Cristo Nuestra Esperanza por Alfredo Ramos - muestra HTML

TOME EN CUENTA: Esta es una vista previa en HTML y algunos elementos como enlaces o números de página pueden ser incorrectos.
Para la versión completa, descargue el libro en PDF, ePub, Kindle

ÍNDICE

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

 

Una de las preguntas que más angustian la existencia del hombre es ésta: ¿qué hay después de la muerte? Este libro nos permite responder a este enigma afirmando que la muerte no tiene la última palabra, porque al final es la Vida la que triunfa. Nuestra certeza no se basa en simples razonamientos humanos, sino en un dato histórico de fe: Jesucristo, crucificado y sepultado, ha resucitado con su cuerpo glorioso. Jesús ha resucitado para que también nosotros, creyendo en Él, podamos tener la vida eterna. Este anuncio está en el corazón del mensaje evangélico.

.

El anuncio de la resurrección del Señor ilumina las zonas oscuras del mundo en que vivimos. Me refiero particularmente al materialismo y al nihilismo, a esa visión del mundo que no logra transcender lo que es constatable experimentalmente, y se abate desconsolada en un sentimiento de la nada, que sería la meta definitiva de la existencia humana. En efecto, si Cristo no hubiera resucitado, el «vacío» acabaría ganando. Si quitamos a Cristo y su resurrección, no hay salida para el hombre, y toda su esperanza sería ilusoria. Pero, precisamente hoy, irrumpe con fuerza el anuncio de la resurrección del Señor, que responde a la pregunta recurrente de los escépticos, referida también por el libro del Eclesiastés: «¿Acaso hay algo de lo que se pueda decir: "Mira, esto es nuevo?"». Sí, contestamos: todo se ha renovado en la mañana de Pascua. - Lucharon vida y muerte / en singular batalla / y, muerto el que es Vida, / triunfante se levanta. Ésta es la novedad. Una novedad que cambia la existencia de quien la acoge, como sucedió a lo santos. Así, por ejemplo, le ocurrió a San Pablo, el perseguidor encarnizado de los cristianos, encontró a Cristo resucitado en el camino de Damasco y fue «conquistado» por Él.

.

En un tiempo de carestía global de alimentos, de desconcierto financiero, de pobrezas antiguas y nuevas, de cambios climáticos preocupantes, de violencias y miserias que obligan a muchos a abandonar su tierra buscando una supervivencia menos incierta, de terrorismo siempre amenazante, de miedos crecientes ante un porvenir problemático, es urgente descubrir nuevamente perspectivas capaces de devolver la esperanza. Cristo busca hombres y mujeres que lo ayuden a afianzar su victoria con sus mismas armas, las de la justicia y la verdad, la misericordia, el perdón y el amor.

.

La resurrección de Cristo es nuestra esperanza. La Iglesia proclama hoy esto con alegría: anuncia la esperanza, que Dios ha hecho firme e invencible resucitando a Jesucristo de entre los muertos; comunica la esperanza, que lleva en el corazón y quiere compartir con todos, en cualquier lugar, especialmente allí donde los cristianos sufren persecución a causa de su fe y su compromiso por la justicia y la paz; invoca la esperanza capaz de avivar el deseo del bien, también y sobre todo cuando cuesta.

 

La  nueva visión que presenta este libro sobre la resurrección de Jesús, se basa en sus palabras y acciones, entendiendo que todos los escritos del Nuevo Testamento, ocurrieron después de su pasión, muerte y resurrección y mucho tiempo después, es lo que se llama la teología pos pascual.

Cada uno de los capítulos presenta en forma sucinta la vida de Jesús, sus palabras y sus acciones, lo que Joachin jeremias llama “las mismísimas palabras de Jesús” y los mismísimos hechos de Jesús

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1-    EL RECHAZO HACÍA JESÚS

 

 

Juan 10:22-31

EL CONTEXTO

Juan 20:22-30 es la continuación del discurso del Buen Pastor (vv. 1-18), que resulta en que algunos de “los judíos” lo acusen de tener un demonio (vv. 19-21). Los versículos 22-30 son seguidos por el rechazo a Jesús, incluyendo un intento de apedrearlo (vv. 31-39) y su partida de Jerusalén “á aquel lugar donde primero había estado bautizando Juan” (v. 40) y “Y muchos creyeron allí en él” (v. 42).

El Leccionario Común trata con este capítulo extendiéndolo por tres semanas sucesivas, pero en tres años sucesivos (durante el tiempo de Resurrección) así que no podemos apreciar su conexión con el resto del capítulo. Nos corresponde a nosotros, por lo tanto, familiarizarnos una vez más con el capítulo como un todo de tal manera que nuestra predicación de esta semana incorpore toda la riqueza de este capítulo.

El rechazo es el tema principal de este capítulo, y se refleja en la hostilidad de “los judíos” que desafían a Jesús a que les hable “abiertamente” (v. 24). Los pasajes que inmediatamente preceden y siguen a este texto (vv.19-21 y 3139) explícitamente tratan con ese rechazo, aunque también dejan claro que los “judíos” están divididos: algunos dicen que Jesús tiene un demonio (v. 20) y otros dicen que “Estas palabras no son de endemoniado: ¿puede el demonio abrir los ojos de los ciegos?” (v. 21; ver también 8:31; 12:42).

 

Unas palabras sobre la frase “los judíos”. No es el pueblo judío completo que se opone a Jesús, sino los líderes judíos, los fariseos en particular (7:32, 45; 8:13; 9:40), la gente con poder y prestigio qué proteger. La gente común encuentra fácil creer en Jesús. Mientras más sofisticados, ricos, o poderosos lleguemos a ser, encontraremos más obstáculos en el camino de la fe. Jesús voltea de cabeza las vidas de quienes lo siguen. Los que “la han hecho”, quienes han logrado el “éxito” están menos dispuestos a permitir que Jesús turbe su cómodo mundo.

 

VERSÍCULOS 22-24:

 

 22Y se hacía la fiesta de la dedicación en Jerusalén; y era invierno; 23Y Jesús andaba en el templo por el portal de Salomón.  24Y rodeáronle los judíos y dijéronle: ¿Hasta cuándo nos has de turbar el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.

“Y se hacía la fiesta de la dedicación en Jerusalén” (v. 22ª). Este evangelio presenta mucho de la enseñanza de Jesús y los resultados de las controversias como ocurriendo los sábados o en los días de festivales como la Pascua y los Tabernáculos.

El festival de la Dedicación es ahora mejor conocido como el festival de Chanikah o Hanukkah, y se observa durante ocho días en el mes de Chislev, muy cerca de lo que para nosotros es Navidad. Esta fiesta conmemora el triunfo de Judas Macabeo (judío) sobre Antíoco Epifanes (sirio) durante 164-165 a.C. Antíoco había tratado de imponer la filosofía y religión griega a los judíos. Al fracasar, atacó Jerusalén, saqueó el tesoro del Templo, y profanó el altar al sacrificar cerdos sobre él. Judas Macabeo y sus hermanos reunieron un ejército, liberaron a la nación, limpiaron el Templo, y volvieron a dedicar el altar. El festival de la Dedicación, que se celebra encendiendo lámparas y con alegría, conmemora la re-dedicación del altar.

 

“Era invierno; Y Jesús andaba en el templo por el portal de Salomón” (vv. 22b–23). Aparentemente Jesús había estado en Jerusalén desde la fiesta de los Tabernáculos, dos meses antes (7:2, 37). Debido a que era invierno, Jesús estaba enseñando bajo techo y no al aire libre. Sus opositores hallaron que este era un lugar propicio para atrapar a Jesús y forzarlo a que hiciera declaraciones que lo incriminaran (Gossip, 631-632).

 

El lugar es importante. Para los judíos el Templo representaba la presencia de dios. “El evangelio de Juan presenta a Jesús como siendo lo que el templo representaba. Jesús es la misma presencia de Dios. El proclamó ‘Yo y el Padre uno somos’ (10:30)” (Lindberg, 52).

 

“Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente” (v. 24). Era un desafío hostil, diseñado para forzar a Jesús decir cosas que pudieran usar en su contra. Cualquier cosa que Jesús pudiera decir sería usada en su contra. El asunto del la mesianidad de Jesús ya había sido levantada previamente en este evangelio:

–– Al ver a Jesús enseñar sin oposición de las autoridades, la gente preguntaba “¿si habrán entendido verdaderamente los príncipes, que éste es el Cristo?” (7:26).

–– La gente respondió a los milagros de Jesús preguntando “El Cristo, cuando viniere, ¿hará más señales que las que éste hace?” (7:31).

–– Ellos creían que él era el Mesías excepto porque venía de Galilea más que de Belén (7:41-43).

–– Sus opositores preguntaron “¿Tú quién eres?” (8:25) y “¿Quién te haces á ti mismo?” (8:53).

 

 

–– Los padres del ciego a quien Jesús había sanado tenían miedo porque “ya los Judíos habían resuelto que si alguno confesase ser él el Mesías, fuese fuera de la sinagoga” (9:22).

 

VERSÍCULOS 25-30: OS LO HE DICHO, Y NO CREÉIS

25Respondióles Jesús: Os lo he dicho, y no creéis: las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí; 26Mas vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho.  27Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen; 28Y yo les doy vida eterna y no perecerán para siempre, ni nadie las arrebatará de mi mano.  29Mi Padre que me las dio, mayor que todos es y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.  30Yo y el Padre una cosa somos.

Jesús no contesta reclamando el título de Mesías para sí, porque sus interrogadores han venido buscando no la verdad, sino pruebas para condenarlo. No solamente han ignorado la evidencia de sus obras, sino que han buscado volverlas en su contra (5:10-18; 9:13-34). “Como Crisóstomo lo decía, ellos no creen, no porque Jesús no fuera un pastor, sino porque ellos no eran ovejas” (Craddock, et. al., 248). Ellos son a quienes Jesús ha identificado como ladrones, bandidos y asalariados que han venido para “hurtar y matar y destruir” (10:10a). Así que, se opusieron a Jesús, que había venido “para que tengan (mis ovejas) vida, y para que la tengan en abundancia” (10:10b). Los ladrones y bandidos no pueden soportar a un buen pastor, porque un buen pastor no los deja cometer sus fechorías.

Jesús también resiste el título de Mesías porque la idea popular distorsionaba su verdadero significado. “Muy frecuentemente para quienes cuestionan ‘Mesías’ tenía un significado nacionalista y político que Jesús no quería promover” (Brown, 406). 

Cristo tiene opositores hoy día que ignoran la evidencia de vidas cambiadas y buenas obras hechas por la iglesia entre los pobres y vulnerables. Observen cómo se presenta a la iglesia en las películas y la televisión. Muy pocas veces se les trata con simpatía. Generalmente se les representa negativa y condenatoriamente o son usados para bromas. Ser conocido como cristiano en una Universidad requiere de valor, porque frecuentemente se desalienta la fe en los círculos académicos. La prensa y las cortes a veces son hostiles a la iglesia. Hermanos y hermanas cristianos son perseguidos y muertos en muchos países alrededor del mundo por su fe.

Sin embargo, debemos recordar que la fe es menos fácilmente abandonada por la hostilidad que por demasiada comodidad. La sangre de los mártires en verdad es la que riega la semilla de la iglesia. Los más serios enemigos de Cristo son quienes solamente llevan su nombre pero de mala manera, es decir, que proclaman el “evangelio de la prosperidad” en lugar de la cruz, o que predican el amor pero no aman, o que manchan sus vestiduras con su inmoralidad.

 

 

VERSÍCULOS 27-29: MIS OVEJAS OYEN MI VOZ

27Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen; 28Y yo les doy vida eterna y no perecerán para siempre, ni nadie las arrebatará de mi mano.  29Mi Padre que me las dio, mayor que todos es y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

Vida eterna en este evangelio no se refiere a la longevidad, sino a la vida que se vive en la presencia de Dios. “Esta  es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y á Jesucristo, al cual has enviado” (17:3). Esto involucra una “reorientación de quien conoce, un cambio de lugar de una comunidad a otra...” (Cousar, et.al. 304). Los opositores de Jesús están acostumbrados a formas familiares, y no se arriesgarán a ver en nuevas direcciones o abrazarán un nuevo tipo de Mesías de tal manera que puedan disfrutar de la vida eterna que Jesús ofrece.

La seguridad que Jesús ofrece no es seguridad como el mundo la conoce. Las ovejas no perecerán y nadie las arrebatará de la mano de Jesús, pero muchos morirán por su fe, o perderán sus trabajos, o se les negarán oportunidades, o sufrirán el ridículo. Pero lo que no perderán será su relación con el Padre y el Hijo o la salvación que esa relación trae.

“Mi Padre que me las dio, mayor que todos...” (v. 29a).  Smith nota que “Otros antiguos manuscritos dicen ‘mi Padre... es más grande que todos’” que le da un mejor sentido. ¿Es el Padre o aquellos a quienes el Padre da que es más grande que todos?” ¡Uno no puede imaginar que las ovejas sean ‘más grandes que todo”!” (Smith, 211).

Hay una tensión en este evangelio entre la fe y la elección. “Creer es pertenecer a quienes escuchan la voz de Jesús y reciben la vida eterna (cf. 5:24), pero uno no puede escuchar la voz de Jesús a menos que una le sea dada por Dios...” (O’Day, 676). A pesar de esto, se deja a la gente que sea responsable por sus acciones.

VERSÍCULOS 30-31: UNO SOMOS30Yo y el Padre una cosa somos.  31Entonces volvieron á tomar piedras los Judíos para apedrearle.

“Yo y el Padre una cosa somos” (v. 30).  Esta es una frase inflamatoria.  De hecho, si Jesús no es el Mesías, estas son palabras blasfemas. Aquí se nos recuerda de las palabras de apertura de este Evangelio, “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.  2Este era en el principio con Dios” (1:1-2).  Después Jesús orará que sus discípulos “Para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo crea que tú me enviaste” (17:21).  En el corazón de este evangelio está la relación entre el Padre y el Hijo.  Jesús ora para que sus discípulos se conviertan en parte de esta unidad. “Entonces volvieron á tomar piedras los Judíos para apedrearle” (v. 31).  Sin embargo, ellos no pueden matarlo.  Cuando su hora llegue, él podrá su vida voluntariamente.

 

MATEO  13, 54-58

1.        AL LLEGAR A SU PUEBLO, JESÚS SE PUSO A ENSEÑAR A LA GENTE EN LA SINAGOGA.

 

El Señor se vino a su tierra que era aún Nazaret. Entonces fue sábado y se puso a enseñar en la sinagoga. Por los evangelios sinópticos, sabemos que estos era frecuente en El (Lc 4:16; cf. Mc 1:39). La explicación del texto sagrado no era exclusiva de rabinos o escribas. Podía hacerlo una persona distinguida, capacitada, ofreciéndose espontáneamente a ello o siendo invitado por el jefe de la sinagoga.

 

2.        SU DOCTRINA Y “SU AUTORIDAD” HIZO ESTALLAR LA ADMIRACIÓN EN SUS PAISANOS.

 

Las enseñanzas de Cristo, era siempre sorprendente, además “su palabra iba acompañada de autoridad” (Lc 4:31), “no como los escribas” (Mc 1:22).

 

Pero esta admiración era de “escándalo”. Sin embargo esto generalmente sucede entre los hombres y parece acentuarse en los poblados pequeños, la gente no concibe como uno de los suyos pueda ser distinto de ellos, máxime con la altura que Jesús les demostraba. Su argumento contra la fama de hombre prodigioso ya corría por la región y contra la doctrina y los hechos. Entonces ellos se preguntaban; “¿De dónde le viene a éste la sabiduría y los milagros?”. Seguramente se hacían esta pregunta porque conocían a sus padres y a sus familiares y a él mismo desde pequeño.

 

3.        “¿SERÁ VERDAD QUE (JESÚS) ES EL MESÍAS?

 

Pero este detalle es precisamente la clave de la solución del “escándalo” de los nazarenos, ya que Juan alude y explica el porqué de esto. Dicen los judíos: “¿Será verdad que (Jesús) es el Mesías? Pero de éste sabemos de dónde viene; mas el Mesías, cuando venga, nadie sabrá de dónde viene” (Jn 7:26-27).

 

En efecto, en la creencia de entonces estaba divulgado que del Mesías nadie sabría su origen. Por eso, la gran contradicción que tenían sus paisanos era ésta: “la sabiduría y los milagros” le acreditaban como Mesías. Era lo que le dirá un día Nicodemo (Jn 3:2). Pero, conociendo ellos a sus padres — el carpintero y María — y a sus “hermanos” y “hermanas,” al enfrentarse ellos con la creencia popular del origen desconocido del Mesías, se “escandalizaban de Él” como Mesías. Un día le dirán sus mismos “hermanos,” ante esta tremenda duda, que vaya a Jerusalén, sin duda para que la autoridad religiosa vea estas cosas y las juzgue (Jn 7:3.5).

 

4.        “UN PROFETA ES DESPRECIADO SOLAMENTE EN SU PUEBLO Y EN SU FAMILIA.”

 

La respuesta de Cristo, es una observación de evidencia cotidiana, y que los evangelistas recogen, “Un profeta es despreciado solamente en su pueblo y en su familia.”

 

Y tal era la actitud de desconfianza de los nazaretanos ante su obra, que El “se maravillaba.” Cristo sabía todas las cosas por su ciencia sobrenatural. Pero aquí usaba la psicología de su ciencia experimental. Y esta conducta de sus paisanos, que cerraban los ojos a la evidencia, era, en el plan de Dios, obstáculo a que El se prodigase en milagros allí: “No hizo allí muchos milagros, a causa de la falta de fe de esa gente”

 

5.        NO ES ÉSTE EL HIJO DEL CARPINTERO?

 

El evangelista Mateo, nos destaca el escándalo de los paisanos de Jesús, y ellos alegaban que conocían a su familia: No es éste el hijo del carpintero? ¿Su madre no es la que llaman María? ¿Y no son hermanos suyo Santiago, José, Simón y Judas? ¿Y acaso no viven entre nosotros todas sus hermanas?

 

El que se considere por los nazaretanos como “hijo del carpintero,” ignorantes ellos de la concepción virginal de Jesús, no significa sino que hablan de Él como lo que “legalmente aparecía. Por otra parte, de esta afirmación nada se deduce sobre si vivía ya o había muerto San José. Pero después de citar a María, “su madre,” habla de “sus hermanos.” Esto plantea el problema, ya célebre, de los “hermanos” de Jesús. Algunas confesiones religiosas evangélicas, gustan mucho de interpretar a su modo este relato, y proclaman que la Virgen María tuvo más hijos.

 

6.        MARIA NO TUVO MAS HIJOS DESPUES DE CRISTO

 

Que María no tuvo más hijos después de Cristo, que es el “primogénito” (Lc 2:7), no solamente es dogma de fe — la perpetua virginidad de María —, sino que también es bíblicamente manifiesto. Ya es indicio de ello la escena que relata Lucas. Cuando Jesús tenía doce años, suben al templo, según costumbre, con el Niño. El cumplimiento estricto de la Ley — el bar miswah (hijo del precepto o de la Ley) — comenzaba para los varones a los trece años cumplidos. Pero los judíos acostumbraban ya a llevar a sus hijos antes al templo, lo mismo que a otras prácticas, para acostumbrarlos. Esto sugiere que, si Jesús a los doce años, antes de la obligación usual, es llevado por sus padres, según costumbre — “iban cada año” —, es que no tenía más hermanos, pues María debería haber quedado al cuidado de ellos, ya que habían de ser pequeños, y la mujer no estaba obligada a subir a Jerusalén.

 

7.        CRISTO, MORIBUNDO, ENCOMIENDA A MARÍA A SAN JUAN

 

Otra indicación bíblica de esta perpetua virginidad de María es la escena del Calvario. Cristo, moribundo, encomienda a María a San Juan, quien “desde entonces la recibió en su casa” (Jn 19:26.27). Pero, si María hubiese tenido más hijos — esto supone también la muerte de San José —, Jesús no tenía por qué encomendar a nadie su cuidado temporal, pues por derecho correspondía a sus propios hijos. Máxime cuando bastantes años después vivía en Jerusalén “Jacobo el hermano del Señor” (Gal 1:19).

 

8.        CRISTO ERA EL “PRIMOGÉNITO.

 

No deja de ser notable que, siempre que se habla de estos “hermanos del Señor,” jamás se diga que son hijos de María. Tampoco choca ver la conducta de estos “hermanos” que se portan como hermanos mayores de Cristo, pues le daban consejos (Jn 7:3) y querían reducirle a casa, pues les extrañaba su modo de conducirse (Mc 3:21). Pero estos pequeños detalles son igualmente de interés a este propósito. Ya que esto, en las costumbres de Oriente, sólo era permitido a los hermanos mayores, pero no viceversa. Pero Cristo era el “primogénito.” También a esto puede añadirse que, según el relato de la anunciación, María, entonces “desposada,” o, según otros, ya casada, tiene hecho un propósito de perpetua virginidad en el matrimonio (Lc 1:34). Pero ¿habría de ser motivo para quebrantar este propósito el haber sido hecha madre del Mesías y Madre de Dios? ¿No es éste un motivo más para mantener su “voto”?

 

9.        “HERMANOS” Y “HERMANAS” DE CRISTO

 

La razón fundamental de hablar de estos “hermanos” y “hermanas” de Cristo, que no son sino parientes y familiares, es que ni en hebreo ni en arameo hay una palabra que exprese específicamente estos grados de parentesco; éste ha de expresarse por un circunloquio o suponerse por otro capítulo  Ejemplos de esto aparecen numerosos en la Biblia (Ex 2:11; Lev 10:4; 1 Par 23:21-22; 2 Par 36:4; cf. 2 Re 24:17; Jer 37:1; 2 Sam 2:26, etc.). Así, Abraham dice que él y Lot son “hermanos” ('ahím) (Gen 29:15), cuando es el mismo libro el que dice que Lot era sobrino de Abraham, hijo de una hermana (Gen 29:13; 28:2; Tob 8:7).

 

10.    NO SE TRATA DE HIJOS DE MARÍA, MADRE DE JESUS

 

Pero no sólo estas razones hacen ver que no se trata de hijos de María, sino que el mismo Evangelio da los nombres de la madre de estos “hermanos” de Jesús. Estos “hermanos” de Jesús son los siguientes: “Santiago y José, Simón y Judas” (Mt 13:55; Mc 6:3). De las “hermanas” no se dan nombres. Pues bien, son los mismos evangelistas que dan estos nombres de los “hermanos” de Jesús los que dan el nombre de la madre de ellos. Al hablar de las personas asistentes en el Calvario a la crucifixión de Cristo, donde estaba presente María la madre de Jesús (Jn 19:25), Mateo cita a “María la madre de Santiago y José” (Mt 27:56) y Mc cita igualmente a “María la madre de Santiago el Menor y de José” (Mc 15:40). Luego ni por realidad histórica ni por la perspectiva de los evangelistas, esta expresión de “hermanos” de Jesús se puede referir a hijos de María, sino a familiares o parientes.

Cristo Jesús, María y San José, vivan

2-    LA MISIÓN QUE EL PADRE LE HA ENCOMENDADO

 

JUAN 12, 44-50

 

Nuevamente Jesús, nos da testimonio de que El no habla por sí, sino porque -- el Padre que me ha enviado me ordenó lo que debía decir y anunciar -- así como también nos dice que: -- El que cree en mí, en realidad no cree en mí, sino en aquel que me envió --, de este modo es como Jesús quiere tengamos una profunda conciencia que él responde al Padre, así es como no deja de repetirnos la intima y estrecha unión que El tiene con el Padre. Jesús quiere hacernos ver que el vino hacer la misión que el Padre le ha encomendado.

 

Jesús nos dice el que cree en mí, como también el que me ve, cree en el que le ha enviado, ya que El se presenta como Enviado del Padre -- San Juan 1:18; 13:20 --. De este modo además, porque Jesús está en el Padre -- San Juan 10:38; 14:10ss; 17:21 --. Por eso, el que ve a Jesús ve en El al Padre (San Juan 14:7.9), ya que, donde está el Hijo, está el Padre, que le comunica su divinidad y le envía al mundo. Ver a Jesús con fe es ver al Padre en el Hijo.

 

Dice Jesús Yo soy la luz, porque vino al mundo como luz para que se pueda ver la verdad y no perezca el que crea en El -- San Juan 1:4; 3:19; 8:12; 9:5; 12:34; cf. San Juan 3:16b --; es la luz que llena y da la vida moral. A Los hombres no nos gusta vivir en las tinieblas, entonces buscamos con desesperación la luz, porque vivir en las tinieblas es vivir en el error y no divisar ningún resplandor, entonces el buen Jesús ha venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas. Como cristianos, queremos ser hijos y hermanos de la luz, caminar juntos y en la luz, recibir y dar la luz, es decir recibir con alegría la afirmación que nos hace Jesús para no permanecer en las tinieblas y aplicarla a nosotros mismos.

 

Dice Jesús: El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he anunciado es la que lo juzgará en el último día. Entonces el nos expone cómo la palabra de Él, en otras palabras el Evangelio, va a juzgar, y condenar al que no la reciba, pues hay que hacer la verdad, esto es, su verdad, -- San Juan 3:21 --. En el último día, escatología final, al que rechazó el mensaje de Jesús, su palabra, que es su verdad, la Buena Nueva será la que le juzgue y condene. La razón porque lo hará la palabra y no El, es porque no vino a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. En contraposición a lo que decían algunos judíos, que no veían en el Mesías más que un juez que, tomando al mundo tal como lo encontraba, sin hacerle intervenir en su salvación, lo juzgaba y condenaba, San Juan destaca en Jesús Mesías su misión salvadora.

 

Esta enseñanza judicial de la palabra no va contra otras enseñanzas en el evangelio de San Juan, en donde se dice que el que juzga es Jesús, puesto que el Padre le entregó a El todo el poder judicial sobre los seres humanos -- San Juan 5:22--. Jesús no condena sin más, pues vino a salvar. Pero es verdadero Juez del mundo. Si aquí se destaca la condenación por hacerse el juicio ante la palabra, es porque se quiere destacar el valor de ésta y lo que ésta significa para Jesús. Entonces es lo que expone el evangelista en el último grupo de ideas. La razón última de todo esto es como Jesús nos dice; Las palabras que digo, las digo como el Padre me lo ordenó. Así, El no condena por sí mismo, sino por la palabra y ante su código, que es la voluntad del Padre. De aquí le viene este gran poder a la palabra -- San Juan 7:17; 14:10 --.

 

Se destaca, por último, el valor del testimonio del Padre: El sabe, presciencia de Jesús, que su precepto, es decir la palabra, es vida eterna, como ya lo había dicho anteriormente en San Juan 3:15.16.36; 5:24.40; 10:10.28. Así, este discurso de Jesús parece ser una síntesis de las enseñanzas fundamentales de Jesús. Este discurso es un programa esquemático, por qué se será condenado. Es la lucha entre la Luz y la ceguera voluntaria de los dirigentes de Israel.

 

Nosotros, desde muy pequeño hemos aprendido de dónde venimos, y que somos de Dios, es decir venimos de Dios y vamos a Dios, en nuestro corazón de cristianos hemos atesorado esta verdad que nos ha hecho vivir con tranquilidad y paz, eso nos ha venido de luz que nos ha traído Jesucristo, eso es obra del amor.

 

San Juan de la Cruz, nos ha enseñado que quien ha llegado a saborear la presencia de Dios en su interior y vive habitualmente en oración o atención amorosa, percibe en su vida los efectos de la obra que Dios va realizando en nosotros, porque muchas cosas suele Dios decir, enseñar y prometer, no para que entonces se entiendan ni se posean, sino, que cuando se consiga el efecto de ellas, porque es Dios el que va realizando la obra en el Alma. Oh Jesús, todo los que haces, nos maravilla. La paz del Señor Sea con Ustedes Por comprender esto, Gracias Señor

 

 

3-    EL HIJO DEL HOMBRE

 

JUAN 3, 13-17

 

VERSÍCULO 13: EL QUE DESCENDIÓ DEL CIELO

 

13Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo.

 

 Jesús deja claro que él habla con autoridad de cosas celestiales.  Estaba con Dios en el principio (1:1).  Estaba presente durante la creación, y participó en ella (1:3).  Vino al mundo (1:9-10), y se hizo carne (1:14).  Nadie ha visto a Dios, pero Jesús le ha hecho conocido (1:18).  En las palabras de Pablo, Jesús, “siendo en forma de Dios,... se anonadó á sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante á los hombres” y muriendo en una cruz (Phil 2:7-8).  Habiendo descendido del cielo, Jesús ascenderá de nuevo a él (20:17).  Cuando Juan escribe este Evangelio, Jesús ya lo ha hecho desde hace mucho.

 

 

VERSÍCULOS 14-15: QUE EL HIJO DEL HOMBRE SEA LEVANTADO

 

 14Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado; 15Para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna.

 

 Estos versículos contestan la pregunta de Nicodemus, “¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿Puede entrar otra vez en el vientre de su madre, y nacer?” (v. 4).  Ambos, la serpiente “levantada” y Jesús “levantado” confieren nueva vida en ellos que los ven o que creen en ellos.

“Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto” (v. 14).  La historia es de Num.21:4-9, y cada niño judío la conoce.  Los israelitas pecaron al quejarse a Dios por sacarles de Egipto y llevarles al desierto.  Dios les castigó con una plaga de serpientes ardientes, que mató a muchos de ellos.  Entonces, los israelitas confesaron su pecado y suplicaron su merced.  Dios le dijo a Moisés que construyera una serpiente de cobre y que la subiera en un palo.  Quién mirara la serpiente de cobre sería salvado de las serpientes ardientes – recibiendo nueva vida – naciendo de nuevo (recuerda la pregunta de Nicodemus, v. 4 – puede esperarse que él conecte esta historia a las palabras de Jesús sobre nacer anoten – de nuevo – de lo alto).

 

“…Así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado; 15Para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna” (v. 14).  Hay varios paralelos entre la historia de Moisés y la de Jesús.  En ambas:

 

 - El pueblo está en peligro de muerte por sus pecados.

 

- Dios provee salvación – la serpiente de bronce en la primera historia, y el Hijo del Hombre en la segunda.

 

- El agente de salvación es levantado – “la conexión más profunda entre la serpiente de bronce y Jesús fue el hecho de ser ‘levantado’” (Carson, 201).

 

- El pueblo se salva mirando – o creyendo en – el agente de salvación de Dios.

 

 Sin embargo, hay dos diferencias significantes:

 

 - La serpiente de bronce solo tiene un pedazo de bronce, sin tener ningún poder de salvar por sí misma.  Cuando los israelitas empezaron a hacer ofrendas a la serpiente de bronce, tratándola como un ídolo, Ezechîas la destruyó (2, Reyes 18:4).  Jesús, sin embargo, tiene pleno poder de salvar.

 

- Mirando a la serpiente de cobre “levantada” les extendió a los israelitas la vida física.  Cuando miramos a Jesús “levantado,” nos da la vida eterna.

 

La palabra, “levantado,” tiene múltiples significados en este Evangelio.  Se refiere a la cruz de Jesús, pero también se refiere a su resurrección/ascensión/glorificación.  Jesús será levantado en la cruz, el gran sacrificio pascual.  Será levantado al tercer día, conquistando la muerte.  Su cruz y su resurrección/ascensión son solo distintos aspectos de su glorificación.  (Este Evangelio no incluye un relato de la ascensión, pero sí incluye varias referencias a ella por parte de Jesús – 6:62; 7:33; 13:3; 14:28; 16:10; 16, 28; 17:11, 13; 20:17).

 “Que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna” (v. 15).  Ésta es la primera vez que se menciona la vida eterna en este Evangelio.  Se menciona diecisiete veces, quince de ellas de los labios de Jesús.

La palabra, vida, que tiene el mismo sentido, también aparece frecuentemente.  Solemos pensar de la vida eterna como una vida sin fin, y sí tiene ese sentido (6:58).  Sin embargo, también se refiere a la calidad de una vida vivida en presencia de Dios.  Más tarde, en su oración, Jesús definirá la vida eterna de esta manera: “Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y á Jesucristo, al cual has enviado” (17:3).

 

Leon Morris nos ayuda con este análisis:

“La palabra ‘eterna’... ‘se refiere a una edad.’  Los judíos dividían el tiempo entre el presente y la edad que está por venir.  El adjetivo se usaba para describir la vida en la edad que viene, no para la vida del presente.  ‘La vida eterna’ entonces, significa ‘la vida de la edad que está por venir.’  Es un concepto escatológico... Pero como la vida que está por venir se concibe como una vida que nunca termina, el adjetivo llegó a significar ‘para siempre,’ ‘eterno.’  La noción del tiempo está ahí.  La vida eterna nunca cesará.  Pero también hay algo ahí más significante.  Lo importante de la vida eterna no es su cantidad, sino su calidad...  La vida eterna está en Cristo.  Es una vida que quita a una persona de lo meramente terrenal” (Morris, 201).

 

 VERSÍCULO 16: PORQUE DE TAL MANERA AMÓ DIOS AL MUNDO

 

 16Porque de tal manera amó Dios al mundo (griego: kosmos), que ha dado á su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

 Ésta es una asombrosa manifestación para este Evangelio, el cual “generalmente ofrece una visión negativa del mundo, no porque el mundo es inherentemente malo, sino porque el mundo rechaza a Jesús” (Brueggemann, 228).  ¿Cómo puede Dios amar un mundo así?  “Si yo fuera como nuestro Señor Dios, y esta gente malvada fuera tan desobediente como lo es ahora, derribaría el mundo en pedazos” (citado por Gossip, 510).  ¡El milagro es que Dios no lo hace!  Dios da al Hijo “para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (v. 16).  Este versículo  se puede llamar  “el Evangelio en miniatura.”  El motivo de Dios es amar y su objetivo es salvar.  Sin embargo, Dios no provee salvación sino oportunidad.  Aquéllos que realmente reciben la vida eterna son aquéllos que creen en el Hijo.

 Esto también le sorprende a Nicodemus.  Entiende que Dios ama a Israel – el pueblo elegido de Dios – pero encontraría difícil creer que Dios ama al mundo.

El lenguaje de este versículo es como el de la historia de Abrahán, que fue mandado por Dios, “Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, á quien amas, y vete á tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré” (Gen. 22:2).  Abrahán se preparó para cumplir su sacrificio, pero fue detenido por un ángel de Dios.  Dios, sin embargo, no se salva a sí mismo.  Dios nos dio a su Hijo, empezando con la Encarnación, y requiriendo la cruz.

La respuesta de Dios no es “débil indulgencia (sino) auto-sacrificio divino” (Gossip, 510).  Hubiera sido mucho menos costoso que Dios ignorara los pecados del mundo y permitiera que su gente viviera en la oscuridad, pero ese mundo reflejaría, no amor, sino apatía.  Padres terrenales nos sirven de analogía.  Cuesta mucho más en tiempo y energía que un padre supervise a un niño, en vez de dejarle correr suelto.  Algunos padres lo ven de otra manera, prefiriendo no controlar al niño.  Sin embargo, lo que parece un regalo de libertad perjudica el bienestar del niño.  No es una regla de “no tocar” la que demuestra amor, sino la disposición de hacer los sacrificios necesarios para mantener al niño sano y salvo.  Dios hace tal sacrificio al mandar al Hijo para salvar al mundo.

“Tenga vida eterna” (v. 16).  La palabra “tenga” está en el tiempo presente, sugiriendo que creyentes la poseen aquí y ahora en vez de tener que esperar alguna futura herencia.  Ésta es “escatología realizada” de Johannine – el regalo ya recibido – la vida eterna de una relación con Dios que empieza ahora.

Juan 3:16 es, seguramente, el versículo más amado de la Biblia, y lo oímos a menudo.  Sufre al ser repetido tantas veces separado de su contexto.  “Mientras que este versículo puede encontrarse al corazón del banquete, una dieta equilibrada requiere el resto de los alimentos – los que acompañan, y lo que viene antes o después” (Burridge, 498).

 

 VERSÍCULO 17: QUE EL MUNDO SEA SALVADO POR ÉL

 

 17Porque no envió Dios á su Hijo al mundo, para que condene (griego: krine) al mundo, mas para que el mundo sea salvo por él.