Constitutciones por Teresa de Ávila - muestra HTML

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ÍNDICE GENERAL

ÍNDICE DE LAS OBRAS COMPLETAS DE SANTA TERESA DE JESÚS

ÍNDICE DE LAS «CONSTITUCIONES»

LAS «CONSTITUCIONES»

INTRODUCCIÓN

I. De la orden que se ha de tener en las cosas espirituales

II. Qué días se ha de recibir al Señor

III. De lo temporal

IV. De los ayunos [y vestidos]

V. De la clausura

VI. Del tomar las novicias

VII. De los oficios humildes

VIII. De las enfermas

IX. [De la comida, recreación y humildad]

X. De las difuntas

XI. De lo que está obligada a hacer cada una en su oficio

XII. Del capítulo de culpas graves

XIII. De leve culpa

XIV. De media culpa

XV. De grave culpa

XVI. De más grave culpa

XVII. De gravísima culpa

XVIII. [Otras ordenaciones]

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INTRODUCCIÓN

Una historia aproximada e indicativa de la evolución de esta obra teresiana y de los que han tenido parte en ella es la que esboza el P. Gracián en la dedicatoria de la edición príncipe, Salamanca 1581. Estas constituciones «fueron sacadas al principio de las Constituciones antiguas de la Orden, y dadas por el Reverendísimo Padre nuestro, el maestro fray Juan Bautista Rubeo de Rávena, prior general. Después añadió el muy reverendo Padre fray Pedro Fernández, visitador apostólico de esta Orden por nuestro muy santo Padre Pio V, algunas actas y declaraba algunas de las Constituciones; y también yo añadí algo visitando con comisión apostólica esta congregación de los carmelitas descalzos...» (1).

En virtud del Breve pontificio del 2 de febrero de 1562, la Santa no sólo pone en marcha su tarea fundacional, sino que queda autorizada a determinar el estilo de vida religiosa de la nueva comunidad.

Extiende rápidamente unos estatutos, brevísimos pero bien pensados. Son el primer núcleo de las Constituciones de sus carmelos, redactadas en Avila antes de 1567, año en que las somete a la aprobación del General de la Orden. Serán esas páginas las que al año siguiente (1568) servirán de base a fray Juan de la Cruz y a sus compañeros para poner en marcha la vida reformada en Duruelo.

La evolución de este texto primitivo -.hoy perdido-. es accidentadísima. Por una parte, el desarrollo de la Orden y la creciente experiencia de la Santa aconsejaban cambios y adiciones (2). De otro lado, los Visitadores de los carmelos teresianos, especialmente los padres Pedro Fernández, Gracián y Roca, fueron introduciendo «actas» y modificaciones, no siempre del agrado de la Autora (3). Por remate, no faltaron alegres arbitrariedades de alguna «priorita» (4), «que sin pensar hacer nada, quita y pone... lo que le parece» cuando trascribe las copias remitidas por la Santa, con la triste consecuencia de que los textos

«andan diferentes» (5), y los diversos carmelos tentados de inquietud y desconcierto (6).

Todo ello implicaba para el texto primigenio de la Reformadora un serio peligro que ella procura remediar por todos los medios, urgiendo la elaboración de una redacción definitiva: «que pongan un gran precepto que nadie pueda quitar ni poner en ellas» (7). Puede seguirse ese angustioso anhelo teresiano a través de la intensa correspondencia mantenida con Gracián en los primeros meses del año 1581; «no me quiero entender con nadie en este caso sino con vuestra Reverencia» (8). En marzo de ese año logrará, finalmente, que el Capítulo de Alcalá dé la última mano a su texto constitucional, y que cuanto antes lo publique Gracián en letra de molde.

En la presente edición publicamos solamente el texto teresiano anterior a los retoques de los capitulares de Alcalá. Careciendo del autógrafo, seguimos el texto preferido por el padre Silverio de santa Teresa en su edición crítica, que a su vez procede de una copia oficial conservada hasta la desamortización del siglo pasado en el archivo de los carmelitas descalzos de Madrid (Casa generalicia de san Hermenegildo) (9).

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NOTAS A LA INTRODUCCIÓN

1 BMC, VI, Burgos 1919, p. 412.

2 MARIA DE SAN JOSE, Ramillete de Mirra, ed. «Archivo Silveriano», Burgos 1966, p. 423.

3 Carta del 21.2.1581, n. 5.

4 Carta del 7.5.1576.

5 Carta del 21.2.1581, n. 8.

6 Carta del 27.2.1581, n. 7.

7 Carta del 21.2.1581, n. 8.

8 Carta del 17.2.1581, n. 6.

9 Una exposición más detallada del origen y evolución de las Constituciones teresianas, así como su doble forma redaccional (primitiva y definitiva), puede verse en nuestra edición de 1966, en el número 14 de esta misma colección «Archivo Silveriano».

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CONSTITUCIONES DE 1567

CONSTITUCIONES QUE LA MADRE TERESA DE JESÚS DIO A LAS CARMELITAS DESCALZAS

I. De la orden que se ha de tener en las cosas espirituales 1. Los Maitines se digan después de las nueve, y no antes; ni tan después que no puedan, cuando sean acabados, estar un cuarto de hora haciendo examen en qué han gastado aquel día.

2. A este examen se tañerá. Y a quien la madre priora mandare, lea un poco en romance del misterio en que se ha de pensar otro día. El tiempo que en esto se gastare, sea de manera que al punto de las once hagan señal con la campana y se recojan a dormir. Este tiempo de examinación y oración (1) tengan todas juntas en el coro. Y ninguna hermana salga del coro sin licencia después de comenzados los oficios.

3. El verano se levanten a las cinco y estén hasta las seis en oración; en el invierno se levanten a las seis y estén hasta las siete en oración. Acabada la oración, se digan luego las horas hasta nona, salvo si no fuere día solemne, o [un] santo que las hermanas tengan particular devoción, que dejarán nona para cantar antes de misa.

4. Los domingos y días de fiesta se cante misa y vísperas y maitines. Los días primeros de Pascua [y] otros días de solemnidad podrán cantar laudes (2), en especial el día del glorioso san José.

5. Jamás sea el canto por punto, sino en tono, las voces iguales. Lo ordinario sea todo rezado y también la misa; que el Señor se servirá quede algún tiempo para ganar lo necesario.

6. Procure no faltar ninguna del coro por liviana causa. Acabadas las horas, vayan a sus oficios. A las ocho en verano, y a las nueve en invierno se diga misa. Las que comulgaren, se queden un poco en el coro.

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II. Qué días se ha de recibir al Señor

1. La comunión será cada domingo y días de fiesta y días de Nuestro Señor y Nuestra Señora y de nuestro padre san Alberto, de san José, y los demás días que al confesor pareciere, conforme a la devoción y espíritu de las hermanas, con licencia de la madre priora. También se comulgará el día de la advocación de la casa.

2. Un poco antes de comer se tañerá a examen de lo que han hecho hasta aquella hora. Y la mayor falta que vieren en sí, propongan enmendarse de ella y decir un Pater Noster, para que Dios les dé gracia para ello.

Cada una adonde se [es]tuviere, se hinque de rodillas y haga su examen con brevedad.

3. En dando las dos se digan vísperas; excepto en tiempo de cuaresma, que se dirán a las once. En acabando vísperas, el tiempo que se dicen a las dos, se tenga una hora de lección; y la hora de lección en cuaresma, se tenga en dando las dos (entiéndese que en dando las dos se taña a vísperas). Esta hora de [lección] las vísperas de las fiestas se tenga después de completas.

4. Las completas se digan en verano a las seis y en invierno a las cinco.

5. En dando las ocho, en invierno y en verano, se taña a silencio y se guarde hasta otro día salidas de prima.

Esto se guarde con mucho cuidado. En todo el demás tiempo no puede hablar una hermana con otra sin licencia, si no fueren las que tienen los oficios en cosas necesarias. Esta licencia dé la madre priora cuando, para más avivar el amor que tienen al esposo, una hermana con otra quisiere hablar en él, o consolarse, si tiene alguna necesidad o tentación. Esto no se entiende para una pregunta o respuesta o pocas palabras, que esto sin licencia lo podrán hacer.

6. Una hora antes que digan maitines se taña a oración. En esta hora de oración se podrá tener lección, si en la hora que se tiene después de vísperas se hallaren con espíritu para tenerla de oración. Esto hagan conforme a lo que más vieren les ayuda a recoger.

7. Tenga cuenta la priora con que haya buenos libros, en especial Cartujanos, Flos Sanctorum, Contemptus Mundi, Oratorio de Religiosos, los de fray Luis de Granada y del padre fray Pedro de Alcántara (3); porque es en parte tan necesario este mantenimiento para el alma, como el comer para el cuerpo.

8. Todo el tiempo que no anduvieren con la comunidad o en oficios de ella, se esté cada una por sí, en las celdas o ermitas que la priora las señalare; en fin, en el lugar de su recogimiento, haciendo algo los días que no fueren de fiesta; llegándonos en este apartamiento a lo que manda la Regla, de que esté cada una por sí.

9. Ninguna hermana pueda entrar en celda de otra sin licencia de la priora, so pena de grave culpa. Nunca haya casa de labor.

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