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“Una persona puede poseer un león de cría, alimentarlo y cuidarlo solícitamente; si se le avisase del peligro, pudiera replicar: “Miren ustedes; yo puedo dejar a este animal que pasee por toda mi casa, puedo matarle en el acto con un golpe de esta barra de hierro. Soy demasiado fuerte para temerle”. Continúa, pues, cuidando a su león hasta que finalmente llega un día en que éste mata y devora a su dueño. Este es precisamente el caso de los que cobijan un mal deseo; llegará un día en que éste se haga dueño de su voluntad.”

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Esta gráfica imagen del leoncillo, usada por el Profesor Halleck, puede aplicarse también a las ideas y deseos ventajosos lo mismo que a los opuestos. Así como los malos deseos pueden y son estimulados, desarrollados y fortalecidos alimentándolos con oportunos cuadros e imágenes mentales, del mismo modo los buenos deseos pueden y son fortalecidos y desarrollados alimentándolos con oportunos cuadros e imágenes mentales.

La idealización obra en las dos direcciones, buena y mala, como todas las otras leyes naturales. Así, pues, la práctica activa de la visualización, tiende al desarrollo, acrecimiento y fortalecimiento de todo deseo especial 29

De la misma manera el desarrollo de cualquier deseo negativo puede ser prevenido y retardado practicando la visualización sobre la base de un deseo positivo y opuesto.

Cuanto mayor sea el grado de claridad con que uno se represente su imagen mental, mayor será la nutrición y alimentación del deseo. Cada cuadro mental que se forme es una impresión hecha en la mente subconsciente del individuo, una simiente-deseo que germina, crece y fructifica a su debido tiempo.

Se puede comprobar la verdad de estas afirmaciones pensando en algún plato favorito. Encontraremos que formándonos la imagen mental del plato en cuestión ante los ojos de la mente, el deseo crecerá hasta el punto de convertirse en una necesidad irresistible. Lo mismo ocurre con otras cosas que uno pueda desear. Cuanto más nos las representamos, y a nosotros en posesión de ellas, más fuerte será el deseo de obtenerlas.

Vuélvase a leer lo que hemos dicho acerca de la visualización en un capítulo previo y aplíquense los métodos recomendados. El deseo es el fuego que crea el vapor de acción, y la visualización es el aceite que lubrifica los émbolos.

El tercer escalón, o sea el de la acción idealística, es también aplicable a la creación y desarrollo del deseo. Cuanto más uno actúe sobre el deseo en la dirección de realizarlo –

punto de realización-, mayor será su tendencia a estimular este deseo. Y esto no tan sólo porque aumenta su apetito, mediante sus esfuerzos, sino también porque establece el hábito de este deseo.

En los animales inferiores, tanto como en el hombre, no nacen más fuertes deseos que aquellos que brotan del sentimiento y emoción durante la caza de algo. Es un concepto aceptado desde hace mucho tiempo “que hay mayor placer en la persecución que en la captura”, o “que es mayor el goce en la anticipación que en la realización”. Todos los que han sentido el nerviosismo de la caza o pesca, atestiguarán que el deseo crece en la medida que las dificultades de la persecución, poniendo en juego la imagen-acción todas las astucias conducentes al objeto.

El

deseo es un apetito y está sujeto a todas las reglas del apetito. Nada resulta tan sabroso y atractivo para uno como la caza y alimentos que se proporciona por sí mismo. El ánade silvestre disfruta mucho más con su comida que el pato doméstico. Esto es tan cierto tratándose de los herbívoros como de los carnívoros. Y es asimismo tanta verdad en el orden mental como en el físico.

El deseo del enamorado por la conquista de las afecciones de su amada, aumenta inmensamente si su camino aparece erizado de dificultades, y cuanto más grandes sean, mayor será el deseo por la posesión de la mujer amada. El deseo del estudiante por el premio será tanto mayor cuanto mayores sean los esfuerzos para conseguirlo.

Existe algo en la naturaleza de todas las cosas vivientes que hace arder el fuego del deseo con mayor intensidad a medida que son mayores los deseos de satisfacerlo, en particular, si uno ha dado realmente un paso decisivo hacia el objeto deseado.

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Estimúlese a un perro con una pelota o un bastón y veremos que a cada intento para atrapar el objeto deseado, aumenta su excitación y afán. Es una vulgaridad lo de que el deseo por una cosa aumenta a medida que se trabaja por ella. Esto nace de la acción y reacción entre lo mental y lo físico, que se excitan mutuamente. Por tanto, cada esfuerzo tiende a formar una senda mental por donde el deseo prefiere transitar.

Así, además de la idealización y de la visualización, es preciso practicar la acción idealística, si se quiere incitar, desarrollar y “alimentar” un deseo. Se debe “fijar firmemente el pensamiento”, crear y retener la imagen mental y después poner el pensamiento y la imagen en acción. En esta forma, el deseo es engendrado por la acción y, recíprocamente, la acción tiende a manifestarse en sí misma con mayores actividades. De este modo se aseguran los efectos combinados de las formas interna y externa del deseo, esa gran potencia motriz de la mente. EL INSISTENTE DESEO es el principio de la clave de la obtención. Hágase, pues, un esfuerzo para desarrollarlo y conservarlo.

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CAPÍTULO VI

EXPECTACIÓN CONFIADA

La Expectación Confiada, sinónimo de Fe, Esperanza y Entusiasmo. – Valor de la Fe, sostenida por la razón del juicio. – Debemos tener fe en nosotros mismos. – Eficacia de la Esperanza razonada. – Esperanza, sinónimo de Optimismo.

– Tengamos Esperanza en nosotros mismos, seamos optimistas. – El Entusiasmo, complemento de la Fe y la Esperanza.

Hemos visto que la clave de la “obtención” se compone del deseo insistente, la expectación confiada y la voluntad persistente.

Habiendo estudiado el primer elemento, el deseo insistente, vamos a tratar del segundo, de la expectación confiada.

En este elemento tenemos una combinación de los estados mentales conocidos respectivamente con los nombres de Fe, Esperanza y Entusiasmo, cada uno de los cuales posee el poder de despertar y mantener la energía y todo cuanto tiende a incitar la acción.

Las cualidades psicológicas de este elemento pueden ser claramente comprendidas con sólo una cuidadosa consideración de sus partes constructivas.

Fe es “el asentimiento de la mente a lo que ha sido expuesto o sentado por otros; verdad o confianza; firme y resuelta creencia, etc.

Aun cuando la Fe, sin el apoyo de la razón y el juicio, degenera en ciega credulidad e irracional creencia, cosa que debe, por consiguiente, evitarse, fundamentada y sostenida por la razón del juicio, es una de las más positivas cualidades mentales e incita al individuo a actividades imposibles sin la presencia de esta cualidad. Sin la creencia en una cosa es imposible manifestar esperanza y entusiasmo, y sin estos elementos muy poco sería lo que se pudiera llevar a cabo en la vida. Y sobre todo, sin Fe en uno mismo, es imposible marchar adelante.

La cualidad más marcada en los grandes hombres, en todos y en cada uno de los campos de actividad, es la de la fe y confianza en sí mismo. Estos hombres tienen siempre una Fe profundamente arraigada en sus condiciones para el éxito. Pueden reconocer que otros hombres son más íntegros que ellos; pero sienten en su fuero interno la presencia de un algo que les conduce hacia el triunfo, un algo que les empuja por el verdadero camino.

Algunos de estos hombres parecen sentir que este algo existe fuera de ellos, pero que, en cierto modo, opera a través de ellos. Pueden llamarle “destino”, “suerte”, “estrella” 32

o lo que sea, pero el principio siempre es el mismo. Es siempre una fe en sí mismo y de la que van siempre acompañados. No conocemos mejor manera de expresar este sentimiento que por las palabras Puedo y Quiero. La carencia de fe en sí mismo, ejerce una depresiva y negativa influencia y actúa como un lienzo mojado en sentido de contener el fuego del deseo.

Y la fe en sí mismo se necesita más que nunca al objeto de alcanzar el éxito. Es preciso, asimismo, tener fe en el objetivo de nuestros esfuerzos. Es preciso creer en la fuerza que nos impulsa. Si uno no cree en su propia empresa, no puede esperar que los demás crean. Hay algo de contagio en la fe, como también en el escepticismo. Otras gentes abrigan el espíritu de lo uno y de lo otro y son afectados en este sentido.

El mundo cree en aquel que cree en sí mismo, e igualmente no tiene fe en el que no la tiene en sí mismo. Y el hombre que pierde la fe en sí propio, no sólo impresiona a los demás desfavorablemente, sino que cierra las puertas interiores y exteriores. La mente subconsciente acepta nuestras propias sugestiones y obra de acuerdo con ellas.

La

esperanza cuando se basa en el juicio, es otra cualidad mental positiva. Es la cualidad mental cuya expresión conocemos bajo el nombre de Optimismo. Alguien ha dicho muy bien que “el optimista ve el meollo de la nuez y el pesimista sólo ve la cáscara”.

Y como alguien, asimismo, ha expresado más terminantemente. “el pesimista dice: ¿Cuál es su uso?”; y el optimista dice: ¿Veamos su uso”. Cuando las esperanzas de un hombre mueren, su energía, en la mayoría de los casos, muere también.

La esperanza es el eslabón que une la fe con el entusiasmo y representa la esencia de la expectación confiada. Camina sin vacilaciones hacia su ideal y no se detiene hasta realizarlo. Esto se basa en la fe y en la creencia y aun posee el principio estimulante del entusiasmo. No solamente cree en una cosa, sino que actúa en el sentido de esta creencia.

Ve las cosas como manifestadas de acuerdo con los deseos de uno; cree sin vacilaciones lo así manifestado y actúa de acuerdo con los resultados esperados. Es la activa expresión y fase del deseo. Suspira e impulsa a la vez.

Dice el Profesor James:

“Una anticipada imagen de la señorial consecuencia de un movimiento, mas el Fiat, en ciertas ocasiones, de que estas consecuencias pueden convertirse en realidades, es el único estado psíquico cuya introinspección nos permite señalarlo como el predecesor de nuestros actos voluntarios.”

Y el Profesor Halleck afirma:

“El segundo escalón en el desarrollo de la voluntad, consiste en gobernar las ideas.

La atención es el principal poder de la voluntad desarrollada. La atención crea vigor en una idea y es una fuerza motriz tan buena como otra cualquiera. La voluntad destaca, pues, algunas ideas, para que se abran un paso en el frente y deja a otras a la retaguardia para distraer su atención. La persona que puede hacer esto con las ideas, según se presenten, manifiesta una voluntad altamente desarrollada.”

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La importancia de lo expuesto, se ve cuando se considera el principio psicológico conocido como “atención expectante”, en el cual la esperanza y la fe se alían al procedimiento ordinario de la atención. Cuando ésta se fija expectantemente sobre una idea u objeto, la totalidad de los poderes mentales tienden a reconcentrarse sobre el objeto, y el resultado es un gran adelanto en el camino de la obtención de aquello que se quiera.

Kay ha dicho:

“Cuando uno está ocupado en buscar una cosa, si conserva su imagen claramente en su cerebro es muy probable que la encuentre y esto, además, cuando hubiese escapado a su investigación obrando de otra manera. Así, cuando nos ensimismamos en algún pensamiento, nos asaltan de todos lados pensamientos semejantes o que tienen relación con él o tendencia a afirmarlo. Verdaderamente, podemos decir del poder mental lo que se ha dicho del ojo: Que percibe únicamente aquello que trae consigo el poder de percepción."

Juan Burroughs se expresa como sigue:

“Nadie ha encontrado todavía un objeto arqueológico, a menos que este objeto no esté grabado en su mente. Una persona cuyo ojo esté lleno de reliquias indias las recogerá en todos los sitios por donde transite. Son vivamente reconocidas, porque el ojo ha recibido la misión de encontrarlas.”

