO A LA OSMOTERAPIA",

Berlín, 1 de Diciembre de 1935.

Dr. Krumm-Heller.

(Hay un sello que dice: el Dr. Krumm-Heller (Huiracocha) Berlín -

Hellingese - Alemania.

"FAUSTO". De Goethe:

WAGNER: ¿respiras conmigo aromas suaves? Con qué delicia nos embriagan los Sentidos! Secretamente rondan por los aires. Ríndome luego a tus encantos.

PARA EMPEZAR ACOMPAÑADO DEL FÍSICO Y DEL BIOLOGO

"Fue para mi un gran placer e intima alegría de leer, antes de que fuera impresa esta ultima obra extraordinaria y reveladora, de un amigo de la infancia, el Coronel Dr. A. Krumm-Heller, La que la investigación exacta y la intuición imponen con fuerza imperiosa al radiologista es la fundada

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sospecha de que toda acción curativa, ya sea de los medicamentos o de cualquiera otra fuente, es puramente irradiación; y que sólo puede ser irradiación nos lo demuestra aquí un hombre que ya asombró al mundo, en más de una ocasión y en forma convincente e impresionante, con doctrinas nuevas de un valor eterno. Y aún más: vemos, ya con argumentos fehacientes como por lo que se desprende de entre líneas que la acción inicial de una dosis cada vez más sutil, de sustancias nobles, permite obtener una acción final infinitamente más drástica que el empleo de dosis excesivas de venenos comúnmente usados en la clínica actual los que, en suma y aun en los casos favorables apenas si combaten los síntomas y nunca las dolencias.

"Mis relaciones con una parte de la facultad de medicina suiza, me han llevado al convencimiento de que el aventajado médico, científicamente formador está cada vez mejor dispuesto a emplear métodos nuevos,

"Es de esperar pues que el presente libro pueda aunar en un solo haz a las diferentes, clases, de sus colegas clínicos…

"¡Dios lo quiera! Y así ¡recorre el mundo, libro de imágenes maravillosas y risueñas para salvación de la humanidad doliente¡ Vaya al querido autor, un estrecho apretón de manos por sobre montes, ríos y valles deseándole a la obra un feliz viaje. ¡Adelante por este sendero ¡".

Zarkh. Primavera de 1934.

Alfred Judt (Físico)

Después del físico hable al médico!!! "Quien quiera que conozca esta nueva obra del Dr. Krumm Heller, no puede dejar de admirar la maestría con que guía las ideas que pone de relieve indudablemente que todo es Osmoterapia es para nosotros occidentales, toda una novedad absoluta y espera todavía, como lo dice el propio autor, nuevos esclarecimientos y experiencias futuras.

"Pero, a pesar de esto, están tan claramente trazados y fundados al camino y las ideas, que después de haberlo leído ya nadie podrá echarse tierra a los ojos.

"Tratase tal vez de llegar a las dolencias de los hombres por medio de una acción directa sobre el sistema nervioso central, hacer accesible aquella central de nuestro cuerpo para así poder decidir del bienestar o malestar, de la salud o de la enfermedad.

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"No es necesario hacer alusión a la conquista, también citada en este libro, del médico español Asuero que consiste en provocar por medio de una tocación en la nariz, influencias centro-nerviosas y obtener así curaciones asombrosas e increíbles, curaciones que han sido mas estudiadas en el resta del mundo que entre nosotros, gracias a la presunción de ciertos círculos médicos oficiales contra la ciencia y conocimientos ajenos,

"Se, por haber visitado la América Latina, que el Dr. Krumm Heller es un sabio, al parecer mío, de fama excepcional en la América Central y en la del Sur, Debemos felicitarlo, pues, por comunicar en esta obra, a sus contemporáneos, ideas nuevas, desconocidas hasta hoy, y cuyo alcance puede ser de incalculable trascendencia.

"El olfato humano ha sido injustamente desdeñado en medicina; tanto, que solo se le considera hoy como mediador en la narcosis y no es la vista, ni siquiera el paladar, sino el olfato, el que estimula nuestro apetito, hecho diario que bastaría para, acercamos a las ideas del autor".

Berlín, Mayo de Í934.

Dr. Albert Wolff

INTRODUCCIÓN

Así como para nuestros ojos humanos, todo en la naturaleza se forma lentamente, sale de la nada, brota, crece, florece, se abre; así también pasa con las impresiones y los trabajos espirituales. Vivimos y en nosotros viven también pensamientos, deseos y esperanzas. Tras largos años de meditación, recolección, búsquedas y luchas, resuelvo confiar en este libro mis doctrinas retenidas y afirmadas, y aún más, las observaciones y hechos que han de servir para abonarlas.

Ignoro si otros han emprendido ya tentativas semejantes, ya sean accidentales o sistemáticas, para esclarecer o comprobar experimentalmente los fenómenos de este extraño ramo. No hay duda que en la literatura parapsicológica hay pequeños folletos sobre la acción de las esencias; son, sin embargo, tan nulos, tan insignificantes, que ni merecen mención.

Más de una persona habrá que tome este libro, lo hojee y lo deje luego a un lado por poco interesante. No censuro a nadie; hay una sola causa y ésta debemos atribuirla a este tiempo que corremos, tan materialista y superficial, que hace catorce años se iniciara en Alemania.

Seguramente chocará este libro con la dura testa de ciertos criterios cerrados y tardíos y entonces sonará hueco; pero ello no provendrá precisamente del libro.

Sólo el futuro podrá decir si realmente va a ser posible llegar a algo concreto sobre el resultado de las observaciones que se han reunido hasta hoy y que una vez aumentadas con nuevas investigaciones, se consiga un nuevo método de curación. Suposiciones análogas me inducen a creer que esto es lo más probable y de toda provisión de éxito de lo más razonable.

Sería prematuro sentar desde hoy cualquier rumbo para un método eventual.

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Lo único que me es lícito, que puedo y debo, es pedir que se me ayude, ya que yo soy el inventor de la Osmoterapia, a buscar y comprobar un nuevo camino para curar y fortificar a la humanidad.

Deseo también poder examinar en esta introducción un asunto bien poco develado, cual es la representación exterior de mi idea y cómo he encuadrado el nuevo método en la nomenclatura que vamos a considerar.

Mí primera intención de encarnar la idea que encierra la palabra EUODIA (buen olfato), hube de rechazarla después de un detenido examen. El buen olfato es una idea que se refiere a la percepción que tienen los individuos respecto a los olores puestos en contacto con ellos y acondicionada por éstos o aquéllos. Tomándolo bajo este aspecto y muy superficialmente, cabría citar aquel proverbio que dice: “En materia de gustos no hay nada escrito”. Proverbio que aquí no reza, pues no queremos seguir nuestro olfato exterior, sino alcanzar una íntima excitación de las glándulas y por medio de ella una curación. Para ese tratamiento el paciente debería, como en cualquier otro tratamiento, ser obligado a emplear medicamentos por medios desagradables, pero no es eso lo que persigue nuestro sistema, sino emplearlos en forma de perfumes.

Preferí, pues, hasta que los juicios profesionales hayan dado su dictamen, emplear el término OSMOTERAPIA para indicar el proceso medicinal basado en el empleo de perfumes. La palabra griega OSME, ampliamente aplicable a todo olor, sin perjuicio de la sensación, que asume propiedad específica según la persona, me parece la más aceptable.

Osmología, o sea la ciencia del olfato, es un concepto científico del dominio de la ciencia y sobre la misma existe desde hace tiempo en Alemania una vasta literatura.

Apenas terminé mí manuscrito lo mandé a un físico, profundo conocedor del Oriente, y a un doctor célebre, médico alemán muy conocido en la América latina, reconocido como una eminencia clínica. De ambos solicité el veredicto, Ellos hablan en las primeras páginas de este libro.

Toda novedad provoca oposición. Quiera Dios que llegue este libro a manos del investigador imparcial de la ciencia, desprendido de toda sabiduría oficial axiomática, seca, pero capaz de apreciar el valor del sentimiento y del pensar progresista.

No olvide el lector, además, que a mí disposición se hallan los viejos archivos de México y todos los documentos sobre la ciencia de las correlaciones de los primitivos hechos históricos.

Las sinagogas judías de España poseían valiosas bibliotecas que pasaron a los claustros después de la expulsión de los judíos de España. Ahí me fueron facilitadas notables obras literarias sobre Méjico y el Perú, de donde extraje un precioso material.

CAPÍTULO PRIMERO

El incienso en el culto del Antiguo Testamento

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Es de todos sabido que en el culto del antiguo testamento se empleaban mucho, ya fuera en el Tabernáculo o en el templo de Jerusalén, las substancias aromáticas. En Palestina son escasas tales esencias odoríferas; sin embargo, hasta hoy día vemos graciosas y lozanas flores en la gran plaza frente al templo de Salomón. Sólo el Líbano producía incienso, que en la lengua hebrea se denominaba “l’bhonah”, palabra en cuyos sonidos hasta el más lego percibe cierta relación con el nombre de la montaña.

Otra denominación hebraica para la palabra “perfume”, en el sentido de “substancia olorosa” es, en general, SAM.

Las mayores y cualitativamente más valiosas cantidades de incienso, así como otras substancias aromáticas destinadas al culto, eran adquiridas en el extranjero. Oímos así hablar del incienso del país de Saba en el que los intérpretes de la Biblia ven hoy una faja de la Arabia sudeste, en tanto que los teólogos de antaño indicaban con ella a los etíopes o a los indios.

En otras esencias que se han citado relacionadas con el referido incienso y allegadas a él por cuanto se presta como perfume, hay que mencionar las flores de Chipre, entre ellas el nardo, la mirra, el azafrán, el ámbar, el cálamo, el acíbar, el polvo de especias y, además, ciertos preparados que ya estaban listos y que Lutero en su traducción de la Biblia llamaba sucinta, pero erróneamente ungüentos y que hoy, por falta de indicios ciertos, como muchas de las otras substancias llamadas puras, no pueden identificar los especialistas.

Frecuentemente encontramos también la palabra “besem” que en plural es “b’somím”, cuya acepción general sirve para designar la balsamera y los productos aromáticos que de ella se escurren.

Cuando con la pérdida de la independencia política terminó el bien organizado culto del pueblo judío, cesó también el estímulo para seguir con el uso de substancias aromáticas en el servicio divino, limitándose desde entonces a hacer oraciones en lugar de ofrendas.

Cabe decir, todavía, que aun hoy día algunos devocionarios hebreos tienen por título la vieja expresión “ofrenda”. Apenas si en sí todavía queda un solo empleo de las esencias en el culto, el cual sin embargo se hace ocultamente hoy en día, y es en la llamada “Habdalah”, que quiere decir “separación”. Ese uso, según la tradición de los rabinos, debe remontar a cerca de medio siglo después de la consagración del segundo templo (516 años antes de Jesucristo), bajo Esra.

Recuerda el arte espagíríco de los Rosa-Cruz -medievales, aunque su significado es distinto, principalmente en la fiesta de la “separación”, o sea del comienzo de la nueva semana, al final de la noche del sábado (Sabat). El utensilio más usado es un vaso ajustado, metálico, cilíndrico o prismático, sostenido por un soporte como pie de copa y, las más de las veces, con una torrecita aguda o una banderita metálica en la tapa. El latón de ese utensilio contiene los metales de Venus y de Júpiter, por partes iguales y el escritor Therión piensa que ese latón envasado debe ser ilimitado respecto a su extensión, pues no se refiere a una sola cosa, sino que es universal y simboliza el amor divino. En el vaso hay ‘varios gramos de aromas frescos, también designados con el nombre de “b’somim” que, como ya dijimos, se denominaba el vaso de bálsamo y de los productos que de él se derivaban. También ese pequeño utensilio solía llamarse “vaso b’somim”.

Cumpliendo con el prudente empleo que, según indiqué, se debe observar al salir del día sábado, no sólo en las sinagogas de observancia estricta, sino especialmente en las familias, el que hace la ofrenda, por ejemplo, el padre de familia lleva el vaso en la mano y sobre su fragante contenido pronuncia la siguiente bendición:

“Alabado seas, Señor, Dios nuestro, rey del mundo, que creaste todas las especies de aromas.”

Entonces abre la tapa o torrecilla del vaso y aspira el vapor de los granos de especias.

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Este es el único resto del culto de las esencias aromáticas en el judaísmo de hoy día. Según la explicación de los judíos ortodoxos, ese rito proviene de una bendición hecha sobre una copa de vino en el que se apagaba una vela encendida. Era un acto de gracias a los dioses del fuego, poderoso auxiliar del hombre en todas las formas y creaciones, al comienzo del trabajo semanal, en que el espíritu sabatino, metafóricamente representado por las especias, sería transportado a los días hábiles.

No erraremos tal vez ante esa interpretación, creyendo que ese vapor de las especias, trasladado a la esfera religiosa, puede curar, a su vez, la vuelta del espíritu sabatino en el curso de la nueva semana.

Los judíos jamás tuvieron misterios o usos culturales propios. Su aptitud y aplicación espiritual descansaban en lo material, en el negocio. El estímulo que los judíos dieron al empleo de las esencias y defumatorios en el culto, no era otra cosa que el deseo de activar el comercio para sacar de esas cosas algún provecho lucrativo. Indagaciones hechas en la literatura judaica, proporcionan amplios informes sobre cosas secretas, sobre todo el conocimiento de escritos antiguos de los judíos españoles, anteriores a la expulsión (1492, después de Jesucristo) , y que constituyen un interesantísimo material de investigación.

Supe en Rodas y Palestina que hay familias judías que para ciertos exorcismos usan hasta hoy día olores relacionados con las constelaciones siderales.

CAPÍTULO SEGUNDO

Incienso, perfumes y ungüentos en la Iglesia Ortodoxa

No hay duda que muchas de las costumbres judías pasaron a la Iglesia ortodoxa aun cuando ésta, en su mayor parte, tenía las suyas propias.

En la consagración de una iglesia o de una casa comercial, ceremonia que en la confesión ortodoxa es reservada exclusivamente al obispo, la parte superior del nuevo altar consta de una simple mesa cuadrada de madera que ha sido previamente lavada con “nitra”, jabón fragante, y con agua caliente; después el propio obispo la restriega fuertemente con una esponja embebida en agua de rosas (el obispo se ha revestido para ello con una túnica de lino sobre su hábito), asistido por los prelados asistentes. Además, la mesa ha de ser hecha, en lo posible, de madera olorosa, las más de las veces de ciprés. También se usa en las Iglesias ortodoxas el ciprés para hacer con esa madera los cuadros sagrados que han de adornarla.

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También se emplea en la consagración de un nuevo altar otra substancia aromática que consta de diversas esencias juntas. Se llama ésta “mastíc de cera” y se compone de una mezcla de cera virgen, blanca, con almáciga, que se saca haciendo una incisión en la corteza del árbol sagrado (de almáciga), y que Lutero tradujo por “Würze aus Salbe”, que quiere decir “esencias de ungüento”, y que consta de incienso de Esmirna, áloe, tomillo, resina de pino e incienso blanco.

Una vez fluida esta mezcla, cuya proporción cuantitativa está bien determinada en los libros litúrgicos respectivos, se hace una masa verdosa, movediza y en ella se refriegan, sobre la mesa del altar, pequeños fragmentos de reliquias y se echan en un vaso de forma de cáliz. Con eso termina la consagración. Después, se recubre la mesa del altar con un paño habitual. Pero no todas las iglesias poseen tales reliquias sobre el altar. Todavía sobre éste hay siempre una carpeta doblada, de seda amarilla o roja, en la que está representada la escena del entierro de Jesús y en cuya parte superior y por detrás, en forma de bolsillo, hay fragmentos de reliquia fijados por la mano del obispo con la misma masa de almáciga.

En las iglesias griegas, esas toallas de seda se llaman “antimínsía”, cuyo uso remonta a los primeros siglos de la era de Cristo, no se realiza ninguna cena o fiesta eucarística: sobre ese paño desdoblado quedan la patena y el cáliz.

Dada la prolija fabricación de la “almáciga”, el obispo consagra a la vez una cantidad de esas

“antimínsías”.

Otra de las substancias fluidas que pertenece a las más exquisitas esencias que son harto numerosas y de que hacen uso en sus cultos no solamente la Iglesia ortodoxa, sino numerosas iglesias orientales, es el santo “myron”. En el diccionario tal palabra figura vertida por “óleo consagrado” u “óleo ungidor”. Etimológicamente no siempre cuadra así, pues la palabra griega

“myron” proviene del hebreo, donde con la partícula “mor” (análoga de “mar”, amargo), indica la mirra hecha ya una resina de color castaño obscuro, sacada del “Balsamodendron mírrha”

(Linné), originaria de la Arabia feliz. También aquí el nombre fue sacado de un componente único aun cuando no el principal, y se extendió después a los demás. En realidad, en la composición del santo “myron” entran varias esencias fluidas o sólidas que en la iglesia rusa, según pudimos estudiarlo personalmente a fondo, son veinticuatro; en tanto que, según referencias de obras literarias, la iglesia griega de Constantinopla utiliza para ello cuarenta substancias. Cada una de esas plantas está impregnada de una fuerza curativa excepcional, y es muy posible llegar a la realización de curaciones extraordinarias aspirándolas como perfumes.

Otros tantos ingredientes contienen los santos óleos de la iglesia gregorio-arménica. Todavía no se les ve en el lecho de los enfermos; sólo se les impone a los sacerdotes fallecidos. No nos interesa enumerar aquí uno a uno esos ingredientes. Quien se interesare por conocerlos no tiene más que buscarlos en el libro “Rito Mortuorio y antiguos oficios divinos de la Iglesia griega-católica ortodoxa de Oriente”, por el Pbro., Maestro de Teología, A. Von Maltzew (Berlín, 1898), que durante muchos años fue sacerdote oficial de la antigua iglesia de la embajada imperial rusa. En la segunda parte de esa obra, de las páginas 89 a la 114, se describe el rito de la preparación del “myron” en amalgamación y se mencionan, separadamente, los ingredientes.

Basta con recordar aquí que la ceremonia sagrada comienza anualmente el lunes de la semana santa y que las substancias aromáticas, entre las que tienen un papel importante el vino y el aceite de rosas, se cuecen ininterrumpidamente hasta el jueves santo. Durante ese tiempo se leen ciertos fragmentos de la Sagrada Escritura, preces alusivas, y se profieren ciertas fórmulas sagradas. El fuego que se coloca bajo la cacerola es encendido por el obispo de la más alta jerarquía; en la iglesia rusa de la era zarista, lo era también por un metropolitano; en la iglesia

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rusa de hoy día y en las iglesias independientes de la cristiandad ortodoxa, también por un patriarca. Cuando éstas no reciben el “myron” directamente de Constantinopla, el mantenimiento de este fuego corresponde después a otros obispos, religiosos de alta graduación y hasta a seculares.

Para preparar el santo “myron” había en el histórico Kremlin (hoy día sin duda ya no existe), una sala especial, de regular tamaño, la llamada “Myrowarennaja Palata” (cocina del myron).

Veíase allí en un gran fogón revestido de loza ricamente adornado, tres gigantescas cacerolas de plata de casi 1,50 metros de alto y un diámetro correspondiente, en las que se echaban durante todo el tiempo de la fabricación las esencias perfumantes.

Una vez terminado esto, se sacaba el santo “myron” que quedaba del año anterior y con él se llenaban doce jarrones de alabastro de color rosa natural, todavía originarías de la antigua bízancio.

Entonces, viejos y venerables sacerdotes transportaban los jarrones a la iglesia de los “Doce Apóstoles”, también en el Kremlin. Allí se le depositaba al pie de la mesa-altar. Esa iglesia no servía para ningún otro oficio divino. De ahí, según las necesidades, el santo “myron” era entregado a los obispos diocesanos, los que, a su vez, lo repartían a los sacerdotes de las parroquias para ser utilizado por el sacerdote, que al mismo tiempo hacía de médico, usándolo como agente curativo.

Ese “myron” sagrado se usaba también en la coronación de los monarcas como un ungüento, lo que, según parece, pocas veces aconteció. Sabíase, sin embargo, que el Zar estaba pronto para curar con él a los enfermos imponiéndoles las manos; también se sabe que el rey inglés era ungido con él.

Es igualmente muy importante el rito eclesiástico de la santa unción “myron”, que se realiza inmediatamente después del bautismo y que, hasta cierto punto, corresponde a la confirmación occidental. En eso también se veía por qué en la iglesia ortodoxa las criaturas pequeñas eran llevadas por sus madres a recibir la comunión.

Además, limítase el uso del “myron” a aquel sacramento que podríamos llamar la “extremaunción” católica romana (en alemán, “letzte ólung”) , pero según el concepto de los ortodoxos tiene otra significación. La iglesia armenia sólo aplica la extremaunción a los sacerdotes, y esto, cuando ya están muertos. Cabe notar, además, que la lucha por la prerrogativa de la fabricación del santo “myron” en las iglesias orientales, fue muchas veces causa de amargos disturbios, cuyas consecuencias aun hoy día se dejan sentir.

Mientras que en las ceremonias del culto que hemos mencionado como, también en los sacramentos, las substancias aromáticas deben considerarse como accidentes, atribuyéndoseles significación simbólica de portadores de la gracia espiritual, para nuestros fines, es interesante poder referir una consagración dentro de la iglesia ortodoxa, en la cual, de la plegaria que la acompaña, se deduce claramente que a las hierbas aromáticas no sólo se les atribuye fuerza curativa o protectora cuando se las traslada al dominio religioso, sino también que su fluido fragante, se conoce directamente como remedio, en el sentido médico, para los males físicos y como profiláctico para los animales de las casas y quintas, contra cualquier machacadura o lesión. Para terminar esta disertación sobre el uso de los ungüentos aromáticos en la vida del culto de la iglesia ortodoxa, transcribiré este breve texto.

Sólo reproduciremos aquí el tenor de esa curación no recortada en la traducción alemana y copiada de la redacción fidedigna griega de una edición de la iglesia eslava (paleobulgárica), hecha por “Trebník” (Moscou, 1902, 2.ª parte). Advertiremos que de la misma oración existe ya otra versión alemana bajo el título de “Oración para la bendición de hierbas aromáticas” en la

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publicación ya citada, del libro del Pbro. y maestro de Teología A. Von Maltzew, página 791.

Esa obra es hoy una curiosidad bibliográfica muy difícil de obtener.

Oración para consagrar cualquier planta odorífera

“Señor, Dios omnipotente, que todo lo llenaste con tu verbo y a la tierra ordenaste que produjera todos los frutos a su tiempo y diste la alegría y la vida a los hombres. Tú mismo, buenísimo soberano, bendice y consagra con tu Santo Espíritu estas semillas junto con las varias hierbas traídas a este templo sagrado, y a estos tus vasallos que reciben estas hierbas y semillas; límpialos de toda mancha, y llénales las casas con todos los perfumes, para que ellas y ellos y todos los que en ellas creen se sahumen, se preserven y libren de todas las celadas enemigas y los defiendan de todas las tentaciones que tengan, de día y de noche; de las actividades del demonio, para bendición de tu pueblo fiel, en el alma y en el cuerpo, así como a su ganado y todos cuantos pertenecen a sus casas y moradas. Para que todos los que usaren estas hierbas reciban protección en el alma y el cuerpo y para que tu misterio de la gracia (misterio sacramental), sea el sagrado remedio de nuestra redención; para que en cualquier lugar donde sea depositado o usado para atraer bendiciones, tu diestra después de haber dispersado las fuerzas enemigas, lo cubra todo con la soberanía de tu único, majestuoso y venerado Nombre, donde reside toda la soberanía, honra y adoración, con el Padre y el Espíritu Santo, ahora y siempre, por los siglos de los siglos, ¡¡Amén!!”

Entonces se rocían en forma de cruz y por tres veces las hierbas con agua bendita.

Por último, citemos aquí para completar nuestras informaciones del empleo de los aromas en el culto de la iglesia ortodoxa oriental, el ejemplo de una, hoy insignificantísima hermandad de civilización egipcia, cuyo curioso uso encontramos entre los coptos.

Allí predomina en muchas, sino en todas las esferas populares, la creencia de que se puede obtener el perdón de los pecados quemando incienso y confesando los pecados ante los vapores aromáticos que exhalan, aun cuando no sea necesaria la presencia del sacerdote, a quien sólo corresponde el poder de absolución. Bajo este concepto, se atribuyen también a los perfumes fuerzas purificadoras en sentido religioso. Nos encontramos así, en este caso, frente a una concepción que se asemeja a ciertos principios mágicos del chamanismo o de las cosmologías relacionadas con él.

El doctor Steiner, fundador del movimiento antroposófico, introdujo la ceremonia del culto que en la comunidad cristiana conocemos por “consagración de los hombres”, el director de esa comunidad, es el doctor Rittelmeyer, teólogo universalmente conocido por sus notables obras. A esta hermandad pertenecen hombres célebres como el profesor Herm, Beckh, el licenciado Emilio Bock, el botánico Johannes Hemleben, etc., etc.

En esa congregación de personas, salidas de círculos apegados principalmente a la iglesia protestante, se quema también incienso. El doctor Steiner pensaba que la defumación cabe tanto en los actos del culto como en cualquier curación. A mí mismo me afirmó él que el empleo de los perfumes y los sahumerios tenían en las curaciones un campo antiquísimo de aplicaciones, así como un futuro espléndido.

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Tuvimos la gran suerte de ser amigos y discípulos, asistiendo a las clases universitarias del doctor Steiner y a ese genio debemos muchas indicaciones para la aplicación de la Osmoterapia.

CAPÍTULO TERCERO

Perfumes y esencias en el culto del Budismo

Otro campo, más vasto aún, que debemos recorrer, siguiendo las fragantes huellas de las substancias aromáticas, es el del budismo. Los judíos tomaron muchas cosas del budismo. Éste estuvo de moda en los últimos siglos y muchos han escrito sobre su doctrina sin conocerla a ciencia cierta. Nosotros no tenemos a la vista la vitalidad de esa doctrina n i su utilización táctica tal como la predicó Gautama Buda y hoy se difunde en las comunidades budistas.

Sería imposible describir aquí el uso de todas las substancias aromáticas. Cabe observar todavía que el propio Buda repudiaba cualquier veneración en el culto, pues su doctrina tiene por fin una cosa, contar con la existencia de divinidades, y en estas mismas se da un papel secundario, con relación al fin aspirativo de todos los seres. El budismo primitivo no es religión, como nosotros la entendemos. Era ateo, y para sus adeptos, aún hoy día, no hay oportunidad de ofrecer a ninguna divinidad la pureza primitiva. El desarrollo del budismo es poderoso, especialmente en las escuelas del norte, entre los chinos, y tibetanos y mongoles y también en el lamaísmo. Por cierta ironía del destino histórico, de esa doctrina atea o filosófica puede formarse una religión en el sentido exacto de esa palabra.

En un principio el cielo de Buda era el desierto de los dioses o del dios; pero fuese poco a poco llenando de tal modo que hoy puede considerarse como un panteón de primer orden. En número, el cielo budista no puede ser superado por ningún otro de cualquier religión. Se encuentran allí, junto a los dioses propiamente dichos, los budas imaginarlos, los santos, los ángeles, las hadas, los demonios, los genios protectores y particulares y los poderosos encantadores del sistema tántrico. Solamente el Olimpo Mejicano, que tan sólo de “pulques”, esto es, “bebedores” tiene 400 dioses, puede competir con él. El germen productor de ese panteón budista, lo creó la figura de Gautama Buda y aquí entran en escena los perfumes y perfumadores.

Ya el uso de substancias aromáticas, bajo la forma de incienso, ante la estatua de Buda, extraña mucho, pues él mismo exigía de sus adeptos que renunciaran a la práctica de las perfumaciones. En el catecismo budista de Olcott, edición de Carlos Seidenstückre, Leipzig, 1908, pág. 80, entre los deberes de ellos, recogidos por un lego, leemos lo siguiente: “Observo el mandamiento de abstenerme de joyas, perfumes, especiería y todos los adornos”.

Más adelante, en la pág. 87 del mismo libro, podemos verificar que la ofrenda de flores, incienso y velas aromáticas ante la imagen de Buda, pasa por algo muy digno de alabarse en la conducta de un creyente budista. Yo, que vivo muy lejos, en las afueras de Berlín, ando a veces por la floresta y luego de encaminarme al templo budista de Frohnau, puedo cerciorarme de que siempre hay flores muy fragantes ante la estatua de Buda, y en invierno, ramas olorosas de

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pino. Arriba, en dos terrazas, hay una gran cacerola de bronce: proviene de un pueblo japonés y sólo sirve para vaporizar perfumes.