El Misterio de los Siglos por Por Herbert W. Armstrong - muestra HTML

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EL

MISTERIO

DE LOS

SIGLOS

Por Herbert W. Armstrong

© 1985 Iglesia de Dios Universal

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Contenido

PRÓLOGO ................................................................................................... i

LA REVELACIÓN DE LOS SIETE MISTERIOS......................................... iv

CAPITULO I ¿QUÉ Y QUIÉN ES DIOS? ................................................... 1

CAPITULO II EL MISTERIO DE LOS ÁNGELES Y LOS ESPÍRITUS

MALIGNOS ............................................................................................... 14

CAPITULO III EL MISTERIO DEL HOMBRE ............................................ 32

CAPÍTULO IV EL MISTERIO DE LA CIVILIZACIÓN ................................ 52

CAPITULO V EL MISTERIO DE ISRAEL ................................................. 63

CAPITULO VI EL MISTERIO DE LA IGLESIA.......................................... 83

CAPÍTULO VII EL MISTERIO DEL REINO DE DIOS............................. 128

PRÓLOGO

i

PRÓLOGO

¿SE HA PREGUNTADO ALGUNA VEZ quién es usted, qué es y por qué

existe?

El mundo que nos rodea es un misterio. Nosotros mismos somos un misterio. No

hemos visto nuestro propio cerebro, sede del intelecto y de todo lo que somos.

Nuestra vida está envuelta en misterios. Cuando reflexionamos, aun la existencia

misma se muestra un misterio. ¿Es el hombre un ser que simplemente apareció por

casualidad? ¿es el resultado de fuerzas terrenales inmanentes, carentes de inteligencia,

significado y propósito? ¿O acaso es el fruto de un diseño y una creación inteligentes,

obra de un Dios todopoderoso y de una mente suprema, con un propósito que también

ha estado oculto en el misterio? La tradición que ha persistido a lo largo de la historia

humana y que habla de un Dios creador constituye un misterio tal, que el mundo de la

educación superior occidental ha pretendido borrarlo acogiendo casi unánimemente la

teoría de la evolución.

La difusión de la educación no empezó a nivel humano hasta la invención de la

imprenta en el siglo 15. A medida que la educación se iba difundiendo, a medida que el

intelectualismo avanzaba y que la astronomía difundía conocimiento del universo, las

mentes pensantes empezaron a hacerse preguntas. ¿Qué decir del vasto universo?

¿Cómo se originó, todo lo que existe? Las mentes racionales y científicamente

orientadas se hallaron incapaces de armonizar el conocimiento que se estaba

desarrollando acerca del vasto universo con las enseñanzas de la Iglesia Católica

Romana y el protestantismo, que habían dominado el pensamiento del mundo

occidental. La enseñanza de un Jesús con cabello largo y rostro afeminado y el

concepto de un Dios compuesto de espíritu invisible no les satisfacía intelectualmente.

Todo esto era un misterio colosal. En la vanidad de sus mentes, consideradas por ellos

mismos como eruditas, trataron de evadir totalmente el misterio basándose en el

materialismo. Apaciguaron su curiosidad tratando de inventar una solución al misterio de

los orígenes, la existencia y la vida por medio de un razonamiento materialista que les

satisficiera intelectualmente.

Gradualmente, la teoría de la evolución se desarrolló en mentes pensantes, aunque

ignorantes, llenas de vanidad intelectual. Este concepto se desarrolló hasta convertirse

en la teoría de “uso y desuso” de Lamarck. En seguida de Lamarck vino Carlos Darwuin

con su teoría sobre la “supervivencia del más apto”. En realidad, Darwuin murió sin estar

seguro de la veracidad de su propia teoría. No obstante, dos colegas suyos, Haeckel y

Huxley, lucharon vigorosamente por promover la aceptación pública de la teoría

darviniana.

Pero las mentes humanas que dieron origen a la teoría, llenas de vanidad intelectual,

¿eran más sabias que la mente suprema que las creó a ellas? La teoría de la evolución

ha sido inventada por mentes en un esfuerzo por explicar la presencia de una creación

sin la preexistencia de un Creador divino.

Si el Dios todopoderoso fue nuestro Hacedor, y si existe como Creador divino de

todo lo que hay, entonces Dios mismo surge como el primero y el más grande de todos

los misterios.

¿Qué y quién es Dios? Este es un misterio que ninguna religión entiende. La

educación no lo enseña. Para los fundadores de la teoría de la evolución, llenos de

PRÓLOGO

ii

vanidad intelectual, la existencia de Dios, como les fue presentada por la religión, era un

misterio que ellos no podían entender ni aceptar. Pero ni siquiera los religiosos que ellos

rechazan pudieron entender el misterio de Dios. Sin embargo, Dios se revela a sí mismo

por medio de su Palabra, la Santa Biblia, si estos religiosos tan sólo hubieran creído la

revelación misma de Dios. Dios se revela en su Palabra, la Santa Biblia, mas casi nadie

la entiende. La Biblia es en sí el misterio fundamental que revela todos los demás

Si la verdad acerca de Dios constituye el misterio número uno revelado en la Biblia,

sin duda le sigue en orden el misterio acerca de los ángeles y los espíritus malignos.

¿Existe o no el diablo? ¿Creó Dios al diablo? Y si existen ángeles santos, ¿cuál es su

propósito y su función? La Biblia dice claramente que nuestro mundo está gobernado

por potestades invisibles de los espíritus malignos que afectan la vida suya, lector? Este

asunto parece estar totalmente sumido en el misterio.

En tercer lugar tenemos el misterio de nuestra propia vida. ¿Qué es el hombre y por

qué existe? ¿Tiene un alma inmortal? ¿Saben los muertos lo que hacen los vivos? ¿Es

el hombre un ser de carne y hueso que lleva en su interior un alma inmortal? ¿Tiene la

vida humana algún significado o propósito? ¿Por qué afronta la humanidad tantos

problemas aparentemente insolubles?

El cuarto lugar entre los misterios incomprendidos corresponde a la civilización de

este mundo. ¿Cómo se desarrolló? ¿Por qué vemos un mundo de avances y progresos

admirables pero al mismo tiempo con males deplorables cada vez peores? ¿Por qué las

mentes que desarrollaron naves espaciales, computadores y demás prodigios de la

ciencia, la tecnología y la industria no pueden resolver los problemas que ponen de

manifiesto la incapacidad del hombre?

Luego viene el misterio de los judíos y la antigua nación de Israel. ¿Son los judíos los

únicos descendientes de la antigua nación de Israel? ¿Por qué levantó Dios a Israel

como una nación especial? ¿Por qué es el “pueblo escogido”? ¿Son ellos los preferidos

de Dios? ¿Acaso discrimina Dios contra otras naciones? ¿Hace Dios acepción de

personas? ¿Cuál es el propósito de Israel dentro del orden divino de las cosas?

Ahora llegamos al misterio de la Iglesia. ¿Por qué ha de existir la institución

eclesiástica en el mundo? ¿Tendrán algún propósito oculto quizá aun para el

cristianismo tradicional? La verdadera Iglesia, ¿sigue siendo la misma que Cristo fundó,

o está compuesta ahora de muchas sectas y denominaciones diferentes? ¿Está la

Iglesia bien organizada bajo un patrón creado por Jesucristo? ¿Hay gobierno y

autoridad en la Iglesia? ¿Es una organización grandísima compuesta de muchos

millones de miembros, o es un grupo pequeño y perseguido? ¿Cómo se puede

reconocer a la verdadera Iglesia hoy?

Por último, ¿por qué está envuelto en el misterio lo que es el reino de Dios? El

mensaje evangélico de Jesús fue el “reino de Dios”. ¿Es el reino de Dios algo que está

dentro de cada persona? ¿Es algo que se puede establecer en el corazón de los

hombres? ¿Es la Iglesia, o es algo enteramente distinto? ¿Por qué es un misterio el

evangelio mismo de Jesucristo?

Estos son los SIETE GRANDES MISTERIOS que tocan la vida de cada hombre y

mujer sobre la tierra. La pura verdad acerca de estos misterios se revela en la Biblia,

mas parece que ni las iglesias ni los teólogos la han comprendido.

¿POR QUÉ?

La Biblia es el misterio fundamental. Si uno la lee de comienzo a fin, puede terminar

perplejo. La Biblia no se puede leer como se leen otros libros. Es un misterio por tratarse

de un libro escrito en cifra. Es como un rompecabezas con centenares de piezas de

formas diversas que sólo se pueden unir de una manera. Las verdades de la Biblia se

revelan un poquito allí, oto poquito allá, dispersos de principio a fin, y se aclaran sólo

mediante el Espíritu Santo que está en aquellos que se hayan entregado y sometido a

Dios dispuestos a confesar sus errores y males, deseosos de CREERLE a Cristo, la

PRÓLOGO

iii

Palabra viviente de Dios, Jesús fue la Palabra en persona; la Biblia es la misma Palabra

impresa.

Nadie puede recibir el Espíritu Santo, único capaz de abrir la mente del hombre y

darle la capacidad de entender la Palabra de Dios, si no se ha arrepentido

profundamente y si no cree implícitamente en Cristo y en lo Cristo dice. El

arrepentimiento es posible sólo cuando se reconoce el error: lo que se ha hecho mal y lo

que se ha creído erróneamente. Lo más difícil para el hombre es reconocer que ha

estado equivocado y confesar sus creencias y convicciones erradas, así como

desaprender conocimiento falso y adquirir conocimiento verdadero.

No es de extrañar, pues, que casi nadie entienda la Biblia.

Dios deliberadamente puso su libro en cifra para que no fuera entendido hasta

nuestra era moderna. ¿Por qué lo hizo? Aun esto constituye un misterio. Lo

explicaremos en las páginas de este libro.

En el capítulo 12 de la profecía de Daniel leemos que ni siquiera aquel devoto siervo

de Dios comprendía el significado de lo que se le hizo escribir como parte de la Biblia.