Kay

añade:

“Una dura y precisa idea de lo que hemos de hacer y de cómo hemos de hacerlo, es de un inmenso valor en todos los asuntos de la vida. La conducta de un hombre se forma de acuerdo con las ideas de su mente, y no hay nada que contribuya tanto al éxito en la vida como el acariciar un deseado ideal y tenerlo constantemente a la vista. En semejantes casos es muy difícil fracasar.

Existen numerosas circunstancias que conspirar contra su cumplimiento y que hasta parecen ser hostiles en un principio, pero que pueden convertirse en medios de realización, porque, manteniéndolas siempre ante la mente, se puede sacar partido aun de las circunstancias menos propicias.”

Carpenter

dice:

“La continua concentración sobre una idea determinada, de a ésta un poder dominante, no sólo sobre la mente, sino aun sobre el cuerpo.” Tanner, por su parte, manifiesta:

“El creer firmemente es casi encontrarse en el extremo del cumplimiento. Se han referido casos extraordinarios, demostrando la influencia de la voluntad, aun sobre los músculos involuntarios.”

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Juan Foster ha dicho:

“Es admirable cómo aun las casualidades de la vida parecen inclinarse ante un espíritu que no quiere doblegarse ante ellas y consiguen desviar un designio que parecía en su primera tendencia aparente amenazar con un fracaso... Cuando un espíritu firme y decidido es reconocido, es curioso observar cómo el espacio se aclara en torno suyo y le da libertad y lugar.”

Maudsley

dice:

“Las aspiraciones son con frecuencia profecías y el hombre está en condiciones de llevarlas a la realidad.”

En estas varias citas vemos el poderoso efecto de la atención expectante, atención amalgamada con la expectación o esperanza. La simple atención es una poderosa fuerza psicológica y cuando va unida a la expectación se hace casi irresistible. La atención es la esencia de la voluntad y la esperanza es una de las funciones más positivas; así, en la atención expectante tenemos una combinación de las fuerzas mentales motivas y emotivas.

Como una aclaración de poder de la mera atención, citaremos el siguiente párrafo del Profesor Halleck:

“Las ideas crecen en distinción y en poder motor a medida que crece nuestra atención sobre ellas. Si tomamos dos ideas de la misma intensidad y concentramos la atención sobre una de ellas, veremos cuán pronto aumenta su poder. Fijémonos en las sensaciones de dos molestias corporales y prestemos atención a una de ellas. La idea ganará en poder motor hasta que podamos actuar en un sentido supuesto para aliviar esta molestia, mientras la otra es descuidada. Si en un principio deseamos varias cosas en igual grado, sea una bicicleta, una máquina de escribir o una obra literaria, acabaremos por decidirnos a adquirir aquel objeto sobre el cual nuestra atención se haya concentrado más.

La idea de la bicicleta puede ganar más fuerza motriz que ninguna de las otras dos; o, si pensamos cuán útil nos será una obra literaria, preferiremos ésta. Es materia de discusión si el poder de la voluntad es algo más que atención voluntaria; si todo lo que es necesario en el esfuerzo voluntario no ha sido incluido cuando la mente ha estado repleta de la idea, hasta que la acción resulta como una consecuencia natural. Pero en lo que no puede haber disputa es en el hecho de que semejante atención es el más importante elemento de la voluntad. Con el fin de actuar en la dirección de una idea, con preferencia a otra, es preciso prescindir de una y atender voluntariamente a la otra. La fuerza motriz así desarrollada, en relación con la idea dominante, existe en el fondo de todo elevado acto de la voluntad.” Añádese a este poder la fuerza de la expectación confiada y la voluntad aumentará extraordinariamente.

El

entusiasmo es una cualidad peculiar de la mente; algunos escritores prefieren denominarle un poder espiritual. La antigua idea griega de la inspiración ha dado origen al término del cual nace la palabra entusiasmo, y cuyo significado, literalmente, es: “Estar inspirado; estar en posesión del genio”. El significado más antiguo del término era: 35

“Inspirado por un poder sobrehumano o divino, éxtasis” El significado moderno, según lo define Webster, es: “Fervor del alma, celo o interés imaginativo; ardiente, viva manifestación de gozo o celo”. Otra autoridad da la siguiente definición: “Ardiente celo en la persecución de algún objeto; completa posesión de la mente por cualquier asunto; elevación de la fantasía, vivacidad de imaginación, exaltación de ideas.” Se ha visto que el entusiasmo no es sino el deseo avivado por los soplos de la fe y de la esperanza hasta alcanzar el vivo calor del fervor. Tiene origen en el nacimiento de la fase emotiva de la mente y de su unión allí con las facultades imaginativas y la voluntad.

En el entusiasmo el subconsciente se encadena con el consciente, la emoción se junta a la imaginación y a la voluntad. El entusiasmo, contrabalanceado por la razón y el juicio, toma la forma de una intensa ansiedad. Esta ansiedad es una finalidad de éxito en todas las empresas. Es contagiosa y despierta interés y atención en aquellos que se ponen en contacto con las que la poseen.

El entusiasmo difiere del mero interés intelectual en tanta medida como existan los sentimientos inherentes; la fuerza de la emotiva naturaleza brota para combinarse con el poder de la inteligencia y de la voluntad. El entusiasmo es un importante elemento en la manifestación de esa peculiar cualidad denominada “magnetismo personal”. Apela a la mente de los demás, a veces con una fuerza irresistible. Es la base de lo que nosotros llamamos el sentimiento de un orador, de un actor, de un predicador, etc. Es lo que nos hace decir que un hombre esta lleno de vida, y de otros que están faltos de ella.

Un escritor del siglo pasado decía con razón de esta cualidad del entusiasmo, en su manifestación como magnetismo personal:

“Todos emitimos una esfera, aura o halo, impregnados de la pura esencia de nosotros mismos; los más sencillos conocen esto; y lo aprecian nuestros perros y otros animales que llegan a ser nuestros íntimos, lo mismo que se da cuenta de ello un tigre o un león hambriento, y los insectos y las serpientes, como aprendemos a costa nuestra.

Algunos individuos son magnéticos, otros no. Algunos son cálidos, atrayentes, simpáticos, mientras otros son fríos, pensadores, razonadores pero no magnéticos. Figurémonos un hombre instruido del último tipo, perorando; el público se cansará pronto de su intelectual discurso y dará muestras de aburrimiento. El orador se dirige a él, pero no le llega al fondo; hace pensar pero no sentir, y esto resulta fastidioso para muchas personas, y pocos oradores alcanzan su propósito haciendo pensar a su auditorio, porque éste prefiere sentir. La gente aplaudirá siempre al que la enternezca o regocije, y en cambio bostezará si se trata de instruirla o hacerla pensar. Al contrario, imaginemos que se trata de un hombre de limitada instrucción, pero amable, persuasivo y de buena imaginación, con mucha menos erudición y lógica que el primero. Pues bien; semejante individuo se apoderará fácilmente de su auditorio, y éste lo seguirá atentamente, saboreando cada frase que salga de sus labios. La razón es clara y sencilla. Se trata de corazón contra cabeza; de alma contra lógica, y el alma vencerá en todas las ocasiones.”

A las personas que carecen de entusiasmo y sienta el deseo de su desarrollo, le diremos: “Avivad la llama del deseo hasta que se convierta en un fuego ardiente, por los 36

métodos indicados; añadid después los elementos de fe y esperanza, y el resultado será seguramente el entusiasmo y la decisión.”

La Expectación Confiada, como hemos dicho, se compone de fe, esperanza y entusiasmo. Es el eslabón que sirve de intermedio entre el Deseo Insistente y la Voluntad Persistente, componiendo los tres la “Clave de la Obtención”. Si uno es deficiente en ella, puede cultivarla y desarrollarla por los métodos indicados, esto es, Idealización, Visualización y Acción Idealística. Formar el Ideal, hacer la imagen mental visualizada y operar después el Ideal Visualizado.

Pensar la cosa; verla con los ojos de la mente y luego practicarla hasta que llegue a ser un hábito. Cultivarla en detalle – primero fe, luego esperanza y, finalmente, entusiasmo

– Cultivar el concepto optimista. Pedir firmemente y luego esperar confiadamente lo que uno desea. Obrando así, el individuo pone en juego el más activo y potente de los principios psicológicos, los principios que encierran la mayoría de las actividades de la vida. Sin esta Expectación Confiada y sus elementos, poca cosa podría hacerse en cualquiera de los terrenos humanos.

La Expectación Confiada, no es meramente una fe ciega o irracional credulidad; es la confiada esperanza surgiendo de la unión de la inteligencia, la voluntad y el sentimiento; el subconsciente y el consciente. Puede expresarse así: “Asegurarse de que va por buen camino y entonces seguir adelante”. Puede aun manifestarse en un examen y consideración escéptica y pesimista de un plan. Pero una vez el plan adoptado, debe siempre manifestarse en él entusiástica, creyente y decisiva expectación de optimismo. Debe adoptarse como lema: “Puedo; Quiero; Oso; Obro”. Así se obtiene el calor por el fuego del Deseo Insistente, y se manifiesta en acción por medio de la Voluntad Persistente.

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CAPÍTULO VII

VOLUNTAD PERSISTENTE

La Voluntad Persistente.- Su eficacia en todos los órdenes de la vida. – Hay que querer con energía, con perseverancia. –

El que así quiere, alcanza, es decir, ¡puede! – Reglas para desarrollar una Voluntad Persistensísima.

Habiendo considerado los dos primeros elementos de la “Clave de Obtención, pasaremos a tratar del tercero y último, o sea de la Voluntad Persistente.

El término “voluntad” lo usan los psicólogos para expresar una variedad de fenómenos mentales, cuya aplicación es tan extensa, y su campo tan amplio, que hace extremadamente difícil aun definir el término. En el volumen de esta serie, intitulado

¡Quiere y Podrás! ”, nos proponemos ordenar las actividades de la voluntad, en tres clases generales, a saber: 1) Voluntad Deseada, o fase de deseo; 2) Voluntad decidida, o fase de deliberación y elección, y 3) Voluntad activa, o fase de acción, resultante de las primeras dos fases mencionadas. En nuestra consideración de la Voluntad Persistente, nos atenderemos solamente a las actividades de la Voluntad Activa.

La real esencia y propósito de la Voluntad es la acción, aunque se la desfigure bajo la forma más sutil. Las fases preliminares de deseo y deliberación sirven meramente para encauzar la acción. El Profesor Halleck dice:

“La voluntad se relaciona con la acción. Es una cosa que debemos tener siempre presente, por complejo que nos parezca el procedimiento... Vemos que la voluntad está limitada a ciertas clases de acción. De la cuna al sepulcro, nunca somos recipientes pasivos de nada; en otros términos, nunca estamos privados de la actividad de la voluntad, en el sentido más alto de la palabra. ¿Cómo distinguir entre sentimiento y voluntad?

No existe línea de demarcación más clara, entre estos dos conceptos, que la que pudiéramos señalar entre el Océano Atlántico y el estrecho de Davis... Los varios poderes mentales obran tan al unísono que sería muy difícil separar exactamente unos de otros. La dificultad aumenta cuando se trata de separar el sentimiento de la voluntad, a causa de la frecuencia con que parece no existir solución de continuidad entre ambos procedimientos.

Hemos reforzado nuestro conocimiento sobre estos dos poderes, con otras tantas series de experimentos: 1) A veces experimentamos sensaciones de las cuales no resulta acción marcada alguna; se evaporan sin dejar huellas en el mundo de acción; 2) Sentimos pena por el pobre o el enfermo y dejamos las comodidades de nuestra casa, quizás en un día tempestuoso, para auxiliarle. Es claro que aquí existe un elemento añadido al segundo experimento. Este elemento es la Voluntad, que no estaba decididamente presente en el primer caso. Podía existir el germen; pero no la plena floración.

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Donde quiera que haya emoción, hay un elemento motor que tiende a manifestarla en acción, y este elemento es la Voluntad. Cuando me siento colérico y grito, o de buen talante y acaricio, los gritos y las caricias son el resultado de un peculiar y activo poder que nosotros llamamos Voluntad. En algunas emociones el elemento voluntario puede ser tan pequeño que pase inadvertido; pero el germen existe.” En la Voluntad Persistente tenemos la manifestación de la voluntad de la acción, y asimismo, su modo de operar en lugar de la entera fuerza mental. En nuestro citado libro titulado “¡ Quiere y Podrás!, decimos, refiriéndonos a la Voluntad Persistente:

“Una de las características de la Voluntad Positiva es la cualidad de Persistencia, esa cualidad que se traduce en decisión, firmeza y constancia para la persecución y realización de un designio, negocio o empresa comenzados o emprendidos; perseverancia frente a obstáculos y desalientos; decisión de determinación frente a oposición y lucha.

Estabilidad; decisión; perseverancia; firmeza de propósito; tenacidad; estos son los términos aplicados a la Voluntad Persistente. Persistencia combinada con las cualidades combinadas de continuidad y firmeza, decisión y resolución.

La Voluntad se adhiere íntimamente a la tarea, se mantiene, forma allí y permanece impávida hasta la obtención del triunfo. El éxito en muchos casos depende de la capacidad desarrollada para obtenerlo. Más de uno ha luchado bravamente; pero, falto de Persistencia, ha retrocedido precisamente cuando tan sólo faltaba un último esfuerzo, y ha caído derrotado, no por sus contrarios, ni por las circunstancias, sino por sí mismo.”

Las siguientes citas de los escritos de algunos de los más ilustres pensadores, servirán para poner de relieve varios de los rasgos esenciales de la Voluntad Persistente.

Aconsejamos que se lean detenidamente y que se conserven en la memoria las que puedan aguijonear nuestra ambición y energía.

Jorge Rennan dice:

“En este mundo, el espíritu humano, con su fuerza dominadora, la Voluntad, pudiera y debiera ser superior a todas las sensaciones corporales y a todos los accidentes que le rodean. Debiéramos no tan sólo sentir, sino enseñar, en nuestra conversación y nuestra literatura, que en la batalla de la vida, es una cosa noble y heroica morir luchando.” Un antiguo proverbio dice:

“Un éxito es un momento más de sostenimiento.”

E. Beecher Stowe ha dicho:

“Cuando se penetra en un lugar escabroso y todo parece volverse contra uno hasta el punto de hacernos pensar que debemos escapar de allí, es cuando menos debemos hacerlo, 39

pues será aquél precisamente el lugar propicio y habrá llegado precisamente la hora del cambio favorable.”

DÁlabert

dice:

“¡Adelante, señor, adelante! Las dificultades con que usted tropiece se resolverán por sí mismas a medida que usted avance. No se detenga usted; se iniciará la aurora y la luz brillará cada vez con más intensidad en su camino.” E. Ward Beecher ha escrito:

“Es la derrota la que convierte en hierro los huesos y en acero los músculos, y hace invencibles a los hombres y forma esas heroicas naturalezas que mandan hoy en el mundo.

No haya temor de las derrotas. Jamás se estará tan cerca del triunfo como cuando seamos derrotados por una buena causa.”

Cuyler

dice:

“Es asombroso ver hasta qué punto muchos hombres carecen del poder de perseverar hasta llegar al término. Pueden tener un arranque súbito; pero les falta la perseverancia. Se desaniman fácilmente. Proceden mientras todo se mueve suavemente, pero pierden el ánimo al primer razonamiento. Dependen de personalidades más fuertes por su espíritu y decisión. Carecen de independencia y de originalidad. Sólo osan hacer lo que otros hacen. No se salen nunca de las filas y actúan tímidamente.” Emerson

afirma:

“No conozco don más indiscutible, en una mente soberana, que el de la tenacidad de propósito, que, a través de todos los reveses, vicisitudes y fortunas, jamás cambia, impávida en los buenos y malos pasos, venciendo toda oposición hasta llegar al puerto.” Juan

Hunter

dice:

“¿Tenemos un individuo a quien las contrariedades desalientan, que se doblega ante la tempestad? Pues realizará muy pocas cosas. ¿Tenemos otro que quiere triunfar? Esta clase de hombres jamás fracasan.”

Recordaremos el antiguo dicho de los nativos del Yorkshire:

“Está

emperrado en conseguirlo”

Simpson

exclama:

“Un deseo apasionado y una infatigable voluntad, pueden realizar imposibles o cosas que parecerían tales a los apáticos y débiles.” Uno de los dichos favoritos de Napoleón era:

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“La verdadera sabiduría es una resuelta determinación.” Un escritor muy conocido ha dicho:

“El que resuelve hacer una cosa, en virtud de tal resolución escala con frecuencia murallas que se le oponen y cumple su designio. El pensar que somos capaces, es casi serlo. La determinación de alcanzar alguna cosa, es casi alcanzarla. Una resolución decidida, con frecuencia parece llevar consigo cierto sabor de omnipotencia.” Un escritor francés afirma:

“Lo que con mayor facilidad llega a ser un hábito en nosotros, es la Voluntad.

Aprendamos, pues, a querer intensa y decididamente; así fijamos nuestra flotante vida, impidiendo que vaya de aquí para allá, como la hoja caída, a impulsos de cualquier viento.” Otro escritor dice:

“El hombre debe su medro principalmente a este activo ejercicio de la voluntad, que opone débil resistencia a lo que nosotros llamamos esfuerzo; y es asombroso ver con frecuencia cuántas cosas aparentemente impracticables, se hacen así posibles. Una intensa aplicación transforma la posibilidad en realidad pues nuestros deseos son frecuentemente los precursores de las cosas que somos capaces de realizar. Por el contrario, los tímidos e indecisos lo encuentran todo imposible, principalmente porque ello parece serlo... Es la Voluntad, fuerza de propósito, la que capacita al hombre para hacer o ser aquello que fija en su mente.”

El poeta canta:

“La estrella de una invencible voluntad – ha remontado en mi pecho, - serena y resuelta, y fija – y tranquila, y poseída de sí misma.” Sherman

dice:

“Es imposible considerar las condiciones bajo las cuales se da la batalla de la vida, sin observar cuánto depende realmente de la extensión con que el Poder Voluntad es cultivado, fortalecido y hecho ejecutivo en rectas direcciones.” Otro escritor asegura:

“El que guarda silencio es olvidado; el que no adelanta queda postergado; el que se detiene es atropellado, pisoteado y abandonado; el que cesa de engrandecer, empequeñece; el estacionamiento es el principio del fin, procede a la muerte; la vida es ejercer la voluntad incesantemente.”

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Munger

escribe:

“Un fuerte e inquebrantable propósito presta mil recursos de que echar mano en un momento dado; posee un poder magnético que se comunica a todas las acciones del individuo.”

Alguien ha afirmado:

“Nuestro primer estudio debería ser el mostrar al mundo que no somos hechos de lana o de paja; que hay mucho del hierro en nosotros.” Marden

dice:

“Energía de Voluntad, fuerza originada en uno mismo; esa es el alma de todo gran carácter. Donde ello está, allí está la vida; donde no, sólo está la debilidad, el desaliento y la nulidad... Las obras del Poder Voluntad son incontables. Apenas hay nada imposible de realizar para el hombre que quiera con bastante fuerza y por bastante tiempo. Un talento acompañado de Voluntad cumplirá más de diez sin ella; como un cartucho metido en un fusil, cuyo cañón dirija la bala, producirá mayor efecto que el mismo cartucho disparado al aire libre.”

Tennyson

escribe:

“¡Bien para aquel cuya Voluntad es fuerte!”

Emerson

dice:

“Caminamos con gesto austero, determinado, creyendo en las cadenas de hierro del Destino, y no volvemos la espalda ni aun para salvar nuestra vida. Un libro, un busto, el sonido de un nombre tan sólo, produce el efecto de una corriente en nuestros nervios y, súbitamente, creemos en la Voluntad. No podemos oír hablar de un vigor personal de cualquier clase, de un gran poder de ejecución, sin tomar nuevas resoluciones.” Fothergill

escribe:

“Poder Voluntad es uno de los más grandes dotes naturales, como es uno de los más bellos productos del cultivo de sí mismo. El hombre que consigue subir paso a paso, encuentra su Poder Voluntad aumentando a la par de sus energías, de las demandas que se le hagan. En cuanto hay una voluntad hay un camino. El camino puede ser largo, escondido, difícil de encontrar, espinoso, fatigoso, aparentemente interminable, pero por él adelanta el resuelto caminante y llega al fin. La voluntad no dota al hombre de talentos o capacidades; pero con ella puede conseguirse tanto como si se poseyeran aquellas cualidades.”

Háse visto que la Voluntad Persistente nace del Deseo Insistente y de la Expectación Confiada. Deseo y Expectación conducen naturalmente a la manifestación de la Voluntad. Uno de los símbolos más gráficos de la Voluntad Persistente es el de la gubia 42

de acero dirigida al objeto puesto en el torno, tan firmemente, tan constante y fijamente, que el objeto toma, por último, la forma dictada por el deseo y la razón, y representada en la imaginación. Téngase presente esta imagen de la herramienta de acero cuando se desee visualizar la Voluntad Persistente.

El desarrollo de la Voluntad es una tarea digna de los mejores esfuerzos de todo ser humano.

Como dice Emerson:

“La educación de nuestra voluntad es el objeto de nuestra existencia.” Y como dice Juan Stuart Mill:

“Un carácter es una Voluntad completamente formada.” Un gran psicólogo ha afirmado:

“Con no poca frecuencia se da el caso de que un fuerte poder volutivo exista originariamente, pero duerma por no haber sido llamado a ejercicio, y así es que una juiciosa educación puede operar las mayores maravillas...

Es de la mayor importancia, que una gran atención sea dirigida al mejoramiento y fortalecimiento de la voluntad, pues sin esto no puede haber ni independencia, ni firmeza, ni individualidad de carácter. Sin ella, no podemos dar a la verdad su legítima fuerza, ni a la moral su propia dirección, ni salvarnos de ser máquinas en manos de hombres indignos.

La educación de la Voluntad es realmente de la mayor importancia en el destino del individuo; tanto como la intelectual.

Teorías y doctrinas, inculcación de leyes y proposiciones, jamás, por sí mismas, conducirán al hábito uniforme de recta acción. Haciendo es como aprendemos a hacer; venciendo es como aprendemos a vencer; obedeciendo a la razón y a la conciencia, aprendemos a obedecer; y cada recta acción nuestra que nazca de puros principios – sea por autoridad, precepto o ejemplo – tendrá mayor peso en la formación del carácter, que todas las teorías del mundo.

El ejercicio de la Voluntad o la lección del poder, son enseñados en cada acaecimiento. Desde que el niño entra en posesión de sus sentidos hasta el momento en que dice: “Tú harás esto”, está descubriendo el secreto de que puede reducir a su voluntad, no solamente acontecimientos particulares, sino grandes obstáculos, conformando así todos los hechos a su carácter.”

Wist

dice:

“El hombre que vacila perpetuamente sobre cuál de dos cosas hará primero, no hará ninguna de las dos. El hombre que resuelve, pero permite que su resolución sufra alteración por la primera palabra, contradictoria de cualquier consejero – que va de opinión 43

en opinión, de plan en plan, como las veletas que giran a merced de todos los vientos -, ese no hará nada real o útil. Tan sólo el hombre que pone en sus empresas la gran cualidad que Lucano atribuye a César, nescua virtus stato loco, que consulta primero prudentemente, después resuelve firmemente y entonces ejecuta su propósito con inflexible perseverancia, sin desanimarse por esas nimias dificultades que asustan a un espíritu débil, este hombre puede adelantar hasta ponerse en primera línea.”

Emerson dice también:

“No hay fuerza directiva a menos que el hombre se convierta en su Voluntad, haciendo él la Voluntad, y la Voluntad a él... El rayo que estalla y crea planetas, es un creador de planetas y soles. De un lado, orden elemental, arenisca y granito, acantilados, rocas, selvas, mar y playa; y, en la otra parte, pensamiento, el espíritu que compone y descompone la naturaleza; y allí están, lado por lado, el bien y el mal, mente y materia, rey y conspirador, rojo y negro, cabalgando juntos pacíficamente en la mente del hombre.” Halleck

dice:

“Las personas de carácter siempre tienen una Voluntad bien cultivada. Los deberes de la vida obligan ciertamente a la realización de cosas desagradables. Un hombre variable no puede ser nunca una persona de carácter. La estabilidad se encuentra en la Voluntad.

La estabilidad demanda la persecución de una definida y con frecuencia difícil, consistente línea de conducta, que no tuerza ni a la derecha ni a la izquierda.” La Voluntad Persistente puede ser desarrollada del propio modo que las otras cualidades mentales, y por idénticos métodos. En primer lugar debe idealizarse la Voluntad Persistente, formándose un claro concepto de lo que quiere significarse con este término.

Las referencias que hemos dado en este capítulo, pueden ser de material ayuda en tal sentido. Debe uno formarse en su mente una idea tan clara como sea posible de los atributos, cualidades y manifestaciones propias de la Voluntad Persistente, hasta que las palabras tomen una viviente significación, hasta que casi pueda verse la Voluntad Persistente. Se procede luego a la fase de la Visualización e imagínese uno como poseedor de la Voluntad Persistente, y obrando en consecuencia.

Debe uno verse ejecutando las varias actividades de la vida, siempre manifestando la Voluntad Persistente. Véase uno a sí mismo manifestando Paciencia, Persistencia y Perseverancia. Practique sin cesar. Sáquese este pensamiento a la superficie cada día y acabará por ser propio. Tríllense los senderos mentales, y transítese por ellos con la mayor frecuencia.

Como dice Goethe:

“Sí, me aferro a este pensamiento con firme persistencia; el último resultado de la sabiduría afirma como una verdad que tan sólo alcanza su libertad y existencia el que diariamente trabaja por su conquista.”

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Ejercítese finalmente la Voluntad Persistente en Acción Idealizada. Ejecútese la parte, manifestando la Voluntad Persistente en los varios incidentes y tareas de la vida ordinaria. Desarróllese el músculo mental de la Voluntad Persistente mediante un constante ejercicio. Transítese por el sendero mental creado por uno. Que nuestros ideales tomen forma real. Practiquemos lo que nos hemos predicado a nosotros mismos.

Atengámonos a lo comprendido y aprobado por el juicio y la razón. Después de estar seguros de que vamos bien, echemos adelante; sintamos la inspiración de los ejemplos que hemos reproducido en éste y los precedentes capítulos, y manifestémoslo prácticamente contra el mundo. Haciéndolo así, no tan sólo se desarrolla la Voluntad, sino que también quedará un fondo de reserva para utilizarlo en casos imprevistos.

El Profesor William James aconseja a sus lectores la práctica del arte de hacer cosas que les sean desagradables – cosas que “no desearían hacer” -, como método de fortalecer la Voluntad, y sirve bien en las horas de necesidad. Compara esta práctica al seguro de una propiedad. Un individuo fue sorprendido leyendo un árido tratado de economía política, y se le preguntó por qué leía aquello que confesaba algunas veces serle desagradable.

“Precisamente lo leo porque no me gusta”, replicó. Aquel individuo había descubierto este valioso método de desarrollar la Voluntad.

El Profesor Halleck dice, acerca del mismo asunto:

“Nada educa mejor la Voluntad y la dispone al esfuerzo, en este mundo complejo, que la costumbre de afrontar cosas desagradables. Una Voluntad disciplinada en este sentido está siempre dispuesta a responder, por grave que sea la contingencia... El único medio de adquirir una Voluntad semejante es la práctica de hacer cosas que le desagraden a uno. A cada momento se presenta una oportunidad...

Por el contrario, el que habitualmente evita el practicar cosas desagradables, educa su Voluntad para que no le sea de ninguna utilidad el día en que sea preciso un supremo esfuerzo. Semejante voluntad jamás cumplimentará las exigencias de la vida. Cuando Napoleón encontró los Alpes en su camino, los escaló sin demora, cuando cualquier otro general se hubiese lamentado del obstáculo. Pero se trataba de uno de los generales que han poseído la más enérgica y bien gobernada voluntad.

Voluntad dominada hasta el punto, que le permitía hacer el más desagradable esfuerzo y realizar los hechos más asombrosos sin aparente lucha.

Un pronto y severo esfuerzo no es cosa fácil para nadie, y son pocos los que tienen la voluntad de ponerlo en acción; pero Napoleón obró con tal energía que cumplió su propósito de llevar la guerra al país enemigo... Todos los hombres de fama universal han operado siempre en el sentido de la mayor resistencia, con tan aparente facilidad, que la acción parecía agradable.”

En nuestra obra intitulada ¡ Quiere y Podrás!, hemos expuesto la siguiente regla, que creemos plausible reproducir aquí:

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“¡ Vivamos en nuestra cabeza!” No permitamos que la mente en las varias partes de nuestro cuerpo, y en todo él, arrastre a la mente de nuestro cerebro. Sea el individuo, el

“Yo”, el que empuñe las riendas. Tengamos los caballos bajo nuestro gobierno, y no permitamos que se desboquen. Madúrense las decisiones en la cámara interna de nuestra mente, sin atender a los gritos y demandas de las inferiores y externas regiones de nuestro ser.

Retirémonos a la sala del consejo de nuestro “Ego” al tomar las decisiones, cerrando la puerta a toda intrusión. Vívase durante este intervalo en la región de la Voluntad Pura, y procédase después con la intención hecha, y la decisión firmemente fija. Y actúese siempre de acuerdo con la decisión tomada.

No permitamos nunca ser desviados. Veamos el término y caminaremos en derechura a él. Actuemos, no porque tengamos gusto en ella, sino porque la Razón indica que debe procederse así, que uno quiere. Este quiere debe ir siempre unido al es preciso.

No es una tarea fácil, no para los débiles de la raza, sino para los fuertes. ¿A qué clase pertenece el lector? ¿A qué clase entiende pertenecer en lo futuro? ¿Qué piensa hacer sobre el asunto? La elección es suya. Como responda, así será. La Voluntad espera su demanda. ¡Tomarlo o dejarlo!

Desarróllese la Voluntad Persistente; es la fase activa de la “Clave de Obtención”.

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CAPÍTULO VIII

DESARROLLO DE LAS CUALIDADES POSITIVAS

Cualidades positivas y cualidades negativas. – Hay que desarrollar aquéllas y atenuar o anular éstas. – Reglas y consejos para este trabajo.

Entre las cualidades mentales encontramos manifiesta esa peculiar universal que los antiguos filósofos llamaban la “Ley de las Opuestas”, que produce todas las cosas en pares de opuestas cualidades, en polos opuestos de la misma cosa.

Cada cualidad mental tiene su opuesta; así el amor es opuesto al odio, la dureza a la afabilidad, la crueldad a la bondad, etc. Y acordemente encontramos varias cualidades necesarias para él. Y cada uno de estas cualidades necesarias tiene su opuesta que, en consecuencia, retarda o impide el éxito.

Siguiendo

la

clasificación

acostumbrada, hemos llamado positivas a estas cualidades beneficiosas, y negativas a las opuestas. En el primer libro de esta serie, titulado

“¡ Conócete!”, hemos dicho:

“Cuando el individuo se vea forzado a considerar algún sentimiento, emoción, idea, acción, aviso, sugestión o lección, debe someterlo siempre a la piedra de toque de la Positividad, preguntándose a sí mismo: “¿ Me hará esto más fuerte, más poderoso, más capaz, más eficiente, mejor? El grado en que la cosa responda a estas calificaciones, será su grado de positividad.”

En el mismo libro hemos dicho:

“Nadie experimentará la menor confusión para decidir cuál de sus estados mentales o cualidades reúne el carácter de positivo o el de negativo. Cada cual, si es sincero consigo mismo, reconoce las dos clases de cualidades en su ser íntimo, y reconoce los diferentes grados de positividad y negatividad, respectivamente, poseídos por cada individuo. No necesitará maestro que le enseñe que el Valor es positivo y la Cobardía es negativa; ni que la Honestidad es positiva y la Deshonestidad negativa; ni que la Verdad es positiva y la Mentira negativa; ni que la Energía es positiva y la Debilidad negativa; ni que la persistencia es positiva y la falta de ella negativa, y así sucesivamente.

En la consideración de esta materia siempre será bueno recordar que cada cualidad positiva tiene su opuesta negativa. Esta es una regla invariable, y que cada cual puede comprobar por sí mismo. Y de ella se deriva la importante regla de la Nueva Psicología que dice: “Para desarrollar una cualidad positiva, es importante restringir o anular una cualidad negativa, desarrollar y estimular su opuesta positiva.” 47

En los capítulos siguientes invitaremos al lector a considerar un cierto número de cualidades mentales que conciernen a la manifestación del éxito. La mayoría de éstas son cualidades positivas, que, en caso de deficiencia, se han de desarrollar y cultivar. Unas pocas, sin embargo, son cualidades negativas, que se han de restringir caso de estar demasiado desarrolladas.

Hay otra materia, no obstante, que debe considerarse, y es que, aun en el caso de las cualidades positivas, existe la posibilidad de la perversión, esto es, de llevar el desarrollo al exceso. Casi todas, si no todas, las buenas cualidades se han de mirar como beneficiosas, con moderación, sin incurrir en exageraciones.

Así, pues, el camino más seguro es el de evitar los extremos, y mantenerse en un prudente término medio. Por ejemplo, el Valor llevado al extremo se convierte en temeridad; la Constancia y la Estabilidad, llevadas a la exageración, pueden convertirse en causa de atraso; la Economía, llevada muy lejos, resulta Avaricia y Tacañería; la Destructividad en exceso, conduce a la Crueldad y Brutalidad; la Prudencia, pasado cierto grado, produce Vacilación e Indecisión; la Astucia demasiado desarrollada, da en Picardía y mala fe; la Individualidad en casos extremos produce la Excentricidad y la Intolerancia, y así sucesivamente. Nos detendremos sobre estos extremos en los capítulos siguientes; pero hemos creído conveniente recordar aquí este punto.

En la labor de desarrollar las Cualidades Positivas y restringir las Negativas, pueden seguirse los métodos bosquejados en los capítulos precedentes: Idealización, Visualización y Acción Idealística. En el caso de cada cualidad hemos mencionado el método, hemos dado con frecuencia alguna sugestión del modo de aplicación en los casos particulares.

Pero bueno será leer el método en detalle varias veces, para que queden fijos en la mente, no solamente los principios, sino la razón que se encierra en ellos. Aun más: debe grabarse en la mente la “Clave de Obtención”, que hemos considerado ya. Sus elementos,

“Deseo Insistente, Expectación Confiada y Voluntad Persistente”, tienen mucha relación con la Formación del Carácter o la manera de “hacerse a sí mismo”.

En capítulos siguientes se exponen bastantes sugestiones y consejos que son aplicables no solamente a la cualidad particular objeto de consideración, sino a la obra general de desarrollar cualquiera y todas las cualidades.

Una de las más grandes verdades de la Nueva Psicología es la de que el carácter y la personalidad no son inmutables y fijos por siempre, sino que son plásticos y capaces de ser moldeados, chapeados y cambiados mediante la aplicación del Deseo Insistente, la Expectación Confiada y la Voluntad Persistente, de acuerdo con los métodos dados en detalle en este libro. El Ego o Mí Mismo, es el Dueño, aun cuando en muchos de nosotros ha sido el esclavo. Con un poco de práctica, esfuerzo y determinación, podemos capacitar al Ego a montar de nuevo en su trono y gobernar a sus súbditos mentales.

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