Crisálida, Dolondón y Hierro por Jose Pascual - muestra HTML

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CRISÁLIDA DOLONDÓN Y HIERRO

ACCÉSIT DEL V PREMIO DE POESÍA CIUDAD DE ZARAGOZA 1

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Portada: L’eléphant célèbes, 1921, Tate Gallery, Londres.

© José Pascual Pueyo Casalé.

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INDICE

PRÓLOGO

7

I

LA NADA NEGRA ABRE SUS ALAS DE NADA ABIERTA 9

II

CUANDO EL SABOR DEL VINO

10

III

EVOLUCIONAN LAS PALABRAS DEL VIVARIUM SÓRDIDO

11

IV

UN PEZ ME QUIERE REGALAR UN AZUL

12

V

ME ATO

13

VI

DETRÁS DE LAS HORAS LA OQUEDAD

14

VII

CUERPO

15

VIII

QUISIERA QUE EL CAMINO POR EL QUE VENGO

16

IX

TEDIO ENCONTRÉ Y UN SOMBRERO

17

X

LLEGA LA TARDE, VERDE PATRIA SIN SUELO

18

XI

SIENTO COMO PIEL EN FLOR ALMENDRA

19

XII

RECORRO LAS VIEJAS ENCARNADURAS

20

XIII

ME SEDUCEN LOS DESEOS

21

XIV

SON SENOS DE SEMBRADURA ABIERTOS

22

XV

LLENAS LAS HORAS TRISTES HACINA DE LOS SOLES

23

XVI

DESENTRAÑA ALMA EN CELO ACRÍLICA

24

XVII

LIBO LA BABA DE PAN

25

XVIII

DESHOJA EL PÁLPITO

26

XIX

MI ESTÉRIL ESPERANZA

27

XX

¿QUIÉN NO QUISO ALGUNA VEZ

28

XXI

ACERCADME AL FUEGO

29

XXII

HOY ME HE ENCONTRADO ALGO

30

XXIII

MAR DEL MAR AZUL

31

XXIV

GUARDO PARA MÍ MARINERA MI SOMBRA

32

XXV

POR EL VIENTRE Y LA RAÍZ DE LOS SEMBRÍOS

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XXVI

ESTÁ EN EL DESOLLADERO

34

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PRÓLOGO

A quien escribe poesía le puede suceder, de vez en cuando, que sus versos le devengan a la memoria con distorsiones surrealistas. Es mi caso. He intentado que estos versos de 1987 no me sedujeran de este modo, y no alterarlos en su originalidad.

Pero…, hete aquí que en el poema Me seducen los deseos…, un elefante le ha dado una trompada a un perro y ha ocupado su lugar en el poema, aunque un tanto apretado.

No conforme con esto, ha encontrado también otro lugar más holgado y señorial en la portada. ¿Que cómo? Gracias a uno de mis generosos despistes y a que, en el momento de transcribir el poemario para esta edición, estaba yo pensándome en un incierto año de juventud en el zoológico de Barcelona. De aquel os años guardo sólo esta foto: tras de mí, un elefante serpea su trompa queriéndome quitar el cigarril o, creo, porque es seguro que nada más l evaba yo que le pudiera interesar. Es raro que se recuerden pensamientos que tantos años hace que uno tuvo, de la misma manera que recordar una pael a comida en cualquier mes del año mil novecientos tanto. El caso es que me acuerdo que pensé que, si aquel elefante locuelo le hubiera dado unas caladas a mi cigarril o, se hubiera hinchado como un sapo, explotando con un estrumpido atómico, y sembrado de vísceras y alfalfa la ciudad. El ángel azul que se sienta a horcajadas en mi hombro derecho y me chista lo malo que no he de hacer, me instó a no pasarle el cigarril o. No dudo de la destreza de estos majestuosos animales tan simpáticos y humanos, que algunos animales humanos con posibles y rango de majestad se empeñan en escopetear, aniquilando así uno de los sueños infantiles más 6

soberano: pasear en el portante de la bicicleta a tu amigo elefante. Repito, no dudo de la destreza probiscida de los paquidermos, así que le dejé dos cigarril os y un mechero.

Que cada uno reviente como quiera…, pienso que pensé.

El poema ha perdido cierta melancolía canina, pero ha ganado en intensidad.

¿O no?

Yo sigo igual, salvo que con alguna arruga donde no la tenía, y donde las tenía, ahí siguen. Por lo demás, todo igual: los bolsil os vacíos y diría que hasta que con el mismo cigarril o. Las ausencias, como tales, no cuentan.

7

I

La nada negra abre sus alas de nada abierta y pare en sangre insomne un balbuceo por su hueco negro,

por su himen débil y aterido un verso

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II

Cuando el sabor del vino

se pega al verso

al labio la tragedia de la viola

noches en abiertas alas se derraman

como l uvia de un puño los adagios.

9

III

Evolucionan las palabras del vivarium sórdido en la boca de una guitarra dormecida

como uranias las sombras

el tañido en la estación del l orar puro.

10

IV

Un pez me quiere regalar un azul

olvidado de la tarde

y de la mañana un himen abierto como rosa página en blanco o hierba de sentir cansado.

11

IV

Me ato

al vientre

de los objetos

verriondos

con el eterno

vaivén

de mis sentidos.

Quiero

olvidar

invernizo

que reventé

en colores sienas

y en acordes

orgásmicos

todos

mis sueños.

12

VI

Detrás de las horas la oquedad

cincela sin espacio un sueño,

ayeres yelos

esquilas de mañana

manso adagio

de crisálida

dolondón

y hierro.

13

VII

Cuerpo

espacio

y una azul

de malvasías

hora destinada:

siesta para esperar

esperanza de nada.

14

VIII

Quisiera que el camino por el que vengo

se retirara a mi paso

y dejárame en su lecho

ausencias amaril as

y blancos barcos

de amaril os desiertos

y mares someras.

Quisiera por mi cuel o

que pasara la navaja

de un mar sin existencia,

de una violencia sin soles

y arena por mi boca.

15

IX

Tedio encontré y un sombrero,

al arpa y la pluma

de un místico

y el místico en su jaula.

Tedio y sol lavándulazul amanecido.

Tedio incluso entre las alas

del mar retrayéndose tedioso

a la noche y a su fruto entreverado.

Azul, tedio azul,

mirto gualda azul, azul ahoguío,

zíngarotañidotardo azul y tedio.

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X

Llega la tarde, verde patria sin suelo,

y parte la vega azul por la bruma

y la dehesa. Llega el otoño.

Árboles esculpidos en madera

sin aroma, ni en las sombras

sombras del árbol sin árbol: nada,

jaramango en las ruinosas miradas.

Llega el otoño.

Llega en mayo yerba y barro.

Llega un día de mayo

en otoño

donde la sangre de las almeas

se vierte y se seca.

17

XI

Siento como piel en flor almendra

libres los amaril os tristes

siéndome en el espejo los jirones

de mi cuerpo azul inhabitado.

18

XII

Recorro las viejas encarnaduras

de la ausencia por mi vientre,

cal es, mañanas y vinos lentos

que excitan a las huesas

en un mundo de máscaras y de veras.

19

XIII

Me seducen los deseos

de dos niñas buscando un liendre

cinéticas/azogadas

al pie del obelisco.

Al pie del obelisco

sueñan ojos glaucos, ojos soñadores,

ramonear un elefante* azul

las granadil as por mi vientre.

* En el original, perro.

20

XIV

Son senos de sembradura abiertos

mi hogar y mi sentido

dos niñas mi grana triste de rocío

y la última decisión de Safo.

21

XV

Llenas las horas tristes hacina de los soles triste verde niña de los tilos verdes.

22

XVI

Desentraña alma en celo acrílica

del vinariego paladar de los años

los acoros y arpegios interludios

de la infancia.

23

XVII

Libo la baba de Pan

y hasta las zupias del vino

para valsar trasparecido los tristes meses en el fondo de la copa.

24

XVIII

Deshoja el pálpito

aquel vino… los arpegios en la mano… la flor de piel sin horas ni alondras,

de noche angustiado y solo,

errabundo.

25

XIX

Mi estéril esperanza

es verme salir por el ojo de una estrel a cal earriba sin destino ni ayeres

como el hombre que no l eva más que a sí consigo nadazulazar azul amanecido.

26

XX

¿Quién no quiso alguna vez

tintar la noche de blanco,

besar el fuego y la sien oriblanca

de la luna,

tender la mano

a la mano yerta del otoño,

ver granar la flor de piel,

la silueta inexpresiva,

piel de paño viejo

deshilvanada?

27

XXI

Acercadme al fuego

y al deseo que me quema a vuestra vista,

que un país sin lunaisla

es sin delirios ni desgarros sin instintos, sin cal es en las uñas,

un país sin poetas ni barbechos.

28

XXII

Hoy me he encontrado algo:

a un milhombres desmoñando a Penélope,

a Penélope robando el hijo de la puérpera, a la puérpera vendiendo emenagogos a Victoria cuta de Samotracia en el water-closet

(escaramujos y falenas voladas),

A un diente xilófago comiéndose a Victoria y el corazón del tapaculo.

Hoy me he encontrado algo más:

letras señeras rehuyéndome,

una ventregada de sílabas,

Una última palabra en ciernes

y mil ideas alípedas que están de gorja,

que hieden, que retoñan

su tela de cosmos yerto.

29

XXIII

Mar del mar azul

azules vienen blancas

las últimas mareas

y del cielo gris

amarantas a la tierra

los últimos suspiros

a jirones negros

sombras sin espacio transterradas.

Triste

la tierra triste deambula

asfaltada sobre las últimas huel as

y el hombre por su azul inhabitado

triste

deambula triste a la deriva.

30

XXIV

Guardo para mí marinera mi sombra

hol ejo de una presencia prohibida

raz de marea y eterna femenina del azar.

31

XXV

Por el vientre y la raíz de los sembríos

albos caen y nocturnos dos azules

pálpitos de un tapiz como zureos.

larvas mironianas, mis propias larvas,

que revientan bermel ones

y libres mueren errabundas.

32

XXVI

Está en el desol adero

la palabra

ocupando mi lugar

entre las páginas.

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