Dijo que oía pero no entendía. El ángel revelado le dijo: “Anda, Daniel, pus estas

palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin” (versículo 9).

Hoy hemos llegado a ese tiempo. Dios ha dado entendimiento de su Palabra a los

elegidos, a los que se han entregado y sometido a Él y a su Palabra sagrada. El capítulo

12 de Daniel dice que en este tiempo del fin los “entendidos comprenderán”, pero que

“ninguno de los impíos entenderá” (versículo 10). ¿Quiénes son los “entendidos”,

capaces de comprender la Biblia?

“El principio de la sabiduría es el temor del Eterno” (Salmos 111:10) y “buen

entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos” (mismo versículo).

Empero, el cristianismo tradicional ha negado los mandamientos de Dios diciendo que

están abolidos o “clavados en la cruz”. El clero y los teólogos del “cristianismo”

organizado no pueden entender la Santa Biblia, y de hecho no la entienden.

Cabe preguntar, pues, cómo nosotros podemos entender y revelar al lector tan

desconcertantes misterios. La pregunta se responderá en la Introducción de este libro.

LA REVELACIÓN DE LOS SIETE MISTERIOS

iv

LA REVELACIÓN

DE LOS

SIETE MISTERIOS

LA INQUIETUD NÚMERO UNO del mundo hoy ¡es la supervivencia humana! La

ciencia y la tecnología han producido armas de destrucción masiva capaces de borrar

toda vida humana de nuestro planeta.

Hoy son muchas la naciones que poseen armas nucleares, y un solo loco bastaría

para encender la chispa de la tercera guerra mundial…que aniquilaría al género

humano.

Sin embargo, la verdad de Dios, si se hubiera conocido y aplicado, ¡habría librado a

la humanidad de tal amenaza y de todos sus males!

¡Detengámonos un momento y PENSEMOS EN ESTO!

Habitamos un mundo que parece muy adelantado en los campos de la ciencia, la

tecnología, la educación superior y la diseminación de conocimientos. La gente

considera que es un mundo de GRANDES ADELANTOS. Enviamos hombres a caminar

en la superficie de la Luna y los volvemos a traer ilesos. En Marte aterrizan naves

espaciales que toman fotografías de la superficie marciana y nos las envían a la Tierra.

Otras naves, acercándose a Júpiter, nos mandan fotos increíbles de ese planeta y de

los anillos de Saturno. Mientras tanto, los cirujanos implantan corazones artificiales y

transplantan órganos vitales.

Parte de la humanidad vive en un mundo mágico, deslumbrante, donde basta apretar

un botón para que alguna máquina cumpla el trabajo del hombre. Es un mundo soñado

de lujo, comodidad y licencia.

Paradójicamente, el nuestro es también un mundo de IGNORANCIA. Ni siquiera las

personas de alto nivel educativo saben cómo resolver sus problemas ni los problemas

del mundo. No conocen el camino de la PAZ ni los PRINCIPIOS de vida CORRECTOS.

Mientras tanto, casi la mitad de la población mundial está sumida en el analfabetismo, la

miseria y el abandono. El espectro de la enfermedad y la inanición cobra vidas por

millones.

El nuestro es un mundo descontento, inquieto, frustrado, un mundo abocado a un

futuro sin esperanza. Es un mundo azotado por el crimen y la violencia, la inmoralidad,

la injusticia (aun en sus tribunales), la falta de honradez, la corrupción en el gobierno y

los negocios…y como si todo esto fuera poco, las guerras incesantes van conduciendo

hacia la guerra final: la tercera guerra mundial, con armas nucleares.

¿POR QUÉ tenemos esta paradoja de “PROGRESO” junto con DEGENERACIÓN?

La verdad de Dios lo habría resuelto

La verdadera religión, que es la verdad de Dios unida a su amor impartido por medio

del Espíritu Santo, habría señalado el camino. Habría traído la felicidad, la abundancia y

la salvación eterna.

Al descubrir el error de las religiones del mundo, habremos señalado la causa de

todos los males.

LA REVELACIÓN DE LOS SIETE MISTERIOS

v

¿Qué es religión? Se define como el culto y servicio a Dio o a lo sobrenatural. Es la

relación del hombre con su Creador. Algunas religiones han torcido esta definición. No

rinden culto al Dios que creó al hombre sino a los dioses que el hombre ha creado. La

religión tiene que ver con el comportamiento humano, con los principios, el modo de

vida y el concepto que se tiene del más allá

Las verdaderas CAUSAS de la confusión religiosa del mundo y todos su males se

revelan en SIETE VERDADES BÁSICAS que han sido un misterio pero que claman

contra esta Babilonia de confusión religiosa y de caos mundial.

¡La hora de Dios ha llegado! Ahora ÉL envía una voz que clama con poder al mundo

entero revelando el camino para salir de esta locura y entrar en el mundo de PAZ Y

JUSTICIA que pronto abarcará toda la tierra.

En el libro de Isaías hay una profecía para nuestros días: “Voz que clama en el

desierto: Preparad camino al Eterno…levanta fuertemente tu voz, anunciadora de

Jerusalén; levántala, no temas; di… He aquí que el Eterno el Señor vendrá con poder, y

su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene con él, y su paga delante de su

rostro” (Isaías 40:3, 9-10).

¡Esa voz está clamando hoy!

El profeta Malaquías lo confirmó: “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará

el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros

buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho el

Eterno de los ejércitos” (Malaquías 3:1).

Elías vendría primero

Ambas profecías tienen aplicación doble. En primera instancia, se refieran a Juan el

Bautista, quien preparó el camino para el ministerio humano de Jesucristo hace más de

1.900 años. Pero también se refieren a alguien que había de venir después de ese

precursor, preparando el camino para la SEGUNDA VENIDA de Cristo como Rey de

reyes y Señor de señores, esta vez con el propósito de GOBERNAR a TODAS LAS

NACIONES.

La profecía de Malaquías, como la de Isaías, se aclara leyendo más adelante el

versículo primero. Ambas se refieren a un mensajero humano que prepara el camino

para la SEGUNDA VENIDA de Cristo, ¡que ya es inminente y que será con PODER y

GLORIA supremos como Gobernante de todas las naciones!

Entendamos el principio de dualidad en la profecía. Estas profecías tienen un

cumplimiento anterior y un cumplimiento posterior.

Juan el Bautista fue una voz que clamaba en el desierto físico cerca del río Jordán,

preparando el camino para la primera venida de Jesús como ser humano físico a un

templo material en Jerusalén y al pueblo físico de Judá. Pero éste fue también figura de

una voz que había de clamar (con la amplificación de la prensa, la radio y la televisión)

en medio del desierto espiritual de confusión religiosa actual, para anunciar la

inminencia de la segunda venida de Cristo, como un Cristo GLORIFICADO

espiritualmente, a su templo espiritual: la Iglesia resucitada a la inmortalidad (Efesios

2:21-22).

Jesucristo vino hace más de 1.900 años para anunciar el futuro reino de Dios. Esta

vez vendrá para ESTABLECER ese reino.

El mensaje de advertencia se está difundiendo en esto tiempos del fin por el mundo

entero. Este mensaje va a los reyes, emperadores, presidentes y primeros ministros de

las naciones…¡y a sus pueblos en todos los continentes de la tierra!

¿Cómo es posible que en esta era de confusión religiosa se llegaran a conocer los

siete misterios básicos que desenmascaran el engaño de las creencias tradicionales

que se han apoderado del mundo?

LA REVELACIÓN DE LOS SIETE MISTERIOS

vi

¿Por qué se puede decir, en términos generales, que los habitantes de Tailandia son

budistas, los de Italia, Francia y España son católicos, los anglosajones son

protestantes y los del mundo árabe son musulmanes? Principalmente porque se criaron

dentro de estas religiones y las aceptaron automáticamente. Esperar que algunas de

estas personas descubrieran la VERDAD que estaba oculta para ellas, y que es

contraria a las enseñanzas de su niñez y de su edad adulta, sería algo así como esperar

lo imposible.

¿Por qué cree la gente lo que cree? Pocos son los que se detienen a preguntarse

cómo llegaron a acoger las ideas que hoy se encuentran arraigadas en su mente.

La fuente de la verdad

La mayoría de nuestros lectores han visto probablemente alguna fotografía de la

escultura conocida como El Pensador. Representa a un hombre solitario, sentado con

los codos apoyados en las rodillas, el cuerpo echado hacia delante y la cabeza

apoyada en la mano. Allí permanece sumido en su meditación profunda hora tras hora,

día tras día…¡sólo pensando! Se supone que esta obra representa la manera como

llegaron a existir los sistemas de pensamiento humano y, por ende, algunas religiones

del mundo.

Mas El Pensador carecía de base para sus pensamientos. Su raciocinio no tenía

sobre qué fundamentarse. Sus conjeturas carecían de un fundamento firme.

La mente humana no está facultada para fabricar verdades sin una base para esas

verdades.

Aun así, parece que no muchas personas se dedican a pensar. La mayoría acepta a

la ligera todo lo que le han inculcado desde su niñez. Y al llegar a la edad madura

acepta lo que ha oído, leído y aprendido repetidas veces. La gente sigue aceptando,

generalmente sin dudar, lo que creen sus semejantes. La mayoría de las personas han

creído lo que oyen sin verificarlo ni comprobarlo. Sin embargo, están más que

dispuestas a defender sus convicciones acaloradamente. Es propio del hombre seguir

la corriente, imitar a los demás, creer y hacer lo que creen y hacen sus semejantes.

Además, la mayoría de las personas se niegan obstinadamente a aceptar lo que no

están dispuestas a creer. Hay un viejo dicho muy certero: “No hay nadie más ciego que

el que no quiere ver”.

Yo era igual. Por mi propia cuenta y voluntad jamás hubiera descubierto estas

GRANDES VERDADES. Tampoco el profeta Moisés hubiera descubierto las verdades

que consignó por escrito: los cinco primeros libros de la Biblia. Fue necesario que

mediara un acto milagroso de Dios, en el incidente de la zarza ardiendo, para abrir su

mente y revelarle las cosas de Dios. Moisés no buscó a Dios, sino que Dios lo llamó y lo

“reclutó”. Aun oyendo la voz de Dios mismo, Moisés protestó. Pero el mandato de Dios

era irresistible, y Moisés acabó por ceder.

El apóstol Pablo, siglos más tarde, también estaba lejos de poder conocer o revelar

las VERDADES de Dios por su propia voluntad. Por el contrario, se la pasaba

“respirando aun amenazas y muerte contra los discípulos del Señor” (Hechos 9:1). Pero

el Jesús viviente lo derribó, lo cegó, le hizo saber lo que Él quería que hiciese. Cristo en

persona le reveló muchas de las VERDADES que usted leerá aquí

Ahora bien, ¿cómo llegué yo a entender la preciosa VERDAD de Dios? Ciertamente

no fue por mi propia cuenta, ni porque yo la haya buscado, ni porque tuviera virtudes

superiores al común. Jesucristo me derribó, no como a Pablo, pero sí de una manera

dolorosa y eficaz.

Estas VERDADES básicas no son producto del raciocinio humano sino que son

reveladas. ¡No se originan en el hombre sino en Dios! Y en todos los casos

mencionados en la Biblia, ¡la iniciativa provino de Dios!

LA REVELACIÓN DE LOS SIETE MISTERIOS

vii

El profeta Jeremías protestó aduciendo su juventud. Pero Dios respondió: “No digas:

Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande”

(Jeremías 1:7). Isaías protestó que era hombre de labios impuros, pero Dios le hizo

aceptar su misión.

Jonás quiso huir en un barco, pero Dios lo obligó a llevar el mensaje que había

dispuesto. Pedro y Andrés pretendían ser pescadores, mas Jesús los llamó diciéndoles

que abandonaran todo y lo siguieran.

De la misma manera, yo pretendía dedicarme a la publicidad. Pero mediante

circunstancias que yo no escogí, Dios me trajo para que cumpliera la misión que Él tenía

para mí.

Reiteramos aquí algo que es esencial en el asunto: La iniciativa es Dios. Su

propósito prevalecerá. El mundo está lleno de religiones surgidas de la imaginación, el

razonamiento y la especulación de los hombres, Pero éstos no fundaban sus

razonamientos sobre una base certera. ¡Es Dios quien REVELA la VERDAD!

¿No tienen acaso todos los hombres acceso a la verdad bíblica? Bueno, la gente

cree que las iglesias enseñan lo que hay en la Biblia.

Es por eso que ahora les presento una sinopsis de la experiencia mediante la cual

Jesucristo me derribó, por así decirlo, y me reveló VERDADES SORPRENDENTES,

verdades bíblicas que las iglesias no enseñan ni creen.

El Despertar: una chispa de ambición

Yo nací en una familia común y corriente, de padres estables y honrados

pertenecientes a la fe cuáquera. Mi genealogía se remonta a Eduardo I de Inglaterra y

hasta el rey David de Israel. Con asombro descubrí esta genealogía y el hecho de que

pertenezco a la “casa de David”. Mis antecesores emigraron de Inglaterra a Pensilvania

con William Penn 100 años antes de que los Estados Unidos se establecieran como

nación

Me crié desde la niñez en la fe cuáquera, pero en esos años de formación mi interés

en ésta era pasivo.

A los 18 años abandoné todo interés por la religión y dejé de asistir a la iglesia. Me

había hecho un autoanálisis intenso, junto con un estudio de los oficios y profesiones

para saber cuál me convendría. No quería dedicarme a algo que fuese ajeno a mis

aptitudes.

Había observado que la mayoría de las personas eran víctimas de las circunstancias.

Pocas habían planeado su futuro con inteligencia. La mayoría estaban cumpliendo

cualquier oficio que se les hubiera presentado. No habían escogido el lugar del país o

del mundo donde les convendría vivir. Se movían en el mundo empujados aquí y allá

por las circunstancias. Los que habían ido a la universidad estudiaron la carrera que les

llamó la atención en ese momento.

Cuando tenía apenas 16 años, cierto individuo que me había contratado para trabajar

durante las vacaciones de verano me encomió y me animó por un trabajo bien hecho, y

al hacerlo despertó en mí el fuego de la aspiración. Tener aspiraciones no es sólo el

querer hacer algo sino tener la fuerza de voluntad para llevarlo a cabo y estar dispuesto

a pagar el precio.

Este autoanálisis me llevó a la profesión de la publicidad y al mundo de los negocios.

En vez de los placeres juveniles, opté por el estudio diligente.

Tuve un éxito inusitado. Me esforzaba mucho y tenía reputación de afanoso.

Estudiaba con diligencia y hacía todo lo posible por superarme. Todo esto desarrolló,

como es natural, una gran confianza en mí mismo, que más tarde había de remplazarse

con una confianza muy distinta: fe en Cristo.

LA REVELACIÓN DE LOS SIETE MISTERIOS

viii

Procuraba escoger empleos donde pudiera aprender, y me “vendía” al patrono. Los

campos de mi preferencia eran aquellos que me ponían en contacto con hombres de

éxito.

En l915 fundé mi propio negocio como representante de editores en la ciudad de

Chicago. Representé las nueve revistas más importantes del país en el campo de la

banca. Eran revistas que llegaban a las manos de los altos funcionarios bancarios.

Hacía negocios con los presidentes de las mayores empresas industriales. Asistía a

convenciones de banqueros estatales y nacionales y conocí a muchos altos funcionarios

de Chicago y de Wall Street (sede de la bolsa en Nueva Cork). Antes de cumplir los 30

años de edad percibía un ingreso anual equivalente a unos US$375.000 de hoy.

Cuando me encontraba a este nivel de éxito en mi carrera, Dios empezó a trabajar

conmigo.

Un llamado que no reconocí

Hacía poco había contraído matrimonio. Unos días después de la boda, estando en

Chicago, mi esposa tuvo un sueño tan vívido e impresionante que la abrumó y la

conmovió profundamente. Fue tan real que parecía más bien como una visión. Durante

los dos o tres días que siguieron, todo lo demás parecía irreal, como cuando uno está

aturdido; sólo aquel extraordinario sueño parecía real.

En su seño, ella y yo estábamos atravesando una ancha encrucijada en el centro de

Chicago a dos o tres cuadras de nuestro apartamento. Entonces apareció de repente

algo impresionante en el cielo. Era un espectáculo deslumbrante: el firmamento se llenó

de una gigantesca masa de estrellas brillantes que tomaron la forma de una inmensa

bandera. Las estrellas empezaron a titilar y a separarse hasta irse desvaneciendo. En

su sueño, cuando ella me decía que mirara las estrellas que se desvanecían, apareció

otro grupo de estrellas brillantes que titilaron, se separaron y se desvanecieron como las

primeras.

Mientras ella y yo, en su sueño, mirábamos hacia arriba, aparecieron en el cielo tres

grandes aves blancas entre nosotros y las estrellas que se desvanecían. Estas tres

grandes aves blancas volaron directamente hacia nosotros. Cuando se acercaron, ella

se dio cuenta de que eran ángeles.

Uno o dos días después del sueño, mi esposa escribió una carta a mi madre. Por

casualidad la encontré años después entre unas antiguas fotografías de la familia. Mi

esposa continuaba así el relato: “Entonces me di cuenta de que era Cristo que

regresaba y me sentí tan feliz que empecé a gritar de alegría. Pero de repente pensé en

Herbert y me sentí preocupada”.

Ella sabía que yo había demostrado muy poco interés por la religión, aunque

habíamos asistido a una iglesia cercana dos o tres veces.

Luego, en el sueño, ocurrió que “Cristo descendió de entre los ángeles y se detuvo

directamente al frente de nosotros. Primero me sentí dudosa y temerosa de cómo nos

recibiría, porque me acordaba de que habíamos descuidado nuestro estudio de la Biblia

y teníamos nuestras mentes demasiado ocupadas en cosas distintas a sus intereses.

Pero cuando nos acercamos a Él, ¡puso sus brazos alrededor de nosotros y nos

sentimos muy felices! Yo creía que la gente de todo el mundo lo había visto venir. Hasta

donde alcanzábamos a ver, la gente se estaba agolpando en las calles de aquella ancha

encrucijada. Unos estaban contentos y otros tenían miedo.

“Luego pareció como si Él se hubiera cambiado en un ángel. Yo me sentí

sumamente desilusionada al principio, hasta que Él me dijo que Cristo en efecto vendría

dentro de muy poco tiempo”.

En aquellos días íbamos con frecuencia al cine. Mi esposa le preguntó al ángel si eso

estaba mal, y él replicó que Cristo nos tenía reservado un trabajo importante en la

preparación de su venida, de manera que no habría más tiempo para “películas”

LA REVELACIÓN DE LOS SIETE MISTERIOS

ix

(aquellos eran los días del cine mudo). Después, el ángel se desvaneció con todo el

espectáculo y ella se despertó impresionada e inquieta.

En la mañana me contó su sueño. Yo me sentí muy incómodo y no quería pensar en

ello. Sin embargo, temía dejarlo completamente de lado. Se me ocurrió una manera

lógica de solucionarlo y evadirlo. Le dije a mi esposa:

--¿Por qué no se lo cuentas al ministro de la iglesia de la esquina y le preguntas si

tiene algún significado?

Con eso, me las arreglé para quitar aquello de mi mente.

Cabe anotar aquí que en nuestros días 99.999 veces en 100.000, cuando la gente

cree que Dios le está hablando en un sueño o en una visión, es pura imaginación o

algún género de autohipnosis o autoengaño. Pero si esta fue una visión de parte de

Dios, yo, al igual que Jonás, traté de huir de ella. Con todo, después de esto, a su

debido tiempo Dios obró conmigo en forma muy clara, así como obró con Moisés,

Isaías, Jeremías y Jonás, con Pedro y Andrés y con el apóstol Pablo.

El negocio se deshace

Luego vino la depresión repentina de 1920. No fue prolongada, pero sí desastrosa

durante ese año. Mis principales clientes se dedicaban a la fabricación de tractores,

implementos agrícolas y otros. Todos mis grandes clientes, entre ellos empresas como

la Goodyear Tire & Rubber, J. I. Case, Moline Plow, John Deere and Company y Dalton

Adding Machina Company, estaban intervenidas. Uno de mis conocidos en el mundo de

los negocios, presidente de una gran empresa, se suicidó. Mi negocio se deshizo entre

mis manos por motivos que no eran culpa mía y por fuerza que yo no podía controlar.

En Pórtland, Oregón, adonde me trasladé con mi familia, establecí un servicio de

publicidad para lavandería. La industria de las lavanderías ocupaba el decimoprimer

lugar en el país en volumen de transacciones, pero al mismo tiempo era la más

atrasada. Uniéndome con un experto en eficiencia, que era uno de los mejores del país

en su ramo, empecé a recibir sólo aquellos clientes que nos permitieran establecer una

nueva eficiencia en sus negocios, tanto en la calidad del servicio de lavandería como en

los métodos comerciales. Yo supervisaba esto personalmente y pude hacer promesas

en mis avisos publicitarios sabiendo que mis clientes cumplirían.

Pero en 1926 una agencia publicitaria de escala nacional vendió a la Asociación

Nacional de Propietarios de Lavanderías un contrato para publicar grandes avisos en las

revistas femeninas. La Asociación pudo obligar a cada miembro a comprometer

aproximadamente el 85 por ciento de su presupuesto de publicidad en ese negocio.

Cuando me enteré, el negocio estaba hecho. Yo había estado duplicando y triplicando el

volumen de ingresos de mis clientes. Mi negocio iba en auge. Ahora, por segunda vez,

un negocio de gran éxito se desintegraba en mis manos por causa fuera de mi control.

Mas había una razón: Dios me estaba quitando mi negocio de publicidad.

Dos desafíos inquietantes

En el otoño de l926, a la edad de 34 años, el techo pareció desplomarse sobre mí.

¡Me vi asediado por dos desafíos inquietantes!

Después de nueve años de felicidad matrimonial, ¡mi esposa comenzó a guardar el

sábado en vez del domingo!

¡Me quedé atónito! Estaba furioso. Esto, para mí, era simple fanatismo religioso.

¿Qué pensarían mis amigos y colegas? Pero ella insistía en que había hallado tal

enseñanza en la Biblia

Vinieron a mi mente todos los argumentos posibles, mas ninguno sirvió

--Pero la Biblia dice: ‘Guardarás el DOMINGO’ –protesté.

--¿Me puedes mostrar dónde? –preguntó ella.

LA REVELACIÓN DE LOS SIETE MISTERIOS

x

--No. No conozco muy bien la Biblia. Mis intereses han sido en el campo de los

negocios. Pero no pueden estar equivocadas todas las iglesias. Ellas toman sus

creencias de la Biblia y todas guardan el domingo.

Con una sonrisa sincera, pero que a mí me exasperaba, mi esposa respondió:

--Si puedes mostrarme un pasaje de la Biblia que ordene guardar el domingo, yo lo

guardaré.

No pude evadir el desafío. ¡De él dependía mi matrimonio!

Al mismo tiempo, una cuñada mía recién casada y graduada de la universidad me

lanzó un segundo desafío humillante:

--Herbert Armstrong –me acusó con desprecio--. Eres sencillamente ignorante.

Cualquier persona medianamente educada sabe que la vida humana surgió por

evolución.

Yo era orgulloso. No había descuidado el estudio. Creía conocer la teoría de la

evolución, y no creía en ella. Pero ahora tuve que reconocer que jamás había hecho un

estudio profundo y detallado del tema.

Este desafío que hube de afrontar en seguida del “fanatismo” de mi esposa, fue

humillante. El doble atentado contra mi orgullo me golpeó precisamente cuando mi

negocio había fracasado por segunda vez. El efecto fue demoledor. Me sentí

perfectamente frustrado. No obstante, me propuse demostrar que tanto mi esposa como

mi cuñada estaban equivocadas.

El doble desafío me llevó a emprender un estudio decidido. Durante seis meses

estudié intensamente, casi día y noche, hasta encontrar la respuesta. Y aun después de

encontrarla, el estudio continuó…hasta el día de hoy.

Los dos desafíos tenían un mismo punto de partida: el libro del Génesis y el tema de

los orígenes, si bien este era sólo el principio.

Los desafíos se presentaron en un momento de la vida cuando yo tenía mucho

tiempo libre. Me dediqué al estudio con intensidad.

Investigando la Biblia y Darwin

No empecé mis investigaciones con el Génesis. Primero ahondé en las obras de

Darwin, Lyell, Haeckel, Huxley, Spencer, Vogt, Chamberlin y More. Luego fui más atrás,

a las obras de Lamarck y su teoría del “uso y desuso” que fue anterior a la hipótesis

darviniana de la “supervivencia del más apto”.

A primera vista, los escritos parecían convincentes ( y tiene que ser así, pues de lo

contrario no habrían alcanzado aceptación universal en el mundo de la educación

superior). Vi claramente cómo la educación había quedado presa en las garras del

concepto evolucionista.

La evolución es el intento del ateo por explicar la presencia de una obra creada sin la

preexistencia de un Creador inteligente.

Esta primera etapa de mis investigaciones sacudió mi fe en la existencia de Dios. Me

hizo comprender que yo había dado por hecho, sin probarlo, que Dios existía porque era

lo que me habían enseñado toda la vida. Estaba perplejo. ¿Quería decir esto que todo lo

que siempre había creído era un mito y un error? ¡Ahora estaba decidido a averiguar la

VERDAD! Mi mente se estaba despojando de las ideas y creencias que había

aceptado sin vacilar.

Entre los autores que sostenían el concepto evolucionista, sólo el Dr. P. E. More

había entresacado muchas discrepancias de la teoría, si bien estaba de acuerdo con la

doctrina en general.

En primera instancia, yo tenía que comprobar o refutar la existencia de Dios. No fue

un estudio superficial ni por salir del paso. Proseguí la investigación como si de ella

dependiera mi vida…y en realidad, así era. También de ella dependía mi matrimonio.

Junto con los libros citados, estudié otros que sostenían los argumentos contrarios.

LA REVELACIÓN DE LOS SIETE MISTERIOS

xi

Baste decir aquí que sí encontré PRUEBAS irrefutables de la existencia del Dios

creador. Y encontré pruebas positivas del error de la teoría evolucionista, a pesar de la

arrolladora colección de cerebros lavados por las universidades que sostienen lo

contrario. Tuve la satisfacción de ver retractarse a una defensora del pensamiento

evolucionista que había hecho largos trabajos de posgrado en las universidades de

Chicago y Columbia y tenía su título de doctorado. Esta persona reconoció que yo había

derribado definitivamente el tronco del árbol de la evolución. Pero al igual que el Dr.

More, tenía el cerebro tan lavado que hubo de continuar en la corriente que ella misma

había reconocido como FALSA.

También tuve el gusto de ver a mi cuñada “comerse sus palabras” y reconocer que

yo no era tan ignorante. Todo esto era pura vanidad de mi parte, pues aún no lo había

erradicado.

¡Había comprobado la existencia del DIOS GRANDE Y MAJESTUOSO! Pero me

seguía atormentando el desafío de mi esposa. En mis estudios sobre la evolución ya

había analizado el libro del Génesis. Sabía que cada una de las religiones del mundo

tenía sus libros sagrados. Comprobada la existencia de Dios, pensaba hacer un estudio

comparativo de las religiones para ver si alguno de estos escritos sagrados era

auténtico. ¿Hablaría Dios a la humanidad por medio de alguno de estos escritos? Y en

caso afirmativo, ¿por medio de cuál?

Como aún tenía que estudiar el asunto del sábado o domingo como día de reposo, y

puesto que ya había comenzado a estudiar el Génesis, resolví proseguir mi estudio en

la Biblia.

Una doctrina a la vez

Pronto encontré el pasaje de Romanos 6:23: “La paga del pecado es muerte”. Me

detuve asombrado. La “paga” es lo que uno recibe por lo que ha hecho. Esta afirmación,

pues, era diametralmente opuesta a lo que me habían enseñado en las clases de

religión (antes de los 18 años de edad).

“¿Cómo puede ser?”, pensé. “A mí me enseñaron que la paga del pecado es la VIDA

ETERNA en un infierno de fuego”.

Con asombro leí hasta el final del versículo: “Mas la dádiva de Dios es vida eterna en

Cristo Jesús Señor nuestro”.

Desilusionado, musité: “Creí que ya tenía vida eterna. Soy (o tengo) un alma

inmortal. ¿Por qué tengo que recibirla como dádiva?”

Estudié el significado de la palabra alma con la ayuda de una concordancia bíblica.

Encontré dos veces la siguiente expresión: “El alma que pecare, esa morirá” (Ezequiel

18:4 y 18:20).

Entonces recordé lo que había leído en Génesis 2, que Dios había dicho al primer

ser humano (que era un alma): “Del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás;

porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (versículo 17).

En Génesis 2:7 leí cómo Dios formó al hombre del polvo de la tierra y sopló en su

nariz el aliento de vida, y el hombre (el polvo o materia) fue un “alma viviente”. Aquí

decía claramente que el alma es física, que está formada de materia. Descubrí que la

palabra traducida como alma en mi versión de la Biblia viene del hebreo nefesh. [Nota: