Annabel por Isabel Cristina Rodas Torres - muestra HTML

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“se dice que aproximadamente hace 60 años llego un duque con sus hijos y esposa, el brindaba riquezas y prosperidad a la pueblo, pero que después de 10 años el hijo menor de aquel generoso duque enfermo, no había medicina alguna para curarlo.

 

Después de unos meses toda aquella familia comenzó a morir de la misma enfermedad, se dice que fueron encontrados los dos hijos mayores del duque, que su cuerpo estaba seco, que era como si alguien se hubiera bebido su belleza y juventud poco a poco.

 

Los cuerpos del hijo menor del duque, el duque y su esposa nunca se encontraron, aunque hay ocasiones en las cuales aun se escuchan ruido en su casa”

 

El escuchar esa historia me puso un poco nerviosa, e hizo llegar muchas ideas a mi cabeza, la primera fue que en una ocasión la anciana me había dicho que se creía que su hermana se había ido con el duque, y la segunda era que tenía que ver aquel joven con la historia, esa noche tampoco hubo luna, me quede observando por medio de la ventana , espere mucho tiempo que ese joven apareciera pero nunca lo hizo. A la mañana siguiente pasaron tocando las puertas de todo el pueblo, todos estaban realmente nerviosos, el médico paso revisando a todos los habitantes, cuando reviso a la anciana todo iba bien, cuando se disponía a revisarme a mi me pregunto algo que realmente me sorprendió.

 

- Qué edad tienes muchacha –dijo mientras me observaba la piel.

- 17 años –le dije

- Cuando los cumpliste –me pregunto mientras sacaba algo extraño de su maletín, olía a algo fétido, podrido para mi gusto

- Ayer. –le respondí.

 

La mirada que tenían todos los presentes no se podía describir, pero el presentimiento de que algo sucedería comenzó a crecer, ya que el doctor se retiro sin decir nada, y una expresión sombría se sembró en la anciana, todos se retiraron después de el médico, la anciana solo se sentó a los pies de mi cama, se podía notar que el haberse enterado de mi edad la afecto.

 

- Donde están tus padres –me dijo con la voz temblorosa.

- No se –dije –desaparecieron cuando nos dirigíamos donde mi tío

-Recuerdas exactamente donde los perdiste de vista –me pregunto algo ansiosa

- Estábamos cerca del rio –le dije, la anciana  inmediatamente escucho esto salió a alcanzar el doctor, no demoro mucho en volver con él, pero cambien había una persona más, era un hombre de apropiadamente 30 años, no pude ver bien su rostro, pero el solo tenerlo cerca me podía nerviosa, no quise que se me acercara, no aguantaba la forma en la que olía, era como azufre o ajo, no podía saber muy bien que era, solo sé que me mareo un poco y no pude evitar vomitar, todos reaccionaron muy mal al ver esto, el hombre aquel solo se me acerco me cogió del hombro y coloco algo en mi frente, no sé que era solo sé que caí en un sueño muy profundo, cuando desperté no había nadie en la habitación, se encontraba con llave, y ya había anochecido, me encontraba un poco mareada todavía, cuando lo volví a escuchar, era el joven n entendía muy bien lo que me decía, pero sentía que estaba hablando conmigo, tenía la incertidumbre de no saber que hacia allí, en la habitación habían un ramo de rosas, todas regalas en el suelo, no comprendía porque estaban allí, pero había algo que me decía que no debía levantarlas, no me atrevía a bajarme de la cama, en la mesa de noche había un vaso de agua, y en las ventanas manojos, todos colgados en un perfecto orden, pase toda la noche en vela, en la cual la voz del joven se hacía más fuerte, era como si se acercara, cuando salió el sol, la anciana abrió la puerta, aquel extraño hombre también estaba allí.

 

- muchacha, estas bien –me dijo

-  sí, me encuentro bien –respondí

- quieres algo de comer o beber –me dijo la anciana

- solo quiero agua –le dije.

 

Después de esto todos aquellos que entraban a la habitación tenían un collar de ajo, aunque me molestaba mucho ese hedor nunca dije nada, pasaron unas cuantas noches y la voz del chico no volvió a parecer, para ser sinceros, todas aquellas noches en las cuales la luna estaba asomada, el chico no me hablaba, pase encerrada allí alrededor de 2 semanas, una noche, cuando la luna estaba a medio salir, logre escucharlo de nuevo, me decía que saliera, que me necesitaba, y lo más importante que yo lo necesitaba a él, no sé porque lo decía pero sentía que era verdad.

 

Pase toda la noche tratando de encontrar la forma de salir, pero fue imposible, mis piernas no me respondían, cuando llego la mañana la anciana me dejo salir de nuevo, yo no tenía la fuerza para mantenerme de pie sola, la anciana me estaba preparando algo, un remedio que él medico me había mandado, para ser verdad, era algo amargo, y me mareaba el solo sentí su olor, esa tarde entre de nuevo a aquella habitación en la cual estaba el cofre con la ropa, me puse a mirar los vestidos mucho tiempo, en esa ocasión saque uno el cual no tenia comparación, era largo y suave, su falda de seda y corsé de terciopelo negro, brillante como la noche, me lo puse sin pensarlo, esa tarde la anciana estaba actuando un poco extraño, al caer la noche empecé a sentir una sensación de libertad.

 

Eran las 12:00 cuando el joven me empezó a llamar, esta vez Salí a su encuentro, mi cuerpo se movía por sí solo, camine hasta el rio, era la vista más hermosa que había tenido en mucho tiempo, al pasar unos minutos allí sola, apareció una joven muy hermosa, tenía un vestido blanco, su cabello negro y unos labios rojo, como manchados por la sangre, no pude reconocer su rostro por la oscuro que estaba, cuando un destello de luz apareció  me di cuenta que era la mima mujer del retrato de la anciana, no podía creerlo, además no era posible que fuera la misma persona, cuando logre recuperar el control de mi cuerpo intente correr de nuevo al pueblo pero era imposible, me había perdido entre un espeso bosque, me encontraba asustado cuando se me arrimo un señor, su ropa reflejaba tal elegancia y educación que no pude evitar pedirle ayuda, el me llevo a una hermosa mansión, desde allí se podía ver el pueblo, era tan hermoso, al entrar a la sala principal me encontré con un hermoso joven y una encantadora mujer, ella estaba sentada cerca a la chimenea el joven se encontraba en una mesa cerca a una ventana, tenia miles de libros a su alrededor, al verme solo me sonrieron, me sentí muy bien allí, era como si estuviera de nuevo en casa, recuerdo que dormí en una habitación demasiado amplia, la cama era de la más suave tela y su colchón fabricado con el más suave algodón, al despertar me encontré con que los dueños de la casa no estaban, me atendió una mujer ya entrada en edad, me serbio el desayuno en la cama y me brindo un vestido de algodón blanco, igual al que llevaba la chica de la noche anterior, cuando Salí de la mansión aquella me encontré con un jardín de rosas, rosas rojas estaban florecidas, era como un camino de sangre ya que muchas ya habían caído al suelo.

 

Camine alrededor de 20 minutos antes de llegar al pueblo, todos estaban realmente exaltados, cuando me vieron no pudieron ocultar la cara de asombro, muchos comenzaron a rezar, otros solo me encellaban sus crucifijos, el médico solo se me acerco y me reviso el cuello no entendía la reacción, al ver que no tenía nada solo me jalo hacia la habitación que había estado encerrada hasta el momento. Todos estaban realmente asustados, el médico solo me dio algo de beber, me di cuenta que tenia ajo al sentir su olor, pero aun así me lo tome, no quería causar más problemas, cuando pude salir de esa habitación solo me dedique al mirar el retrato de la joven, en ese momento muchas preguntas comenzaron a surgir, y la primera era que había pasado realmente con esa chica, nunca me atreví a preguntar, pero esa duda no le tendría muchos tiempo.

 

Pasados unos días escuche una conversación de la anciana con aquel sujeto misterioso, estaban hablando sobre la hermana de la anciana, aunque no entendía muy bien lo que decían si entendí perfectamente lo que dijo el sujeto.

 

“El duque y su familia han regresado, por consiguiente Lee también”

 

Aunque no entendía a lo que se refería me alcanzo a poner muy nerviosa, pase unas horas encerrada en la habitación, la anciana toco en varias ocasiones pero no quise abrir, al caer la noche, todos en el pueblo quedaron en silencio, era una de las noches en la que todos temían, escuche la voz del duque, no sabía de dónde venía, pero hubo un momento en el cual él me pidió que lo dejara pasar, no rehusé, en cuestión de segundo apareció al pie de mi cama, eso me sorprendió, nunca había abierto la ventana o la puerta para que el pasara, se quedo allí al alrededor de varias horas, en las cuales ninguna de los dos pronuncio palabra alguna, debo reconocer que al estar el allí mis preocupaciones se iban.

 

A la mañana siguiente cuando Salí hacia el mercado con la anciana todos me miraban con gran curiosidad, solo hasta que llegamos de nuevo a la casa la anciana me explico.

 

- realmente te pareces a ella –me dijo mientras miraba el retrato –a lee, es como si fueran la misma.

- Porque lo dice –le pregunte, pero ella solo me sonrió y se metió en la cocina, yo solo me dirigí hacia la habitación donde estaba el cofre, saque algunos vestidos de allí y joyas quería probármelos como me quedaban, pero realmente no entiendo porque me dio por eso, cuando estaba mirando los vestidos, entre ellos cayo una carta, era antigua se veía en el color de su papel, algo amarillento. Estaba dirigida de alguien llamado “Edmund”, no quise  decirle a la anciana lo que había encontrado por esa razón espere hasta la noche para leerla, ese día había una luna incalculablemente hermosa, solo ella podía compararse con la que había en la carta:

 

“Querida Lee: