Carta Natal por A.S. - muestra HTML

TOME EN CUENTA: Esta es una vista previa en HTML y algunos elementos como enlaces o números de página pueden ser incorrectos.
Para la versión completa, descargue el libro en PDF, ePub, Kindle

Para estudiantes, profesionales y profesores y para todos aquellos que quieran conocer los fundamentos de la astrología e iniciar su propia experiencia en este campo, Stephen Arroyo propone un método gradual que, mediante un lenguaje claro y actual, revela los significados esenciales de una carta natal. Este libro utiliza un lenguaje profundo y preciso, que nunca pierde de vista los principios fundamentales que está considerando.

La idea es que aprendamos a pensar astrológicamente de modo que tengamos siempre en cuenta conceptos orientadores básicos y fiables.

Tanto los que quieren aprender astrología como aquellos que la utilizan como un método de autoayuda para comprender necesidades y motivaciones profundas, recibirán con entusiasmo este libro de interpretación de la carta natal, en el que el autor brinda orientaciones interpretativas accesibles y precisas que nos ayudarán a comprendernos mejor a nosotros mismos y a los demás.

Stephen Arroyo

Manual de interpretación de la carta natal

ePub r1.0

marcelo77 04.06.14

Título original: Chart Interpretation Handbook Stephen Arroyo, 1989

Traducción: Montserrat Gurguí

Retoque de cubierta: marcelo77

Editor digital: marcelo77

ePub base r1.1

Introducción

Valoramos las cosas que hace el hombre, pero mostramos un escaso respeto por las que Dios ha hecho.

CHARAN SINGH, La Eterna Verdad

Desde la publicación de mis primeros libros de astrología, no he cesado de recibir una gran cantidad de cartas desde todo el mundo en las que la gente me cuenta cómo mis libros son utilizados por los estudiantes y los profesionales de la astrología, así como por aquellas personas para quienes esta disciplina sirve de instrumento de autoayuda, sin ninguna intención de convertirse en astrólogos profesionales. Muchas personas subrayan frases de los libros o toman notas en ellos; otras distribuyen fotocopias de determinados capítulos entre sus clientes, alumnos o amigos, y otras me dicen que sería útil poder disponer de un índice o una explicación más completa sobre cómo aplicar determinados principios básicos de la interpretación. Sin embargo, hasta ahora no había creído necesario publicar este material adicional, ya que pensaba que mi principal función era la de esbozar lo más claramente posible los principios esenciales y el enfoque que, según mi experiencia, es el más exacto y práctico. Creía que hacer esto era urgentemente necesario para conseguir establecer sólidamente una verdadera psicología astrológica (o psicología cósmica).

Además, siempre he pensado que es preferible que los estudiantes de astrología aprendan a pensar por sí mismos, a pensar astrológicamente con respecto a la persona en cuestión en vez de seguir ciegamente reglas de interpretación tradicionales y rígidas o confiar en las «interpretaciones»

simplistas que encontramos en muchos «recetarios» astrológicos. Sentía que era importante que los alumnos hicieran el esfuerzo extra de aplicar las orientaciones y los principios probados que ya he presentado en circunstancias y casos concretos; y pensaba que la considerable precisión que se podía lograr con bastante rapidez sorprendería agradablemente al estudiante y lo llevaría a alcanzar un nivel más alto de comprensión y competencia. Por otro lado, mis libros contenían ya muchos ejemplos y orientaciones útiles para la interpretación, muchos más de los que suelen contener los libros de astrología, en los que la falta de ejemplos reales frustra constantemente a los estudiantes inteligentes que intentan dominar los principios básicos de la comprensión astrológica.

Sin embargo, he llegado a la conclusión de que es muy necesario que siga desarrollando los principios fundamentales tratados en mis libros, dando incluso orientaciones más detalladas sobre la interpretación. Lo que me parece un defecto sustancial en la bibliografía astrológica es la carencia de una recopilación concisa y explícita de las líneas interpretativas, que sea fácilmente accesible y útil, por su precisión, tanto para los estudiantes que están aprendiendo a pensar en términos astrológicos como para los más avanzados, y también para los maestros y otros astrólogos que necesiten un libro de referencia cómodo. El presente volumen es un intento de ofrecer un manual de fácil comprensión que incorpore los significados de aplicación común que se desprenden de los factores astrológicos básicos.

El propósito de este libro no es sólo el de facilitar la localización de conceptos fundamentales y detalles de la interpretación de la carta que se encuentran dispersos en mis otros libros, sino también el de enseñar a los lectores a pensar astrológicamente, algo que un mero índice no puede conseguir. También he querido que el libro se centrase en los factores interpretativos más importantes de cualquier carta natal, y he excluido esos factores menores que suelen confundir al principiante y que a menudo desvían la atención de practicantes más expertos. También me he concentrado exclusivamente en la comprensión de la carta natal, prefiriendo explorar la cuestión de los tránsitos y las progresiones en otro volumen.

Este manual es en muchos aspectos una continuación y un desarrollo adicional del material presentado en Astrology, Psychology and the Four Elements y Astrology, Karma and Transformation, mis dos primeros libros, que han alcanzado gran popularidad en todo el mundo. Me siento profundamente en deuda con esos lectores y profesores que continúan utilizando y recomendando mis libros, y les estoy muy agradecido por su estímulo. Este volumen arranca del punto a donde llegaron los anteriores, y muestra cómo combinar los principales conceptos, palabras y frases que son las claves de la interpretación, haciendo siempre hincapié en los significados esenciales, que sugieren muchos otros relacionados con ellos.

Al preparar este libro, me encontré con un dilema: quería utilizar un lenguaje sumamente preciso en las orientaciones para la interpretación, pero manteniendo a la vez el enfoque holista, flexible y abierto que ha sido tan importante y apreciado en mis obras anteriores. Quizá la palabra orientaciones sea el concepto central de este volumen. Muchos libros de astrología carecen de orientaciones inteligentes, precisas y lingüísticamente exactas para interpretar los numerosos detalles y las casi infinitas combinaciones que se dan en toda carta. No es extraño que las personas que acaban de iniciar sus estudios de astrología se sientan confundidas, frustradas, desanimadas y a veces completamente perdidas en las banalidades que predominan en muchos libros de texto. Durante años, he oído decir constantemente a las personas inteligentes que estudian e intentan comprender la astrología por su cuenta que no se ven reflejadas en los escuetos párrafos de «interpretación» que en teoría se refieren a ellas.

Como es natural, cuestionan entonces la exactitud y la utilidad de la propia astrología, en vez de darse cuenta de que el libro que utilizan es uno de esos muchos que pretenden «empaquetar» el conocimiento astrológico para el público en general, pero que no logran generar una auténtica comprensión ni transmitir ningún conocimiento real y profundo con el cual el individuo pueda identificarse y del que pueda sacar partido.

La moderna tendencia a sustituir la calidad por la cantidad es demasiado común en los «recetarios» astrológicos actuales, y esta funesta tendencia

se hace aún más evidente en la «astrología por ordenador». La informatización de la astrología, que con tanta rapidez se está expandiendo en la actualidad (debido principalmente a que ofrece a todo tipo de personas, capacitadas o no para interpretar una carta astral, la posibilidad de ganar dinero con suma rapidez), está generando grandes cantidades de

«interpretaciones» vacías, superficiales y completamente inútiles. En esta forma de verborrea astrológica automáticamente producida, nadie se preocupa siquiera en definir las palabras que utiliza o en utilizar las palabras de una forma precisa, matizando los significados más sutiles. La utilización de la astrología en beneficio del ser humano exige una sutileza y una consideración por la complejidad que no muestran en absoluto esas odiosas interpretaciones erróneas de lo que verdaderamente es la astrología.

Por lo tanto, en este libro, al intentar expresarme con un lenguaje simple, preciso y profundo, voy en dirección contraria a la de la mayor parte del material astrológico que se produce hoy en día, que parece perderse en una profusión de palabras o en detalles astrológicos sin importancia o en ambas cosas. Si los conceptos, las frases y las orientaciones clave del libro están bien elegidos, penetrarán en verdades e intuiciones esenciales con las que la gente puede identificarse y de las cuales puede aprender. Es el lector quien tendrá que determinar si el intento ha tenido éxito. Pero una cosa de la que estoy seguro es que el hecho de centrarse en lo esencial de la carta natal es correcto. Es correcto porque:

Los factores esenciales son fiables, siempre que se comprendan de forma adecuada.

Son los factores esenciales de una carta los que más claramente reflejan los temas fundamentales de la vida de la persona.

Una «interpretación eficaz de la carta» se centra en el hecho de sintonizar con los temas más importantes de la vida del individuo, para poder luego esclarecerlos y comprenderlos. Muchos de los complejos métodos astrológicos y de los factores astrológicos secundarios que abundan en libros, conferencias, artículos y diversos productos informatizados que se distribuyen por correo no revelan ningún tema nuevo e importante en la vida de la persona que no haya sido ya claramente señalado por los factores y métodos tradicionales, adecuadamente comprendidos. Como he dicho a los astrólogos en mis conferencias, si se centran en trivialidades, están trivializando la astrología, y además, podría añadir, están dando una imagen de los astrólogos aún más trivial de la que ya tienen en nuestra sociedad.

La cita siguiente, de una de mis conferencias, merece ser repetida aquí como explicación adicional de la razón por la que este nuevo libro debe centrarse exclusivamente en los factores de interpretación básicos: En vez de ayudarnos a lograr una síntesis de la carta y por tanto una evaluación significativa de los principales temas de la vida de la persona, introducir demasiados factores en una carta hace que resulte más difícil discriminar entre las cuestiones importantes y los detalles periféricos.

Dado que se puede racionalizar casi todo mediante una carta natal, tanto más cuantos más puntos, métodos y «planetas» menores se utilicen, mi criterio es que hay que usar un mínimo de factores importantes fiables para poder ver con claridad a un cliente y su situación. De otro modo, le transmitiríamos confusión en lugar de orden.

Al igual que los controladores del tráfico aéreo de un aeropuerto tienen dificultad para distinguir los aviones de las descargas de electricidad atmosférica en el radar, y para delimitar cuál es el más cercano si hay muchos en el cielo al mismo tiempo, a los astrólogos que utilizan demasiados factores celestiales les será cada vez más difícil discriminar

entre lo significante y lo insignificante, y de este modo se sentirán cada vez más inclinados a impartir confusión, engaño y observaciones erróneas a un cliente que busca claridad. Las personas no acuden a los astrólogos para encontrar confusión o para recibir un millón de detalles y conjeturas sin importancia; van en busca de claridad y dirección para su vida. Incluso aunque quieran de ustedes una predicción, esa es su manera de pedir claridad.

Ya he mencionado antes cuan importante es para el concepto de este libro que se elijan cuidadosamente las palabras clave y las orientaciones interpretativas. Explicaré brevemente por qué es tan crucial esa precisión de lenguaje. Desde 1967, me he esforzado por lograr exactitud en la expresión y un alto nivel de fiabilidad en la interpretación astrológica. Las viejas categorías bipolares (blanco negro; bueno malo; afortunado /

aciago) de la antigua astrología no consiguieron proporcionarme en absoluto la comprensión y la fiabilidad que andaba buscando. Tal como afirmó el doctor John King Fairbank, historiador de la Universidad de Harvard: «No es posible pensar con capacidad crítica sin una crítica previa de las categorías con las cuales se piensa». Y, sin embargo, nunca había oído que fueran cuestionadas, desafiadas o analizadas con espíritu crítico las categorías básicas utilizadas por los astrólogos en su lenguaje interpretativo… hasta que conocí la obra innovadora de Dañe Rudhyar.

Una vez abiertas las puertas hacia una forma nueva de entender la astrología, fue sólo cuestión de tiempo —y de muchos, muchísimos diálogos con la gente, sobre ellos mismos y sobre sus respectivas cartas—

llegar a la conclusión de que la principal fuerza de la astrología reside en su descripción de la persona interior: en las motivaciones y necesidades primarias, en la situación interior en un momento dado, e incluso en la calidad de la conciencia del individuo… en resumen, en la dinámica interna de la totalidad del campo energético físico y psicológico del individuo. Finalmente, tras años de experimentación, amplias lecturas sobre muchas materias, miles de horas dedicadas al asesoramiento

astrológico y diversos tipos de investigación, se me hizo obvio que la astrología era esencialmente un lenguaje de la experiencia, y también —tal como descubrí después de años de estudio de las artes curativas— un lenguaje de la energía. Llegué a la conclusión de que, para que la astrología sea verdaderamente científica (en el sentido exacto de la palabra), hay que hacer hincapié en las dimensiones interiores de la vida humana, con el fin de lograr así un elevado nivel de exactitud.

La situación interior es en realidad más fundamental que las circunstancias externas, y por lo tanto está simbolizada con mayor precisión por las configuraciones astrológicas. Cuando la esencia interior se manifiesta en el mundo exterior, se fragmenta: lo uno se convierte en lo múltiple, y por ello es mucho más difícil de percibir en el limitado número de factores de una carta. Si se hace hincapié exclusivamente en los acontecimientos y circunstancias externos, como hacen muchos astrólogos, la interpretación se convierte en un juego de adivinanzas que rara vez tiene éxito. En mi propia investigación, cuando descubrí que había que centrarse en las dimensiones interiores a fin de encontrar las características que estaban invariablemente presentes cuando se producía una determinada posición o configuración planetaria, sólo me faltaba experimentar con muchas formas de expresión verbal y muchas palabras y frases clave para ver cuáles eran las más precisas y eficaces para comunicar realidades sutiles a los clientes.

Mis primeros tres libros, y ahora este, son el resultado de esa búsqueda.

Espero que el lector que utilice este libro vea las orientaciones que contiene bajo este prisma, que se conceda tiempo para familiarizarse con ellas, y finalmente que se sienta libre para elegir los capítulos que le resulten más útiles.

Finalmente, como he dicho antes —y como remarqué en mi primer libro, Astrology, Psychology and the Four Elements—, la astrología es, tal vez por encima de todo, un lenguaje de la energía. No conozco ningún otro lenguaje energético que supere su exactitud, su precisión descriptiva y su utilidad. ¿Qué otro lenguaje (o para el caso, qué otra ciencia) puede revelar el voltaje primario del individuo, su poder básico y su sintonía con la

fuerza de la vida tal como lo muestra el Sol? ¿Qué otro lenguaje puede describir de manera tan precisa el amperaje del individuo, su flujo de energía, como lo muestra la Luna? ¿O la conductividad o la resistencia del individuo, de qué modo la fuerza vital puede fluir a través de él hacia el mundo, simbolizada por el Ascendente? Estas analogías eléctricas, sugeridas por el doctor William Davidson, son sólo un fragmento del vasto lenguaje energético de la astrología.

Si vamos a subrayar el enfoque energético de la astrología y por lo tanto la importancia de los cuatro elementos, merece la pena tener presentes durante el estudio de este libro las definiciones siguientes, que utilizo desde hace muchos años y me parecen extremadamente exactas. Son definiciones que se centran también en la astrología como lenguaje de la experiencia personal, por oposición a los anticuados intentos de extraer por la fuerza, de cada pauta o diseño astrológico, una descripción de los acontecimientos externos.

Los elementos son la sustancia energética de la experiencia.

Los signos son las pautas de energía primaria e indican cualidades específicas de la experiencia.

Los planetas regulan el flujo de la energía y representan las dimensiones de la experiencia.

Las casas representan los campos de la experiencia donde las energías concretas se expresan más fácilmente y donde el individuo se enfrenta a ellas de la manera más directa.

Los aspectos revelan el dinamismo y la intensidad de la experiencia y también cómo interactúan las energías dentro del individuo.

Estos cinco factores, definidos y comprendidos de esta manera, constituyen una psicología cósmica notablemente amplia, compleja y sofisticada, y cualquier intento de formular una ciencia de la astrología (o una psicología astrológica) que sea fiable ha de tener en cuenta la dimensión energética de la vida que la astrología dibuja e ilumina de manera tan explícita. Los practicantes de las distintas tradiciones de las artes curativas piensan y trabajan en función de la «energía», y de hecho algunos de ellos están utilizando la astrología como un lenguaje energético preciso, y experimentando con ella. Ahora sólo falta que los astrólogos se den cuenta de lo que siempre han tenido, y que reconozcan la dimensión energética de la astrología.

Lamentablemente, muchas personas relacionadas activamente con la astrología, tanto investigadores como practicantes, cometen el mismo error que los científicos materialistas y muchos médicos: se pierden en detalles y en análisis excesivamente minuciosos hasta el punto de perder de vista la totalidad. Las grandes verdades holistas de la astrología se olvidan con facilidad e incluso se ridiculizan cuando uno se pierde en detalles técnicos.

Entre estas grandes verdades encontramos primero que la Energía es el factor fundamental que se analiza y se comprende mediante la astrología; y segundo, como simple factor unificador, la realidad y la importancia de los cuatro elementos tradicionales, que siguen siendo ignoradas o mal interpretadas por la mayor parte de los astrólogos. Y, sin embargo, las energías representadas por los cuatro elementos son en última instancia las realidades fundamentales de la vida que se analizan mediante la astrología.

En el enfoque energético, los elementos son los principios activos, y los planetas sirven esencialmente para activar y regular esas energías. En resumen, adentrarse en los fundamentos energéticos de la astrología ayudará a todos los estudiantes y astrólogos a ser más realistas, precisos y efectivos a la hora de comunicar las grandes verdades dinámicas que la astrología tiene para ofrecernos. A veces, los astrólogos prefieren asirse a la carta natal por seguridad en vez de utilizarla y luego dejarla de lado para vivir valientemente con esa acrecentada comprensión. La astrología no necesita ser una religión o el objetivo último de una búsqueda vital. Es más

valiosa como trampolín hacia una mayor comprensión y un objetivo más grande.

I

La astrología en el umbral

La mayor diferencia entre la astrología y otras ciencias, por así decirlo, es que la astrología no se ocupa de hechos sino de profundidades. La sólida base sobre la que el científico pretende apoyarse deja paso, en la astrología, a los imponderables.

HENRY MILLER

Para el provecho, sobre todo, de las personas que acaban de iniciar sus estudios de astrología, parece recomendable tratar brevemente algunas cuestiones cruciales relacionadas directamente con el estudio y la utilización de la astrología en nuestra época. De hecho, sería inadecuado

—en este libro y por parte de cualquier profesor de astrología— introducir a las personas en el poder y la profundidad de la ciencia astrológica sin una franca discusión de ciertas cuestiones filosóficas, científicas y prácticas que tienen una relación directa con cualquier intento de utilizar la astrología en la sociedad occidental actual. No puedo explorar todas las cuestiones relevantes en este manual, y de hecho, ya he dedicado todo un libro a estos asuntos (The Practice and Profession of Astrology), así como un largo capítulo de otro (The Jupiter / Saturn Conference Lectures: New Insights in Modern Astrology, realizado conjuntamente con Liz Green).

Por lo tanto, los siguientes pensamientos han de considerarse sólo como una introducción a un gran número de complejos y controvertidos temas.

En muchos aspectos, la astrología es una materia única, y su amplia gama de percepciones y aplicaciones la diferencia totalmente de las tendencias dominantes de esta época materialista. Es a la vez ciencia y arte, conocimiento y sabiduría, vida interna y vida externa, y de hecho se basa en la correlación del cosmos con el individuo (la antigua doctrina de la unidad del macrocosmos y el microcosmos, expresada a menudo con el axioma «Como arriba, del mismo modo abajo»). A mucha gente, esta manera holista de pensar le parece, en el mejor de los casos, poética y exótica, y supersticiosa, ridícula e ingenua en el peor. Este extendido prejuicio contra la astrología en el mundo occidental es, sin embargo, un ejemplo más del irreflexivo y acientífico escepticismo que se expresa de manera tan automática en nuestros días hacia todo aquello que reconozca la realidad de la mente o el espíritu, los fundamentos más poderosos de la experiencia humana a lo largo de la historia.

El escepticismo y el antagonismo que se muestran hacia la astrología son, en cierto modo, la expresión de la fuerte hostilidad que la ciencia materialista y sus seguidores y aduladores sienten contra muchas ramas de la tradición espiritual, las artes curativas, la filosofía y las formas más antiguas de psicología y asesoramiento personal. Por desgracia, este enfoque falto de imaginación y de miras tan estrechas acerca del potencial humano y de las tradiciones más importantes del pensamiento, domina desde hace bastante tiempo los centros de poder más importantes de la sociedad occidental, incluido el mundo erudito, que tiene la obligación ética de mantener y estudiar las tradiciones intelectuales y culturales y de alentar una búsqueda imparcial de la verdad. Pocas son las personas que se han manifestado en contra de esta tendencia ignorante; una de ellas ha sido Norman Lamm, presidente de la Yeshiva University, que en 1987 escribió:

… debemos reafirmar la existencia y el valor del espíritu… nuestra sociedad debe darse cuenta de que una sabiduría más amplia espera nuestros pacientes estudios, de que el hombre es un ser espiritual tanto como bioquímico, psicológico, político, social y económico.

Una apertura hacia la dignidad espiritual… significa que los dogmas predominantes en el materialismo científico y la desesperanza filosófica no son los únicos puntos de vista merecedores de una atención académica, que creer en la realidad de la mente y en la existencia del alma no es sinónimo de ser una persona intelectualmente inferior y científicamente atrasada…, que el conocimiento ha de madurar y convertirse en sabiduría.

Extraído de su discurso en conmemoración del centenario de su Universidad.

La estrecha actitud adoptada por la ciencia materialista, con su interés por

la manipulación de la naturaleza, ha inhibido en gran manera muchas creaciones positivas en la sociedad y ha propiciado un desastre ecológico a nivel mundial que estamos sólo empezando a experimentar. Y, sin embargo, el trabajo científico ortodoxo utiliza sólo una pequeña parte de la mente. Considerando que la ciencia materialista es el único camino fiable hacia el conocimiento y que sólo lo que puede demostrarse como científicamente válido es real, el mundo occidental ha excluido las vastas dimensiones de la vida humana y de la experiencia que son inaccesibles para la parte de la mente que se utiliza en el análisis científico. Por lo tanto, las personas cuya experiencia las ha llevado a convencerse del valor de la astrología, en vez de valerse de la ciencia ortodoxa en busca de

«pruebas» y de una aceptación que nunca se llega a conseguir, utilizan sus energías de manera más efectiva, para lograr que su comprensión de la astrología (cómo funciona, cuál es su campo de acción y cuáles son sus limitaciones) sea clara y exacta.

Un estudio de la historia de la ciencia, la medicina, la estrategia militar, la política y otros campos de actividad demuestra claramente que ningún avance se ha librado nunca de una oposición fanática y violenta. Por ejemplo, el físico Max Planck estaba tan preocupado por la oposición a sus ideas que comentó: «Una nueva verdad científica no triunfa convenciendo a sus oponentes y haciéndoles ver la luz, sino porque, con el tiempo, sus oponentes mueren y nace una nueva generación que es afín a ella» (de

«Planck’s Principie», Science, 1978, por el doctor Hull, P. Tessner y A.

Diamond). No puedo evitar aquí recordar lo que escribió el disidente, filósofo y poeta William Blake a este respecto: Es un loco quien quiere una prueba de lo que no puede percibir, y es un zoquete quien quiere conseguir que uno le crea.

Las bodas del Cielo y el Infierno

Tal vez el lector piense: «¿Qué tiene todo esto que ver con la astrología, puesto que indudablemente no es una idea nueva?». Ciertamente, la astrología no es en sí misma una idea nueva, pero su utilización como una forma moderna de asesoramiento personal y como una herramienta excepcionalmente útil en las profesiones asistenciales constituye un importante y radical avance. El tipo de astrología reformulado y psicológicamente sofisticado que se ha desarrollado en los últimos quince años es una nueva idea, una respuesta específica a las desesperadas necesidades de la sociedad occidental, y puede aportar conocimientos de gran valor para la ciencia, la psicología, las artes curativas y muchas otras disciplinas. A menudo se cita al doctor Carl Jung, quien afirmó que la astrología abarca la suma total del conocimiento psicológico del mundo antiguo. Este gran depósito de antigua sabiduría que contiene en potencia la comprensión de los misterios de la vida humana ahora es estudiado de nuevo bajo el prisma de la psicología moderna y otros campos del conocimiento, y reformulado de manera significativa por unos pocos pioneros, con un nuevo lenguaje y una miríada de nuevas aplicaciones.

La astrología se encuentra ahora en el umbral de un importante salto potencial que la llevaría a ocupar un lugar más significante en la vida moderna si continúa desarrollándose de una manera inteligente y con un lenguaje moderno. O puede recaer en su previo estatus de predicción de la fortuna o juego de salón, imagen que desafortunadamente todavía muchos astrólogos parecen alentar al centrarse en la predicción de acontecimientos, aunque se hagan llamar «astrólogos científicos» o con otros nombres aún más respetables. El hecho de que la astrología cruce o no este umbral en las próximas dos décadas dependerá más de las acciones, la competencia y la profesionalidad de los astrólogos que de lo que hagan o digan los poderosos enemigos de la astrología.

Se ha dicho que muy pocos de los más fuertes detractores de la astrología tienen la integridad ética y científica necesaria para haber investigado a

fondo el tema; por lo general poseen muy pocos conocimientos de sus principios y virtualmente ninguno de su práctica. Por lo tanto, sus opiniones, en defensa de la ciencia a la que dicen representar, han de ser consideradas inútiles, por más dogmática o fanáticamente que las expresen. Los seguidores de las principales tradiciones de la astrología occidental emiten juicios definidos con respecto al esperado significado de emplazamientos, configuraciones y ciclos astrológicos concretos. Muchas

—aunque no la mayor parte— de estas tradiciones se basan en observaciones realizadas muchas veces a lo largo de los años. Desde el punto de vista científico ortodoxo, sólo los experimentos que sean igualmente numerosos y que lleven a conclusiones diferentes pueden ser considerados una prueba científicamente aceptable de que ciertas tradiciones astrológicas específicas son erróneas.

La verdadera cuestión es muy sencilla y práctica: ¿Están justificadas las afirmaciones de la astrología? ¿Cómo pueden ser comprobadas si no es por medio de la experimentación? ¿Y qué constituye un experimento válido, efectivo y apropiado para los principios astrológicos? Mi conclusión, como comentaré a continuación con más detalle, es que sólo una prueba experimental se adecúa a esta necesidad, y que sólo los experimentos con personas vivas en una situación clínica pueden demostrar por completo el valor y la validez de la astrología para asesorar y aconsejar, y en aplicaciones psicoterapéuticas. Una objeción frecuente que hacen a la astrología los «científicos» que no quieren considerar ni remotamente que pueda ser válida en ningún caso, es el hecho de que los astrólogos no pueden demostrar que haya ningún «mecanismo de causa y efecto»

mediante el cual los planetas ejerzan alguna «influencia». Aparte de la cuestión de si la astrología ha de considerarse sólo dentro de un marco causal limitado, la mejor refutación que se puede hacer a este intento de desacreditar la astrología es explicar que, tal como el doctor Jacob Zighelboim (doctor en medicina y profesor agregado de la escuela de medicina de la UCLA) afirmó en una conferencia a la que recientemente asistí, a lo largo de la historia de la ciencia «lo más difícil de definir es el mecanismo». Una gran cantidad de técnicas y principios científicos viables

y muchas clases de medicinas que se emplean en todo el mundo, se usan sin que se sepa realmente cómo funcionan.

En el campo de la parapsicología, décadas de investigación bajo rigurosas condiciones y dentro de los parámetros de la experimentación científica ortodoxa no han conseguido explicar el «mecanismo» que puede estar relacionado con distintos tipos de fenómenos psíquicos. Esta experiencia en la investigación parapsicológica bien puede considerarse una indicación de que el enfoque ortodoxo experimental es del todo inadecuado para estudiar la astrología y otros fenómenos y técnicas que operan con las facultades más profundas de la mente. El simple hecho de que algo no sea fácilmente mensurable no significa que no exista, ni tampoco que no sea importante.

El baluarte de la ciencia materialista se apoya en la estadística, las medidas y unos interminables análisis de detalles insignificantes, que hoy en día son más accesibles y voluminosos debido a la informatización. Tal como escribe uno de los especialistas más importantes del mundo en enfermedades alérgicas, el doctor Theron Randolph: «La metodología estadística, la informatización y los sistemas de recogida de datos favorecen el análisis y la fragmentación en detrimento de la síntesis y el holismo» (del Bulletin of Human Ecology Research Foundation). El doctor Randolph señala que estas tendencias han hecho que la medicina y el diagnóstico médico sean cada vez más analíticos, perdiendo así de vista la imagen más amplia de la situación personal del paciente. Creo que esta advertencia debe ser escuchada porque tendencias similares que se dan actualmente en la astrología tienen también los mismos resultados limitados.

En astrología, casi todos los estudios estadísticos han sido inútiles. Unos pocos, como los realizados por Jeff Mayo relacionando los signos solares con la introversión o la extroversión y los famosos estudios llevados a cabo por Michel Gauquelin durante dos décadas que muestran pautas definidas que relacionan las posiciones planetarias con las distintas

profesiones, han dado resultados positivos. Pero en general, tal como ha señalado un reciente libro, que demuestra el fracaso habitual de los estudios estadísticos para descubrir pautas definidas que en realidad ya estaban presentes en los datos, «Si no sabes dónde buscar algo, será muy difícil que lo encuentres». Por lo tanto, no es extraño que aquellos que no saben nada de la complejidad y las sutilezas de la astrología no consigan resultados importantes cuando utilizan enfoques estadísticos.

No obstante, pese a las limitaciones del enfoque estadístico en la investigación de los fenómenos sutiles, estadísticamente se rechazan grandes cantidades de observaciones clínicas y experimentales, no sólo en astrología sino también en el campo de las artes curativas, por considerarlas «meramente anecdóticas» y por tanto una información «no fiable»:

Según los críticos de la información anecdótica, lo que le ocurre a una rata es científico y lo que le ocurre a un ser humano es sólo anecdótico. ¿Por qué? Una rata no puede contarle al médico o al científico lo que le ocurre.

Su tejido corporal muerto sólo puede dar evidencia de lo que le ha ocurrido… En cambio, lo que ocurre en la mente y otros órganos perceptivos del ser humano, lo que siente, es real, y si lo que uno cuenta sobre su experiencia se considera anecdótico, entonces ese tipo de documentación ha de ser aceptable… Desacreditar la información válida como «anecdótica» es «acientífico».

Healthcare Rights Advocate, vol. II, 2° edición El gran astrólogo y filósofo Dane Rudhyar explicó claramente el peligro que corren los astrólogos que caen en la trampa de imitar los patrones y métodos científicos en boga:

La preocupación del astrólogo actual de «elevar» la astrología al nivel aceptable de una «ciencia», por medio de la estadística y otras herramientas analíticas veneradas en nuestras oficiales «fábricas de conocimiento» (las universidades), no generará un enfoque más constructivo con respecto a los problemas con los que se enfrenta el astrólogo en su relación con los clientes. Es probable incluso que haga esa relación menos eficaz, porque ha de ser una relación de persona a persona, y la ciencia no se ocupa de casos individuales, sino de promedios estadísticos. La ciencia no se ocupa de los valores humanos, pero la gente acude al astrólogo en busca de ayuda. Inconscientemente siempre buscan ayuda, aunque conscientemente estén motivados por la curiosidad. La persona que acude al astrólogo busca ayuda como un «yo» individual y único, aunque el problema que plantee parezca un problema común; y con este «yo» es con quien debe tratar el astrólogo. Porque todos somos nuestro problema más básico, y la astrología debe ayudarnos a conocerlo objetiva y serenamente.

Astrology and the Modern Psyche, 1977, p. 182

En realidad, la filosofía y las verdades holistas de la astrología tienen una visión del mundo que es incompatible con la visión del mundo de la ciencia materialista, y cualquier persona implicada en la enseñanza, la investigación o el fomento de la astrología ha de ser precavida y no intentar conseguir una «integración» forzada sólo por lograr una aceptación ilusoria o una codiciada respetabilidad. Será mucho más fructífero el trabajar duro para clarificar las fuerzas propias de la astrología y definir después sus principios y aplicaciones. Un enfoque completamente pragmático, evaluando los resultados que se dan en la vida de las personas y en la experiencia personal, es en última instancia la única prueba que realmente importa en cualquier arte curativo, profesión asistencial o teoría

o método psicológico.

El futuro de la astrología como ciencia y como profesión

¿Por qué puede considerarse la astrología como una ciencia? En general, simplemente porque comprende una serie de principios y leyes que se han ido acumulando mediante la observación, y porque se puede constatar que muchos de estos principios son fiables. El hecho de que dentro de la vasta tradición astrológica nos encontremos con ideas y teorías que no son fiables, no significa que hayamos de rechazar completamente la tradición astrológica. Todas las ciencias cambian y crecen constantemente, y las teorías aparecen y desaparecen, son rechazadas o retocadas, o abarcadas dentro de una teoría más completa; la astrología no es una excepción. Sin embargo, los principios fundamentales de la astrología, si se comprenden de manera adecuada, son muy fiables.

Concretamente, creo que la psicología astrológica de que ahora disponemos (aunque el estudiante serio tenga que buscarla con seria determinación para encontrarla) puede ser razonablemente considerada una forma de psicología cósmica. Este Manual es, de hecho, un intento de divulgar algunos de los principios y orientaciones fundamentales de esta forma cósmica de ciencia psicológica. Cuando las bases astrológicas son interpretadas con un lenguaje preciso y contemporáneo y una comprensión real de lo que significan en la psicología humana, pueden entonces describir predisposiciones individuales e iluminar el misterio de la

«naturaleza humana» mucho más que las constantemente cambiantes teorías, tendencias y modas de la psicología ortodoxa.

Buena parte de la psicología moderna ha de confiar en una serie de conjeturas sobre los impulsos y las motivaciones de las personas, y por lo general lo atribuye todo a una mezcla indescifrable de hipotéticos

«factores genéticos y ambientales». A menudo, las teorías resultantes son meramente la proyección del punto de vista, la experiencia y los prejuicios individuales de una persona. La astrología pinta sus imágenes de la

naturaleza humana con colores mucho más variados en el vasto lienzo de los cielos. Por lo tanto, abarca una gama mucho más amplia de la potencialidad humana, y lo hace de una manera mucho más clara. Basada en las observaciones de millones de personas durante largos períodos de tiempo, la astrología puede afirmar con toda legitimidad que es una ciencia psicológica en el verdadero sentido de la palabra, cuando los fundamentos astrológicos se comprenden y se aplican de forma correcta. Y la comprensión correcta implica aceptar y reconocer honestamente el hecho de que en algunas áreas de aplicación tradicional la fiabilidad de la astrología es insuficiente.

Por último, la psicología necesita un marco cósmico para tratar con las fuerzas de energía que dan vida al hijo del cosmos que todo ser humano es.

Al situar al ser humano en un marco de referencia cósmico, la astrología tiene una capacidad única para resintonizar la conciencia de una persona con su naturaleza esencial, y fomenta un autoconocimiento profundo e intenso. No conozco ninguna otra teoría o técnica que pueda iluminar la motivación humana, la calidad de la conciencia o la experiencia individual de una manera tan clara, sencilla y precisa. Si la astrología se utiliza correctamente, no necesita verse recubierta de una teoría o un lenguaje complejos; puede ser sólo una sencilla explicación de los factores cósmicos y las energías vitales que operan dentro y a través del individuo.

Si la astrología constituye en realidad una ciencia psicológica tan profunda e inigualable, el lector tal vez se pregunte entonces cómo podemos introducirla de un modo más efectivo en la sociedad, en una sociedad en la que, por lo general, la función del «astrólogo» no inspira ningún respeto, e incluso constantemente se ve ridiculizada. Actualmente, los astrólogos están condenados al ostracismo social, y muy mal remunerados económicamente, a excepción de unas pocas estrellas de los medios de comunicación que practican una astrología sensacionalista en provecho propio. He intentado abordar estas cuestiones detalladamente en The Practice and Profession of Astrology, por lo que el lector puede remitirse a dicho libro si quiere profundizar más en el tema. Hay, sin embargo, una

idea nueva no mencionada en ese libro y que merece la pena comentar aquí, más que nada para estimular la discusión entre los profesionales y futuros profesionales de la astrología.

Aparte del uso personal que podamos dar a la astrología para comprendernos más a nosotros mismos y para sintonizar con el ritmo de nuestra propia vida, he creído durante muchos años que el mayor poder de la astrología y su potencial curativo se muestran cuando se utiliza como un arte orientador en una relación de persona a persona entre el astrólogo y su cliente. En mi mente no hay ninguna duda de que la precisión y la utilidad de la información astrológica son mucho mayores en una situación de diálogo que en una «lectura» en la que la persona puede o no estar presente. Me pregunto entonces si el futuro de la astrología como actividad profesional no podría incorporar el nombre de «asesor astrológico» o incluso de «astrólogo clínico». Si alguna vez se creara una especialidad profesional como esta, debería conllevar el logro de un objetivo claramente definido, unos niveles unificados y una alta calidad en la práctica. En resumen, habría que establecer un nivel de excelencia y aceptar como base de esta nueva profesión unos requisitos muy exigentes.

Esto, desde luego, tardaría muchos años en conseguirse, y sus resultados serían lentos, ya que el prejuicio antiastrológico del establishment es muy poderoso. No obstante, sin una oportunidad profesional para que los astrólogos inteligentes y capaces puedan practicar su actividad como si fuera cualquier otra y ganarse la vida de una manera razonable, ¿cómo podrá la astrología atraer y conservar a las personas que pueden hacerla prosperar y crecer y que están capacitadas para ofrecer los servicios astrológicos expertos con los que el público tiene derecho a contar?

II

Cómo utilizar este libro

Estudia las palabras enlazadas, no dudes, pero busca tras ellas la acción que indican; y una vez encontrada, prescinde de las palabras como de la paja una vez separada del grano. Estudia las ciencias (espirituales), domina su significado interior; luego, después de haberlo hecho, desecha los libros.

UPANISHADS

Este libro no pretende evaluar todos los significados posibles de los factores esenciales de una carta natal, ni tampoco transmitir al lector un

«conocimiento» instantáneo o una serie de afirmaciones sensacionalistas con el fin de impresionar. Los mayores potenciales de la astrología se malogran cuando se quiere satisfacer a la gente y a los medios de comunicación ávidos de sensacionalismo, que evidentemente no es el verdadero fin de esta ciencia sutil y profunda. Este libro estimulará la comprensión del lector en proporción directa al esfuerzo que este realice para concentrarse profundamente y reflexionar. Se trata de un libro pensado para la interpretación práctica de las cartas natales y proporciona al profesional de la astrología, al profesor y al estudiante una serie de orientaciones interpretativas con el fin de que las adapten, las reelaboren y las utilicen para deducir significados adicionales en la carta, la persona y la situación a considerar.

La palabra crucial es orientaciones. Se supone que las orientaciones se utilizan para llegar a alguna parte, en el caso de este libro, para obtener una comprensión más profunda de cartas y personas concretas y en última instancia de la propia astrología. Las personas que usen este libro sólo de una manera pasiva no sacarán de él el máximo provecho, pero quienes empleen las orientaciones como trampolines para una reflexión personal, y en una consulta, para un diálogo centrado en la realidad más profunda, los sentimientos y la experiencia interior de otra persona, espero que encuentren este libro muy valioso. El lector que lo utilice como una manera de sintonizar —o de ayudar a otras personas a sintonizar— con su yo más profundo, con sus sentimientos, ritmos y necesidades, que a menudo son tan ignorados, verá cómo le permite desarrollar un método personal de astrología que se centre en el significado y el objetivo de la vida. Esta clase de astrología es mucho más profunda, útil y precisa que las difusas enumeraciones de palabras que ofrecen la mayor parte de los libros y los programas de ordenador, que sólo echan un vistazo sobre la

superficie, sin centrarse en el individuo, a quien dejan básicamente insatisfecho e indiferente.

Tal como he dicho antes, en el trabajo astrológico hay que centrarse en la experiencia interna para alcanzar un alto nivel de precisión. Una advertencia para el principiante: no suponga que la astrología es capaz de

«explicarlo» todo sólo porque se trata de una ciencia cósmica. Esta suposición errónea es muy frecuente entre astrólogos y principiantes que se sienten inflamados de entusiasmo. El hecho de creer que la astrología tiene infinitas aplicaciones y que su precisión es invariablemente alta en todas esas aplicaciones tiene muchos efectos desafortunados, algunos de los cuales ya he tratado en otros libros. Una consecuencia peligrosa de esta creencia, bastante evidente en los últimos años, es que los astrólogos se sienten tentados a llenar los vacíos aparentes añadiendo cada vez más factores a la carta natal, con la esperanza, supongo, de «considerar» o

«explicar» virtualmente todos los detalles insignificantes de la vida.

Evidentemente, es un esfuerzo inútil. La vida es una danza de energía infinitamente variable, y los misterios de la vida, del Yo Superior y del Alma humana trascenderán siempre todos los enfoques mentales y todas las técnicas. Esta es precisamente la razón por la que llamo

«orientaciones» a los bloques constructores esenciales de este volumen: pueden ser utilizados sólo como guías cuando se busca una mayor comprensión de uno mismo y de los demás. No se puede afirmar que estas orientaciones u otros materiales para la interpretación de cartas sean «la última palabra» o que constituyan interpretaciones «completas». Nada en la vida humana llega a ser nunca «completo», todo está sujeto a un cambio y una transformación constantes.

Como ya he dicho antes, no hemos de creer que la astrología lo

«explicará» todo. Para las explicaciones últimas hay que remitirse a la religión, la filosofía o el misticismo. Sin embargo, aunque la astrología no es una forma de explicación tan vasta como a muchos les gustaría creer, sí es una gran iluminadora. Enciende una luz donde antes había oscuridad y confusión. Pero sólo ilumina si el astrólogo es capaz de captar esa luz. Si

no es así, la luz se disipa, se va volviendo difusa y débil. La brillante luz de la comprensión que pueden reflejar los importantes símbolos de este lenguaje cósmico, fácilmente se distorsiona o se pierde si la persona que utiliza la astrología no es una lente clara y definida. Y este es el objetivo de estas orientaciones: ayudar al individuo a enfocar los significados esenciales para que sea así una lente clara que ilumine las complejidades y los rincones oscuros de la vida y de la naturaleza humana.

En este libro, he dado por sentado que el lector está familiarizado, al menos hasta cierto punto, con los factores básicos de la astrología tradicional. Por lo tanto, no voy a repetir lo que puede encontrarse en docenas de otros textos básicos. También doy por sentado que el lector dispone de su carta natal y al menos fundamentalmente sabe cómo averiguar las posiciones de los planetas en los signos y en las casas.

(Actualmente es bastante accesible conseguir la propia carta natal, por ejemplo, en internet). Para los principiantes sería ideal que una persona entendida les explicase los componentes esenciales de su carta natal.

Además de leer tantos libros sobre astrología como puedan, recomiendo a los estudiantes que levanten el mayor número de cartas posible, que hablen con las personas cuyas cartas hayan hecho en un diálogo libre y abierto, que hagan uso frecuente de las orientaciones de este libro, y que nunca duden en reconocer con franqueza cualquier confusión, ignorancia o falta de comprensión. Sólo mediante una experimentación astrológica de tanteo con muchas personas, el lenguaje de la astrología cobra vida por completo.

Este tipo de diálogo es una exploración conjunta de las cuestiones con las que se enfrenta una determinada persona, de su carácter profundo y de sus motivaciones, y de cómo la astrología puede iluminar estas cuestiones.

Es también importante señalar que, para utilizar este libro de la manera más efectiva, hay que considerar imparcialmente la precisión de todas las frases interpretativas, tanto si parecen positivas como negativas. (La función del astrólogo no es la de halagar al cliente con interminables comentarios de elogio). Aquellos lectores que hayan leído diferentes textos de astrología habrán notado que muchos escritores astrológicos caen en la

trampa de hacer afirmaciones del tipo «o esto o lo otro». Es más fácil pensar y escribir de esta manera que tratar con las complejidades y los matices de la vida, y es una tentación a la que resulta difícil resistirse, ya que el autor intenta organizar los datos astrológicos en forma de categorías accesibles. En mis escritos he caído en esta trampa más de una vez. Si la vida fuera así de sencilla, la comprensión y la práctica de la astrología serían también mucho más sencillas.

Sin embargo, lo positivo y lo negativo a menudo se manifiestan juntos en la vida, alternándose o moviéndose a la vez en el tejido de cada personalidad humana, de una forma tan única que nos resulta muy difícil separar todas las hebras a fin de facilitar el análisis. La mayor parte de las personas poseen una amplia combinación de rasgos, tendencias y motivos

«positivos» y «negativos». Y, muchas veces, lo que a una persona puede parecerle un rasgo «negativo» puede ser una cualidad admirable para otra.

Una persona, por ejemplo, puede menospreciar la impaciencia y el carácter fogoso de un Aries, mientras que otra puede apreciar profundamente la personalidad orientada hacia la acción y la sincera brusquedad del Aries.

En otras palabras, a pesar de la impresión dada por la fija interpretación de tantos «recetarios» astrológicos, la astrología no es un estudio del tipo «o esto o lo otro», no se basa en los simples juicios de blanco o negro. Es una sutil ciencia de energía que abarca una infinita variedad de tonos y combinaciones. A diferencia de las típicas «teorías de la personalidad» de la psicología ortodoxa, comprende innumerables matices de personalidad, carácter y potencial creativo. Tal como ha escrito el doctor Ralph Metzner, psicólogo:

Como psicólogo y psicoterapeuta, me he interesado por otro aspecto de este fascinante y desconcertante tema. Tenemos aquí una tipología psicológica y un instrumento de valoración diagnóstica que supera con creces en complejidad y sofisticación de análisis cualquier otro sistema existente… el marco del análisis —los tres alfabetos interrelacionados del

Zodíaco: «signos», «casas» y «aspectos planetarios»— está probablemente mejor adaptado a las complejas variedades de la naturaleza humana que los sistemas existentes de tipos, rasgos, motivos, necesidades, factores o escalas.

«Astrology: Potential Science and Intuitive Art», en The Journal of Astrológica I Studies, 1970

El estudiante de astrología a menudo se siente confuso ante el vasto número de opciones interpretativas que presenta incluso una carta natal básica. Preguntas tales como «¿En qué debo centrarme?», y «¿Qué debo acentuar dentro del limitado período de tiempo de una consulta?», son importantes y han de ser contestadas. Y, sin embargo, la bibliografía astrológica proporciona muy pocas guías en este sentido y sólo unas cuantas respuestas dispersas a estas cuestiones. He tratado de ofrecer algunas aclaraciones a estos temas en algunos de mis libros, y en este volumen he decidido hacer que la misma estructura del libro refleje la importancia relativa de los diversos factores que constituyen una carta natal básica.

Tal vez lo más importante de este libro sea el hincapié que hace en los cuatro elementos como las energías básicas analizadas por la astrología, y en el elemento y el signo en que están emplazados los planetas

«personales». Los planetas exteriores (Urano, Neptuno y Plutón) no han sido abordados de la misma manera, excepto cuando ejercen un poderoso impacto sobre el individuo (los aspectos que forman con los planetas personales y la posición que ocupan en las casas). He visto a muchos principiantes dar excesiva importancia al signo que ocupa Urano, por ejemplo, o incluso con más frecuencia, a un aspecto entre dos de los planetas exteriores, sin saber que todas las personas nacidas durante un determinado número de años comparten la misma configuración debido al lento movimiento de los planetas exteriores. Por lo tanto, este factor tendrá

un impacto individual muy pequeño, excepto en el caso de que los planetas exteriores formen aspectos con los planetas personales o con el Ascendente. Así, al definir unas orientaciones precisas para utilizar y comprender la esencia de la carta natal, no hay ninguna razón para incluir esos detalles. Cualquiera que utilice la astrología debe centrarse en los cinco planetas personales (Sol, Luna, Mercurio, Venus y Marte), así como en el Ascendente, y luego en todo lo que matice o modifique estos factores básicos.

Si, por ejemplo, Neptuno está en conjunción con el Ascendente o en oposición a él, es decir, en el Descendente, entonces Neptuno se convierte en un factor importante en la personalidad y en el campo energético, no por el signo en que esté, sino por su vinculación con los puntos focales básicos y las estructuras fundamentales de la carta. Si, por ejemplo, Urano o Plutón forman aspectos casi exactos con el Sol, entonces esa persona tendrá una conciencia o una sintonización fuertemente uraniana o plutoniana, no por los signos en los que estén estos dos planetas tan lejanos, sino por la intensidad de la vibración establecida por la exactitud del aspecto que forman el Sol y el planeta exterior.

Por consiguiente, debido a la importancia de los planetas personales, el capítulo más amplio de este libro ofrece numerosas orientaciones para comprender las posiciones por signo de dichos planetas, así como las de Júpiter y Saturno. A fin de mantener el enfoque energético de la astrología, doy también unas simples orientaciones sobre los elementos de los signos y sobre las posiciones de cada planeta en los cuatro elementos. Con todo este material puede realizarse un trabajo astrológico sorprendente, de una impresionante precisión.

Naturalmente, también dedico un amplio capítulo al Ascendente, pero en vez de ofrecer una lista de palabras clave similares a las del Sol en los signos para poder así describir cada signo Ascendente, he decidido abordar una cuestión que sorprende a muchos principiantes: distinguir entre la manifestación de un signo como signo solar y la manifestación de este

mismo signo como Ascendente. Podría decirse mucho más para diferenciarlos a ambos (por ejemplo, un Ascendente Tauro y un Sol en Tauro), pero en un libro de orientaciones tan precisas, me parece suficiente reconocer la diferencia y señalar algunos contrastes obvios que he observado durante años.

En el capítulo de las casas, he decidido centrarme en los principios holistas de los que pueden derivarse todas las interpretaciones específicas de las casas y en numerosas frases orientadoras pensadas para que el astrólogo pueda «conectar» las bases específicas de una carta dada y luego utilizar la combinación resultante como trampolín para la reflexión personal y el diálogo. En otras palabras, en el capítulo de las casas, quiero alentar a los estudiantes a que saquen sus propias conclusiones y a que exploren la miríada de posibilidades de vida interior y exterior que puede simbolizar una determinada combinación planeta / casa.

En el capítulo dedicado a los aspectos, el énfasis se ha situado en los planetas que tienen relaciones angulares específicas, más que en la exactitud de dicho ángulo. La costumbre de la astrología de agrupar juntas todas las cuadraturas, todos los trígonos, etc., contribuye a perpetuar la noción errónea de que todas las cuadraturas son «malas» o «difíciles», que todos los trígonos son «buenos» o «fáciles», etc. Esta costumbre persiste, a veces como corriente no declarada, en el pensamiento de los astrólogos que afirman que han superado esa vieja y limitadora manera de considerar los aspectos. Sin embargo, mucho más importantes que el aspecto en sí son los planetas implicados, cuan bien se fusionan juntos, cómo funcionan en los signos que ocupan, y cómo un aspecto concreto es integrado en la estructura de la carta como totalidad.

Como orientación adicional para aquellos que preguntan «¿En qué debo centrarme?», repetiré el consejo que he dado a muchos estudiantes: incluso si sienten que sólo comprenden una pequeña parte de la carta, sigan lo que comprenden y ello les llevará a la estructura y los temas principales del resto de la carta. Y no se preocupen por hacer una «interpretación

completa de la carta», porque es imposible. En vez de perderse en los infinitos detalles de una carta, es mejor centrarse en lo que realmente es importante en la naturaleza y la vida de esa persona y en qué clase de persona es. Dado que la carta natal sólo se «realiza» del todo en la vida del ser humano, una «interpretación completa de la carta» solamente se logra cuando el tejido y las complejidades de la vida total del individuo y de su personalidad se han revelado, comprendido mejor y aceptado por completo.

Finalmente, la astrología puede enseñarse sólo hasta cierto punto. Es importante, por supuesto, que uno aprenda el mejor tipo de ciencia astrológica posible a fin de realizar un trabajo útil y preciso, pero una vez aprendidos los fundamentos, la filosofía y los principios interpretativos básicos, entonces el astrólogo es más importante que la astrología. La aplicación de la ciencia es un arte y requiere la sutileza de un artista. La pregunta, pues, será: ¿Qué clase de artista es usted? ¿Es usted una lente clara a través de la cual se reflejan y se enfocan de manera definida los factores cósmicos? Su propio desarrollo personal, sus creencias, sus ideales y su sensibilidad son, por lo tanto, cruciales a la hora de determinar cuan efectivo y beneficioso puede ser su arte astrológico.

De todas formas, sigue siendo cierto que es importante el tipo concreto de teoría astrológica que usted siga (en contra de lo que sostienen muchos astrólogos «de mente abierta»). Como dijo Einstein: «La teoría es lo que decide lo que podemos observar». Por lo tanto, definir la filosofía astrológica y la teoría y los enfoques fundamentales es determinante para lograr una perspectiva clara y una sólida base en el trabajo astrológico.

Pero el nivel de evolución personal que haya usted alcanzado tiene, como mínimo, la misma importancia, en tanto que le permite comprender la vida y a los seres humanos. El intelecto sólo puede funcionar dentro del alcance permitido por el nivel de conciencia de la persona (o el nivel de evolución del alma, podría decirse). En última instancia, por lo tanto, debemos centrarnos en nuestra propia vida interior, en nuestra evolución interna, no

sólo como manera de lograr una comprensión más clara y una utilización más efectiva de la astrología, sino como el único camino hacia una verdadera evolución de nuestro ser.

Conceptos y definiciones clave

Una clave para la comprensión de la astrología está al alcance de todas aquellas personas que verdaderamente comprendan el significado de las definiciones siguientes:

Los elementos son la sustancia energética de la experiencia.

Los signos son las pautas de energía primaria e indican cualidades específicas de la experiencia.

Los planetas regulan el flujo de la energía y representan las dimensiones de la experiencia.

Las casas representan los campos de la experiencia donde las energías concretas se expresan más fácilmente y donde el individuo se enfrenta a ellas de la manera más directa.

Los aspectos revelan el dinamismo y la intensidad de la experiencia y también cómo interactúan las energías dentro del individuo.

Estos cinco factores constituyen una extensa psicología cósmica, y el arte de combinarlos da como resultado el lenguaje de energía llamado astrología.

Veamos cómo actúan. Una dimensión concreta de la experiencia (indicada por un determinado planeta) se verá invariablemente coloreada por las

características del signo en que esté situado dicho planeta en la carta individual. El resultado será una necesidad específica de expresarse y de actuar según esa definición del propio ser. El individuo se enfrentará a esa concreta dimensión de la vida en el campo de la experiencia indicado por la casa donde se encuentre emplazado ese planeta. La necesidad de expresar o satisfacer esa dimensión de la experiencia estará presente en toda persona que tenga la misma combinación planeta-signo, pero los aspectos específicos que forme ese planeta revelarán el grado de facilidad y de armonía con que la persona puede expresar ese impulso o satisfacer esa necesidad.

III

Los cuatro elementos y los doce signos

Los «cuatro elementos» de la tradición astrológica hacen referencia a las fuerzas (o energías) vitales que componen toda la creación que perciben los seres humanos. En una carta natal, los cuatro elementos revelan la habilidad para participar en ciertas esferas del ser y para sintonizar con campos específicos de la experiencia. Estos elementos no tienen nada que ver con los elementos químicos, y en realidad, los trascienden por completo. La carta natal se levanta para el momento de la primera respiración, ese instante en el que establecemos para toda la vida nuestra sintonía con las fuentes de energía cósmica. La carta natal revela, por lo tanto, la pauta individual de energía o de sintonía cósmica con los cuatro elementos. En otras palabras, es un símbolo de las diversas manifestaciones vibratorias que forman la expresión individual en este plano de creación.

Los cuatro elementos (fuego, tierra, aire y agua) representan los cuatro tipos de energía y de conciencia que pueden operar dentro de cada uno de nosotros. Conscientemente, cada persona se siente más en armonía con algunos tipos de energía que con otros. Cada uno de los cuatro elementos se manifiesta bajo tres modos de vibración: cardinal, fijo y mutable. Al combinar los cuatro elementos con los tres modos de vibración se producen las doce pautas primarias de energía llamadas «signos del Zodíaco».

Una manera de comprender estas distintas pautas de energía consiste en analizarlas en relación con su modo de vibración.

Los signos cardinales se relacionan con el principio de acción y significan movimientos iniciadores de la energía en una dirección definida.

Los signos fijos representan una energía concentrada, acumulada en el interior en dirección a un centro o que irradia hacia afuera desde un centro.

Los signos mutables están relacionados con la flexibilidad y el cambio constante y pueden concebirse como pautas de energía en espiral.

El elemento de un signo que esté acentuado en una carta (por un importante emplazamiento planetario en dicho signo) muestra un tipo específico de conciencia y un método de percepción con los que el individuo está fuertemente sintonizado.

Los signos de aire se relacionan con la mente, la percepción y la expresión, especialmente asociadas a la interacción personal, las formas de pensamiento geométricas y las ideas abstractas.

Los signos de fuego muestran el principio vital cálido, radiante y activo que puede manifestarse como entusiasmo, fe, estímulo, y un fuerte impulso a la expresión del yo.

Los signos de agua simbolizan el principio refrescante y curativo de la sensibilidad, que responde a los sentimientos y siente empatía hacia los demás.

Los signos de tierra revelan una afinidad con el mundo de las formas físicas y una habilidad práctica para utilizar y mejorar el mundo material.

Los elementos han sido tradicionalmente divididos en dos grupos: el fuego y el aire se consideran activos y autoexpresivos, y el agua y la tierra, pasivas, receptivas y autocontenidas. Esta diferenciación es de gran

importancia si queremos hacer una lectura holista de las cartas natales. Los calificativos que he utilizado hacen referencia al modo operativo de esas energías y al método que utiliza el individuo para expresarse más que a una pauta generalizada —que puede ser fortuita— y rígidamente aplicada a todas las personas de una misma categoría.

Por ejemplo, los signos de agua y de tierra son mucho más autocontenidos que los signos de fuego y de aire porque viven más dentro de sí mismos y no permiten que su energía se proyecte hacia afuera sin una gran precaución y sin haberlo meditado antes. Esto, sin embargo, les permite construir unos sólidos cimientos para la acción. Los signos de fuego y de aire son más autoexpresivos, suelen «sacarlo todo fuera», derrochando sus energías y su sustancia vital sin reservas (a veces ignorando los límites); los signos de fuego mediante la acción directa, y los de aire mediante la interacción social y la expresión verbal. Esta clasificación de los cuatro elementos y el hecho de que los signos que comparten el mismo elemento (por ejemplo, Aries, Leo y Sagitario, todos de fuego) o que pertenecen a elementos del mismo grupo (por ejemplo, Tauro y Piscis = tierra y agua) se consideren de gran compatibilidad tienen mucha importancia no sólo en la interpretación de cartas individuales sino también en el arte de la comparación de cartas o sinastría.

Cada signo de un elemento específico es un modo de expresión distinto de la misma energía elemental y representa un nivel de desarrollo diferente y una pauta de energía distinta.

Los signos de fuego:

Aries, Leo y Sagitario

Los signos de fuego expresan una energía universal radiante, exaltada, entusiasta, y su luz aporta color al mundo. Los signos de fuego poseen una gran vitalidad, tienen mucha fe en sí mismos, una energía sin límites, y son directos y honestos.

Concepto clave:

Energía radiante, confianza e iniciativa.

Características y palabras clave:

Impulsividad temeraria.

Gran vitalidad.

Entusiasmo.

Fuerza.

Franqueza, incluso brusquedad.

Extraversión.

Libertad de expresión.

Fuerza de voluntad.

Iniciativa.

Exaltación.

Impaciencia.

Los signos de aire:

Géminis, Libra y Acuario

Los signos de aire expresan la energía vital asociada con la respiración, lo que los yoguis llaman «prana». El reino del aire es el mundo de las ideas arquetípicas que están más allá del velo del mundo físico; en el elemento aire, la energía cósmica se manifiesta en pautas específicas de pensamiento. Los signos de aire tienen una necesidad interior de desligarse de las experiencias inmediatas de la vida cotidiana, para obtener así objetividad, perspectiva y un enfoque racional y reflexivo en todo lo que hacen.

Concepto clave:

Percepción mental, discernimiento y expresión.

Características y palabras clave:

Vida centrada en la mente.

Viva imaginación.

Racionalización.

Desapego y perspectiva.

Anhelo de ser comprendido.

Expresión verbal.

Necesidad de relacionarse y sociabilidad.

Curiosidad.

Conciencia de los demás como individuos.

Conceptos y principios.

Los signos de agua:

Cáncer, Escorpio y Piscis

Los signos de agua están en contacto con los sentimientos, en armonía con matices y sutilezas que los demás signos ni tan siquiera notan. El elemento agua representa el reino de las emociones profundas y las respuestas a los sentimientos, que van de las pasiones compulsivas y los temores abrumadores a una aceptación de todo lo que nos rodea y un verdadero amor por la creación. Los signos de agua saben de manera instintiva que para poder convertir en realidad sus anhelos más profundos han de protegerse de las influencias externas con el fin de asegurarse la calma interior necesaria para lograr una reflexión profunda y una percepción de lo sutil.

Concepto clave:

Emoción profunda, empatía y respuesta a los sentimientos.

Características y palabras clave: Sensibilidad.

Comprensión de la realidad del inconsciente y/o del inconsciente de la realidad.

Intuición.

Purificación y purgación.

Sensibilidad psíquica.

Reflexión profunda.

Reserva y necesidad de intimidad.

Capacidad para prestar servicios compasivos.

Necesidad de un vínculo emocional con otras personas.

Los signos de tierra:

Tauro, Virgo y Capricornio

Los signos de tierra confían extremadamente en sus sentidos y en la razón práctica. Su innata comprensión de cómo funciona el mundo material les otorga una paciencia y una autodisciplina de cuya falta adolecen los otros signos. El elemento tierra tiende a ser cauto, a actuar con premeditación, a ser más bien convencional. Como saben que su rincón en el mundo es especialmente importante para ellos, la búsqueda de la seguridad es, en los

signos de tierra, un objetivo constante durante toda su vida.

Concepto clave:

Habilidad práctica para utilizar el mundo material.

Características y palabras clave:

Afinidad con el mundo físico.

Intensificación de los sentidos físicos.

Espíritu práctico.

Paciencia.

Autodisciplina.

Tenacidad.

Cautela.

Dependencia.

Premeditación.

Convencionalismo.

Remítase, por favor, a las dos primeras páginas del capítulo V para más detalles sobre cada signo individual y para ver cómo se diferencian entre sí.

IV

Los planetas

Conceptos clave para los planetas